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El ridículo de la selección.

No tenía pensado escribir otra columna sobre fútbol, pero, después de lo ocurrido en el México – Brasil de ayer, no me queda otro remedio que hacerlo…

Ayer (11 de octubre), se enfrentaron México y Brasil en Torreón. Al final Brasil ganó después de ir perdiendo casi todo el partido; pero dieron la vuelta, más por que México se dejó ganar, la verdad sea dicha. En ese partido quedó demostrado que viejos males del fútbol mexicano no se han ido, sino que ahí siguen, latentes, esperando el momento para atacar a traición…

Uno de ellos, el juego ratonero: esto es, se anota el primer gol y se echa para atras el equipo, buscando defender esa mínima ventaja. Esta “estrategia” nunca ha servido ni servirá. Todos los que juegan a defender el golecito, siempre acaban o empatando o perdiendo… pero esa es una lección que, o no se aprende, o no se quiere aprender. ¿Por qué no salir a atacar y a acabar con el rival? Sí, así, sin piedad ni misericordia. No se puede jugar ratonero con potencias como Brasil o Argentina, porque saben dar la vuelta y matar. A esos equipos, lo que hay que hacerles es meterles el primero y estar buscando el segundo. Y ya que se tiene el segundo, buscar el tercero y así. No se les puede dar descanso, hay que estarlos atacando como un depredador sobre su víctima: de forma constante y hasta “matarlos”…

Y del juego ratonero, se deriva algo peor: el juego lechuguero. ¿Porqué le puse lechuguero? Bien, supongamos que nos invitan a un banquete, y nos imaginamos que habrá toda clase de manjares deliciosos y suculentos: un pavotote al horno, chuletas ahumadas, pato, spaghetti, lasagna… pero llegamos y nos dan ¡pura lechuga!. Así pasó ayer: pensábamos que sería un gran juego, pero no: acabó siendo soso y aburrido. Otra razón para llamarle “lechuguero”: el té de lechuga es un buen remedio para el insomnio; y eso es lo que fue el partido de ayer: un gran remedio contra el insomnio: Tuve que hacer un gran esfuerzo para no quedarme dormido.

Dejando en paz a las pobres lechugas, pero siguiendo con los ratones: ayer quedó demostrado que hay jugadores que no están en su mejor momento como para ponerse la verde: Andrés Guardado es un ejemplo, pues falló un penal y prácticamente no acertó pases largos, demostrando una baja de juego preocupante. De por sí que el último año ha sido pésimo: Su equipo (el Deportivo La Coruña) descendió a segunda división, la afición no lo quiere y, para acabarla, con cualquier soplidito se lesiona: este último año ha tenido más visitas al doctor que oportunidades de gol. Bueno, no sé si estos sean suficientes argumentos como para declararlo “apetardado” (jugador que fue bueno, pero que ahora es un petardo)

Y si hay jugadores que no pasan por buen momento, también hay jugadores que no merecen, siquiera, ponerse la verde. Un ejemplo: el tal “Cherokee” Pérez. En primera: ¿Y ese, quién es?. Y en segunda: ¿Qué méritos hizo para que lo convocaran? ¿Será acaso que tiene “palancas” con los promotores? Porque ayer el chavo fue una desgracia total, y ya se vé que sólo sirve para jugar con Rayados, y no con la selección…

Otro factor que influyó: el exceso de confianza: México había tenido de cliente a Brasil en los últimos 10 juegos (sin contar el de ayer), con saldo favorable de cinco victorias, dos empates y tres descalabros. Aparte, esta selección de Brasil, no es la mejor selección que han tenido en los últimos 15 años: Ya no están ni Ronaldo ni Romario, Neymar es apenas una promesa y Ronaldinho ya está más cerca de la salida que de la entrada (aunque ayer dió un muy buen juego). Y además, no convocaron a Alexandre Pato, que ha tenido buenas temporadas con el Milán. Por lo consiguiente, había muchas esperanzas de sacar un buen resultado, pero “les voltearon el chirrión por el palito” y se las aplicaron, y los hicieron quedar mal. Y ese exceso de confianza quedó reflejado en la prensa, como demuestra la portada de la edición de ayer del periódico Récord:

Portada de Record del 11 de octubreY ya que hablaba de “palancas”, pues no lo dije de broma: ya Rafita Márquez había declarado algo al respecto de los promotores… sí, esos seres que van de equipo en equipo ofreciendo los servicios de sus jugadores, que muchas veces son puros bultos, pero que los venden como si fueran las nuevas versiones de Pelé y Maradona. En México se tienen identificados dos especímenes: Carlos Hurtado y Guillermo Lara. Estos dos han hecho y deshecho con sus jugadores a sus anchas y prácticamente han manejado el fútbol mexicano a como se les antoja. Es más, ahora que me acuerdo, a Carlos Hurtado lo declararon, hace tiempo, “persona non-grata” para la FEMEXFUT… pero ya se vé que lo perdonaron y está otra vez dando lata.

La semana pasada, el ex-técnico del América, Mario Carrillo, hizo una revelación bastante choncha: resulta que le ofrecieron regresar al América en el 2008, pero que según no sería el club quien le pagara, sino el propio Carlos Hurtado. Carrillo no aceptó, pues esto implicaría que Hurtado le iba a imponer a sus jugadores, y seguir haciendo negocio…

Y si esto ocurre en los equipos, ya se imaginarán lo que pasa en la selección: sólo van los que tienen nexos con los promotores, y no los que realmente merecen estar… y esto va en detrimento de las jóvenes promesas: Que yo recuerde, no se convocó a ningún Sub-17 ni a ningún Sub-20 (aunque en el último caso está justificado, pues están concentrados para los Juegos Panamericanos). Tal vez con ellos se hubiera perdido, tal vez, pero hubiera sido de otra forma: Digo, se hubiera visto a Julio Gómez dar todo de sí; aunque le costara estamparse contra Hulk y otra vez abrirse la cabeza (hubiera ganado el título de “Gran Maestro del FUAAA 2° Dan”) o a Carlos Briseño y Giovanni Casillas demostrando el entendimiento, o a Édson Rivera mostrando el porqué el Braga se fijó en él, o a Jorge Espericueta dejando hasta las orejas en el camino con tal de ganar… ¡¡¡PERO NOOOO!!! ¡¡A METER A LOS MISMOS BULTOS DE SIEMPRE!!

Saldo del día de ayer: 90 minutos de mi vida tirados a la basura, cinco litros de té de boldo consumidos, cuatro frascos de Prózac acabados, dos paredes con boquetes provocados a base de topes y como un litro de bilis derramada… Lo bueno que había prometido no ver un juego de la selección hasta que las cosas cambiaran. Ni hablar, promesa no cumplida.

La rola del Rockero ha terminado. Ya pueden destaparse los oídos

http://bit.ly/rockeroweb

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