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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 6: Un golpe en Nueva York.

Una vez terminada de grabar la escena de la “renuncia” de los hermanos Castillo, Guile y compañía se dirigieron al estacionamiento del Verizon Center. Se subieron a la Suburban color negro de Guile. -¿Y dónde se hospedan? -les preguntó a los Castillo.
-Estamos hospedados junto con los demás compañeros en el Mayflower Hotel -respondió Francisco.
-Buen hotel. En WWE sí que saben escoger alojamiento.
-Ya lo creo. Cambiando de tema, no sé por qué, pero creo que he visto su cara en otra parte.
-Pues es la primera vez que nos vemos. A lo mejor fue en algún noticiero.
-No, no, no… fue cara a cara. -de repente, el rostro de Francisco se iluminó-. Oiga, general… ¿conoce usted a Gúnlock?
-Errr… sí… es mi hermano.
-¡Si ya decía yo que había visto su cara antes!
-¿Lo conocen?
-¡Claro! Coincidimos con él en algunas giras a Japón.

Una vez que llegaron a dicho hotel, los hermanos Castillo se despidieron de Cammy, Chun-Li y Wolfmann. -Por favor, traigan todo su equipaje mañana -pidió Guile-. De aquí tomamos un vuelo a Nueva York, y de ahí, a Londres.
-¿A… Londres? -preguntó José Luís.
-A Londres. El cuartel general de Delta Red está en Londres, y será nuestra base de operaciones para esta misión. Está decidido en conjunto con Chun-Li y el coronel Wolfmann. Así que vengo por ustedes a las ocho de la mañana. ¿Entendido?
-Entendido -contestó Francisco-. Mañana, a las ocho, estaremos aquí esperándolos.

A la mañana siguiente, Guile esperaba a los hermanos Castillo dentro de un Ford Mustang. Justo a las ocho de la mañana, salieron del hotel. Su equipaje consistía en unas maletas deportivas, dos mochilas con una laptop cada una y tres fundas para guitarra. Guile se quedó perplejo al ver esto. -Por el amor de Dios, ¡vamos a una operación militar, no a un recital!
-Lo sabemos -dijo Francisco-, pero ni modo que dejemos los instrumentos aquí.
-Los traíamos para entretenernos durante la gira -aclaró José Luís-. Nunca nos imaginamos que nos requerirían como agentes.
-De acuerdo, de acuerdo -los tranquilizó Guile-. Ya veremos qué podemos hacer.

Abrió la cajuela del coche y los Castillo metieron todo su equipaje ahí. Se subieron al coche y se fueron rumbo al aeropuerto.

Aeropuerto Nacional “Ronald Reagan”.
Arlington, D. C.,
Estados Unidos.

Guile y los hermanos Castillo llegaron directo a una de las pistas, junto a un avión militar de 10 plazas. Junto al avión ya los esperaban Cammy, Chun-Li y Wolfmann. Se bajaron del auto y saludaron a los otros. -¿No falta nadie? -preguntó Guile.
-No, general. Estamos completos -respondió Wolfmann.

Los hermanos Castillo sacaron su equipaje de la cajuela y la colocaron en el portaequipaje del avión, junto con el de los demas. Les resultó imposible a Cammy, Chun-Li y Wolfmann poner cara de sorpresa al ver las tres guitarras. Guile estacionó su coche en un lugar reservado y regresó con los demás. Se subieron al avión y tomaron destino a Nueva York.

Campo de aviación del Ejército de los Estados Unidos “Wheeler-Sack”.
Fuerte Drum, condado de Jéfferson.
Nueva York, Estados Unidos.

-¿Y podemos saber qué hacemos en Nueva York? -preguntó Francisco.
-Hubiera sido más fácil volar directo a Londres -observó José Luís.
-Cierto -contestó Chun-Li-, pero recibimos informes de que hay una “célula” de Shadaloo trabajando encubierta en Manhattan.
-Sabemos en dónde están escondidos -completó Cammy-. Nuestra misión será meternos en ese edificio y extraer lo más que podamos de información.
-¡Oh! Y me imagino que les vamos a caer ahora que tienen los pantalones abajo -dijo Francisco.
-Así es -contestó Guile, y se dirigió a todos-. Bien, damas y caballeros. El Ejército se ofreció en apoyarnos y nos están esperando -señaló a un convoy militar-. Tenemos media hora para ponernos presentables, así que tomen sus maletas y lleven solo lo necesario, ¿entendido?
-¡Entendido! -contestaron los demás en coro. Tomaron su equipaje y se dirigieron a unos vestidores que había en ese campo.

Tiempo después, salieron con su ropa de combate. Guile llevaba una camiseta tipo A de color verde oscuro, pantalones militares de tela “camuflajeada”, unas botas militares de color café y sus placas de identificación colgadas al cuello. Wolfmann llevaba un unitardo sin mangas de color azul rey que traía un triángulo invertido color rojo en la parte derecha del pecho, con un cinturón negro con compartimientos de metal, botas de comando negras, un par de guantes negros y su boina roja. Estaba armado con una pistola tipo escuadra que llevaba en una funda color café claro en el pecho. Chun-Li llevaba una camisa tipo polo color azul cielo con aplicaciones en los hombros color azul marino, un pantalón de policia también color azul marino y unas botas blancas. Los Castillo llevaban una camisa de manga larga con la leyenda “INTERPOL” escrita con letras blancas en la parte alta de la espalda, una gorra, pantalones militares, un par de guantes cada uno y botas; todo en color negro. José Luis se había recogido el cabello en una “cola de caballo”. -¿Son todos? -preguntó Guile.
Chun-Li negó con la cabeza. -Falta Cammy… ¡Ah, ahí viene!

José Luís volteó su cabeza para verla y se quedó impactado y a punto de sufrir un infarto. -¡¡OH, POR DIOOOOOSSS…!! -exclamó en voz baja, y le dió un codazo a Francisco-, ¿ya viste, carnal?
Francisco también volteó a verla y abrió los ojos como platos. -¡¡AAAAAAAAAAYYYYY GÜEEEEEEEEEEEYYY…!! -exclamó, con un hilo de voz.

Cammy llevaba puesto un leotardo tipo hilo dental verde oscuro, con el triángulo rojo invertido en su seno derecho, unos guanteletes de color rojo, una funda de hombros para arma de piel negra, un par de compartimientos de piel negra atados a su muslo derecho y un par de botas militares negras cortas, que dejaban asomar un par de calcetas rojas y también su boina roja. -Perdón por la tardanza, chicos -se disculpó-, aún no me acostumbro a esta funda para hombros. Bueno, los chicos malos nos esperan. ¡Vamos!

Los hermanos Castillo no podían dejarla de seguir con la mirada, y con una expresión de idiotizados. Francisco apretó los puños, extendió los brazos hacia abajo, alzó la cara, apretó los ojos y tensó las piernas, como si quisiera ponerse en posición de firmes. -¡¡¡SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA SOY PAPA CASADA!!! -exclamaba.
-¡¡NO MAMES!! -le dijo José Luís-. ¡NI ERES PAPA, NI ESTÁS CASADO!
-¡¡¡COMO SI LO ESTUVIERA…!!!
-¡Pues yo no! Así que, ¡¡CON PERMISO!!
-¿A dónde vas, conejo Blas? -le dijo Francisco, mientras lo agarraba de la camisa con una mano-. Te conozco, bacalao, aunque me mires de costao. Te voy a estar vigilando y ni se te ocurra hacer lo que ya acostumbras.
-¡Bah! ¡No eres divertido!

Se subieron a uno de los camiones enlonados y empezaron el viaje por tierra.

Manhattan.
Nueva York.
Estados Unidos.

El convoy militar llegó a un edificio viejo y deteriorado de unos cinco pisos. -¿Este es el lugar? -preguntó José Luis.
-De acuerdo a loa información que recibimos -contestó Wolfmann-, sí.
-¡Increíble! -comentó Cammy-. ¡Podría pasar en frente de este edificio veinte mil veces sin sospechar que es un refugio de Shadaloo!
-La mejor forma de ocultar algo, es ponértelo en las narices -indicó Francisco.

Algunos soldados del Ejército americano los estaban esperando. -General William F. Guile -se presentó ante el sargento encargado de la operación-. ¿Cuál es su reporte?
-Hemos estado monitoreándolos día y noche, Señor -declaró el sargento-. Hasta el momento, no hemos detectado actividad fuera de lo normal, Señor.

Mientras Guile y el sargento hablaban, Francisco sacaba un rosario del bolsillo del pantalón y se hincó junto con su hermano atrás del camión que los había traído. -Señor -rezó-, Protégenos a mi hermano, a nuestros compañeros y a mí. No nos tomes en cuenta las vidas que lleguemos a tomar. Amén -y se persignaron.

Y justo cuando terminaba de rezar, algunos cristales del edificio se rompieron, y cayeron unos soldados vestidos con un uniforme azul cielo con bordes plateados, unas hombreras y espinilleras metálicas. También llevaban guantes, botas y cascos estilo nazi, de color negro. En los cascos llevaban una insignia dorada, formada por un cráneo alado. Esos eran soldados de Shadaloo.

-Es hora de sacar la basura -indicó Guile-. ¡Chun-Li! ¡Tú y tus dos compañeros nos haremos cargo de los soldados! ¡Wolfmann! ¡White! ¡Ustedes dos se introducirán al edificio y sacarán lo más que puedan de información! ¡Soldados! ¡Ustedes acompañen al coronel Wolfmann y a la Mayor White y sigan sus órdenes! ¿Entendido?
-¡SEÑOR! ¡SÍ, SEÑOR!

Cammy, Wolfmann y los soldados americanos se dirigieron corriendo a la puerta de entrada. Dos soldados de Shadaloo les bloquearon el paso. -¡QUÍTENSE DE NUESTRO CAMINO! -grito Cammy-. ¡¡SPIRAL ARROW!!
Cammy se lanzó con las piernas hacia el frente y girando como un taladro humano, e impactó a los dos soldados de Shadaloo, haciendo que se fueran contra la puerta y la derribaron. -¡Bien hecho! -felicitó Wolfmann-. Hizo señas a los soldados americanos y entraron en tropel al edificio, teniendo cuidado de pisar a los soldados de Shadaloo. El grupo lo cerraron Cammy y Wolfmann.

Entre tanto, Chun-Li, Guile y los Castillo se entretenían golpeando y pateando a cuanto soldado de Shadaloo se les atravesará. En eso, Guile movió sus brazos hacia atrás. -¡¡SONIC BOOM!! -gritó. Movió sus brazos hacia el frente y salió disparado un disco de energía amarilla que se dirigió girando como sierra hacia el soldado de Shadaloo, golpeándolo. Eso llamó la atención de Francisco.

-¡¡KIKKOKEN!! -gritó Chun-Li, mientras extendía una de sus palmas al frente. De la palma salió una esfera de energía azul que golpeó a otro soldado de Shadaloo.

-¿Ya viste, Paco? -dijo José Luis, mientras aplicaba una quebradora con rehilete a un soldado de Shadaloo.
-Ya lo vi, Pepe -contestó Francisco, mientras mandaba a volar a otro soldado con un efectivo gancho a la mandíbula-. Entonces no tendremos ningún problema en mostrar nuestro “secretito”…

Francisco vió a un soldado acercarse a él a toda carrera. Sonrió maliciosamente. -Ven aquí, je je jeee… Un poco más cerca-. Cuando lo tuvo a una distancia prudente, alzó su puño derecho. -¡¡PUÑO DE HIERRO!! -gritó. Se arrodilló y golpeó el piso con su puño, haciendo que surgiera una especie de flama de energía blanca que se dirigió al soldado y lo derribo.
-¡ES MI TURNO! -anunció José Luis. Colocó ambos brazos con las manos abiertas a la altura de sus ojos y formó con ellos una X. -¡¡CRUZ ROCKERA!! -gritó. Separó de golpe sus brazos y salieron un par de medias lunas cruzadas de energía blanca que impactaron a otro soldado.
-¿No se te pudo ocurrir un nombre más ridículo para tu técnica? -le preguntó Francisco.
-¡TU MEJOR NI ME DIGAS NADA, QUE ESTAMOS IGUALES! -contestó José Luis-. Y ni modo que le ponga “XBOX”… ¡ME DEMANDAN!

-¡¡FLASH KICK!! -gritó Guile, mientras realizaba un mortal hacia atrás y pateaba a dos soldados en el proceso, como si estuviera haciendo un “tiro de chilena”.
-¡¡HYAKURETSUKYAKU!! -gritaba Chun-Li, mientras lanzaba patadas a varios soldados. El último acabó dentro de un autobús por la potencia de la patada.

Apareció un soldado enorme y corpulento, con cara de pocos amigos, dispuesto a hacer papilla a quien se le pusiera en frente. Chun-Li y Guile se hicieron para atrás. Los Castillo se colocaron entre ellos y el megaterio de Shadaloo. -¡DÉJENNOSLO A NOSOTROS! -exclamó Francisco.
-¡Será como enfrentarnos al Big Show! -continuó José Luis.
Corrieron en dirección al grandote y, al mismo tiempo, Francisco golpeó con un lazo al cuello y José Luis derribó con una “spear” al gorila, quien cayó sin sentido. -Entre más grandes… -inició Francisco, sacudiéndose las manos.
-… más duro caen. -terminó José Luis.

Una vez que todos los soldados de Shadaloo quedaron tirados en el piso. Chun-Li, Guile y los Castillo se reunieron. -Una operación fácil -declaró Guile.
-Aún no termina, general -observó Francisco-. Tenemos que ir a ayudar a los que están adentro del edificio…
Todavía estaba hablando cuando se volvió a oír el sonido de cristales rotos y cayeron tres soldados de Shadaloo… inconscientes. -Hagan de cuenta que no dije nada -corrigió Francisco.

Pero en ese momento, una especie de halo negro y violáceo rodeó a los soldados caídos, quienes se levantaron como si nada. Tenían caras de furia, y los ojos los tenían en blanco, como si no tuvieran iris. -¡¿PERO QUÉ CARAJOS…?! -exclamó José Luís.
-Poder psíquico… -musitó Guile.
-¿Qué…?
-Poder psíquico. Energía manifestada por un alma corrompida… y es lo que le da fuerza a estos soldados.
Los soldados comenzaron a rodear a nuestros héroes. -Entiendo -dijo Francisco-. Entonces, esto quiere decir que apenas hemos ganado la primera caída. Es hora de iniciar la segunda…

-¡¡SONIC!!

Un disco de energía idéntico al de Guile (salvo porque éste era de color azul verde) derribó a uno de los soldados. -¡Buena esa, general! -aplaudió Francisco-. ¡No sabía que podía hacer eso con la mente!
-Ese no fui yo -aclaró Guile-, y sólo conozco a una persona que puede hacer eso… pero está muerta.

Los soldados vieron de dónde salió ese disco de energía y encontraron a un hombre con la misma complexión de Guile (aunque un poco más alto), cubierto por la sombra del edificio. De inmediato se lanzaron sobre este hombre, pero él se empezó a deshacer de ellos usando las mismas técnicas de pelea de Guile -¡NO PUEDE SER! -exclamó Chun-Li.
-¡NO ES POSIBLE! -declaró Guile.

-¡¡SONIC SCYTHE!!

El hombre tiró una patada arqueando la pierna derecha en una dirección de frente hacia atrás, noqueando a un soldado. A otro lo tomó y lo aventó sin misericordia hacia la pared, y a otro más lo agarró del cráneo y le absorbió todo el poder psíquico, dejándolo desmayado. El hombre por fín dejó la sombra. Era un hombre de tez clara, rubio con el cabello peinado hacia atrás, exceptuando un enorme fleco que llevaba hacia el frente y ligéramente desviado a su derecha, y doblado en su punto medio hacia abajo, formando un ángulo recto. Este hombre llevaba unos extraños parches de piel grisácea en su mano y antebrazo derechos, hasta llegar a la altura del codo, para continuar por buena parte de su brazo derecho, la mayoría de la parte derecha del tórax, y la parte derecha de su cara, desde la altura de la ceja izquierda. Estos parches estaban sujetos a la piel sana con una especie de grapas quirúrgicas. En la frente llevaba una extraña gema color verde jade. Llevaba unos lentes muy parecidos a los que usaba Blue Púnisher en sus presentaciones, sólo que transparentes; un chaleco amarillo con aplicaciones en color marrón, pantalones tipo cargo de color gris muy oscuro y botas militares gastadas de color verde. Llevaba una pulsera negra en su muñeca derecha y un reloj digital negro en su muñeca izquierda. Cuando lo vieron, Chun-Li y Guile no podían dar crédito. -Atrás -ordenó Guile-. ¡Puede ser una trampa!
-No es ninguna trampa, viejo amigo Guile -habló por fin el hombre-. En verdad soy yo.
-¡¿QUÉ…?!

Chun-Li y Guile sólo pudieron gritar a una voz: -¡¡¡CHARLIE NASH!!!

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