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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 7: Charlie Nash

-¡¡¿P-P-P-PERO CÓMO?!! -exclamó Guile, sin salir de su asombro-. ¡¡SE SUPONE QUE TÚ ESTÁS…!!
-¿Muerto? -completó Nash-. Hasta donde yo sé, los muertos no andan caminando por las calles. Miró a su alrededor. -Hola, Chun-Li -la saludó-, tiempo sin vernos.
Chun-Li no supo qué responder.

-A ver a ver a ver -intervino Francisco-. Déjenme ver si estoy entendiendo. ¿Me están diciendo que se supone que el sujeto que está enfrente de nosotros estaba muerto… y ya no lo está?
-Yo tampoco me puedo explicar eso -contestó Guile. Se dirigió a Nash. -¿Qué demonios fue lo que te pasó?
-No tengo por qué responderte a esa pregunta… y si se preguntan qué hago aquí, tengo informes de que hay un grupo de Shadaloo en este edificio.
-¿Quién te dijo eso?
-Eso es algo que no te importa. En fin, no me interesa lo que hagan o dejen de hacer esos tipos. Lo que quiero es saber si aquí está Bison.
-¿Y para qué quieres saber eso? -preguntó Chun-Li.
-Para matarlo…
-¡¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEEE?!! -exclamaron los demás en coro.
-Lo que oyeron. Así que, contéstenme: está Bison en ese edificio, ¿SÍ O NO?
-No lo sabemos -contestó Guile-. Y, en honor a la verdad, dudo mucho que esté escondido aquí.
-Jeh… Tengo la ligera impresión de que me lo están ocultando.
-¡UN MOMENTO, AMIGO! -intervino Francisco-, ¡NO TENDRÍAMOS NINGÚN MOTIVO PARA OCULTARTE LA UBICACIÓN DE ESE HIJO DE SU PINCHE MADRE!
-¡No te estoy hablando a tí, imbécil! -le espetó Nash, cortante-. Y tu, Guile, será mejor que te apartes de mi camino, o lo pagarás.
-Charlie… por favor… no me obligues a pelear contigo…
-Si no te haces a un lado… ¡TE MATARÉ!
-Veo que es imposible dialogar contigo, así que, si tenemos que pelear… NO NECESITAMOS HABLAR! ¡HAGÁMOSLO!

Inició la contienda entre los dos amigos entrañables. Los dos se conocían perfectamente, por lo que todos y cada uno de sus ataques eran bloqueados y contraatacados mutuamente. Nash se apartó y movió su brazo derecho hacia atrás. -¡¡SONIC!! -gritó, al tiempo de que movía ese brazo al frente y lanzaba otro disco de energía similar al que le lanzó al soldado de Shadaloo.
Guile alcanzó a esquivar ese ataque. -¡¡SONIC BOOM!! -gritó, mientras lanzaba su ataque de energía a Nash, quien se limitó a sonreir. Cuando estaba a punto de hacer impacto, Nash tomo ese “Sonic Boom” con su mano izquierda… y lo absorbió.
-Qué decepcionante -comentó-. Sigues haciendo el “Sonic Boom” con los dos brazos -movió la cabeza de un lado a otro, como si estuviera negando-. Ni parece que fueras mi alumno.
Guile apretó los dientes. -¡CÁLLATE Y PELEA! -y se volvieron a trenzar en combate-. ¡¡FLASH KICK!! -Guile intentó patear a Nash, pero cuando estaba a punto de hacer contacto… Nash desapareció. Guile logró aterrizar de pié. -¡¿PERO QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!
Segundos después, Nash reapareció justo arriba de Guile. -¡¡MOONSAULT SLASH!! -gritó al tiempo de que daba un giro hacia el frente y golpeaba a Guile con el talón de su pierna derecha.

-¡Agh…! ¡Nnnngh…! -jadeó Guile-. ¡Ya tuve suficiente de esto! -¡¡SOLID PUNCHER!! -gritó, mientras sus puños quedaban envueltos en una serie de ondas de energía. Empezó a tirar golpes, mientras pequeños “sonic booms” salían disparados a diferentes velocidades. Nash logró esquivar algunos, pero los últimos lo lastimaron. Una vez que desaparecieron las ondas de los puños de Guile, se dispuso a terminarlo. Hizo los brazos hacia atrás, al tiempo de que le crecían desmesuradamente los músculos pectorales, los bíceps y tríceps. -¡¡SONIIIC… HÚRRICANE!! -gritó, al tiempo que movía sus brazos hacia el frente, creando un enorme remolino de energía que absorbió a Nash, lo dejó muy lastimado y terminó por lanzarlo contra una pared.

Guile se acercó a Nash. -¿Ya tuviste suficiente?
Nash abrió un ojo y lo dirigió a Guile. -Aún no… ¡¡TE TERMINARÉ!! -. Nash se lanzó contra Guile, pero al momento de impactarlo, desapareció, dejando una especie de niebla negra alrededor de Guile, quien no sabía que hacer. Cuando se disipó esa niebla, Nash apareció detrás de Guile, se ajustó los lentes, alzó los brazos, juntó las palmas y creó una sierra de energía con la que golpeó a Guile, quien cayó sin sentido.
-Eso fue muy fácil -comentó. Se dirigió a Chun-Li. -Y tu, será mejor que te apartes, si no quieres que te mate justo ahí donde estás parada.
Chun-Li se puso en guardia, pero los Castillo se interpusieron. -¡Éste es nuestro! -exclamó Francisco.
-¡A ver si eres tan valiente para ponértenos al brinco, infeliz! -le espetó José Luis.
-Dos contra uno, ¿eh? -observó Nash, cruzado de brazos-. Eso no es muy justo que digamos.
-La vida es a veces injusta -dijo Francisco-, así que ¡BASTA DE CHARLAS Y A PELEAR!

Los Castillo sacaron lo mejor de su repertorio para derrotar a Nash, pero resultó inútil y terminaron golpeados. -De acuerdo… esto ya es humillante -declaró Francisco-. ¡PEPE! ¡Es hora del ataque en parejas!.
Los Castillo quisieron aplicar su ataque combinado de lazo al cuello y “spear”, pero cuando estaban a punto de golpear a Nash… éste desapareció, otra vez. Francisco se alcanzó a frenar, pero José Luis se fue de bruces. -¡¿PERO QUÉ CHINGADOS…?!
-¡¡SONIC SCYTHE!! -la patada de Nash le dió de lleno a Francisco.
José Luis se levantó. -¡AHORA SÍ! ¡¡YA ME HICISTE ENCABRONAR!! ¡¡CRUZ ROCKERA!!
Nash se limitó a reír y absorbió el ataque. -¿Pero qué clase de “sonic boom” es éste? -preguntó, burlonamente-. ¡¡SONIC BREAK!! -gritó, mientras le lanzaba dos “sonic booms” seguidos a José Luis, mandándolo el último a volar, cayendo cerca de un soldado de Shadaloo.

Aprovechando la distracción de Nash, Francisco corrió hacia él y lo derribó con el hombro. -No te esperabas esa, ¿eh? -le dijo maliciosamente.
-Ni creas que me has ganado, tarado -le contestó Nash, quien se lanzó y lo atacó con una combinación de izquierda, gancho con la derecha, backfist y lo remató con una patada lateral. Francisco cayó de espaldas, doliéndose. -Hora de terminar contigo -le dijo.

Pero cuando estaba a punto de rematar a Francisco, Nash abrió los ojos y la boca con dolor. -¿¡Qué…?! -exclamó. Se llevó una mano a la espalda y se arrancó… un dardo. La sustancia que contenía el dardo comenzó a hacer efecto, Nash se tambaleó y cayó de rodillas -Esto… no puede… haberse… terminado -y se fue de frente, inconsciente.

Francisco se quedó sorprendido y dirigió su mirada hacia donde estaba José Luis. Éste caminó hacia Francisco y lo ayudó a incorporarse. -Gracias -dijo.
-De nada. Suerte que siempre fui bueno para lanzar dardos.
Francisco frunció el seño -¿Se puede saber de dónde demontres sacaste ese dardo?
-Lo tenía ese soldado de Shadaloo -señaló a un soldado-. Lo registré para buscar algo que nos pudiera ayudar, y encontré eso.
-¡¡NO MAAAAMES, PENDEJOOOO!! -le gritó Francisco, mientras se llevaba las manos a la cabeza-. ¡¿QUÉ TAL SI ES UN DARDO ENVENENADO?! ¡¡NO SOMOS ASESINOS, IDIOTA!!
Corrió hacia donde estaba Nash, lo colocó boca arriba y lo tomó de la muñeca. -¡UFF! -suspiró-. ¡Aún tiene pulso!
Colocó su oído sobre el corazón de Nash y comprobó que aún latía. Se acercó a la cara de Nash y vió que aún respiraba. -¡¡CHALE, CARNAL!! -exclamó, con un tono de asco mientras se tapaba la nariz con una mano y abanicaba el aire con la otra-. ¡¡TE APESTA EL HOCICO, CABRÓN!!

Mientras tanto, Chun-Li ayudaba a Guile a levantarse. -Vaya -dijo, algo contrariado-, Charlie me dió una buena paliza… y a propósitó, ¿qué pasó con él?
-Los muchachos lograron detenerlo -explicó Chun-Li.
Se dirigieron a donde estaban Nash y los Castillo -¿Cómo lo detuvieron? -preguntó Guile, asombrado.
-Fue gracias a mi hermano, Pepe -explicó Francisco-, y a que tuvo la suerte de esculcar a un soldado de Shadaloo, encontrar un dardo tranquilizante, y a que tuvo el tino y la cabeza fría suficiente para lanzarlo y atinarle.
-¡Ja! ¡Primero no me bajas de idiota, y ahora me avientas flores! -opinó José Luís-. ¿Quién te entiende, cabrón?
-¡Esto sí es un golpe de suerte! -dijo Guile-, ¿y, aproximádamente, cuánto duraría el efecto?
-Bueno -empezó José Luis-, según mi experiencia, dura dos horas en animales grandes, como rinocerontes. Así que le calculo que durará el efecto… más o menos… unas cinco o seis horas en él.

En eso, salieron soldados de Shadaloo del edificio… con las manos esposadas en la espalda y conducidos por un soldado del Ejército. Atrás de ellos aparecieron Cammy y Wolfmann. -Creo que estuvieron bastante entretenidos- comentó Cammy, al ver a todos los soldados de Shadaloo tirados.
-“Bastante” es un calificativo que se queda corto -contestó José Luis.
-¿A ustedes, cómo les fue? -preguntó Guile.
-Eso fue un maremagnum -dijo Wolfmann-. Había soldados de Shadaloo por todas partes, pero nos deshicimos de ellos.
-Logramos llegar al cuarto donde tenían las computadoras -siguió Cammy-. Y nos dirigimos a la principal.
-Quisimos extraerle información, pero esos soldados no me dejaban hacer el trabajo en paz; así que opté por arrancarle el disco duro y traérmelo.
Abrió uno de los paquetes de su cinturón y les enseño la cajita de metal que contenía al disco duro, que todavía tenía los cables de conexión colgando. Después se lo volvió a guardar.

-¿Encontraron a uno de los jefes principales de Shadaloo? -preguntó Chun-Li-, ¿Balrog…? ¿Vega…?
-Estaba el molesto de Vega ahí -contestó Cammy-, pero por alguna razón no quiso pelear y huyó por una cosa que parecía… un portal interdimensional.
-¡Ay, pero qué bonito día! -exclamó Francisco, poniéndose de pié-. ¡Primero, soldados poseídos! ¡Después, un “muerto viviente” con mal carácter y peor aliento! ¡Y ahora, portales a la dimensión desconocida! -comenzó a caminar de un lado a otro, moviendo las manos con exasperación-, Y AHORA, ¡¿QUÉ SIGUE?! ¡¡¿QUE APAREZCAN LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS O QUÉ?!!

Cuando Francisco terminó de quejarse, Cammy notó que Nash estaba tirado en el piso. -¿A poco es…? -preguntó, mientras se dirigía a donde estaba Nash. Cuando llegó, se arrodilló y lo examinó. -Guile -empezó a hablar-, ¿A poco este es…?
Sí -confirmó Guile-. Él es mi amigo, Charlie Nash.
-¿Pero qué no se supone que estaba muerto?
-También eso era lo que yo creía.
-Lamento interrumpir esta charla -habló Wolfmann-, pero ahora, ¿qué hacemos con él?
Guile no lo dudó ni un instante. -Viene con nosotros a Londres.
-¡¡¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEE?!!! -gritaron los Castillo al mismo tiempo.
-¡¿PARA QUÉ?! -exclamó Francisco-. ¡¡¿PARA QUE TAMBIÉN ALLÁ BARRA, TRAPEE Y HASTA ENCERE EL PISO CON NOSOTROS?!! ¡¡POR MÍ, QUE SE QUEDE AQUÍ!!
-Disculpe, señor -intervino José Luis-, pero eso es una auténtica locura.
-Lo sé -contestó Guile-, pero es mi amigo y no lo puedo abandonar -y agregó en voz baja: otra vez.

Dos soldados del Ejército llegaron y cargaron a Nash hasta el camión que los trajo a Manhattan. -A propósito, carnal -le dijo Francisco a José Luis-, llévate el dardo que le lanzaste. Es posible que tenga rastros del tranquilizante y con eso encuentren el antídoto, en caso de que no despierte. Digo, es por precaución…

Campo de aviación del Ejército de los Estados Unidos “Wheeler-Sack”.
Fuerte Drum, condado de Jéfferson.
Nueva York, Estados Unidos.

-¡Rápido, rápido! -apresuraba Guile a los soldados que subieron a Nash al avión.
-¿Y nuestra ropa? -preguntó José Luís.
-La regresamos a nuestras maletas, y las maletas las regresamos al avión. Acuérdate -le contestó Francisco.
-¿Pero entonces, no vamos a cambiarnos?
-¡AY, YA VÁMONOS ASÍ COMO ESTAMOS! -exclamó, mientras empujaba a José Luis al interior del avión-.¡NO ES MOMENTO DE COMPORTARSE COMO SEÑORITAS! -le gritó. Cammy y Chun-Li le lanzaron una mirada asesina. Francisco se dió cuenta. -Con todo respeto para las damas aquí presentes -se disculpó.

Una vez que todos estaban a dentro del avión, el avión partió rumbo a Londres. Wolfmann, quien había tomado un curso para ser paramédico, iba monitoreando el estado de Nash. Afortunadamente, todo el vuelo no hubo sobresaltos con él y llegaron a su destino.

Campo de aviación y base de la Fuerza Aerea Americana “Lakenheat”.
Londres, Inglaterra.

Tras casi cinco horas de vuelo, el avión tocó tierra en Londres. Lo primero que hicieron fue bajar a Nash del avión y meterlo en una ambulancia de Delta Red, que había estado ahí por órdenes de Wolfmann. -Llévenlo directo al cuartel general -ordenó Wolfmann-. De ahí lo enviaremos a la enfermería.
-Yo quiero ir con él -pidió Guile.
Wolfmann aceptó y Guile se subió a la ambulancia. Los demás se subieron a una camioneta de Delta Red y se fueron detrás de la ambulancia.

Cuartel General de Delta Red.
Vauxhall Cross.
Londres, Inglaterra.

Llegó la ambulancia al cuartel general, y de inmediato trasladaron a Nash a uno de los cuartos de la enfermería. Guile, Chun-Li, Cammy, Wolfmann y los Castillo iban detrás de los camilleros. Una vez que lo colocaron en la cama, el médico encargado lo revisó, mientras le contaban lo sucedido. -¿Cómo está, doctor? -preguntó Guile.
Mmmmhhh… -murmuró el médico-, parece que el efecto del sedante ya se le está pasando. ¿Alguien trae el dardo o una muestra del tranquilizante?
-Aquí traigo el dardo -dijo José Luis, mientras se lo sacaba de un bolsillo de su pantalón.
-Excelente. Con esto podremos buscar el antídoto, en caso de que lo necesitemos. Si en aproximádamente una hora no despierta, se lo administramos.
Bien -asintió Guile.
-Ahora -continuó el doctor-, sólo una persona puede quedarse aquí adentro a vigilarlo. Los demas tendrán que esperar afuera.
-Yo lo haré -se ofreció José Luis-. A fin de cuentas, fui yo el que le clavó ese dardo y es mi responsabilidad.
-De acuerdo -confirmó Guile.
-Estaremos en el pasillo aquí afuera -dijo Francisco-. Cualquier cosa nos echas un grito.

Salieron de la habitación y tanto Cammy como Wolfmann se alejaron -¿A dónde van? -preguntó Guile.
-Disculpen, pero tenemos que empezar a trabajar en este disco duro -contestó Wolfmann, mientras enseñaba el disco.
-Pero cada hora vendré a informarlos y a ver como reacciona nuestro huésped -continuó Cammy.

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