Fútbol

Más sobre el fútbol mexicano.

Y sigue la mata dando, en esto del fútbol… como dice el refrán: “Si la vida te da limones, haz limonada” y le agrego de mi cosecha: “si te sigue dando limones, haz pay de limón”.

En mi columna pasada hablaba sobre por qué no se daba el estirón definitivo, teniendo material de sobra para hacerlo. Una de tantas razones que mencioné, fue que los clubes de fútbol no le daban chance a sus fuerzas básicas. Bueno, pues en el tiempo que transcurrió entre la columna anterior y esta que estoy escribiendo, ¿qué creen? ¡los propios clubes me dieron la razón! especialmente, por “el escabroso, tenebroso, y escalofriante caso de Édson Rivera”…

Como todos sabemos, Rivera fue parte de la selección Sub-20 que logró el tercer lugar en el pasado mundial de la especialidad. Rivera fue como un completo desconocido, pero dió el salto al ser él quien le diera el triunfo a México sobre Colombia en cuartos de final, siendo la revelación del equipo. Bueno, pues después de que toda la celebración del tercer lugar y demás, se acercó gente del Sporting Braga de Portugal a Rivera, y le ofrecieron jugar con ellos. El chavo lo pensó y quiso preguntarle al Atlas, equipo que lo formó. Los del Braga le preguntaron si tenía contrato firmado con el Atlas, a lo cual respondió que no. Entonces se aplicaba la llamada “Ley Bosman”, que dice que cualquier jugador sin contrato, era considerado como “agente libre” y podía jugar en el equipo que se le pegara la gana sin preguntarle a nadie ni pedirle permiso a nadie. Y que Rivera (me imagino) lo consultó con su familia y, por supuesto, que le dijeron “vete a Portugal, por que ahí sí vas a crecer”.

Hasta aquí, todos felices. Los que sí pegaron el grito en el cielo, fueron los directivos del Atlas, en especial su presidente, un tipo infame de nombre Carlos Martín del Campo, quienes salieron a cacarear el “agandalle” del Braga, al llevarse así a “su” jugador. En realidad, a los directivos no les dolió que se llevaran a Rivera porque son “retebuenas gentes”… lo que les ardió, fue que no obtuvieron un quinto de ganancia por el traspaso: al no haber contrato alguno, Atlas no pudo ni venderlo, ni prestarlo, por lo que se quedaron chatos con el billete… aunque les queda una posibilidad, que se daría si Rivera fracasa en el fútbol europeo (cosa que veo muuuuuuuuuuy difícil): el llamado “pacto de caballeros” (aunque debería ser “pacto de bandoleros” o “pacto de cabuleros”). Esta bonita canallada consiste en que, si un jugador mexicano se va a Europa, y quiere regresar a jugar al país, el equipo que lo pretenda le tiene que pagar al club europeo para el que jugó lo que corresponda a la venta (lo cual está bien) y le tiene que dar un dinero al equipo que lo formó en México, por concepto de “derechos de formación” (y aquí está la gandallez)… (bien decía un amigo dueño de un rastro porcino, que “en el cochino, todo es negocio; y en el negocio, todo es cochino”).

Pero eso no fue todo. Todavía Atlas intentó amedrentar al jugador, amenazándolo con mandar “vetarlo” de todas las selecciones nacionales. Si se hubiera dado este veto, Rivera hubiera estado inhabilitado para jugar con cualquier selección, lo que lo hubiera marginado de los Juegos Panamericanos, de la eliminatoria para Juegos Olímpicos y, en caso de calificar, de los propios Juegos Olímpicos. Sin embargo, ya Luis Fernando Tena dijo que ignoraría cualquier petición de veto y que lo iba a convocar como fuera.

Y ahora, algo que sí me dió coraje: los del Atlas, con tal de retenerlo, le ofrecieron un contrato, por la jugosa cantidad de (redobles, por favor…) ¡QUINCE MIL PESOTES MENSUALES NADA MÁS PARA ÉL!…

¡¡¡AY NO MAAA…!!!
¡¡¡¡¡SEGURIDAD!!!!!

¡¡Y LES DAN SU CALENTADA, POR CÍNICOS…!!

¡¿PUES QUÉ LE VIERON CARA DE LIMOSNERO, O QUÉ?! Digo, voy de acuerdo que haya una diferencia de salario entre novatos y veteranos, ¿pero quince mil pesos mensuales? ¡por favor!

Y como colofón, la muestra de “ardillez” del Sr. Martín del Campo, quien calificó de malagradecido a Rivera, (siendo que el chamaco, en todo momento, le dió las gracias al club por haberlo formado). Señor Martín del Campo, con todo respeto… ¡USTED CÁLLESE!, porque si hablamos de malagradecidos, usted es el peor de todos, al no importarle la afición de su equipo, una de las aficiones más nobles, que ha esperado por más de sesenta años un campeonato de liga, que va cada quince días al estadio a apoyar a su equipo, o viaja por el país para lo mismo, y es esa afición, la que le da de comer a usted, a su familia, a sus achichincles y hasta a su perro. Además, usted es un negrero, porque no le paga a sus jugadores, y si les paga, es una miseria, así que mejor SE CALLA, por favor.

Regresando un poco al punto de los quince mil pesos; es irónico que, mientras los chavos se parten el alma en la cancha con sueldos de risa, las estrellas se ponen en plan divo y no quieren jugar si no les pagan la milloniza en dólares. Buen punto para reflexionar.

Lo anterior fue un ejemplo de cómo los mandamases de los clubes bloquean a las promesas. Pero no sólo son los meros meros: también los jugadores veteranos suelen hacer lo imposible para bloquear nueva gente, con tal de que no les quiten el puesto, llegando incluso al grado de mandar lesionarlos. En el ya extinto Atlético Español (ahora Necaxa), hubo un jugador brasileño, no recuerdo bien su apellido, si era Ferrari o Perucci, les debo la información. Resulta que este jugador ya era veterano y no quería que ningún nuevo talento le quitara la titularidad, por lo que tenía a dos jugadores matalotes que se encargaban de lesionar, en los interescuadras, a cuanto novato constituyera un peligro para su “patrón”.

A veces, el bloqueo se da sin querer, como le pasó al “Chicharito”: Resulta que, en una de tantas ocasiones en la que “se le pegó el flotador” a Vergara, llevaron a Chivas a dos grandes veteranos: Carlos Ochoa y Jared Borghetti. Este último, sin intención alguna, fue quien bloqueó al “Chicharito”; pues su experiencia imponía y siempre lo ponían de titular. Tan grave fue que el “Chicharito” hasta pensó en retirarse del fútbol. Afortunadamente, su papá y su abuelo lo hicieron recapacitar y siguió en las canchas. El resto de la historia, ya todos la conocemos

Siguiendo con el fútbol, pero cambiando de tema un poco; mencionaba la otra vez el uso de este deporte como medio de idiotización. Se me olvidó mencionar una de las consecuencias: el “futbolismo”, ese deseo incontrolable de ver fútbol a mañana, tarde y noche; de desayuno, comida y cena y hasta entrecomidas. La sociedad mexicana se ha vuelto, en su mayoría, futbólica, al grado de que no consume otro deporte que no sea fútbol; en detrimiento de otros deportes que también son chidos. Vamos a suponer que se quiere organizar una gala gimnástica, con los mejores y las mejores exponentes de la disciplina. Bien. La hacen en Madrid, y se llena; la hacen en Paris, y se llena; la hacen en Roma, y se llena; la hacen en Berlín, y se llena; la hacen en Budapest, y se llena; la hacen en Nueva York, y se llena; la hacen en Toronto, y se llena; la hacen en Bucarest, y por supuesto que se llena; la hacen en Moscú, y se llena; la hacen en Kiev, y se llena; la hacen en Tokio, y se llena; la hacen en Seul, y se llena; la hacen en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México… y no va nadie, a menos que se anuncie la presencia de algún futbolista, la verdad. Bien podríamos aprender de otros países, que si bien son futboleros, no le hacen el feo a otros deportes: Argentina, por ejemplo. Futboleros a morir, pero también van al basquetbol y al rugby. Alemania, que también es potencia en handball. España, que es el país que más ha crecido deportivamente hablando. Holanda que es potencia europea en beisbol…

Y hasta aquí, todo han sido quejas; pero… ¿y las soluciones, apá? Pues he estado pensando en algunas soluciones que podrían servir:

  1. Poner un torneo largo, como en Europa. Lo del torneo corto se lo copiamos a Argentina, donde resultó un fracaso: desde 1990, que fue cuando lo implementaron, no han pasado siquiera a semifinales en un mundial.
  2. Al cuerno con la liguilla. Ya se dió un avance al elminar los grupos, pasando los ocho mejores de la tabla general. Lo mejor sería que el superlider fuera campeón de liga al terminar la temporada, como ocurre en las ligas respetables.
  3. Reinstalar el Torneo de Copa. Esto daría como resultado que equipos de divisiones inferiores crecieran y se fogueraran, con lo que agarrarían mayor nivel… pero hay un inconveniente: La primera división tendría que compartir las ganancias con las divisiones inferiores, y los pobres se van a quedar sin casa en Cuernavaca o sin depa en Miami (les digo: en el cochino, todo es negocio; y en el negocio, todo es cochino)
  4. Bajar el número de extranjeros de cinco a tres. Este límite está hasta en la MLS. Claro, esta reducción debe hacerse de forma paulatina. Tampoco vamos a dejar a 34 personas sin trabajo de un día para otro.
  5. Aprender a exigir un mejor fútbol. En parte, “cada pais tiene el fútbol que se merece” así que hay que aprender a pedir que suban el nivel, y si no nos hacen caso, pues dejar de ir a los estadios o poner otra cosa en la tele hasta que nos cumplan. Total, por un fin de semana que no veamos fútbol no se acaba el mundo. Hasta aprendemos a divertirnos de otras formas ¿no les parece?

La rola del Rockero ha terminado. Ya pueden destaparse los oídos

Para más información, vé a Rockeroweb.com

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