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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 1: Una nueva misión.

Han pasado cinco años, desde que los World Warriors detuvieron los planes de dominación mundial de Seth y destruyeron a S. I. N., la división de armas de M. Bison y Shadaloo.

En ese tiempo, el mayor William F. Guile fue ascendido, primero, a coronel, y después a general brigadier de la Fuerza Aerea Estadounidense; como recompensa por su gran trabajo al detener a estas amenazas para la paz mundial.

Sin embargo, la paz no duraría mucho tiempo.

Un hombre rubio de ojos azul claro, quijada cincelada y un corte de pelo terminado con el tope plano particularmente alto estaba trabajando en su oficina del Pentágono. Este hombre traía puesto una camisa de vestir blanca con detalles de color azul oscuro en los hombros y con las mangas subidas, dejando ver un par de banderas americanas tatuadas en cada hombro. En cada hombro tenía una estrella plateada, lo cual denotaba su grado de General Brigadier. También llevaba una corbata color azul oscuro, unos pines con las letras “US” en cada punta del cuello, pantalones tipo militar también color azul oscuro y botas de combate negras. En la parte derecha de la camisa, traía una placa azul con su apellido escrito en letras blancas: “GUILE”. En eso, sonó el intercomunicador de su escritorio. -General Guile -dijo una voz femenina desde el intercomunicador-. El General Taylor lo quiere en su oficina.
Bien -contestó Guile-. Iré enseguida.

Salió de su oficina y se dirigió a la del general Taylor. Entró por una puerta que tenía en su entrada el letrero:

Byron Taylor.
General de División de la Fuerza Aérea.

-Buenas tardes -se anunció con la secretaria del general Taylor-. Soy el general brigadier William F. Guile. El general Taylor me citó aquí. ¿Podría anunciarme con él, por favor?
-Claro. Un momento -contestó la secretaria. Levantó el auricular de su teléfono y marcó un número. -¿General Taylor? El general Guile ya está aquí… bien, lo hago pasar -colgó el teléfono-. Puede pasar, general.
-Gracias.

Guile entró a un cuarto de aproximádamente cinco por cinco metros, pintado de blanco, con retratos de aviones y un estante repleto de trofeos deportivos en la pared derecha. En medio había dos sofás y una mesa de centro con base de madera y plataforma de vidrio. En la pared izquierda había otro estante, pero éste no tenía trofeos, sino libros sobre aeronáutica, armas y muchos almanaques deportivos. Al fondo, había un enorme escritorio de caoba, con una computadora de las llamadas “all-in-one” y, sentado atrás, había un hombre alto, corpulento, de raza afroamericana, calvo, con una cicatriz enorme que le iba desde la frente hasta su mejilla derecha, pasando por el ojo del mismo lado, el cual había perdido el iris. También llevaba un bigote tupido de color negro que le daba apariencia de morsa. Iba vestido impecáblemente con un traje azul fuerte, camisa blanca y corbata del mismo color de su traje.

General Taylor -dijo Guile -, ¿deseaba verme?
Así es . Tome asiento, por favor -contestó Taylor -. Los dos generales se dirigieron hacia los sofás del centro y se sentaron uno en cada sofá, de frente. -¿Quiere algo de tomar? ¿Un café? -preguntó Tylor.
-Gracias, así estoy bien. ¿En qué le puedo servir?
-Mire, general… al parecer la época de paz ya llegó a su fin… lamentablemente.
-¿A qué se refiere, general?
-Nos han reportado que algunas personas han sido secuestradas en varios puntos del planeta.
-Bueno, eso no tiene nada de peligroso para el mundo. Se pueden encargar las fuerzas policiacas de cada país de eso.
-No he terminado, general -Taylor se llevó una mano a la barbilla-. Todas estas personas secuestradas tienen un punto en común: son háckers.
-¿Háckers…? ¿Piratas informáticos?
-No necesariamente. El término hácker engloba mucho más que ciber-criminales. Este término se usa para designar a alguien con talento, conocimiento, inteligencia e ingenio, especialmente relacionadas con las operaciones de computadora, redes, seguridad, y cosas por el estilo.
-Entiendo. Entonces, estos individuos secuestrados son genios de la computación.
-Así es -Taylor se levantó de su asiento y empezó a caminar de un lado a otro-. Y tenemos información de que Shadaloo está detrás de todo esto.
-¿Eh? -Guile se incorporó de un salto -. ¿Shadaloo? ¿Y para qué rayos querría Shadaloo secuestrar hackers?
-Ahí es en donde usted entra, general -contestó Taylor, señalando a Guile con el dedo índice de su mano derecha-. Su misión, consiste en encontrar a estos hackers secuestrados y averiguar qué se trae Shadaloo entre manos.
-Pues, como usted bien lo dijo, general… los tiempos de paz se terminaron. Bien, general, suficiente charla. Es hora de actuar.

Guile saludó militarmente a Taylor y se disponía a salir de la oficina, pero…
-Espere, general -lo detuvo Taylor-. Se me olvidaba mencionar que para esta misión no estaremos solos.
-Déjeme adivinar… ha pedido ayuda a otras corporaciones.
-¡Usted me conoce mejor que nadie! Fue por eso, entre otras cualidades, por la que lo promoví para general brigadier -sonrió-. Me tomé la libertad de hablar con Mireille Ballestrazzi, la presidenta de INTERPOL; así como con mi buen amigo, el coronel Keith Wolfmann de Delta Red.
-Los que siempre han colaborado con nosotros.
-Así es. Quedamos en reunirnos con ellos dentro de un par de horas. Le informo que Ballestrazi no podrá venir, pero en su representación envió a su mejor agente, creo que usted ya la conoce.
-Si es una mujer oriental con conocimientos de Kung Fu, creo que ya sé quien es.
-¡Vaya! -exclamó Taylor, con una enorme sonrisa -. ¡Parece que ya se sabe la letra de esta canción! El coronel Wolfmann sí nos podrá acompañar, y le adelanto que le acompaña su mejor elemento…
-Su mejor elemento -Guile se quedó pensando -… su mejor elemento… ¡OH, OH…! ¡Creo saber también quién es…!
-¿Ah, sí?
-Sí… debe ser una chica de unos veinticinco años, de mediana estatura, rubia, peinada con dos trenzas, ojos azules y una cicatriz en su mejilla izquierda -y estuvo tentado a agregar “e increiblemente hermosa”.
-¡OIGA! ¡SI OFRECIERAN ASCENSOS EN EL EJÉRCITO POR ADIVINAR, USTED YA SERÍA GENERAL – GENERAL! -exclamó Taylor, con una cara de asombro-. ¿Pues qué le pone a su café? ¡Adivina todo! y -sonrió de forma malévola-… me doy cuenta que las mujeres lo siguen…
Guile se sonrojó con este último comentario. -General Taylor -expresó con un tono que detonaba pena y enojo a la vez-… le recuerdo… que estoy CASADO y que SOY UN HOMBRE DE FAMILIA… y NUNCA traicionaría a mi esposa.
-¡Oh, vamos, general! ¡Todos, tarde o temprano, tendremos que caer!

En eso sonó el aparato intercomunicador del escritorio de Taylor. -¿Sí?
-General Tylor -se oyó la voz de su secretaria por el aparato-. Sus invitados ya llegaron. Están en la recepción.
-Vamos para allá -apretó un boton para interrumpir la comunicación-. Bien, general, ya están aquí.
-Pues… vamos a recibirlos.
Se dirigieron a la puerta. -Una cosa más, general Guile… por piedad… ¡Extiéndase esas mangas! ¡No me gusta que las traiga recogidas!
-¿Y por qué? -pensó Guile-. Así me gusta llevarlas.

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