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SFV: Una sombra cae… el fanfic

Capítulo 15: Defendiendo el honor de una mujer.

Y al día siguiente, tal y como se había acordado, empezó la rehabilitación de Nash. Una vez reunidos todos en el gimnasio de Delta Red, comenzó el entrenamiento que los Castillo le tenían preparado a Nash. Es justo decir que pensaron en desquitarse de la tranquiza que les propinó días atrás en Nueva York, pero decidieron, de último minuto, respetar su política de “cero venganzas” y hacer un entrenamiento sincero. También decidieron que todos participaran, con el fin de conocerse mejor y de compartir ideas que les pudieran servir en el combate. Para esto utilizaron tanto el ring como la jaula de MMA y el tapiz para lucha amatéur, como sustituto de un tatami. Ahí los Castillo aprendieron que la energía usada en sus ataques especiales, se le denominaba “energía qi”.

Una vez terminado el entrenamiento físico, empezó la parte de la rehabilitación mental. -Bien -dijo Francisco-. Uno de los consejos que te dieron fue el de que buscaras una actividad que te ayudara a distraerte. A lo mejor ya tenías una antes de que te pasara lo que te pasó. ¿Recuerdas algo que te gustara hacer? No sé, escribir, tocar un instrumento…
-Aprendí a tocar la guitarra -contestó Nash.
-Ni mandada a hacer la situación -dijo Francisco, con una sonrisa.
-Y pensar que no las íbamos a necesitar -comentó José Luís.

Los Castillo se dirigieron a donde tenían recargadas las tres fundas para guitarra y las llevaron a donde estaban Cammy, Chun-Li, Nash y Guile; y fueron sacando los instrumentos. De una funda sacaron una guitarra acústica con cuerdas de metal, de fibra de vidrio con madera, pintada con varias tonalidades de azul, desde el más claro al más oscuro de forma concéntrica de adentro hacia afuera y con los detalles en blanco, tanto en el borde como en la boca. De otra funda sacaron otra guitarra acústica, pero ésta era negra y con cuerdas de nylon; y de la última funda, sacaron un bajo acústico de color natural. Recargaron los instrumentos en la pared más cercana. -Elige el instrumento que más te guste -le dijo José Luis a Nash.
Después de pensarlo un momento, Nash eligió la guitarra de cuerdas metálicas. -¿Necesitas púa o plumilla para tocar? -le preguntó Francisco. Nash asintió con la cabeza. Francisco abrío el compartimiento externo de una de las fundas y sacó tres plumillas. Le dió una a Nash y otra a su hermano. -Ahora, toca lo que te acuerdes. No importa si lo haces mal o bien. No te preocupes por eso. No somos críticos ni tenemos por qué andar hablando mal.

Nash estiró los dedos, “pisó” las cuerdas y empezó a tocar una melodía conocida, primero a una velocidad muy lenta, pero ya después fue tomando la velocidad adecuada. José Luís, de inmediato, reconoció la tonada -¡”Fear of the Dark”, de Iron Maiden! -exclamó, y tanto él como su hermano y (para sorpresa de todos, Cammy) empezaron a tararear la canción. Mientras seguían tarareando, José Luis tomó la otra guitarra y Francisco tomó el bajo, y se unieron a Nash en este improvisado e impensado concierto.
-¡Esto fue increíble! -exclamó José Luís-. ¡No sabía que te gustara Iron Maiden!
-Iron Maiden es una de mis bandas favoritas -afirmó-, y no sabía que te gustara Iron Maiden, Cammy.
-Sí me gusta, aunque no soy muy fan que digamos.
-¿Y tocas algún instrumento? -le preguntó Francisco.
-Toco el piano, pero ya tiene tiempo que no lo hago. Exceso de trabajo, ya saben.
-Intenta buscar un espacio en tu tiempo para practicar, te va a servir mucho -recomendó José Luís.
-General, ¿quiere tocar algo? -invitó Francisco.
Guile estuvo algo dubitativo. -Bueno, está bien.

Nash le entregó a Guile la guitarra y empezó a tocar una melodía acompasada y semilenta. -Eso es country -identificó José Luís.
-Así es -afirmó Guile -Siempre me ha gustado mucho la música country.
-De hecho, es lo único que escucha, hasta el hartazgo de lo demás -recordó Nash-. ¿Recuerdas cuando intenté tirar tu colección de discos de música country a un río cercano al cuartel, y me atrapaste? ¡Dejaste de hablarme como una semana!
-Lo recuerdo perfectamente, Charlie… y aún no se me pasa el disgusto.
-¡Bueno! -intervino Francisco, con una sonrisa-, si entre hermanos nos peleamos, ¿por qué no habrían de hacerlo los mejores amigos?
-¡Esperen un segundo! -exclamó Chun-Li-. ¿Se pelearon sólo por una cuestión de gustos musicales?
-Nunca pongas en duda la peligrosidad de la insignificancia -dijo Francisco-. A propósito, ¿sabes tocar algún instrumento, ya que andamos en éstas?
-Por un tiempo toqué el violín, pero ya lo dejé…

Y con el paso de los días, empezó a verse una mejoría, tanto en la condición física como en el ánimo de Nash. Ahora hablaba más con todos y había regresado, en parte, el tipo amable que era hasta antes de su atentado. Eso sí, sólo le permitía a Chun-Li y a Guile que le dijeran “Charlie”, pues según él, eran los únicos que tenían toda su confianza. Aunque sí logró hacer una amistad bastante sólida con los Castillo. De hecho, y como respuesta a que Francisco le decía “compadre”, Nash le decía “Púnisher”, y a José Luis le decía “Rócker”.

Pero con quien logró una comunicación más profunda, hasta más profunda que con el propio Guile, para sorpresa de casi todos, fue con Cammy (solo Francisco no se mostraba sorprendido, aunque no decía los motivos. Sólo se limitaba a observar con atención.). Probablemente haya influído el hecho de que compartían casa, pero Nash había dejado de ser hosco, frío y cortante con Cammy; y esos dos eran los que más coincidencias tenían a la hora de presentar sus ideas. Y no solo eso, Nash le ayudaba a Cammy con las labores de la casa (barrer, trapear… él mismo se hacía cargo de lavar su ropa… y nunca se quejó. Siempre decía que eso era parte de su entrenamiento básico como militar) y desarrollaron la afición de jugar videojuegos juntos y hasta de tocar música juntos: Cammy retomó el piano, y Nash le acompañaba con una guitarra que José Luís le consiguió (en este punto, los vecinos no estaban muy contentos que digamos).

Esta unión “de facto” se hizo patente de una forma insospechada.

Cammy y Nash llegaron a la zona de lóckers de Delta Red, y se encontraron con los Castillo, que venían de bañarse, tras entrenar en el ring. -¿Ustedes aquí, tan temprano? -les preguntó Cammy, con una cara de sorpresa.
-Sí. Ahora venimos a entrenar antes de cualquier otra cosa -contestó Francisco.
-Es que más tarde llegan los que quieren entrenar box, y son los que más derecho tienen a usar las instalaciones -aclaró José Luis.
-¿Y ustedes, ya desayunaron? -les preguntó Francisco.
-No -contestó Cammy.
-Es que hoy me tocaron análisis de sangre otra vez -dijo Nash.
-Ay, entiendo esa tortura, Nash -entendió José Luís-. Con lo que detesto las agujas hipodérmicas…
-Nosotros todavía no desayunamos -dijo Francisco-. Estamos esperando a Chun-Li y a Guile para desayunar aquí, en la cafetería…
-¿Qué no vinieron con ustedes?
-No. No queremos molestarlos y nos dieron permiso de llegar más temprano para entrenar. Sí, lo sé, suena raro, pero es la verdad… ¡Ah! ¡Ahí vienen!
En ese momento, hicieron su aparición Chun-Li y Guile; y saludaron a los demás. -Ya estamos completos. Ahora sí, vámonos a desayunar -anunció Francisco.
-Sí, vamos antes de que te empiecen a rugir las tripas -comentó José Luís-. Se pueden oír hasta cinco kilómetros de distancia…

¡ZAPE!

Francisco le acomodó tremendo golpe con la mano abierta a José Luís en la nuca. -¡¡NO ERA NECESARIO QUE LES DIERAS TANTOS DETALLES!! -le gritó.
-¡Tómalo por el lado amableeeee…! -dijo José Luis, con un hilo de voz.
Los demas rieron, y juntos, se encaminaron a la cafetería. Se sentaron en una mesa rectangular próxima a la barra donde servían el desayuno. Por turnos fueron con su bandeja a ordenar su desayuno. Los Castillo regresaron con las bandejas tan llenas, que era casi un milagro que no se rompieran por el peso de la comida.

-(¡CHOMP!) ¡Esto está… (¡MUNCH!) delicioso! -decía José Luis, mientras se comía unos huevos con tocino.
-Definitivamente, éste es el mejor chocolate que he probado en mucho tiempo -anunció Francisco, mientras sostenía su vaso con chocolate-. Oye, Cammy, cuando necesiten nuevos reclutas, pongan en su sección de beneficios: “Ofrecemos excelentes desayunos”.
-¡Jaaaa ja ja ja ja…! ¡Buena idea! -contestó Cammy-. Lástima que a los reclutas no les toca lo más delicioso…
-Parte del entrenamiento -observó Nash-. Aún recuerdo la basura de comida que nos daban.
-¡BLEAGH! ¡No me lo recuerdes, por piedad! -protestó Guile-. De sólo recordarlo… hasta ganas me dan de prohibirlo.
-Pero es necesario, mi viejo amigo -dijo Nash-. De otra forma, los reclutas no aprenderían a sobrevivir en medios hostiles.

Todos desayunaban normalmente, menos los Castillo que no comían, DEVORABAN como si no hubieran comidos en años. -¿Me pueden decir cómo es que pueden comer tanto sin reventar? -preguntó una Chun-Li sorprendida.
-Los luchadores… siempre comemos mucho -explicó José Luís, mientras se comía un sándwich de provolone.
-Consumimos muchas calorías, entre los entrenamientos y las funciones. Por eso necesitamos comer en abundancia -completó Francisco, mientras se empacaba un plato de cereal.
-Que si dicen que comemos mucho, es porque no conocen a Ryback -mencionó José Luís.
-¡Cierto! ¡Ese se come en una sentada lo que nosotros dos juntos! -afirmó Francisco.
-Y todavía nos supera y por mucho Michael Phelps -siguió José Luís.
-¿El nadador? -preguntó Guile, extrañado.
-Así es. Busquen en Internet qué se come a diario y se van a indigestar…
Cuando ya todos estaban terminando, Cammy se levantó. -Voy por más café ¿Alguien quiere que le traiga algo más? -ofreció.
-No, gracias -declinaron la oferta los demás.

Y cuando Cammy se formó…
-¡Hola, Cammy! ¿Cómo estás?
Cammy volteó y encontró a un hombre rubio, con unos lentes oscuros, el uniforme tradicional, de Delta Red, musculoso hasta las orejas y la típica actitud del pobre güey que se siente galán de la pantalla. -Ah… hola, Johnny -lo saludó fríamente.
En este punto, Nash volteó a ver y frunció el ceño. -Oye… ¿cuándo tienes tu día libre? -preguntó Johnny, con el mismo tono molesto de “Elvis Presley wannabe”.
-Por el momento, no tengo días libres.
-Oh, vamos… aunque sea una escapada a un cine, tú sabes.
Nash cerró los ojos y empezó a respirar lenta, profunda y ruidosamente. -¿Pasa algo, compadre? -le preguntó Francisco, sin recibir respuesta.
-Ya te dije que no tengo días libres. No insistas -le contestó Cammy a Johnny, algo molesta.
-Pero si tú eres de alto rango -insistió Johnny-. Nadie te dirá nada.
-Tengo que poner el ejemplo a los demás, y ya, de buena forma te lo pido, deja de molestarme -pidió Cammy.
-Pero si no te estoy molestando -dijo Johnny, con un fingido tono de frustración.
En este punto, Nash apretó los puños, mientras aumentaba la frecuencia de su respiración. -Charlie, ¿pasa algo? -le preguntó Guile, sin obtener respuesta alguna.
-Te recuerdo que el reglamento interno prohibe terminantemente las citas entre miembros de Delta Red -dijo Cammy, aferrándose a la última hebra de cordura que le quedaba.
-Pero eso es para los reclutas -contestó Johnny-. Tú y yo estamos en una escala diferente.
Nash, aparte de cerrar los ojos y apretar los puños, ya mostraba los dientes, con una expresión de rabia apenas contenida. -Charlie… por favor… tranquilo -intentaba calmarlo Chun-Li, consciente del peligro que se avecinaba.
-Mira, te lo voy a decir de una buena vez: NO ME INTERESA andar contigo, Johnny -explotó Cammy.
-¿Cómo? -preguntó Johhny, haciéndose el ofendido-. ¿Acaso me desprecias? ¿Acaso no quieres andar con este “Adonis moderno”? ¿Acaso no quieres conmigo… una noche loca…?

¡PAM!

Todos voltearon sobresaltados por el golpe que le había dado Nash a la mesa metálica con la palma. Nash se paró de la mesa y encaró a Johnny. -¿Qué no entendiste? -le reclamó-, ¡Dijo que NO!
-¡Ah! ¡Miren! -exclamó Johnny-. ¡Pero si es “El Renacido”! Y dime, ¿cómo están las cosas en el otro mundo, eh? ¿Cómo te f…?
Nash no lo dejó terminar, pues lo agarró por el cuello y lo levantó. -¡ESCÚCHAME BIEN, PEDAZO DE BASURA! -le gritó-, ¡Voy a contar hasta tres (levantó tres dedos de su mano izquierda) y más te vale que te hayas disculpado con ella cuando haya terminado de contar!
-Pero esto es algo que no te importa amigo… estás pisando un hielo muy delgado…
-Uno…
-Y ella, como todas las que trabajan en este lugar, está que se mueren por mí…
-Dos…
-Además, todas se mueren por tener una noche de pasión conmigo, sobre todo esa zorrita (Cammy se sonrojó y se enojó mucho con ese comentario).
-¡TRES! ¡¡TRAGEDY ASSAULT!!
Nash impactó con todas sus fuerzas a Johnny contra el piso, sin soltarlo lo atacó con una especie de onda qi salida de su brazo y, por último, lo arrojó hasta chocar con una pared.
-Con eso aprenderá -dijo, incorporándose -Cammy, ¿estás bien?
-Err… sí… gracias -contestó una Cammy sorpendida ante lo que acababa de ver.

-¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?! -se oyó la voz de Wolfmann, quien acababa de entrar a la cafetería.
De inmediato, Johnny se levantó y corrió a esconderse detrás de Wolfmann. -¡ESE GORILA ME ATACÓ! -gimoteó, señalando a Nash.
-¿Es cierto eso, señor Nash?
-¡Yo puedo explicarlo todo! -intervino Cammy-. En realidad fue mi culpa…
-¿Qué? ¡Mayor White! ¡Siempre la he tenido en un alto concepto de disciplina!
-¡Un momento, coronel! -también intervino Francisco-. ¡Se está cometiendo una injusticia!
-¡Nosotros somos testigos de lo que pasó! -completó Guile.
-General, con todo respeto, pero este es mi grupo y mi responsabilidad. Por lo tanto, seré yo quien juzgue -cortó Wolfmann-. ¡Mayor White! ¡Teniente Bravo! ¡Señor Nash! ¡A mi oficina! ¡¡AHORA!!

Y esos cuatro se dirigieron en silencio a la oficina de Wolfmann. -Tenemos que hacer algo -suplicó Chun-Li a los demás.
-De ninguna manera voy a permitir que mis amigos sean sancionados injustamente -declaró Guile.
-Vamos. Igual y puede servir nuestro testimonio en su defensa -decidió Francisco.
-¿Y el desayuno? -preguntó José Luis, que se comía un plátano.
-¡TE LO COMES EN EL CAMINO Y YA VÁMONOS!

Cuando por fín alcanzaron a Cammy y los demás, ya estaban entrando a la oficina de Wolfmann. José Luís se adelantó, comiendo su plátano. Cuando estuvo a punto de entrar, Wolfmann lo detuvo. -Sólo personal autorizado-, le dijo y le cerró la puerta en la cara.
José Luis se quedó un momento estático frente a la puerta, justo el tiempo en el que los demás lo alcanzaron. -Hermano… -empezó Francisco-, ¿estás bien?
-Yo, sí -contestó José Luis-, ¡Pero mi desayuno ya no!
Se volteó y tenía todo el plátano embarrado en la cara, con todo y cáscara.

Wolfmann se sentó en su escritorio ejecutivo, mientras Nash y Johnny se sentaron en las sillas de enfrente del escritorio. Cammy se quedó de pié, atrás de ellos.
-Muy bien -empezó Wolfmann el “juicio” a Nash-, ¿puede explicarnos qué fue lo que pasó, teniente Bravo?
-Mire, coronel -habló Johnny-, estaba muy tranquilo hablando con la Mayor White, cuando llegó ese GORILA (señaló a Nash con el dedo), me estampó contra el piso y me lanzó contra la pared.
-¿Es cierto eso, señor Nash?
-Coronel Wolfmann -habló Nash, con los ojos cerrados, los brazos cruzados y una tranquilidad impresionante-. Es verdad que yo ataqué al teniente Bravo, aquí presente (Cammy se llevó una mano a la frente, en señal de frustracion), pero me gustaría que el teniente fuera HOMBRE, mostrara RESPETO por el uniforme que trae puesto, y dijera las cosas COMO FUERON -dijo en su defensa. Después le habló a Johnny. -A ver, “teniente”, ¿por qué no le cuenta a su superior cómo estuvo molestando a la Mayor White? ¿Por qué no le cuenta cómo estuvo insistiendo con llevarla a dar una vuelta, a pesar de las negativas constantes de la Mayor? ¿Por qué no le cuenta cómo se le insinuó? ¿Por qué no le cuenta cómo le dijo que era una… una… una… una… (se le dificultaba pronunciar esa palabra) una… una cualquiera, para terminar pronto?
-Pero yo… -quiso hablar Johnny.
-Ya oí suficiente -lo interrumpió Wolfmann-. Teniente Bravo, ¿CUÁNTAS VECES LE HE DICHO QUE NO MOLESTE AL PERSONAL FEMENINO DE DELTA RED? ¡Muchas! ¿Verdad? ¿Y me ha hecho caso? ¡NO! ¡Hasta que alguien lo puso en su lugar!
-Es que… es que…
-Es que ¡NADA! teniente… y como no es la primera vez que comete esta falta, le comunico mi decisión: USTED ESTÁ ARRESTADO por 24 horas y SUSPENDIDO INDEFINIDAMENTE DE SUS FUNCIONES
-¡¿ARRESTADO…?! ¡¿SUSPENDIDO…?! ¡NO, POR FAVOR! -suplicó Johnny.
-Ya me escuchó, teniente. Y ahora, ¡LÁRGUESE DE MI VISTA!

Johnny se levantó de su asiento, casi casi llorando, abrió la puerta de la oficina y salió de ahí.
Wolfmann se dirigió a los demás. -Mayor White, le ofrezco una disculpa por haber dudado de su buen nombre.
-Disculpa aceptada, coronel -dijo Cammy.
-En cuanto a usted, señor Nash, aparte de ofrecerle una disculpa, mi reconocimiento por haber defendido a una mujer. Ya no a todos los hacen como a usted.
-Gracias, coronel… pero solo hacía lo correcto.
-¡Vamos! ¡No sea modesto…!

Nash hizo un ademán para que nadie hablara. Se levantó, se dirigió a la puerta, la abrió… y entraron los Castillo de golpe y cayéndose. -¡AY!
Chun-Li y Guile observaban la escena desde afuera; ella, riendo; y él, llevándose una mano a la frente. Cammy y Wolfmann se acercaron, sorprendidos, mientras Nash los observaba con una mano en la cintura. Los Castillo miraron hacia arriba. -Errr… esteee… je jeee… ¿Alguien quiere… comida china? -dijo Francisco, haciéndose el gracioso.
-Ya déjense de chistes malos y pónganse de pié -ordenó Wolfmann-. De cualquier forma, esto ya terminó y el teniente Bravo fue sancionado. Así que ya pueden pasar todos.
-¡Ah! ¡Vaya! -comentó Francisco, mientras él y su hermano se ponían de pié-. Nos dimos cuenta de que al figurín ese no le fue nada bien, pues salió de aquí con la cola entre las patas y con una cara de niño regañado…
-¿Y a qué se debió la sanción, si no estoy pecando de impertinente? -preguntó José Luis.
-Por asedio constante a las mujeres de Delta Red. Ya tengo un cajón lleno de acusaciones para él sobre esto.
-Disculpe, señor… pero si reincide tanto, ¿por qué no lo da de baja?
-Me encantaría, pero no podemos -se lamentó Wolfmann-. Es el único especialista que tenemos en ingeniería… pero en cuanto tengamos a otro, sus días aquí están contados.
-¡Lo que faltaba! -exclamó José Luis-. ¡Aparte de todo, pone en vergüenza a los ingenieros! Pues yo no sé, pero si en mi comando hubiera un fastidioso, no dudo y lo echo a patadas.
-¿Y no te mordiste la lengua al decir eso, hermanito? -intervino Francisco.
-Espérate, carnal -aclaró José Luis-. Es cierto que me gusta andar tras las mujeres, no lo voy a negar… pero cuando me dicen “no”, es NO y se acabó. No me gusta estar dale y dale y dale y dale y dale y dale y dale y dale y dale y dale y dale hasta el cansancio.

Justo cuando ya se alejaban de la oficina de Wolfmann, éste los detuvo. -A propósito, tanto Ginzu como yo tenemos algo que decirles. Acompáñenos a la sala de planeación estratégica, por favor.

El grupo llegó a la llamada “Sala de Planeación Estratégica”. Ésta era una gran sala cuadrada, en cuyo centro había una mesa redonda como para veinte personas. En el techo había un proyector, y en la pared de enfrente había una pantalla y un pizarrón blanco, así como plumones de diversos colores. A un lado había un estrado con una base para laptop. Ginzu los estaba esperando con su laptop conectada al proyector. -Ya estamos aquí -dijo Guile-. ¿Qué nos tiene que decir Wolfmann?
-Vamos por partes -contestó Wolfmann-. Primero: de una u otra forma, Ginzu ha logrado abrir algunos de los archivos que tenía el disco duro. Ginzu, muéstrales por favor.
Ginzu abrió un archivo usando un editor de texto, y aparecieron una serie de palabras clave en la pantalla. -Parece un código fuente -observó José Luís.
-Es un código fuente -confirmó Ginzu.
-¿Código… fuente? -preguntó Guile.
-El código fuente -empezó a explicar José Luis-, es un conjunto de líneas de texto con los pasos que debe seguir la computadora para ejecutar dicho programa. Por tanto, en el código fuente de un programa está escrito por completo su funcionamiento. En pocas palabras, es lo que hace que un programa funcione -se dirigió a Ginzu-. Buen trabajo, muchacho… lo único que me frustra de esto, es que no reconozco el lenguaje de programación en el que está escrito este código fuente… Antes de que pregunten, un lenguaje de programación es un lenguaje formal diseñado para realizar procesos que pueden ser llevados a cabo por máquinas como las computadoras.
-Yo tampoco tengo idea de qué lenguaje hayan usado -admitió Ginzu-. No parece ser de la familia de C, ni Java, ni Pascal, ni Python, ni Scheme, ni Ruby…
-Bueno, ya tenemos un avance -sonrió José Luis-. Entonces, algunos de los archivos que aún no has logrado descifrar, deben ser los ejecutables, es decir, el programa en sí, ¿cierto?
-Cierto.
-Pero podríamos descubrir de qué se trata, si todas estas líneas de código escritas en ese lenguaje desconocido, las “tradujéramos” (por decirlo de alguna manera), en un lenguaje de programación que conozcamos. Después de todo, veo que tienen casi las mismas palabras clave: veo que hay declaraciones de variables, ciclos “for”, bucles “if – else”… o inclusive, podrías copiar una parte del código fuente y buscar algo parecido en Internet.
-¡Buena idea!
-O -intervino Nash-, capturar algunos agentes de Shadaloo e interrogarlos sobre el para qué sirven esos archivos.
-¡Es cierto! -recordó Francisco-. ¿Qué pasó con todos los soldados de Shadaloo que fueron apresados en Nueva York.
-No nos sirven para nada -lamentó Guile-. Los soldados solo se limitan a obedecer órdenes, y no tienen por qué estar enterados de los planes de sus superiores.
-¡Qué mal! -exclamaron Nash y Francisco en coro.

-Pero podrían capturar más agentes -anunció Wolfmann-. Aquí vamos con el segundo punto. Esto me lo mandó el general Taylor: detectaron actividad de Shadaloo en América, en México, para ser exactos.
-¿En México? -preguntaron los Castillo al mismo tiempo
-Sí, en México… ¡Ah! ¡Claro! ¡Ustedes nacieron ahí!
-Señor, ¿podría indicarnos exáctamente en qué parte de México detectaron la actividad de Shadaloo? -pidió José Luis, con tono preocupado.
-Por supuesto -concedió Wolfmann-. Abrió un enlace que los llevó a un mapa de “Google Maps”. Wolfmann comenzó a hacer un acercamiento hacia la parte norte del país, y se detuvo en una ciudad ubicada casi en la frontera con Estados Unidos.
-Ciudad Juárez… -susurró Francisco.
-Justo el lugar a donde no queríamos regresar… -completó José Luis.

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