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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 10: A buscar dónde dormir.

Nash se levantó de la cama -Bueno, ya no tengo nada que hacer aquí, así que ¡ADIÓS!
-Un momento -lo detuvo Guile-, ¿Y se puede saber en dónde vas a pasar la noche?
-En la calle o en donde sea, no me importa ni es asunto tuyo.
-¡Es asunto mío porque eres mi amigo! Y ni de broma te irás a  vivir a la calle ¿Entendido?
-En buen lío nos has metido, Charlie -dijo Chun-Li-, ¿En dónde te vas a quedar?
-Pues que le hagan un hueco aquí en el cuartel -sugirió José Luis.
-Lo siento, pero ya no hay ni un lugar disponible -dijo Wolfmann-. Ni siquiera hemos tenido necesidad de traer a nuevos reclutas. Esto está lleno.
-Entonces, que se quede aquí en la enfermería -otra vez sugirió José Luis.
-¡No seas animal! -exclamó Francisco-. ¡Esto es una enfermería, no un hotel! ¿Qué tal si llegan a necesitar este cuarto?
-Ahora que dijo hotel -intervino Guile-, que se vaya a un buen hotel y le pago el alojamiento.
-¡Jeh! ¡Ni de broma! -exclamó José Luis-. Si lo ven los huéspedes, les va a dar un infarto nada más de verlo… ¡Y hasta capaces de que lo linchan! -se dirigió a Nash. -Perdón, amigo, pero es la verdad…
-No te preocupes, entiendo perfectamente -admitió Nash.
-¡¡¿ENTONCES?!! -exclamó Guile, al borde de la exasperación.
-Sólo se me ocurre una cosa -habló Wolfmann-. ¿White?
-¿Sí, coronel? -contestó Cammy.
-¿Tiene usted habitación para huéspedes en su casa?
-Sí, siempre la tengo lista para quien lo necesite.
-Bien. ¿Podría darle alojamiento al señor Nash en su casa? Solo por un tiempo y si no le molesta, claro.
-¡Claro que sí, coronel! ¡No tengo ningún problema con eso!
Chun-Li quedó sorprendida. -¿En verdad, vas a alojar a Charlie en tu casa?
-Claro, ¿por qué no? A mí no me incomoda.
-A mí sí -intervino Nash-. No quiero ser una molestia para nadie.
-No tienes opción, Charlie, y lo sabes -contestó Guile-. Y por favor, deja ese maldito orgullo que adquiriste no sé dónde a un lado, ¿de acuerdo?
Nash dió un resoplido de frustración -Está bien, me quedaré en su casa-. Se recargó en la pared, sintiéndose derrotado.

José Luis puso cara de interrogación -Ahora que me acuerdo, ¿qué iban a decirnos sobre ese famoso disco duro?
-¡Oh, demonios! ¡Lo olvidé por completo! -Wolfmann se llevó una mano a la frente-. Lo que les tenemos que decir, es que está cifrado, y no hemos podido romper ese candado.
-¡Ah…! ¡Era eso…! -contestó José Luis, con una naturalidad increíble-. ¿Podría ver ese disco duro, si es tan amable?
-Errr… claro. Ahora vuelvo con él.

Minutos después, Wolfmann regresó con el disco duro y se lo entregó a José Luis. -Vamos a ver… dijo, mientras examinaba con los ojos el dispositivo-. ¡Ajá! Un disco duro de dos pulgadas y media con entradas tipo SATA -sonrió-. Creo haberme traído el equipo adecuado: mis dos laptops y el adaptador SATA-USB… Ya me decía mi intuición que me los debía de traer a la gira. Bien… veamos qué podemos hacer con este disquito.
Dicho esto, lo guardó en el bolsillo de su pantalón -Oiga -le dijo Guile-, no sabía que usted era “hácker”.
-¿”Hácker”? -contestó José Luis-. ¡Nooo…! ¡Eso es muy elevado para mí! ¡Apenas soy ingeniero en sistemas computacionales!
-¿Eh…? ¿Pero qué no nos dijo que fue militar?
-Escuela Militar de Ingenieros.
-Entonces… ¿sí puede desbloquear ese disco duro?
-¿Qué si puedo…? ¡JA! ¡MI MERO MOLE!
Guile frunció el ceño. -¿Perdón?
-Es una expresión típica de mi país -intervino Francisco-. Quiere decir que es su “área de especialidad” o su habilidad más representativa o trabajada.
-¡Ah, vaya! ¡Esa forma tan rara que tienen ustedes de hablar! -comentó Guile.

El grupo salió del cuarto de la enfermería y llegaron al vestíbulo del cuartel. Cammy tomó un abrigo de piel café que le llegaba a los tobillos y se lo ajustó. -Bien -dijo Cammy-, nosotros ya terminamos nuestro turno de este día. ¡Nos vemos mañana!
-Adiós -se despidieron los demás.
Cammy tomó a Nash por un brazo. -Ven conmigo… ¿cómo dices que te llamas…? Nash ¿verdad…? ¡Vas a estar muy bien!
Nash se dejó hacer como muñeco -¡Oye, compadre! -intervino Francisco. Cammy y Nash se detuvieron y voltearon a verlo. -¡Antes de que te vayas…! o de que te lleven… No te pido que ya aceptes como dogma de fe todo lo que hemos hablado aquí, pero sí te pido que lo pienses muy bien, ¿de acuerdo? -pidió. Nash lo miró fijamente, volteó la cabeza y siguió caminando con Cammy como si nada. -Tomaré eso como un sí -dijo Francisco.

Mientras veían como Cammy y Nash bajaban las escaleras rumbo al estacionamiento, Chun-Li abordó a Wolfmann. -Disculpe, coronel. Sé que no tengo ninguna injerencia en la toma de decisiones de Delta Red, pero no estoy de acuerdo con la orden que le dio a Cammy.
-¿Cuál orden? -preguntó Wolfmann, extrañado
-¡La orden de alojar a Charlie en su casa!
-¡Ah! ¡Eso! -Wolfmann sonrió-. ¡Pero si no fue una orden! ¡Se lo pedí como un favor y ella aceptó!
-¿Qué…? Pero… Guile…
-Estoy de acuerdo con Wolfmann -contestó Guile, para sorpresa de Chun-Li.
-Pero… pero… ¿no viste que Charlie la quiso atacar?
-¡No te preocupes por eso! -la tranquilizó Guile-. ¡Como si Cammy no supiera defenderse! ¡La hemos visto enfrentarse a hombres más fuertes que ella y que Charlie, y les ha ganado! Además, si hay alguien en este mundo que entiende a la perfección todo por lo que está pasando Charlie, es precisamente Cammy.
Francisco se quedó mirando la escena, frunciendo el ceño, pero no dijo nada.

-Wolfmann -habló Guile-, de antemano le agradezco su colaboración y por ofrecernos el cuartel de Delta Red como base de operaciones.
-No hay de qué, general. Sabe que tenemos un objetivo en común y que debemos trabajar juntos.
-De acuerdo. ¡Castillo!
-¿Sí? -contestaron Francisco y José Luis al mismo tiempo.
-¡Ah, claro! ¡Ustedes son hermanos! -Guile se llevó una mano al mentón-. Yo y mi costumbre de hablarle a los demás por su apellido. Tenemos que encontrar la forma de identificarlos…
-A mí me puede decir “Púnisher” -indicó Francisco.
-Y a mí, “Rockero”. No solo son nuestros nombres de luchadores, sino que también son nuestros nombres clave de INTERPOL -declaró José Luis.
-No… no me gusta esa idea… -se le iluminó el rostro a Guile-. ¡Ya sé! Usted… Francisco…
-¿Sí?
-Como es criminólogo y tiene experiencia en la investigación, lo llamaré “Detective” ¿entendido?
-Detective… no está mal. -aceptó Francisco.
-Y usted -se dirigió a Jose Luís-, por su pasado como militar, le llamaré “Soldado”.
-Soldado -dijo José Luís, con un tono de nostalgia-, hace mucho tiempo que alguien no me decía así.
-En eso quedamos. Bien, Soldado, le encargo mucho ese disco duro y su contenido.
-No se preocupe, Señor. Cuidaré ese disco con mi vida.
-Mmmmmmmhhh… -murmuró Francisco-, entonces ya valió queso.
-¡OOOOYEEEE! -reclamó José Luis.

-Bien -continuó Chun-Li-. Cammy y Charlie ya resolvieron su problema de alojamiento. Ahora nos toca a nosotros.
-Cierto -concedió Guile-. Tenía pensado pedir hospedaje en una base militar, pero la más cercana está a una hora de aquí.
-Mala idea, entonces
-Wolfmann, ¿sabe de algún buen hotel que esté cerca de aquí?
-¡Yo sé dónde! -intervino Francisco.
-¿Usted, Detective?
-¡Ya lo creo, general! Mi hermano y yo siempre nos quedamos en el Holiday Inn King’s Cross/Bloomsbury, cada que venimos de gira a Londres con WWE.
-Nos queda cerca, es bueno, bonito y no muy caro -dijo José Luís.
-¡Perfecto! -aplaudió Guile.
-¿Y tendrán habitaciones disponibles? -preguntó Chun-Li.
-¡Seguro! -contestó José Luis -. Ahora es temporada baja y no creo que haya muchos turistas.
-Nada más tenemos que hacer una cosa -dijo Francisco-. Coronel Wolfmann, ¿nos da permiso de usar las regaderas del cuartel?
-Es que no queremos llegar a pedir alojamiento oliendo a rayos y todos desarreglados -aclaró José Luís.
-E imagínese que lleguen a ese hotel dos agentes uniformados de INTERPOL, ¿qué van a pensar los huéspedes?
-¡Está bien, está bien! -aceptó Wolfmann, entre risas -Pueden usar las regaderas. Sigan por este pasillo y al fondo encuentran el cuarto.
-¡Gracias, coronel! -agradecieron los Castillo en coro.
-Esperen -intervino Guile-. Creo que yo también me daré un baño.
-Ya que andamos en estas… -suspiró Chun-Li.

Mientras tanto, Cammy y Nash llegaron al estacionamiento y se dirigieron al coche de Cammy, un Vauxhall Viva SL de color blanco. Nash se dirigió a la portezuela derecha. -¿A poco vas a conducir? -le preguntó Cammy.
-¿A conducir…? -Nash frunció el ceño y se asomó al interiór del vehículo-. ¡Ah, claro! -dijo, con un tono plano de voz-. Se me olvidó que a los coches de Gran Bretaña les ponen el volante al lado contrario al de los americanos…
Nash no tuvo más remedio que rodear el coche y sentarse en el asiento del copiloto. Cammy arrancó el coche y salieron del estacionamiento, con dirección a la casa de esta última.

Finalmente, Guile y los demás salieron de las regaderas, ya vestidos con ropa normal, (a excepción de Guile, que llevaba su uniforme de oficinista), tomaron su equipaje y se reunieron en el vestíbulo. -Voy a pedir un taxi -dijo Chun-Li.
-Déjame el problema del transporte a mí -se ofreció Francisco. Sacó su celular y pidió un “Uber” tipo SUV. -Listo. Problema de transporte, arreglado.
En cuanto llegó la camioneta SUV, subieron su equipaje y se dirigieron directo al Holiday Inn.

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