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Justicia, Q. E. P. D.

Definición de la palabra “justicia”:

Justicia
Del latín iustitĭa

  1. f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
  2. f. Derecho, razón, equidad.
  3. f. Conjunto de todas las virtudes, por el que es bueno quien las tiene.
  4. f. Aquello que debe hacerse según derecho o razón. Ejemplo: Pido justicia.

Fuente: Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Pues sí. Se ve muy bonita la definición, pero, la realidad es que tal parece que la justicia sólo existe en el dicciónario: se han dado casos, a últimas fechas, en donde la justicia es ignorada y es, ya sea suplantada por la venganza, o enviada al baul de los olvidos.

Como ya todos sabemos, el pasado 22 de enero, un mexicano, Enrique Tamayo, fue ejecutado en Texas, como pena impuesta por haber asesinado a un policía a quemarropa. Por el momento, no vamos a detenernos a reflexionar sobre la pena de muerte, eso ya será tema para otra columna. Ahora nos concentraremos en el juicio injusto que se le siguió, pues nunca fue notificado de que podía recibir ayuda del Consulado Mexicano en Texas. Además, hubo varias pruebas a su favor, pruebas que fueron convenientemente ignoradas por las autoridades: Se comprobó que Tamayo nunca disparó un arma, pues estaba esposado con las manos en la espalda. Esa posición hace practicamente imposible que una persona dispare con precisión un arma. A Tamayo también se le aplicó la prueba de Hárrison – Gilroy. Esta prueba sirve para averiguar si una persona disparó un arma; y en el caso de Tamayo, salió negativa. Pero todo eso fue pasado por alto por el juez, quien lo condenó a la pena máxima. Bueno, ¿qué podíamos esperar de uno de los dos Estados Americanos (el otro es Louisiana) que le tienen una cuasi devoción a la pena de muerte? Y, si a eso, le juntamos que es uno de los estados más racistas de la Unión Americana… y nos quejamos porque se separaron de México en 1845, según primero para formar una nación independiente, y después para ser parte de Gringolandia. Por mí, ¡qué se lo queden los gringos! ¡Y QUÉ LES APROVECHE! ¡Aquí no queremos más gente FEA y GANDALLA, que con el Pin-Pon, el PRI y el crimen organizado tenemos más que suficiente…! ¡¡Y YA DIJE!!

Para acabarla, el caso Tamayo fue uno de tantos incluidos en el llamado “Fallo Avena”; redactado por la Corte Internacional, que ordenaba a Estados Unidos revisar varias sentencias de muerte por irregularidades. También se acusó a Texas de violar la Convención de Viena para Asuntos Consulares. A todo esto, el gobernador Rick Perry “se hizo bovino” y sacó la payasada de que él “no firmó nada” (Si no es de que usted haya firmado o no; sino que lo tiene que respetar porque sí). Es más, desoyó la petición del propio mero mero petatero de los americanos, Barack Obama. Pero no crean que Obama lo hizo por caritativo, nooooo… Lo hizo, por el temor que tiene de que esto siente un precedente negativo y que, en los paises que contemplen la pena de muerte, donde hay estadounidenses condenados, pues a ellos también se los ajusticien; y para cuando Estados Unidos reclamen, esos paises se las reviren diciendo: “Si tu no respetaste la Convención de Viena, pues nosotros tampoco tenemos que hacerlo”…

Bueno, una vez que ejecutaron a Tamayo (cosa que a varios mexicanos les dió un gusto enfermizo), pues el Departamento de Estado (algo parecido a la Secretaría de Gobernación) emitió una nota, donde lamentaban la ejecución de Tamayo… pero de inmediato la “calabacearon” al imitar, de facto, a Poncio Pilato. Y no porque Tamayo haya sido en verdad inocente (eso ya nunca se sabrá), sino porque se lavaron las manos y “le echaron la bolita” a Texas. Y ya vimos a los texanos con la típica actitud arrogante que caracteriza a los paises que fueron primera potencia mundial en su tiempo: Egipto, Babilonia, Fenicia, Grecia (por parte de Esparta), Roma, España, Francia, el Reino Unido… Todos ellos llegaron a sentirse “los dueños del mundo” y que nadie tenía que decirles qué hacer y cómo hacer, y que si ellos así lo deseaban, se podían pasar a todo el universo “por el arco del triunfo”.

Claro, como Estados Unidos tiene negocios aquí, allá y acullá, pues se creen “la mamá de Tarzán”… ¡Y CUIDADO Y EJECUTEN A UNO DE SUS CIUDADANOS EN OTRO PAÍS Y CON VIOLACIÓNES FLAGRANTES! Porque ahí si van de LLORONES a quejarse u a exigir justicia y a esgrimir sanciones políticas y económicas contra el país que haya osado hacer semejante barbaridad… si bien que los conozco: Odian que se metan ilegales a su terreno (con cierta razón: a nadie le gusta que se metan a su casa, ¿verdad?); ¡PERO ESO SÍIIIII! ¡Bien que llegan con sus tanques, aviones F-15, helicópteros, portaaviones, submarinos y demás para meterse a donde nadie los llamó!… les gusta hacerla, pero no que se las hagan.

En este caso, a nadie se le hizo justicia; ni a Tamayo, ni a los familiares del policía. De Tamayo, ya vimos por qué. Vamos con los familiares. Después de la ejecución, algunos miembros de la familia hicieron declaraciones a la prensa. La que más me llamó la atención, fué la de la mamá del policía victimado: dijo que ya sentía “un poco de tranquilidad en su corazón”. Si bien puede entenderse el dolor de madre por el que estuvo pasando, la realidad es que le “vendieron” una idea de justicia que no tiene nada que ver con la justicia, sino con la venganza: satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos. La tranquilizaron con la llamada Ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. ¿Pues en dónde quedaron las enseñanzas de Jesucristo? (porque los americanos presumen de ser muy creyentes. Nada más chequen lo de “God bless América”). ¿No dijo que amemos a nuestros enemigos, y que bendigamos a los que nos persiguen? ¿Qué dice el “Padre Nuestro”? “Perdona nuestras ofensas, así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (no estoy diciendo que esto sea algo muy fácil. De hecho, a mi me ha costado, y me está costando mucho trabajo perdonar).

Y si pensábamos que en aquí en México, se es más justo que en Estados Unidos… lástima, pero no. Aquí ocurre lo mismo que alla, con la diferencia de que, si en Estados Unidos se privilegia a la raza blanca sobre las otras razas y los extranjeros, aquí se privilegia a los extranjeros sobre los mexicanos; y a las clases altas sobre las bajas. ¿Recuerdan el caso de la francesa Florance Cassesz?. Esta franchuta fue acusada, procesada y sentenciada por el delito de secuestro… peeeeeeeeeeeeeeroooooo se descubrieron irregularidades en su proceso judicial y fue ordenada su liberación por la Suprema Corte de Justicia. Ojo, atención: Cassesz nunca fue liberada porque se comprobara su inocencia, sino porque el operativo por el cual fue apresada, resultó ser un vil montaje cortesía de “García Luna Productions”, lo cual nubló las pruebas presentadas en su contra y, por lo tanto, fue liberada usando el principio de “in dubio, pro reo” (“en caso de duda, favorézcase al acusado”).

Recuerdo muy bien cómo tomó la opinión pública el fallo de la SCJN: como una reverenda mentada de madre. Se empezó a decir que la liberaron porque era francesa y porque no querían broncas con Francia. Estoy seguro de que, si a Cassesz la hubiera juzgado un tribunal del pueblo, el veredicto sería culpable, la sentencia sería muerte por linchamiento y los cargos serían secuestro y… ser francesa. Sonará a guasa, pero no lo es. Recordemos que el autoestima colectivo del mexicano siempre ha estado en niveles que van de bajo a inexistente. Y si a esto le agregamos el complejo de inferioridad colectivo (al cual conocido partido político nos acostumbró para sus fines); el sentirse más bajo que cualquier otro individuo de cualquier otra nacionalidad, de preferencia americano o europeo. Por eso el resentimiento hacia Cassesz. Aunque también hay que decir que la mula no era arisca, sino que a guamazos la volvieron. Veamos los siguientes dos casos, que son más recientes.

Dos ciudadanos, un hombre y una mujer, están en la cárcel. Su delito: pagar con un billete falso. Su sentencia: por lo menos seis años en la congeladora. En ambos casos, se asumió que ellos eran los falsificadores, y a pesar de que alegaron el no saber que los billetes con los que pagaron eran falsos, ese argumento fue desestimado por el juez y les aplicó todo el rigor de la ley. En el caso de la mujer, se espera que el Presidente aplique el indulto, tal y como ocurrió con el profesor Alberto Patishtán.

En resumidas cuentas: pagan con un billete falso y los ven como si fueran Al Capone (yo, por si las moscas, ya me compré un plumón especial para detectar billetes falsos, no me vayan a dar uno, quiera pagar con ese, y acabe el resto de mis días en Almoloya)… ¡Pero eso sí! Los narcotraficantes, secuestradores, tratantes de blancas y demás linduras; ellos sí que pueden andar por las calles como Pedro por su casa sin que nadie les diga nada, ¿o sí? La ley no es pareja. Veamos que pasa con “Lolita, la de los impuestos”.

Si una persona común y corriente falla en su declaración de impuestos, o se le olvida declarar algo, pues la que se le arma… a menos que se apellide Azcárraga, o Slim, o Salinas Pliego, o Bailleres, o Servijte, o cualquiera de esas dinastías forradas en dinero contante y sonante. A ellos no se les molesta para nada… o buscan la forma de darle la vuelta. Ignoro si sigue vigente esta ley, pero (según) cuando una empresa se da de alta en el SAT (como persona moral), Hacienda le da cuatro añotes libres de impuestos, para que recuperen la inversión y comience a andar. Hasta aquí, no hay problema, ¿pero qué hacen las empresas ya consolidadas? Al terminar los cuatro años de gracia, pues se dan de baja en el SAT, y se vuelven a dar de alta con otra denominación social. Así obtienen otros cuatro añotes libres de impuestos. Se terminan otra vez esos cuatro años, se vuelven a dar de baja, y se vuelven a dar de alta, y les vuelven a dar otros cuatro años&hellip: ¿Quieren que se los cuente otra vez?

Y ya con esta historia, quedará comprobado de que la justicia, sólo existe en el diccionario:

  • Me robaron mi carro (un Sedán 2000) en una esquina de Satélite apuntándome con una pistola.
  • Voy al Ministerio Público a levantar la denuncia.
  • Pago cincuenta pesos al policía de la entrada para que me indique la ventanilla adecuada.
  • Pago otros cincuenta pesos para que la secretaria me diga que no es mi delegación y que necesito acuidr al ministerio de mi domicilio (en la Col. Roma)
  • Pago otros cincuenta duros al policíade la entrada de mi delegación.
  • Pago otros cincuenta cocos a la secretaria para que me tomen la declaración.
  • Pago veinticinco pesos para la papelería de mi declaración (hojas blancas)
  • Pago cien pesos para que coloquen mi declaración en el archivo de asuntos inmediatos y no en el de asuntos pendientes desde 1997.
  • Agarran al ladrón. Pago cinco mil pesos para que no lo dejen salir hasta que yo lo identifiquen.
  • Lo consignan ante el juez de lo penal. Pago otros cinco mil cocos para que inicie el juicio.
  • El ladrón se declara inocente, a pesar de las fotos de un aficionado que lo inculpan sin lugar a dudas.
  • Le asignan al ladrón un abogado de oficio. Este me pide cinco mil pesos para defender al ladrón “a mi favor”.
  • Pago mil pesos a un abogado que me promete ganar el caso y me dice que es el más importante de los diez que lleva.
  • Se presentan pruebas, fotos y vehículo encontrado en casa del compadre del ladrón, y pago 3.5 mil pesos a los peritos para que las tomen en cuenta (chale).
  • Los peritos judiciales verifican las pruebas a lo largo de tres años, y cada mes me piden un quinientón para seguir con el caso, “para no olvidarlo”.
  • El juez de la primera instancia resuelve en mi contra. El ladrón pagó 20 mil pesos para ser declarado inocente
  • Me demanda el ladrón por daño moral en contra de su buen nombre.
  • Me consignan ante el Ministerio Público
  • Me asignan un abogado de oficio, le pago siete mil pesos para que se tome mi caso como el más importante de los 10,278 que lleva.
  • Me consignan ante el Ministerio Público… de mi delegación.
  • Pago mil pesos al policía de la entrada para que no me pegue.
  • Pago dos mil pesos al Ministerio Público para que no me vea mala onda.
  • Apelo la decisión del primer juez, y le pago tres mil pesos para que falle a mi favor.
  • El juez es cuñado del compadre del ladrón (y el compadre del ladrón es Presidente Municipal de Tejeringo el Chico). Por supuesto, falla en mi contra.
  • Mi abogado me pide cien mil cocos para solicitar un amparo y ganarlo.
  • En total, el procedimiento se lleva ocho años. Pago 60 mil duros para ser declarado inocente.
  • El juez colegiado de circuito me niega el amparo.
  • Ingreso en el penal de Santa Martha Acatitla. La sentencia por daño moral es de 3 años.

TOTALES

    • Gastos totales por denunciar el robo de mi auto: 240 mil 325 pesos.
    • Costo del carro en el mercado: 75 mil pesos.
    • Tiempo invertido: más de ochenta mil horas.
    • Noches sin dormir: más de tres mil.
    • Años de cárcel (para el ladrón): 0.
    • Años de cárcel (para mi): 3.

Costo de tener un sistema de justicia mexicano: eso… no tiene precio.

Para todo lo demás, existe MasterCard.

Tomado del libro México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria, de Denisse Dresser y Jorge Volpi.

Moraleja

Si quieren triunfar en esta vida, deben hacer el mal.

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