Fanfics

SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 2: La reunión.

Mientras se dirigían a los elevadores, Taylor notó una expresión melancólica en Guile. -Veo que está triste, general -expresó-. Me gustaría saber el motivo, y si puedo ayudarle.
-General -contestó Guile-, hoy es un aniversario luctuoso más de mi amigo, el teniente Charlie Nash, ¿lo recuerda?
-¡Ah! ¡Claro! ¡Ese soldado insolente y desobediente! ¡Se le ordenó que no fuera tras M. Bison, y solo fue para encontrar su destino final! Y a usted, se le ordenó detenerlo y lo dejó ir.
-El teniente Nash me dijo que tenía pruebas de que Bison había tenido nexos con nuestros comandantes en Tailandia-. Llegaron a los elevadores. Guile apretó el botón para llamar a un elevador.
-Como sea. Desobedeció una orden y pagó las consecuencias.
-¡General Taylor! ¡Usted está siendo muy injusto! ¡Me está diciendo que el teniente Nash merecía ser asesinado por desobedecer!
-¡General Guile! ¡Ya debería saber que, ante todo, está la obediencia irrestricta a los superiores!

¡DING!

Sonó la señal acústica indicando la llegada de un elevador. Se abrieron las puertas. Los dos generales dejaron salir a las personas que se bajaban en ese piso y entraron al elevador. Taylor apretó el botón de “Planta Baja” y se cerraron las puertas. -General Taylor -dijo Guile-; lo de la “obediencia irrestricta”, no lo voy a discutir. Ya veo que tenemos ideas completamente diferentes sobre el concepto de obediencia y nunca llegaríamos a un punto de acuerdo.
-En eso lo apoyo, general Guile. Y ahora, lo mejor será calmarnos. No es deseable que nuestros invitados nos vean agitados.

¡DING!

Volvió a sonar la señal acustica, indicando que el elevador había llegado a su destino. Los dos generales salieron del elevador. -Creo que era mejor tomar las escaleras. Solo bajamos dos pisos -observó Guile.
-Cierto -afirmó Taylor-, pero esta maldita hernia discal que tengo, no me deja moverme a gusto.
-¿Y por qué no se somete a una operación y le quitan esa hernia?
-¡Bueno fuera! pero no tengo tiempo. Hay mucho que hacer y, si me distraigo un segundo, todo mundo empezará a hacer lo que se le venga en gana.
Guile sólo alzó los ojos al cielo y soltó un casi imperceptible resoplido. -Definitivamente, estamos frente a un adicto a la disciplina -pensó.

Llegaron a la recepción, y ahí los esperaban tres personas: la mujer oriental, la chica rubia y un hombre alto, fornido, trigueño de cabello castaño que le llegaba hasta la mitad de la espalda, con una cicatriz parecida a la de Byron Taylor, pero que le cruzaba el ojo izquierdo (bueno… ¿aquí todos tienen cicatrices o qué?). Llevaba un traje verde olivo, con varias insignias en la parte izquierda, camisa blanca y corbata y zapatos negros. Tanto él como la chica rubia llevaban una boina roja con un triángulo amarillo en la parte izquierda. Inscrito en el tríangulo, se mostraba la sombra de un águila con las alas semiabiertas, y en el centro de esa águila, había un escudo de armas con cuatro cuadros: dos rojos y dos blancos, dispuestos en diagonal.

La chica rubia llevaba una gabardina, también de color verde olivo, con camisa y corbata del mismo color de los del hombre. A su vez usaba botas militares que le llegaban hasta las rodillas. La mujer oriental llevaba un saco y una falda color azul oscuro, corbata negra y camisa blanca, zapatos de tacón negros y un par de adornos blancos en su cabello.

Guile sonrió al verlos. -Mucho tiempo sin verte, Chun-Li.
-Lo mismo digo, Guile -contestó la mujer oriental, mientras se saludaban de beso. Estos dos habían colaborado en muchas misiones tiempo atrás, junto con el finado Nash.
-¡White…! ¡Cammy White! -saludó militarmente Guile a la chica rubia-. ¡Se ve que has cambiado mucho!
-¡Gracias, Guile! -contestó Cammy, mientras regresaba el saludo militar.
-¡Y aquí tenemos a mi socio, el coronel Keith Wolfmann! -se dirigió al hombre del cabello largo y lo saludó tanto de mano como militarmente.
-¿Cómo está, Coronel Guile? -contestó Wolfman el saludo.
-General -corrigió Guile-. Ahora soy general.
-¡Cierto! ¡Disculpe, general! Es que ha pasado poco tiempo de su nombramiento y aún no me acostumbro.
-No se preocupe, coronel… Ni yo mismo me acostumbro aún…
Wolfmann sonrió, con cierto alivio. En eso, sonaría el teléfono celular de Wolfmann. -Errr… Disculpen… tengo una llamada – sacó su aparato y apretó el botón de aceptar la llamada-. Wolfmann… ¿sí…? bien… de acuerdo… entonces nos veremos ahí en aproximádamente media hora… Hasta entonces -apretó el botón de colgar-. Disculpen. Me habló el agregado militar de la embajada británica. Quiere que lo vea lo antes posible.
-¿Tiene que ver con Shadaloo, señor? -preguntó Cammy.
-Es muy probable, Mayor White -contestó Wolfmann-. En cuanto me diga de qué se trata, se lo comunicaré. Chun-Li, perdona que te deje aquí sola, pero necesito el coche.
-Entiendo, coronel -dijo Chun-Li.
-No se preocupe, coronel -intervino Guile -. La seguridad y transportación de las aquí presentes corre por mi cuenta. Vaya tranquilo a su cita.
-De acuerdo. Entonces, estamos en contacto. White, no apague su celular por ningún motivo.
-¡Entendido, señor!

Una vez que Wolfmann se retiró del lugar…
-¿Quieren comer algo? ¡Yo invito! -se dirigió Guile a Cammy y Chun-Li.
-La verdad, sí -contestó Chun-Li-. ¡Me muero de hambre!
-Por mi, no hay problema -terció Cammy-. ¿Dónde está la cafetería?
-¡NO! ¡AHÍ NO! -exclamó Guile-. No me gusta admitirlo, pero la comida de ahí es PÉSIMA. Varias veces he pedido que remuevan al “chef” de ahí, pero no me han hecho caso -suspiró-. Mejor las llevo a un buen restaurante. Nada más déjenme pasar a un lugar muy especial para mí.
-Y… ¿se puede saber… cuál ese lugar? -preguntó Cammy.
-Claro. Es el cementerio militar de Árlington.

Los tres llegaron al cementerio. Guile llevó a las mujeres a una tumba en especial. Esta tumba tenía una lápida en forma de cruz, que contenía la foto, en la parte de arriba, de un hombre de unos treinta años, rubio, con un enorme fleco, gafas y de rostro algo triangular. En los brazos de la cruz tenía la siguiente inscripción:

R. I. P.
Lt. Charles J. Nash.
Buen hijo, mejor soldado y excelente servidor de la Patria.

-Cierto -pensó Chun-Li-. Charlie cumple años de muerto hoy…
-¿Es este el amigo del que tanto me has hablado, Guile? -preguntó Cammy.
-Así es White… No sólo fue mi amigo. También fue mi superior inmediato y mi maestro. Me enseñó todo lo que sé.
-Por la foto en la lápida, se ve que fue un buen hombre.
-El mejor de todos, White… el mejor.

Después se dirigió a la tumba. -Bien, mi querido amigo -habló-, un año más sin tí. De verdad, me has hecho mucha falta y no sabes lo mucho que te extraño. Pero tu ya debes de estar en un lugar mejor que yo…

Guile se hincó ante la tumba de Charlie y rezó por un breve período de tiempo. Después tomó una de las botellas de cerveza que traía consigo y la colocó sobre la tumba. Abrió la otra con un destapador que traía en su navaja suiza. -¡Salud! -ofreció la botella al frente y se la tomó de a pocos tragos. Hizo una pequeña reverencia a la tumba y se dió la vuelta.

-Bien, he terminado lo que tenía que hacer aquí. Ahora, a cumplir mi promesa de llevarlas a comer.

Anuncios

Un comentario sobre “SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s