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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 14: Matthew McCoy, el gigante gentil.

Los Castillo se dirigieron en un taxi a comer a un Burger King cercano al cuartel de Delta Red (¿Dieta balanceada…?). Una hora después, cuando terminaron, decidieron regresar al cuartel caminando, para bajar las hamburguesas que se comieron.
-¿Cómo le habrá ido a nuestro amigo Nash? -preguntó José Luís.
-¡Quién sabe! -contestó Francisco-, pero se me haría muy raro que lo encontraran saludable en ese aspecto. ¡Pobre compadre!
-En eso tienes razón.
-Además, prácticamente no hay una sola persona en el mundo que pueda decir que está mentalmente bien. Todos tenemos nuestros tornillos sueltos.
-Claro… algunos más que otros.
-Y acuérdate que nosotros también tuvimos que pasar por terapia psicológica cuando mataron a papá.
-Sí… -hizo un mohín de desagrado-, pero afortunadamente esos consejos nos sirvieron.

Casi al mismo tiempo que llegaron al cuartel general, llegó también un DeLorean DMC-12. -¡AH CHINGÁ! -exclamó Francisco-. ¡Nos viene a visitar Marty McFly!
Se abrió la portezuela del piloto del DeLorean y se bajó Guile. -¡Buenas tardes, Soldado, Detective! ¿Les gusta? -les preguntó Guile, en una de esas contadas ocasiones en las que lo vieron sonreír en toda la misión.
-¡Hola! -saludó Chun-Li, quien estaba en el lado del copiloto.
-Errr… hola -contestó José Luis el saludo-. ¿Y este coche, señor? -le preguntó a Guile.
-¡Ah! Lo renté por mientras estamos aquí en Inglaterra -explicó Guile-. Siempre me han gustado los coches americanos, y siempre quise tener uno de estos, así que, en cuanto lo vi que lo tenían en la agencia de rentas, no dudé en pedirlo.
-Ah… órale… buen gusto -comentó Francisco.

Una vez que entraron al cuartel, se encontraron con Cammy y con Nash, quien ya había salido de su consulta con el psicólogo. -¿Qué pasó? ¿Charlie, Cómo te fue? -preguntó Guile.
-Pues… -empezó Nash-, el psicólogo me diagnosticó depresión… poco control de la ira y que tenía el autoestima baja.
-Bueno -intervino Francisco-, si a mí me dispararan mis “amigos” por la espalda y me tiraran desde lo alto de una cascada, también tendría problemas de depresión y control de la ira.
-Mi hermano y yo veníamos hablando de eso, y que también nosotros tuvimos que recurrir a un psicólogo, después que mataron a nuestro padre -comentó José Luis-. A lo mejor te podemos ayudar con esos problemas.
En eso, a Cammy se le iluminó la cara. -¡Ya sé quién te puede ayudar, Nash! -exclamó Cammy-. Sólo espero que todavía estemos a tiempo ¡Nos vemos luego, chicos!
Tomó a Nash de un brazo y se alejó de ahí casi corriendo -¿Y ahora, qué le pasó? -preguntó Francisco, rascándose la cabeza.
-Quién sabe -contestó José Luis-, ya sabes cómo luego se ponen luego las mujeres… ¡ALGUNAS, NO TODAS! -se apresuró a corregir al ver a Chun-Li dispuesta a darle otro puñetazo en el estómago.

En el camino, Cammy y Nash se cruzaron con una mujer también rubia, más alta que Cammy y con el mismo uniforme, aunque con la pierna derecha cubierta como si fuera una malla. -Disculpa, Lita -le habló Cammy-, ¿Sabes en dónde está Matthew?
-¿McCoy…? Debe estar todavía en la cocina.
-¡Gracias!

Cammy y Nash entraron a la cocina (Nash se sintió incómodo con esto) y encontraron a un hombre negro, de casi dos metros con 20 centímetros de altura y bastante grueso. Vestía un unitardo parecido al de Wolfmann, pero con el hombro y el pectoral izquierdos completamente descubiertos. También llevaba un delantal y un sombrero de chef blancos y estaba colocado de perfil izquierdo lavando unas cacerolas en el fregadero y revisando un sartén que había dejado sobre el fuego. -¡Hola, Matt! -lo saludó Cammy-, ¿cómo estás?
-¡AH! ¡Hola, Cammy! -le regresó Matt el saludo-. ¡Ya tiene tiempo que no me venías a ver!
-Sí, lo sé, lo siento. ¿Tienes algo de tiempo? Necesito… necesitamos hablar contigo.
-¡Claro que sí! ¡Para tí, tengo tooodo el tiempo del mundo, amiga! ¡Tomen asiento por favor!

Mientras Cammy y Nash se sentaban en una mesa en el centro de la cocina, Matt se quitó el delantal y el sombrero de chef y se dirigió a ellos, volteándose y mostrándose de frente. Nash no podía dar crédito a lo que veían sus ojos: Aparte de que Matt era calvo, la cuarta parte derecha de su cráneo era metálica, y el ojo de ese lado lo sustituía una especie de cámara. Además de eso, todo su brazo derecho, desde la mano hasta el hombro, era biónico. -Matt -empezó Cammy-, te presento al señor Charlie Nash.
-¡Mucho gusto! ¡Matthew McCoy para servirte! ¡Cocinero y especialista en armas de Delta Red! -saludó de mano a Nash… con la mano biónica. Nash hizo lo que pudo para disimular el dolor. Matt examinó a Nash detenidamente -¡Ah! ¡Ya veo! -exclamó-. ¡Tú eres el “Renacido”!
-¿”El Renacido”? -preguntó Nash, sorprendido.
-Así es como te dicen todos en Delta Red. Déjame decirte que te volviste una celebridad desde que llegaste a aquí. A todo mundo le llamó la atención tu historia.
-¿Y cómo se enteraron?
-Aquí todos nos enteramos de todo, pero no te preocupes: tu secreto está a salvo.
Matt llevó a la mesa tres cafés y se sentó con ellos -Disculpa -empezó Nash-, ¿puedo preguntar qué te pasó?
-¿Te refieres a esto? -contestó Matt, levantando el brazo biónico y señalando la parte metálica de su cabeza-. ¡Bah! ¡Heridas de guerra! ¡Ya sabes! ¡Shadaloo y sus armas de grueso calibre! Una de ellas me tocó y ¡adiós brazo! -explicó. Y después miró bien a Nash. -Y, por lo que se ve, a ti te pasó algo similar.

Cammy le explicó a Matt todo lo relacionado con Nash, desde la traición de la que fue objeto hasta los estudios médicos y psicológicos a los que fue sometido. -Y por eso estamos aquí -concluyó Cammy-. Tenemos la esperanza de que tu lo ayudes con tu experiencia.
-Bueno, creo que acudieron con el tipo correcto -dijo Matt, con una enorme sonrisa. Se levantó y examinó los implantes de piel de Nash con su ojo biónico. -De entrada, aquí la diferencia conmigo es que lo tuyo es totalmente orgánico. No detecto partes metálicas internas salvo, claro está, las grapas… pero me imagino que las consecuencias psicológicas son exactamente las mismas que yo tuve.
-Pues no te veo afectado -comentó Nash.
-Ahora ya no estoy afectado -aclaró Matt-, pero los primeros días, ¡vaya que lo estuve!

Matt empezó a recordar. -En ese entonces me sentía como un verdadero inútil, como un lisiado, que mi vida ya no tenía sentido y entré en una profunda depresión. Me pasé varios meses encerrado en mi cuarto, sin querer comer y hasta sin dejar de llorar… ¡Hasta llegué a pensar en el suicidio!
-De verdad, lo siento -musitó Nash-. ¿Y… cómo lograste superarlo?
-Fue un proceso largo, y es lo mismo que tu tienes que hacer -explicó Matt-. Primero: tienes que entender que tu situación actual es permanente, y que ya no podrá regresar a como estaba antes. Una vez que lo hayas entendido, podrás aceptarlo. Es cruel, pero necesario.
-Primero tengo que aceptar que mi situación actual ya no va a regresar a como era antes -repitió Nash.
-Así es. Segundo: tienes que buscar cómo tu situación actual puede beneficiar a los demás. Así como cuando una persona se queda invidente y se le desarrollan los demás sentidos, a ti se te pudieron desarrollar otras habilidades. En otras palabras, tienes que buscar aquello que ahora puedes hacer y que antes no podías. En mi caso, con mi ojo biónico puedo ver a través de las paredes, detectar emboscadas y me sirve como mira para disparar… Y mi brazo biónico lo puedo convertir en un arma.
-Pues… después de lo que me pasó, puedo absorber el poder psíquico que pudieran tener los demás -explicó Nash-, así como los ataques de energía qi que me llegaran a lanzar.
-¡PERFECTO! -exclamó Matt-. ¡Ya estamos progresando! Ahora, busca cómo esa habilidad puede ayudar a tus amigos. Ah, y tercero: Cuando recién había ocurrido mi accidente, me llené de rencor contra todo mundo y sólo pensaba en venganza… y me imagino que lo mismo estarás atravesando en este momento.
-Sí, así es -afirmó Nash.
-Pues entonces haz lo mismo que yo hice: busca una afición en la cual distraerte y dejar de estar pensando en venganzas. No vale la pena estarse amargando el resto de tu vida, cuando puedes usarla en algo más provechoso. Yo aprendí a cocinar, como puedes ver… y también aprendí a pintar. Lo último me sirvió no nada más como una distracción, sino para aprender a controlar mi brazo biónico. ¡Hubieras visto los primeros días! ¡Todo lo que agarraba, lo destruía!
-¿Aprendiste a… pintar?
-Sí, así es. Es más, aquí tengo algunos cuadros. ¡Vengan!

Los tres se levantaron y se dirigieron a un pequeño cuarto contiguo a la cocina. Ahí había un caballete con un lienzo en blanco, una caja con tubos de pinturas al óleo y unos tres cuadros ya terminados. Nash tomó uno y lo examinó. -A decir verdad, se ven bastante bién -comentó.
-Je je je… no serán obras del Renacimiento, pero algo es algo -dijo Matt.
-¡Vamos, Matt! ¡No seas modesto! -le dijo Cammy. Después se dirigió a Nash. -Le he dicho varias veces que bien puede montar una exposición, pero no quiere.

Una vez que vieron los cuadros, Cammy y Nash se dispusieron a dejar la cocina -Gracias por los consejos -dijo Nash-. Intentaré ponerlos en práctica.
-Pídele ayuda a tus amigos, tanto los viejos como los nuevos. Estoy seguro que te van a ayudar. -sugirió Matt. Después se dirigió a Cammy. -A propósito, ¿todavía conservas los libros de autoayuda que te dí cuando llegaste a Delta Red?
-Claro, los tengo en mi estudio.
-Préstaselos a tu amigo. Le serán de mucha utilidad.
-Así lo haré. Espero no le incomoden.
-Ahora que recuerdo -intervino Nash-, a mí me gustaba mucho leer sobre Psicología. Era uno de mis temas favoritos en la Academia.

En eso, un olor desagradable les llegó -Oigan… -dijo Cammy-, ¿No huelen como si… algo se estuviera quemando?
Matt volteó hacia la estufa -¡¡¡OH, NOOOOO!!! -gritó. Corrió hacia la estufa, la apagó y agarró con ayuda de un trapo el sartén que ya estaba humeando, lo echó al fregadero y le vertió agua. Una nube de vapor salió de éste. -¡Este es mi sartén favorito…! ¡¡Y SE QUEMÓOOO…!!-se lamentó.
-Vámonos, Nash -le dijo Cammy-. Está a punto de comenzar un drama.

Una vez que se reunieron con el grupo, Cammy les platicó, a grandes rasgos, la plática entre Nash y Matt. -Ajá. Te sugirieron una actividad para distraerte -comentó Francisco.
-Bien, creo que podemos ayudarte, tanto en la parte del entrenamiento, como en la parte psicológica -declaró José Luís, con una sonrisa.
-Nos podemos reunir en el gimnasio -sugirió Francisco-. Espero que no le incomode a mucha gente.
-No, no creo -opinó Cammy-. Y no estamos molestando a nadie.
-Bien, creo que por hoy hemos terminado. Nada más nos queda esperar a que el chico logre abrir esos archivos, así que podemos… “romper filas” por el día de hoy -dio Guile. Enseguida recordó algo: -¡Ah! Antes de que se me olvide…
Salió del edificio y regresó con una bolsa, la cual se la lanzó a Nash. -¿Qué es esto? -preguntó Nash, mientras abría la bolsa. Y sacó de ahí… una bata de baño para hombre de color azul marino. Nash miró por encima de sus lentes a Guile. -¡Ja-ja-ja! ¡Muy gracioso, Guile…! Aunque… gracias, la necesito.

Enseguida, Chun-Li, Guile y los Castillo se subieron al DeLorean rentado y se dirigieron al hotel, mientras Cammy y Nash iban a la casa de la primera. En cuanto llegaron, Cammy llevó a Nash a su estudio, ubicado junto a su habitación en el último piso. El estudio era de color hueso, y tenía un pequeño escritorio con una computadora tipo all-in-one, una impresora y un librero. En una de las esquinas estaba Mr. Jinx en su camita durmiendo plácidamente. En cuanto entraron, se limitó a abrir los ojos, para regresar después a su “constructiva” actividad de dormir. Cammy buscó, y casi de inmediato, sacó tres libros del librero y se los dió a Nash. -Aquí tienes. No es necesario que los leas todos en una noche.
Nash tomó los libros, agradeció con un gesto de cabeza, y bajó las escaleras para dejarlos en la habitación de huéspedes.

Y, después de cenar, llegó la hora de dormir. Unas horas después, Nash despertó con la boca seca. Bajó a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Subió al cuarto de huéspedes, pero por alguna razón no entró, sino que subió hasta el último piso y se paró enfrente de la habitación de Cammy, quien dormía plácidamente. Estuvo a punto de entrar cuando… –¡¡¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?!!! -se dijo a sí mismo-. ¡¿CÓMO SE TE OCURRE?! ¡¡SE SUPONE QUE ES UNA ENEMIGA MORTAL!! ¡¡POR FAVOR, ELLA NO ES PARA TÍ!! ¡¡NO TE VA A ACEPTAR ASÍ COMO ERES!! ¡¡¡ASÍ QUE REGRESA INMEDIÁTAMENTE A TU CUARTO, Y DEJA DE PENSAR EN ESTUPIDECES!!!
Nash bajó sigilósamente las escaleras, se metió a su cuarto, terminó de beber el agua y se volvió a meter a la cama. Aproximádamente una hora después, Cammy despertó, también con la boca seca. Y también bajó a la cocina y también se sirvió un vaso de agua. También subió las escaleras, pero en vez de seguir hacia su cuarto, se detuvo en la habitación de huéspedes, donde Nash había retomado el sueño. Estuvo a punto de entrar cuando… ¡¡NOOOOO!! -se dijo a sí misma-. ¡¿QUÉ VA A PENSAR DE TÍ?! ¡¡QUE ERES UNA CUALQUIERA!! ¡¡ADEMÁS, NUNCA TE VA A ACEPTAR POR TU PASADO!! ¡¡¡REGRESA A TU CUARTO, Y YA NO ESTÉS PENSANDO EN ESAS COSAS!!!

Y Cammy subió a su habitación, se terminó de beber su agua y se metió a la cama.

Esta situación se repitió por varias noches.

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