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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 9: Los hermanos Castillo.

-¡Es cierto! -recordó Guile-. ¡Ustedes mencionaron que, tratándose de Bison, harían el trabajo hasta gratis!
-¿También les debe algo? -preguntó Nash.
-¿Que si nos debe…? -contestó Jose Luis -. ¡Mucho más de lo que se imaginan!
-Bison… -continuó Francisco- Bison fue quien ordenó matar a nuestro padre…
-Y es responsable indirecto de la muerte de nuestra madre – terminó José Luis.

-Antes de ser parte de INTERPOL -inició Francisco-, yo era miembro de la Agencia Federal de Investigaciones, la AFI, por sus siglas. Es el equivalente al FBI o a Scotland Yard… pero en corrupto -hizo un mohín de frustración.
-Y yo, pertenecía al Ejército Mexicano -tomó la palabra Jose Luís, -donde llegué al grado de capitán segundo.
-Nuestro padre fue General Brigadier del Ejército Mexicano, y fue uno de los encargados de la lucha contra el narcotráfico. Estaba a punto de ser nombrado “zar antidrogas” de mi país
-Y no es porque fuera nuestro padre, pero fue de los mejores en ese trabajo.
-Varios de los mandos altos y medios de los cárteles de la droga están en prisión gracias a nuestro padre; claro que nosotros le ayudamos en algo para capturarlos…
-Mi hermano, con sus amigos de la AFI; y yo, bajo sus órdenes en el Ejército.
-Casi al mismo tiempo, iniciamos nuestra carrera como luchadores profesionales. Yo fui el que empezó con esto casi casi por accidente. En una ocasión, fue a las instalaciones de entrenamiento de la AFI un luchador, ya retirado en ese entonces. Fue a darnos una especie de curso de defensa personal, de algo que nosotros le llamamos “lucha olímpica” (que no es otra cosa que la lucha libre amatéur). Fui a ese curso, me vió capacidades (claro que yo ya tenía cierta experiencia gracias al karate que aprendí en la academia) y me dijo que fuera a verlo a su gimnasio.
-Mi hermano fue, y se enteró que quien le dió el curso y quien lo iba a entrenar (y después me entrenaría a mí) sería el mismísimo Blue Demon.
-Así es, Pepe. Blue Demon fue, y es, uno de los “monstruos sagrados” de la lucha libre de mi país. Por eso, en su honor, a todos mis nombres de batalla les pongo el nombre de “Blue”, y en parte, por eso me hago llamar “Blue Púnisher” en el ring. Y ya que ando en este tema, la parte de “Púnisher” es por el personaje de “The Púnisher” de Marvel Cómics. Además de que el “Púnisher” de los cómics y yo somos homónimos: Mi nombre, Francisco Castillo, es Frank Castle en inglés.
-Después mi hermano me convenció de entrenar también. Fui con “el profesor Demon”, me probó, lo convencí, me aprobó y me entrenó… y como me gusta mucho el rock, pues me hago llamar “El Rockero”.
-Pero ya estamos cayendo en detalles innecesarios, aburriendo hasta el cansancio a nuestros amigos y perdiendo el tema central de la conversación: por qué buscamos a Bison…

Después de tomar algo de agua, Francisco continuó su relato.
-Hubo un operativo conjunto, entre el Ejército Mexicano y la AFI, donde intervenimos mi padre, mi hermano y yo. Ese operativo se llevó a cabo en Ciudad Juárez, en la frontera de México con Estados Unidos… El objetivo era el cártel de “Los Eses”…
-“¿Los Eses?” -preguntó Guile, extrañado. -Había oído del cártel de “Los Zetas”, pero nunca de un cártel que se llamara “Los Eses”…
-De hecho, “Los Eses” son una escisión de “Los Zetas” -aclaró Francisco-, y después nos enteraríamos que se pusieron así por la “ese” de Shadaloo: es el cártel exclusivo de Shadaloo. Hubo un enfrentamiento armado entre sus hombres y los nuestros…
-Me da vergüenza admitirlo -intervino José Luís-, pero nos superaban en número y armamento. Hasta parecía (y después entenderíamos la razón) que nos mandaron con pocas armas y pocos elementos a propósito…
-En ese enfrentamiento, fue capturado nuestro padre…
-Por más que intentamos convencer a nuestros superiores, nunca nos dejaron ir a rescatarlo… De hecho, nos ordenaron quedarnos “acuartelados” hasta nueva orden.
-Unos días despues… por fín nos dieron permiso de buscar a papá… y lo encontramos… muerto… en las circunstancias más tétricas que jamás hayan visto…
-Lo encontramos -se le hizo un nudo en la garganta a José Luís-… lo encontramos dentro de un barril metálico lleno de cemento…
-El cuerpo tenía moretones, quemaduras provocadas por choques eléctricos, las costillas rotas y… y dos balazos en las rodillas… era evidente que murió no sólo por asfixia, sino también por las lesiones…

-Infelices -musitó Guile.
-Esos miserables deben pagar -susurró Nash.
-¿Y todos los casos -se oyó preguntar a Cammy…- de personas asesinadas por el narcotráfico… son así de enfermizos?
-¡Jum! Así y hasta peores -contestó José Luís.
-Un día te enseñaré los casos en los que trabajaba a diario en la AFI -siguió Francisco-. Eso sí: tráete algo para las náuseas. La crueldad de esta gente llega a niveles insospechados. Continúo con el relato -se aclaró la garganta y tomó más agua -. Los funerales siempre son experiencias tristes, pero éste lo fue más debido a las circunstancias.
-Ni uno sólo de los superiores de papá fue ni a la Misa de réquiem, ni al velorio, ni al entierro -recordó José Luís, con un timbre de rabia en su voz-. Así le pagaron esos putos malagradecidos toda una vida de servicio a papá: con total, profundo y absoluto desprecio.
-Nuestra madre nunca se recuperó de eso. Poco a poco fue apagándose su vida, consumida por la tristeza, el abandono y la depresión.
-Por más que hicimos por levantarle el ánimo, no lo logramos: la llevábamos al cine, la sacábamos a comer, le contábamos chistes, la llevábamos a nuestros encuentros… nada sirvió…
-Hasta que, un día, “cayó la tercera palmada” y falleció…
-Ante la tumba de nuestros padres, juramos que sus muertes no quedarían impunes, costara lo que costara.
-Así que empezamos a averiguar cada uno por sus caminos: mi hermano, en el Ejército, y yo inicié una investigación para averiguar quién estaba detrás, y por qué no nos dejaron actuar en la muerte del General Castillo…
-A mi, me daban con la puerta en las narices cada que preguntaba sobre papá…
-Y a mí, me sacaron de la propia investigación que yo ordené…
-Entonces, empezamos a averiguar “por fuera”…
-Aprovechábamos para investigar en los lugares en los que nos presentábamos como luchadores, en especial, los de la parte norte de México.
-Y nuestras investigaciones nos llevaron a la conclusión de que fueron “Los Eses”, por órdenes de M. Bison, quienes ejecutaron a nuestro padre. Y contaron con la complicidad tanto de la AFI como del Ejército Mexicano al impedir que lo rescatáramos. El propio Ejército, la institución a la que por tantos años le fue leal, lo traicionó y lo entregó a sus verdugos…
-Desafortunadamente, la corrupcion parece ser un mal endémico de nuestro país… no hay ningún lugar por el cual no haya pasado y hecho desperfectos: salud, seguridad, deporte… todo, todo ha sido contaminado por la corrupción.
-Hasta el Presidente de la República tiene que ver con la corrupción. De hecho, está hundido hasta el copete en ella.
-Por eso les convenía desaparecer a papá: no les gustaba gente honesta que interfiriera en sus planes…
-Ahí fue cuando dijimos “No más”. Mi hermano renunció a la AFI, y yo me dí de baja del Ejército… me sobraron ganas de aventarles en la cara el uniforme a esos hijos de la chingada…
-Afortunadamente, por esas fechas ya conocía a la detective Chun-Li. Unos meses atrás llegó a la AFI para darnos un curso de criminología (el cual he aprovechado al máximo… de hecho, soy criminólogo, o psicólogo criminalista, como gusten). Entramos en una especie de debate y al final me felicitó por cómo defendí mis ideas… y ahí fue cuando me ofreció unirme a INTERPOL. En ese entonces, yo aún estaba a gusto en la AFI, por lo que decliné la oferta… pero no fui tan tonto como para cerrarme esa puerta y le dije que no me lo tomara como una negativa definitiva, así que me quedé con su tarjeta de presentación.

-Tiempo después -intervino Chun-Li-, me llamaría por teléfono, preguntaba si aún estaba vacante el puesto que le ofrecí. Le contesté que ese puesto había estado disponible para él desde que se lo ofrecí por primera vez y también le comenté que se acababa de liberar otra plaza. Y ahí fue cuando me presentó a su hermano.
-Casi al mismo tiempo -retomó José Luis-, en una de nuestras luchas, en Japón, nos vió un alto representante de la WWE, quien no dudó en recomendarle a Triple H nuestro trabajo. Triple H nos habló, nos citó para una lucha de prueba, la pasamos y ahora somos superestrellas de la WWE…
-Y, palabras más, palabras menos, es por eso que estamos aquí -terminó Francisco-, dispuestos a darle en la madre a Shadaloo…

-En verdad -habló Guile-, lamento por lo que han pasado. Pueden contar conmigo para lo que necesiten.
-Se lo agradecemos, general -contestó Francisco-, pero lo hecho, hecho está.
-A mí me dolió mucho dejar el Ejército -dijo José Luis-. Siempre quise, y quiero mucho a esa institución. Por eso siempre saludo como militar a compañeros de las Fuerzas Armadas, sean del país que sean.
-A mí también me dolió dejar la AFI: dejar amigos, un historial, experiencias… -se quedó pensativo-, aunque… a veces pienso que fue lo mejor que pudimos hacer.
-Tienes razón, Paco. Yo, por lo menos, por fín tuve la oportunidad de dejarme crecer el cabello…
-Y de retacarte toda la piel de tatuajes…
-¿Cómo? -interrumpió Guile-, ¿en el Ejército de su país no los dejan tatuarse?
-No -contestó José Luis-. Terminantemente prohibido, y para todos es el mismo corte de pelo.
-Vaya, esto sí me sorprende. Yo siempre he tenido este corte de pelo, y tengo dos tatuajes en los hombros -enseño las banderas norteamericanas que tenía tatuadas en ambos hombros.
-Pero esas son niñerías, si tomamos en cuenta lo más importante -apuntó Francisco-. De seguir en donde estábamos, ahorita estaríamos reprimiendo a nuestra gente, y sirviendo de mercenarios a los grupos del poder.
-Me ha tocado ver en los noticieros cómo el Ejército ataca y asesina a las personas que juró defender -remató José Luis-. Y no nos sentimos tan miserables como para atentar contra gente inocente…
-¿Qué? El deber de todas las Fuerzas Armadas es defender a los habitantes de la Nación a la que pertenezcan, no de atacarlos -declaró Guile.
-Eso es lo que se supone -admitió José Luís-, pero una cosa es lo que debería ser y otra, muy distinta, es la realidad.

-¿Entonces, ustedes también quieren vengarse de Bison? -preguntó Nash.
-Si por “venganza”, te refieres a matarlo, la respuesta es NO -contestó Francisco.
-Nosotros no somos asesinos -continuó José Luis-. Si nos quisiéramos vengar, no nos hubiéramos unido a INTERPOL.
-“Los valientes no asesinan” -citó Francisco-. Como bien decía el general Guile, con matar a Bison no regresaremos a la vida a nadie. Sólo perderíamos nuestro tiempo.
-No entiendo -admitió Nash -. De verdad, no lo entiendo. Si no quieren vengarse, ¿qué quieren entonces?
-Entregarlo a la justicia -declaró Francisco.
-No descansaremos hasta ver que el Tribunal Internacional de La Haya lo juzgue por sus crímenes y lo encierren en la cárcel para siempre -completó José Luis.
-Tiene suficientes cargos en su contra como para pasar el resto de su vida en un penal de máxima seguridad. Ya puedo imaginar su cuarto: tapizado con todas las “fichas rojas” que ha emitido INTERPOL…

Nash se cruzó de brazos. -No estoy de acuerdo -expresó-. Lo mejor sería matarlo y así nós deshacemos de ese bastardo para siempre.
-Sí, muy bien -dijo Francisco-. Supongamos que por fin matas a ese perro y logras tu venganza. Después, ¿qué piensas hacer con tu vida? ¿Qué crees que va a pasar?
-No lo sé…
-Pues yo te lo voy a decir: te convertirás en un asesino PEOR que Bison. Irás matando a uno y a otro, hasta que aparezca alguien que te mate y vengue a Bison, y luego vendrá otro que mate al que te mató para vengarte, y así nos podemos seguir en una cadena infinita de asesinatos y venganzas.
-Te entiendo perfectamente, amigo -intervino José Luis-. Yo también he estado lleno de ira por lo que pasó, pero la ira lleva al odio. El odio, al sufrimiento. Y el sufrimiento, a la oscuridad… Y la oscuridad, a la perdición.
-De acuerdo contigo, “Maestro Yoda” -asintió Francisco.

El coronel Wolfmann entró a la habitación -White, ¿ya les comentó sobre el disco duro?
-¡Perdón, coronel! -se disculpó Cammy-. Estaba en eso cuando… -y señaló a Nash, que seguía sentado en la cama, con los brazos cruzados y expresión de pocos amigos.
-¡Caramba! ¡Ya despertó! -exclamó Wolfmann mientras se acercaba a Nash-. Y dígame, ¿cómo se siente?
-Ya mejor. Gracias.
-¿Cuál es su nombre?
-Charlie Nash.
-¿Sabe dónde estamos?
-Instalaciones de Delta Red. Londres.
Wolfmann se dirigió a los demás. -Parece que ha reaccionado favorablemente, pero será mejor que el médico lo evalúe.

Salió del cuarto, y al cabo de unos minutos regresó con el médico. Éste último procedió a revisar a Nash, a como se procede en una revisión de rutina. -Efectivamente, este hombre ha reaccionado favorablemente. Como no creo que sufra una recaída, ya puede irse.
-Entonces ya está bien -afirmó Guile.
-Así es -reafirmó el doctor-, pero me gustaría que regresara aquí a primera hora para hacerle una serie de pruebas. Hay algunas cosas que quisiera volver a revisar con detenimiento.
-¡Yo no necesito hacerme pruebas de nada! -reclamó Nash.
Francisco se acercó a Cammy -Tenías razón cuando le dijiste que actuaba como niñito -le dijo en secreto-. ¡Hasta hace berrinches!

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