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El caso de Asia Bibi y la intolerancia religiosa.

¿Han oído ustedes hablar de Asia Bibi? ¿No? A los que no, les comento que Asia es una ciudadana pakistaní que actualmente está condenada a muerte según por insultar a Alá y a Mahoma, de acuerdo a la Ley contra la Blasfemia que existe en Pakistán. Asia Bibi no es musulmana, sino católica.

La cosa estuvo así: En julio del 2009, Asia Bibi, campesina, y después de una jornada de trabajo en el campo, se acercó a tomar agua de un pozo. Otras campesinas, musulmanas ellas, le prohibieron que se acercara al pozo, pues podría “contaminar” el agua por su condición cristiana. Bibi, respetuósamente, les contestó que “Jesucristo tendría una opinión diferente a la de Mahoma”… La que se le armó: las campesinas musulmanas pegaron el grito en el cielo, la calificaron de “bestia inmunda” y fueron con las autoridades a acusarla por blasfemia, amparadas en la ley.

La ley contra la blasfemia que supuestamente violó Asia Bibi, es la siguente:

El que, con intención deliberada a herir los sentimientos religiosos de cualquier persona, pronuncia una palabra o hace culquier sonido a la vista de esa persona o hace un gesto a la vista de esa persona o lugares de cualquier objeto a la vista de que persona, será castigada con pena de prisión por un período que puede extenderse a un año, o con una multa, o con ambos.

Pues así como lo ponen, queda sujeto a la sensibilidad del ofendido el considerar si se hirieron sus sentimientos religiosos. El punto es que, tomando como pretexto esta ley, se han permitido las venganzas entre musulmanes (uno puede acusar al otro por blasfemia, siendo que le robó unos chicles o cualquier otra tontería) o como una forma de persecución hacia las minorías religiosas.

Y fue por “herir susceptibilidades” que Asia Bibi fue arrestada (previa paliza) y condenada a muerte (nota: hasta este momento, nadie ha sido ejecutado por la ley de la blasfemia). Su esposo e hijas han sido perseguidos hasta el punto de que tuvieron que abandonar Pakistán y las únicas dos personas que apoyaban públicamente a Bibi… las asesinaron.

En lo personal, se me hace increíble que a estas alturas del siglo XXI siga habiendo intolerancia religiosa. Algunos países musulmanes han establecido su propia versión de la “Inquisición”, basados en la creencia no escrita de que “Alá odia a todos los que no son musulmanes y deben ser exterminados”. Pero ¿a qué se debe esta postura? Pues al parecer, Mahoma tiene mucho que ver en esta actitud. Los fundadores de otras religiones (Jesucristo, Buda, Confucio, etc.) eran hombres de paz. Mahoma no: el fue un guerrero que no dudaba en usar la espada para imponer sus creencias (aunque no siempre fue así). Los cristianos creemos que Jesucristo es Dios vuelto humano, que se hizo igual a los humanos en todo (menos en hacer tarugadas). Mahoma sólo fue un ser humano con virtudes y también con defectos, defectos que, a la hora de la hora, pesaron en la creación del Islam.

Lo que a continuación escribo, es parte de una columna que elaboré por ahí del 2006, donde también hablaba un poco sobre la intolerancia musulmana (el artículo original pueden encontrarlo aquí).

¿Realmente el Islam predica la Guerra Santa, es decir, es parte de sus preceptos religiosos? Respuesta: pues todo parece indicar que sí lo hace. Los datos que a continuación transcribo están tomados del libro “Enigmas históricos al descubierto”, escrito por César Vidal, y que pertenence a la “Biblioteca Muy Interesante”. Bien. El punto de partida es el libro sagrado del Islám, es decir, el Corán (o Qur-am, como también le llaman). Los primeros textos del Corán contienen una referencia muy sencillaa a una fe monoteísta estricta que no se conecta con otras como el judaísmo y el cristianismo, que ya existían en la Arabia del inicio de la predicación de Mahoma, pero que guarda cierto paralelismo con ellas.

Sólo a partir de la sura 97 se nos indica que los anuncios de Mahoma (o Muhammed, que según los musulmanes es el nombre correcto) pretenden ser confirmación de lo que otros profetas monoteístas anunciaron con anterioridad mencionando parcamente a Abrahám y a Moisés. Durante el segundo y el tercer periodo mecano, este sencillo contenido inicial experimentó una evolución de enorme trascendencia haciéndose hincapié en el hecho de que el mensaje islámico había sido precedido por los del judaísmo y el cristianismo. Es de suponer que Mahoma tuviera la esperanza de que los fieles de estas religiones se convirtieran a su predicación y, de hecho, a estas épocas pertenecen los textos del Corán más conciliatorios dirigidos hacia ambos.

Sin embargo, el éxito de esta táctica fue casi nulo, ya que tanto judíos como cristianos objetaban que, en realidad, el profeta del islam era un ignorante que no conocía mínimamente ni el judaísmo ni el cristianismo ni los libros sagrados de ambos y que, por tanto, difícilmente podría significar su consumación. Por aquellas épocas, Mahoma aceptaba a Jesús como Mesías, nacido de una virgen y hacedor de milagros tal y como predicaban los cristianos (Dato pa’ la trivia # 1: en la actualidad, los musulmanes sí contemplan la figura de Jesucristo, a quien llaman “El Santo Issa”, con la diferencia de que no creen que haya muerto crucificado, sino que fue a Judas Iscariote quien le tocó la tortura, y actualmente no lo ven como mesías, sino como un profeta que vino a prepararle el camino a Mahoma. Seguimos con el relato). No tardaron mucho en aparecer las primeras broncas: los judíos no podían aceptar una fe que pasaba por alto los relatos del Antiguo Testamento, que obviaba las regulaciones del Talmud y que además pretendía que tanto Jesús como Mahoma eran profetas superiores a Moisés. Por su parte, los cristianos encontraban inaceptables las discrepancias entre el relato bíblico y el coránico, pero, a la vez, consideraban muy dudosa la cristología de Mahoma y, desde luego, no podían aceptar que Jesús, el Hijo de Dios, fuera inferior a él (Checar el dato pa’ la trivia # 1).

La situación llegó a un punto especialmente tenso cuando en el año del 622 huyó a Medina. Este episodio iba a convertir este año concreto en la fecha a partir de la cual se contaría el calendario islámico (dato pa’ la trivia # 2). Tras su establecimiento en Medina, Mahoma dejó de ser el profeta no violento de años anteriores y se convirtió en un hombre de Estado, decidido a fraguar un nuevo orden espiritual que, a la vez, fuera social y político. No deja de ser significativo que aunque las suras medinesas del Corán son numéricamente muy escasas, sin embargo, cuentan con un extensión comparativamente muy considerable y contienen cambios significativos en relación a las predicaciónes iniciales: debía quedar bien establecido que tanto judíos como cristianos no eran mirados ya con buenos ojos precísamente por su resistencia a la conversión.

Por si fuera poco este distanciamiento, la nueva fe dejó claramente de manifiesto que recurriría a la guerra no sólo para asegurar su supervivencia, sino también para su ulterior expansión. Los tiempos del pacifismo habían pasado definitivamente y ya nunca más regresarían. El mandato de 2, 186-189 ordenaba, por ejemplo:

Combatan en el camino de Dios a los que combaten contra ustedes… Mátenlos donde los encuentren, arrójenlos de donde los arrojaron… Si les combaten, mátenlos: esa es la recompensa de los que no creen… Mátenlos hasta que no haya persecución y en su lugar se levante la religión de Dios.

En la sura 9, 29 se establecía además taxativamente la actitud hacia judíos y cristianos:

Maten a los que no creen en Allah ni en el Día último y no se vedan lo que vedó Allah y Su enviado y no cumplen la ley de la verdad, a aquellos que recibieron el Libro hasta que no paguen el tributo y se sometan en todo.

Con el fín de hacer más entendible todo el “chorizo” que acabo de transcribir, voy a usar un “sketch” cómico que ví hace años: Resulta que se sube a un microbús un vendedor de varitas de incienso, de esas que les prenden y empiezan a aromatizar el ambiente. Le ofrece una a un pasajero y se la rechaza, se la ofrece a otra y también se la rechaza. El vendedor siempre contesta: “Está bien, no hay fijón, no hay problema” cada que le regresaban la varita. Total, ningún pasajero le compró una simple varita. Entonces, el vendedor hace como que se va, y cuando está a punto de bajarse… ¡que se da la media vuelta y que saca la matonzota! “¡ORA SÍ, HIJOS DE SU QUÉ BARBARIDAD!” gritó el vendedor, ahora transformado en asaltante. “¿No quisieron por la buena? ¡PUES AHORA VA POR LA MALA! ¡ORALE! ¡CÁIGANLE!” y que les baja a los pasajeros hasta el perico… pues algo parecido pasó con Mahoma. No quisieron aceptar su predicación por la vía pacífica, pues ahora, o la aceptas, o te damos “matarile”. Claro, primero habría que verificar la veracidad histórica de esta situación. También pudo darse el caso de que esas “suras” hayan sido agregadas al Corán bastante tiempo después de la muerte de Mahoma, por algún fundamentalista loco que quiso usar sus textos sagrados para justificar las jaladotas que hacen.

Hasta aquí, lo que pensaba hace seis años, cuando consideraba la posibilidad de que a Mahoma le colgaran milagritos que no hizo… aunque todo parece indicar que no siempre fue así: En un principio, Mahoma prohibió a sus seguidores que se casaran con personas de religiones diferentes, pero el propio Mahoma se enamoró de una mujer cristiana copta. ¿Y qué creen que pasó? Pues que Mahoma, justo después de eso, recibió la “revelación” en donde ya se valía casarse con cualquier practicante de cualquier otra religión… ¡Qué conveniente! ¿no?.

Y con estas actitudes de intolerancia y deseos de “expansión”, nada más le están dando la razón al emperador bizantino Manuel II “el Paleólogo” (el que conoce lenguas antiguas); quien fuera citado en una ocasión por el Papa Benedicto XVI (y que tantos problemas le causó) y que declaró esa vez: “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba“.

Sin embargo, no crean que esto se da nada mas con los musulmanes. Tambien sigue dándose entre los católicos, y ya no hablemos de la Inquisición o del “Yunque” o de otros grupos afines. Hay un grupo, a quienes los anteriores les planchan las camisas: se les conoce como los sedevacantistas.

Se les conoce como sedevancantistas porque, para ellos, el último papa válidamente elegido es Pio XII (1939 – 1958) y ni Juan XXIII, ni Pablo VI, ni Juan Pablo I, ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI son papas válidos; por lo que la sede papal está vacante desde 1958 (de ahí el nombre de sedevacantista). Esto es debido a que Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II, que trajo varias reformas a la Iglesia Católica, tanto en los ritos como en el gobierno. Los sedevacantistas no aceptan este concilio, y están “clavados” en la forma de pensar que había hasta antes de Vaticano II. Por ejemplo, siguen celebrando la misa en latín y con el celebrante de espalda al pueblo, siguiendo el llamado “Rito de San Pío V”. En pocas palabras, es un tradicionalismo completamente radical. y por supuesto, rechazan cualquier otra religión que no sea la católica, sean cristianos, judíos, musulmanes, religiones tribales… y arman cada escándalo cada que ven que algo “se sale” de sus normas. Por ejemplo, ponen una foto del Cardenal Rivera recibiendo al Dalai Lama… y lo tachan de traidor. Ponen una foto del papa Juan Pablo II usando un teepee (la tienda que usaban como vivienda las tribus norteamericanas)… y armaron un escándalo de cómo es posible, que es una afrenta a las ideas tradicionales… Sólo espero que nunca, pero nunca lleguen a aprender a usar armas, por que se va a poner muy pesado esto.

Termino de la misma forma en la que terminé la columna que escribí hace seis años: Ninguna religión tiene derecho a usar la violencia como medio de expansión. Ninguna religión puede obligar a un individuo a creer en sus preceptos usando la fuerza. Todas las religiones, todas, cristianas, musulmanas, budistas, deben buscar la paz, y no la guerra. El error de usar la violencia y el terror como método de propagación ya ha sido usado por el cristianismo, específicamente por la Iglesia Católica medieval, usando métodos como las “cruzadas” y el tribunal de la Inquisición. Es por todos conocido las consecuencias nefastas que tuvieron estas acciones. Esperemos que todo se resuelva por la vía del diálogo y de la razón, no por el de las patadas y los golpes y las cachetadas, que no es así como se resuelven los problemas.

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