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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 11: El huésped incómodo… y “desactualizado”

En lo que Chun-Li, Guile y los Castillo llegaban a su hotel, Cammy y Nash llegaban al vecindario donde vivía esta última, en la calle de Brook Drive. El vecindario contenía una línea de casas iguales. Era como una especie de condominio horizontal. La casa era de tres pisos, hecha enteramente de ladrillo. La puerta era de color verde, y tanto la puerta como las ventanas tenían bordes de yeso blanco con detalles de tipo neoclásico. Cammy estacionó su coche en frente de su casa, y tanto ella como Nash, se bajaron. -Por lo visto, estas casas no tienen “garaje” -observó Nash.
-No nos hacen falta -contestó Cammy-. Es muy poco probable que te roben el auto aquí.

Cammy sacó las llaves de la gabardina grande color café que se había puesto y abrió la puerta. -Pasa -invitó a Nash, y los dos entraron. En la planta baja estaban ubicadas la cocina, la sala-comedor y el cuarto de lavado. La sala-comedor estaba pintada de un color crema. En ella había dos sofás y un “love seat” de tela color gris, así como una pequeña mesa de centro rectangular de madera. Había también un desayunador compuesto por una mesa circular de vidrio y cuatro sillas. En una de las paredes estaba pegado un librero y al lado del librero había un piano vertical de color negro. En la pared de fondo estaban las puertas que daban a la cocina y al cuarto de lavado, así como cuadros de Cammy con sus compañeros de Delta Red y varias placas de reconocimientos y diplomas; y las escaleras para subir al piso intermedio. En la pared ubicada enfrente de donde estaban la computadora y el librero, estaba fija una pantalla plana LCD, y abajo había una repisa con un consola de videojuegos encima. En la tabla intermedia había un minicomponente con radio, reproductor de CD’s y reproductor de memorias USB. En la tabla de hasta abajo había tres porta-discos: una, con videojuegos, otra, con DVD’s y Blu-Ray, y la última, con una gran colección de CD’s que iban desde Coldplay hasta Iron Maiden, pasando por MUSE, Oasis, Blur, Los Rolling Stones y Motörhead. Tanto en la repisa superior, junto a la consola, como la mesita de centro, había varias figuritas de gatos de todos las razas. Y en la última pared, había un gran ventanal que llenaba de luz toda la estancia y, por supuesto, la puerta de entrada.
-Veo que no tienes muchas medidas de seguridad -observó Nash-. Nada más tienes un cerrojo.
-Sí, pero es mejor -respondió Cammy-. Así nadie sospecha que pertenezco a un grupo militar.

Nash se sentó (por no decir que dejó caer toda su humanidad) en uno de los sofás. -¿Necesitas algo? -le preguntó Cammy.
-Nada, gracias.
-¿Quieres ver la TV?
Nash abrió los ojos -¿Cuál TV? -preguntó sorprendido.
-Esta TV -respondió Cammy, señalando la pantalla plana. Tomó el control remoto y la encendió. Estaba sintonizado en la BBC, que transmitía un noticiero.
Nash se levantó de su asiento y examinó el aparato, perplejo. -¿Desde cuando los televisores son así?
Cammy frunció el ceño. -Desde hace mucho tiempo.
Sacó su smartphone de una de las bolsas de su gabardina y lo puso sobre la mesita de centro. -¿Qué es eso? -preguntó Nash.
-Pues es un teléfono celular -fue la respuesta de una Cammy cada vez más sorprendida. Tomó el aparato y se lo enseño más de cerca a Nash.
-¡Rayos…! ¡Cómo han cambiado las cosas! ¿Cuánto tiempo habré estado “muerto”…?

Entre tanto, la SUV llegó al hotel destinado. Guile y los demás bajaron su equipaje con ayuda de un botones, y entraron al lobby para registrarse. Una vez más, Francisco se ofreció a hacer el trámite, pues ya conocía al gerente de tiempo atrás. -¿Qué pasó, Bill? -saludó al gerente.
-¡Vaya! ¡Pero si es uno de mis clientes predilectos! -exclamó Bill, con una sonrisa de oreja a oreja-. ¡No me digas que regresa la WWE!
-Lamento decepcionarte, pero no regresa. En realidad estoy aquí… por cuestiones de “otro trabajo” -señaló con un pulgar y de forma muy discreta a Guile, a Chun-Li y a su hermano.
-¡Oh! Entiendo… Entonces, ¿deseas una habitación?
Francisco alzó los ojos al cielo y puso cara de seriedad. -Noooo… deseo rascarme las orejotas. ¡Claro que quiero una habitación…! O cuatro, si es posible. Así que busca si hay disponibles y no hagas preguntas impertinentes, por favor.
-A ver… -buscó en su computadora-. Por cuestiones de costos, puedo ofrecerte una doble y dos individuales.
-¡Perfecto!
-O también puedo ofrecerte dos dobles, como quieras.
Francisco negó con la cabeza. -Esa opción no es probable. Somos tres hombres y una mujer, y uno de los hombres YA ESTÁ CASADO. Mejor dame la habitación doble y las dos individuales… ¡Ah! y que la habitación doble tenga dos camas separadas, por favor.
-Muy bien… Aquí están sus llaves- En realidad, Bill le entregó a Francisco tres tarjetas magnéticas-. ¡Felíz estancia!

Una vez hecho esto, Francisco regresó a donde estaban Chun-Li, Guile y José Luis, y les dió a los dos primeros una llave. -Listo. Son dos habitaciones individuales y una doble. Ahora hay que decirle al botones que lleve nuestro equipaje.
-¿Y mi llave? -preguntó José Luis
-¿Tu llave…? Tú te quedas conmigo en la habitación doble, no te hagas güey…
-¡Qué lástima! ¡Creí que la habitación doble era para Chun-Li y para mí…!

¡POW!

Chun-Li le dio tremendo golpe al estómago a José Luis, quien se dobló de dolor y cayó de rodillas. -¡Atrevido! -le dijo.
-¡Era una broma! -alcanzó a decir José Luis, con un hilo de voz.

Una vez instalados en sus habitaciones, el grupo salió al pasillo para hablar. -¿Alguien quiere ir a comer algo? -preguntó Francisco-. ¡Me estoy muriendo de hambre!
-Yo también -dijo José Luis-. Bajemos al restaurante del hotel.
-A propósito, ¿qué horas tienen? -preguntó Guile.
Chun-Li sacó su smartphone y miró la hora. -Las seis y media de la tarde.
-¿Alguien sabe si las tiendas siguen abiertas?
-Creo que sí. Es muy temprano para que cierren -contestó Francisco-. ¿Por?
-Bajen a cenar sin mí -pidió Guile-. Tengo que hacer unas compras. Después los alcanzo -decía mientras se alejaba del grupo.

-Y esta es la habitación de huéspedes. Aquí te quedarás -le dijo Cammy a Nash. -A un lado está el baño.
Cammy procedió a abrir la puerta de la habitación. Era una habitación muy sencilla, pintada de blanco con una cama individual ya lista, un buró y una lámpara de lectura, así como un ropero pequeño y una especie de tocador con una silla. -¿Necesitas alguna cosa? -volvió a preguntar Cammy.
-En realidad, sí -contestó Nash-. Me urge darme un regaderazo.
-Claro. En el baño encontrarás todo lo necesario. ¡Ah! y déjame tu ropa aquí afuera en el piso. La pondré en la lavadora y en la secadora.
-Está bien -contestó Nash. Se metió al cuarto de baño y antes de cerrar la puerta, le dijo a Cammy: -A propósito, ni creas que con toda esta amabilidad tuya he cambiado lo que pienso de tí. Para mí, sigues siendo tan culpable como Bison.
-No lo hago para ganarme tu simpatía -le contestó Cammy, cruzándose de brazos-, sino porque no soporto ver a un compañero de armas en desgracia y no hacer nada por él.

Nash cerró la puerta. Se quitó su ropa y abrió apenas una rendija lo suficientemente ancha para sacar un brazo, y por ahí echó su ropa. Cammy la recogió, la llevó al cuarto de lavado y la echó a la lavadora. Después subió a su cuarto, ubicado en el tercer piso, se quitó su abrigo y su uniforme, se puso una bata de color blanca y se calzó unas pantuflas.
Minutos después, mientras Nash se bañaba, sonó el timbre. Cammy abrió la puerta -¡Guile! ¡Qué sorpresa! ¡Pasa!
-Hola Cammy -saludó Guile-. ¿Ya se instaló Charlie en su cuarto?
-Ya. Ahora me pidió permiso para bañarse.
-Perfecto. Vine a traerle algo de ropa -enseño las bolsas de la tienda-. Como somos más o menos de la misma estatura y complexión, no creo que le quede mal.
En ese momento, bajaba Nash las escaleras -¡Ah! ¡Guile! -saludó escuétamente.
-Charlie, qué bueno que estás…

No pudo terminar la frase. A Guile se le cayó la bolsa que llevaba en la mano, y tanto él como Cammy abrieron los ojos y la boca ante la inusual apariencia de Nash: llevaba puesta una bata de baño de color rosa claro con olanes en las mangas y en los bordes, que a Cammy le quedaba perfectamente bien, pero al pobre de Nash le quedaba no chica, sino lo que le sigue… y lo hacía ver verdaderamente ridículo, pues le llegaba apenas a medio muslo de altura, y le lucía tan apretada, que parecía que al primer movimiento de brazos quedaría hecha pedazos.
Guile intentó aguantarse la risa, hasta que no pudo más y estalló en carcajadas. -¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! -reía y reía sin parar y sin dejar de señalar a su amigo con el dedo. Por la risa se tuvo que recargar en la pared.
-Guile… -dijo Nash.
-¡DISCÚLPAME! -alcanzó a decir Guile, en medio de su ataque de risa-, ¡¡PERO ES QUE TE VES MUY GRACIOSO ASÍ VESTIDO!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!! ¡¡¡JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JAAAA…!!!
Nash apretó los puños e hizo una expresión de rabia. -GRRRRR… Si en verdad aprecias tu vida… ¡SERÁ MEJOR QUE TE CALLES! -amenazó.
Guile logró controlar su risa a medias. -Bueno -se dirigió a Cammy-, Aquí te dejo… esta bolsa… (levantó la bolsa con ropa y se la dió a Cammy). Tengo… que regresar al hotel…
-¿Y en qué hotel se quedaron?
-En el Holiday Inn… de King’s Cross… ¡Ay, ya no puedo más…! Nos vemos mañana, Cammy… Charlie…
Abrió la puerta y salió de la casa. Aún se podían oír sus carcajadas mientras se alejaba.

-¿Y qué te trajo Guile? -preguntó Nash
-¿ME trajo…? -contestó Cammy-. ¡TE trajo a tí! ¡Es ropa nueva!
-Ah, vaya… a eso vino.
-Sí, a eso… y perdón. Fue mi culpa lo que te acaba de pasar. Nunca te dí una toalla más grande.
-No te preocupes. También yo tuve la culpa por no preguntar.
Sonó una alarma. -¡Ah! ¡Es la secadora! ¡Tu ropa ya está! -dijo Cammy. Se dirigió al cuarto de lavado y regresó con la ropa original de Nash. -¡Espera! Encontré esto en tu chaleco-. Le entregó a Nash una libreta y un bolígrafo. -No he leído nada -le aclaró.

Nash tomó su ropa en silencio, subió al cuarto de huéspedes y se la puso. Volvió a bajar.
-¿Quieres que te prepare algo de cenar? -le preguntó Cammy
-No, gracias. No tengo hambre.

¡¡GRRRRUUUUUUUUUUUUMMMMMBLEGRUMBLEGRUMBLEGRUMBLEGRUMBLE!!

Por si algo le faltara a Nash en ese día, el estómago le rugió muy fuerte. El pobre se puso como tomate y alzó los ojos al cielo, pidiendo que se lo tragara la tierra. -¡Cielos! ¡Debes tener mucha hambre! -exclamó Cammy-. Ahora mismo te preparo algo. Siéntate a la mesa, por favor.
Nash tomó asiento en una de las sillas del desayunador, mientras Cammy iba a la cocina. Al cabo de unos minutos, Cammy salió con un par de sándwiches. -Aquí tienes -le dijo a Nash, mientras le daba un sándwich.
-Gracias -y se puso a comerlo.
Cammy se dirigió de nuevo a la cocina y salió con dos vasos y una jarra de agua. -¿Quieres algo más?
-No, gracias.

En cuanto terminaron de cenar, Nash se levantó y se dirigió a las escaleras. -Disculpa, pero me siento muy cansado. Buenas noches
-Que descanses -se despidió Cammy.
Nash entró a su habitación, se quitó los zapatos, se quitó los lentes y los colocó encima del buró, y así, sin quitarse la ropa y sin destender la cama, se quedó dormido. Ya no alcanzó a oír cuando Cammy se metía a la regadera a bañarse.

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