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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 12: El (mentado) disco duro.

A la mañana siguiente…

Hotel Holiday Inn.
King’s Cross/Bloomsbury.
Londres, Inglaterra.

Francisco salía de bañarse, y encontró a José Luis, quien traía puestos unos lentes color ámbar claro, ya trabajando en la labor de desencriptar el disco duro. -¡Vaya! ¿Y ese milagro de que te levantas temprano?
-Ay, qué gracioso -contestó José Luis. -Tu sabes que siempre me levanto temprano.
-Sí, ya sé… se te quedó la costumbre del Ejército. Veo que ya te pusiste a trabajar en eso. ¿Cómo vamos?
-Me está costando un poco de más trabajo del calculado. Aquí el chiste es encontrar la clave de seguridad.
-Entonces es una cuestión de contraseñas.
-Así es, pero digamos que esto es lo más tardado. Tarde o temprano encontraré esa clavecita, vas a ver… Este disquito me la va a pelar.

¡TOC TOC TOC!
-¿Quién será? -preguntó José Luis-. ¿Pediste servicio a la habitación?
-¡Bueno fuera! pero no, me declaro inocente de ese cargo. Déjame ver quién es -dijo Francisco, mientras se acercaba a la puerta-. ¿Quién?
-Somos Chun-Li y yo -se oyó la voz de Guile.
-¡Ah! ¡Ahorita abro!

Quitó los seguros de la puerta y la abrió. -Pasen a su “humilde habitación” -los invitó Francisco.
Guile y Chun-Li rieron mientras pasaban. -¿Y qué pasó con el disco duro? -preguntó Chun-Li.
-En eso estamos -contestó José Luis-. En cualquier momento daré con esa clave…

La pantalla de su laptop mostraba varias secuencias de caracteres alfanuméricos de forma contínua, hasta que se detuvo y mostró una secuencia fija. -¡EUREKA! -exclamó José Luis-. ¡Ya la encontré!
-¡Excelente! ¡Ese es mi hermano! -lo felicitó Francisco.
-¡Buen trabajo, Soldado! -también lo felicitó Guile.

José Luis tomó una hoja de papel en blanco y una pluma, y anotó la clave. -¿La anoté correctamente? -le preguntó a Francisco, mientras le entregaba la clave escrita.
Francisco comparó la clave escrita en el papel con la clave mostrada en pantalla. -A ver… Sí. Es correcta.
-Perfecto. Ahora procederé a dejar desencriptado este disco para siempre… o hasta que alguien lo vuelva a encriptar.
En el programa, introdujo la clave del papel. Una vez que tuvo entrada al programa de encriptación / desencriptación, buscó las opciones “Desactivar programa” y “Desencriptar disco duro”. -¡Listo! El disco está desencriptado. Ahora vamos a ver qué secretos nos tiene guardados.
José Luis abrió el explorador de archivos… pero no encontró la unidad. -Se me hace que ya lo arrunaste -comentó Francisco.
-Calma, calma -tranquilizó José Luís a todos-, ya sabía que esto podía pasar, pero no es nada del otro mundo-. Abrió el administrador de discos y vió que, efectivamente, ahí estaba el disco conectado… pero no tenía letra de unidad. -A ver, déjenme ver el tipo de formato… claro. Aquí está el problema. Windows no reconoce este tipo de formato.
-¿Tipo de formato? -preguntó Guile.
-Para que un sistema operativo funcione -explicó José Luis-, un disco debe tener un tipo de formato específico. Para Windows se necesita el formato NTFS. Para Macintosh, se necesita HFS y para Linux, se necesita extn, donde la “n” es un número que va de dos a cuatro. Este disco tiene un formato ext4.
-Pues cámbialo a NTFS -sugirió Francisco.
-¡NI DE BROMA! Si hago eso, se borra todo el contenido del disco duro y, ahí sí, a llorar.
-¿Entonces?
-No se preocupen, la otra laptop tiene Linux.

Abrió la otra laptop y la encendió. La leyenda “Ubuntu” escrita con letras blancas sobre un fondo morado apareció. -¿Qué no dijiste que esta computadora tenía Linux? -preguntó Francisco.
-Tiene Linux -contestó José Luís-. Ubuntu es el nombre de la distribución. A diferencia de Windows, Linux cuenta con varias distribuciones, que se distinguen entre ellas por lo que contienen. Has de cuenta que Linux es un helado y Ubuntu es el sabor de ese helado.
-Ah… pero yo sé que de Windows hay que el Windows XP, que el Windows 7, que el Windows 8.
-Esas no son distribuciones, sino versiones del mismo programa. El versionado de software es el proceso de asignación de un nombre, código o número único, a un software para indicar su nivel de desarrollo. Es para indicar qué tanto ha cambiado un software.

Una vez que la computadora con Linux terminó de arrancar, José Luís quitó el disco duro de la laptop con Windows y lo conectó a la laptop con Linux. Casi de inmediato, la computadora dió aviso del disco duro conectado. -Excelente -aplaudió José Luis-. Ahora sabremos qué tiene este dichoso disco.

Abrió el explorador de archivos, entró al disco duro y encontró varias carpetas. -Bien, por lo pronto, ya pudimos entrar. Esto quiere decir que el proceso de desencriptado fue exitoso. Ahora falta ver qué carpeta tiene la información que buscamos. Por lo pronto, algunas carpetas podemos irlas descartando, ya que contienen los archivos necesarios necesarios para que, tanto Linux como los programas puedan correr.
-¿Te interesa alguna carpeta en especial? -le preguntó Francisco.
-Sí… ésta -contestó José Luis, enseñando una carpeta llamada “home”-. Aquí es en donde están todas las cuentas de los usuarios -explicó. Abrió la carpeta y encontró una subcarpeta nombrada “FANG”. -Bueno, esta es la única subcarpeta que hay aquí. No tenemos más remedio que ver lo que contiene.

Abrió esa subcarpeta y encontró otras subcarpetas. -Mmmmmmh… más trabajo para tí, brother -dijo Francisco.
-No del todo, brother -contestó José Luís. Tambíen aquí podemos ir descartando algunas carpetas; como por ejemplo, esta que dice “Imágenes”, o esta que dice “Descargas”… A ver déjenme ver qué tiene la de “Documentos”.
Abrió la subcarpeta de “Documentos” y encontró varios archivos titulados “venenos” y un número. -Creo que estamos examinando el disco duro de un toxicólogo -dijo José Luís, con cierta ironía-. Interesante, pero no es lo que nos estamos buscando por el momento.
Cerró esa subcarpeta y siguió explorando. -A ver a ver a ver… ¿qué más nos tienes que mostrar…? ¿Qué es esto? -preguntó al aire, al tiempo que señalaba una carpeta titulada “CHAINS”.
-¿Será lo que estamos buscando? -preguntó Chun-Lí.
-Solo hay una forma de averiguarlo -respondió José Luís.

Abrió esa subcarpeta y encontró varios archivos mostrados con un icono de un signo de interrogación encerrado en un cuadrado. -Fin del camino, Soldado -dijo Guile.
-Aún no -contestó José Luís-. Esto quiere decir que no tengo instalado el programa que sirve para leer estos archivos, pero no hay problema. Todo es cuestion de buscar la extensión que tienen y de buscar esa extensión en Internet.
-¿Y cómo sabes la extensión? -preguntó Francisco
-¿Ves el nombre del archivo? Como te podrás dar cuenta, consta de dos cadenas de caracteres separadas de un punto. La extensión es la cadena de caracteres que sigue después del punto -contestó José Luis.

Dicho esto, abrió un explorador de Internet, entró a Google y escribió la extensión en el cuadro de búsqueda. Sin embargo, el buscador no regresó ningún resultado. -Déjenme probar con otros buscadores -pidió. Buscó en Yahoo, y tampoco tuvo resultados. Buscó en bing, y lo mismo. Buscó en DuckDuckGo y otra frustración. -Bueno, esto sólo puede significar una cosa: no existe ningún programa comercial que pueda abrir estos archivos.
-¿Y entonces? -preguntó Guile.
-Aquí, una de dos opciones: o usaron un programa diseñado para Fuerzas Armadas… o Shadaloo diseñó el programa que abre estos archivos.
-¿Y si buscas en la carpeta de “Descargas”? -sugirió Francisco.
-¡Buena idea! -exclamó José Luís. Entró a la carpeta “Descargas”, pero no encontró nada. -Bueno señores, se aceptan sugerencias.
-Dices que una opción es que usaron un programa diseñado para Fuerzas Armadas -apuntó Guile-. Tal vez en Delta Red tengan ese programa… o hasta en el Ejército.
-Sería bueno preguntar en esos dos lados -sugirió Francisco-. Delta Red sería lo más accesible.
-Y yo preguntaré en el Ejército -dijo Guile.
-Por mi parte, le voy a mandar un correo a uno de mis profesores de la carrera, a ver en qué me puede ayudar -anunció José Luís.
-Bueno, creo que es lo más que podemos hacer con ese disco duro -dijo Chun-Li, con un poco de tristeza.
-¡Vamos! ¡No estemos tristes! -animó José Luís-. Hubiera sido peor quedarnos con las manos vacías. Lo único que nos falta es el programa para abrir estos archivos y ya.
-Sí, tienes razón. Ahora, ¿qué vas a hacer con ese disco duro?
-Bueno, sólo una parte de éste es lo que nos interesa -declaró José Luís. Sacó una unidad USB, la conectó y empezó a copiar toda la carpeta nombrada CHAINS. -De una vez me voy a llevar la de “Documentos”. Algo me dice que estamos ante un tipo bastante ponzoñozo -dijo, con un cierto tono de burla.
-Creo que sería una buena idea de que los subieras a “La Nube” -sugirió Francisco.
-Yo no lo creo… ES una buena idea -asintió José Luís. Regresó al explorador de Internet, introdujo una URL y entró a una página con el logo de INTERPOL y con dos campos: uno para el nombre, y otro para la contraseña. Una vez que introdujo esa información, aparecieron una serie de carpetas en el explorador de Internet. Regresó al explorador de archivos. Eligió las dos carpetas recién copiadas en la USB y las arrastró a la página web, que mostró una barra de progreso, indicando el porcentaje de archivos cargados.

-¿Y eso de “La Nube”…? -preguntó Guile.
-Es un sistema de “almacenamiento virtual” -explicó José Luís-. Es como “OneDrive” o “Google Drive” o “Dropbox”. En vez de guardar los archivos en el disco duro de la computadora o en memorias USB, se guardan en un gran servidor, y se acceden a ellos vía Internet. La diferencia entre “La Nube” y los servicios comerciales es que, aparte de ser uso exclusivo de INTERPOL, tiene un nivel de seguridad más alto que el de los demás.
-De hecho, hasta este momento, no ha habido poder humano que haya podido entrar -completó Francisco-, y no está por demás decir, que el sujeto que está sentado aquí con nosotros y que es mi hermano, fue el encargado de diseñar este sistemita de almacenamiento virtual.
-Oh, vamos… -contestó José Luís-. No todo el mérito fue mío. Recibí mucha ayuda de los ingenieros de INTERPOL.
-Vamos, no seas modesto. Por una vez en tu vida enorgullécete de un proyecto, carnal.

Nash estaba en un lugar muy oscuro. En eso volteó y encontró una oveja que le dijo: -De… vo… rar…
La oveja se empezó a cubrir de lodo, y se transformó en un hombre alto, fuerte, de tez morena, el cabello largo y unido en “rastas”, con el cuerpo pintado con líneas rojas. -Las almas que vagan… las tengo que devorar… y llevarlas de regreso al Mictlán.
-¿Pero qué diablos eres tú? -preguntó Nash.
El hombre se desplazó hacia Nash y le brincó encima. -Devorar… -repitió, mientras intentaba morderlo.
-¡Maldita sea! -exclamó Nash.
Y justo cuando ese hombre empezaba a absorberlo, apareció una mariposa de color azul claro y se interpuso entre Nash y el hombre monstruoso. -¡DÉJALO! -le ordenó una voz proveniente de la mariposa al monstruo-. ¡AÚN NO ES SU HORA!.

La mariposa emitió una serie de luces de color azul y… en ese momento… Nash despertó sobresaltado. Movío los ojos de izquierda a derecha, reconociendo la habitación para huéspedes de la casa de Cammy. Alzó la cabeza y encontró… a un gato blanco con manchas cafés sentado en su pecho, que lo miraba con atención. -¡MEOW! -lo “saludó” el gato.
-Vaya, vaya, vaya -comentó Nash-. ¿De dónde has salido tú? -se incorporó un poco mientras el gato volvía a maullar. Nash le rascó un poco la cabeza. -Je… eres el primer ser vivo que no huye espantado al verme.
Tomó sus lentes y se los puso, mientras se sentaba en la cama. El gato se acomodó en el regazo de Nash

Cammy se asomó mientras tocaba la puerta. -¿Puedo pasar?
-Adelante -contestó Nash, mientras seguía acariciando al gato.
-Por lo que veo, ya conoces a Mr. Jinx.
-A… ¿quién? -Nash arqueó una ceja.
-A Mr. Jinx… mi gato -contestó Cammy.
-Ah… así se llama tu gato.
Cammy sonrió. -Veo que también te gustan los gatos.
Nash se quedó pensando. -Bueno… tanto como decir que me gusten… aunque sí me gusta estudiar la vida en general: soy biólogo.
-¿Tambien de una academia militar?
-No, esa vino después. Estudié la carrera de Biología en una universidad “civil”, por así decirle.
-Ah…
-¿Y a qué veniste?
-Nada más venía a saber si ya te habías despertado, para ir a tus pruebas en Delta Red.
Nash hizo cara de fastidio. -¡Ah, sí…! ¡Esas dichosas pruebas…!
-Oh, vamos… no es tan malo -contestó Cammy-. El doctor sólo quiere saber si tienes algo mal y arreglarlo, si es preciso.
-Pero si yo no tengo nada malo.
-¿Y cómo lo sabes?
-Pues… bueno… yo…
-Ahora entenderás por qué quieren hacerte esas pruebas. Ahora, espera a que me arregle y nos vamos… ¡Y ni se te ocurra huir! ¿Entendido?
Una vez que Cammy lo dejó sólo, Nash se quedó pensando. -¿Cómo rayos supo que quería huir…?

Cuando se terminaron de cargar los archivos en “La Nube”. José Luis apagó sus computadoras, las desconectó de la corriente eléctrica y las guardó junto con sus cables eléctricos en sus respectivas mochilas. Tomó las mochilas y las guardó en la caja de seguridad del cuarto, junto con el disco duro de Shadaloo. Una vez hecho esto, regresó a la mesa y se guardó la memoria USB en un bolsillo del pantalón. -Ya está. Ahora bajemos a desayunar, que estoy a punto del desmayo.
Los demás rieron y salieron del cuarto, rumbo a la cafetería del hotel.

Al mismo tiempo, Cammy y Nash desayunaban algo ligero: una pieza de pan y una taza de café. -Perdón por no ofrecerte algo más sustancioso, pero no sabemos qué tanto pueda afectar el tener el estómago vacío en esas pruebas -explicó Cammy.
Nash miraba a su taza de café. -¿Y sabes en qué consisten esas pruebas?
-Según recuerdo, son como las pruebas que le hacen a cualquier deportista: fuerza, resistencia, coordinación…
-¿Y no incluyen análisis de sangre? Tengo entendido que uno debe ir a esas pruebas en ayunas.
-Sí te harán, pero no te preocupes. Eso será en la tarde o hasta mañana, inclusive.
-Bueno, por lo menos no iré con el estómago vacío.
-También es casi seguro que te hagan estudios de gabinete: rayos X, tomografías, resonancias magnéticas, un electrocardiograma…
-¿Rayos X…? -Nash frunció el ceño-. ¿Y cómo piensan hacerlas con todas estas grapas que tengo? ¡No va a salir nada!
-Buen punto, pero eso ya será cuestion de los radiólogos, me imagino -dijo Cammy, mientras lanzaba un suspiro. Enseguida miró la hora en el reloj de pared. -¡DIOS MÍO! ¡SE NOS ESTÁ HACIENDO TARDE! ¡VÁMONOS!
Se levantó de la mesa y tomó a Nash del brazó. -¡Espera! ¡Déjame terminarme el café!-. Se lo terminó a grandes sorbos.
-¡VÁMONOS, VÁMONOS! -lo apresuraba Cammy, mientras se ponía su enorme gabardina café-. ¡Detesto llegar tarde!
-¡Vaya! -pensó Nash, mientras se metía al coche y Cammy cerraba la puerta con llave, y arrancaba el coche-. Entonces la mundialmente famosa puntualidad inglesa no es una leyenda…

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