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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 16: El lugar al que no querían regresar.

-¿Fue ahí donde…? -preguntó Cammy. Los Castillo asintieron con la cabeza.
-Y si Shadaloo está ahí… -inició Francisco.
-… “Los Eses” están involucrados. -completó José Luis.
-Ahora, la pregunta es… ¿por qué? ¿Qué tienen que ver con este caso?
-Sólo hay una forma de averiguarlo.

Guile tomó la decisión -En ese caso, ¡prepárense! Partimos hacia Ciudad Juárez.
-¡Voy con ustedes! -anunció Nash.
-¿Qué? ¡Estás loco! -protestó Guile-. Aún no te has recuperado por completo.
-Me siento en perfectas condiciones para esta batalla.
-Tú, lo que quieres, es encontrar a Bison. Lo siento, pero te quedarás aquí. ¡Es una orden!
-¡TÚ A MÍ NO ME DAS ÓRDENES!
-¡Ya cálmense ustedes dos! -intervino Chun-Li. Después le habló a Nash. -Charlie, Guile tiene razón. No sabemos qué tanto te has recuperado, y creo que lo mejor será que te quedes.
-¿Y cómo carajos vamos a saber qué tanto se ha recuperado el compadre, si lo tenemos aquí encerradito? -protestó Francisco-. Si estando débil acabó con todo un ejército de Shadaloo, sano qué no hará.
-Estoy de acuerdo -intervino Jose Luis-. Puede ser un gran aliado y le están cortando las alas.
-¡Vaya! Los hermanos, poniéndose de acuerdo como siempre. -exclamó Guile.
-No tiene nada que ver si somos hermanos o no, general -reclamó Francisco-. Se trata de hacer lo correcto.
-¿Lo correcto? -recriminó Chun-Li -¡No vamos a permitir que lo ataquen a muerte otra vez!
-Okey, okey. Entiendo que tengan miedo de que le vuelva a pasar algo. Eso a todos nos pasa. Pero no vamos a solucionarlo guardándolo en una especie de “cristal anti-todo”… ¡CARAMBA! ¡NI MI MAMÁ ERA TAN APREHENSIVA, CARAY!

Y se armó una discusión entre Chun-Li, Guile y los Castillo sobre la asistencia de Nash a la misión. Cuando las cosas estaban subiendo de tono, Ginzu decidió intervenir. -Chicos… -dijo, pero nadie le hizo caso. -Chicos… -repitió en voz más fuerte, con el mismo resultado-. ¡¡CHICOOOOOOS!! -gritó.
Todos voltearon a verlo. -¿Pasa algo, m’ijo? -le preguntó José Luís.
-Chicos -habló Ginzu-, no vale la pena hacer toda una “guerra civil” por algo que pueden resolver democráticamente. ¿Por qué no lo someten a votación?
-Estoy de acuerdo con Ginzu -intervino Wolfmann-. Es por eso que lo tengo aquí, por su gran capacidad para resolver conflictos de equipo.
Ginzu sonrió. Francisco tomó la palabra. -De acuerdo, lo resolveremos por votación. Pero hay que agregar una restricción: Nash no participa.
-¿Qué…? -quiso protestar Nash.
-Discúlpame, compadre pero, aparte de que eres lo que está en disputa, es necesario para que no haya empate.
-¡Ah…! Entiendo.
-Levanten la mano los que quieran que Nash se quede aquí guardadito.
Guile y Chun-Li alzaron su mano. -Bien. Ahora levanten la mano los que quieran que Nash vaya con nosotros y nos ayude a partirle la madre a Shadaloo.
Francisco, José Luís y Cammy alzaron su mano. -¿Tú quieres que vaya? -le preguntó Guile a Cammy.
-Sí. Yo lo he estado cuidando y ha avanzado mucho. Creo que lo justo es que vaya y que nos ayude. Tiene capacidades que nos serían muy útiles. -explicó.
-Bueno, señoras y señores -anunció Francisco-. La opción de que Nash nos acompañe ha ganado por tres votos contra dos. Todos somos testigos de que no hubo trampas ni compra de votos, así que está decidido. Ahora, general, es necesario que usted dé el aval.
Guile refunfuñó.- ¡Argh! ¡Está bien! ¡Que vaya con nosotros…! ¡Pero no me hago responsable si algo le pasa!

El grupo salió de la sala de planeación estratégica, dispuestos a prepararse para la misión. Cammy se quedó un poco atrás con Nash. -Antes que otra cosa suceda -habló Cammy-, quiero darte las gracias por haberme defendido en la cafetería.
-No fue nada -contestó Nash, con una sonrisa-. Sólo hice lo correcto. Además de que no me gustan los tipos patanes y prepotentes-. Se alejó un poco, cerró los ojos y agregó en voz baja: -Y odio que te molesten y que te insulten.

Una vez que tuvieron todo listo, salieron del cuartel. Wolfmann los esperaba afuera en una camioneta de Delta Red.

Campo de la Real Fuerza Aérea Británica Northolt.
Norte del Aeropuerto Internacional de Heathrow.
Londres, Inglaterra.

En cuanto llegaron al campo y descendieron de la camioneta, Wolfmann los llevó hacia un avión. -Les presento al “Águila Plateada”.
El “Águila Plateada” era un Boeing C-17 Globemaster III, pintado de color gris oscuro, muy parecido al Boeing 747 “Jumbo”. Este avión está diseñado para llevar tropas y armas a cualquier misión. -Este es uno de los aviones más rápidos que tenemos -explicó Wolfmann-. Alcanza una velocidad máxima de 448 nudos.
-A ver -dijo José Luis, mientras sacaba su smartphone y abría una aplicación de calculadora científica-. 448 nudos son aproximádamente 830 km/h. La distancia de aquí a Ciudad Juárez son (abrió una aplicación para calcular distancias. Introdujo “Londres” como origen y “Ciudad Juárez” como destino) 8,326 kilómetros. Bien, sabemos que velocidad es igual a la distancia recorrida sobre el tiempo transcurrido. Como queremos saber el tiempo, entonces despejamos y nos queda que el tiempo es igual a la distancia sobre la velocidad. (Regresó a la aplicación de calculadora) Entonces, si dividimos 8,326 km entre 830 km/h nos dan… (soltó un silbido) ¡Poco más de diez horas de vuelo!
-Jeh… ¡Y nos quejábamos de los viajes a Irak con WWE! -observó Francisco-. Creo que debimos habernos traído un proyector, un reproductor de Blu-Ray y unas cinco películas.
-Pero traigo una de mis computadoras -contestó José Luís-. Nos puede servir… si es que no la piden para algo relacionado con la misión. Además, me traje una guitarra.

Subieron al avión una mesa rectangular bastante grande, que les serviría para analizar mapas, así como cajas con provisiones para dos semanas y armamento de diversos calibres. -No creo que utilicemos armas -observó Guile-, pero las llevaremos por si acaso.
En cuanto todo estuvo listo, Cammy, Nash, Chun-Li y Francisco tomaron sus asientos. Guile se sentó en el asiento del piloto, y Nash, en el de copiloto

Cuando todos estuvieron en sus asientos, y listos para el despegue. el “Águila Plateada” tomó pista y partió rumbo a Ciudad Juárez (Y, mientras imaginan cómo el avión despega, escuchen “Toy Soldiers”, de The Animal in Me).

Ya en el aire, Guile activó el piloto automático del avión y junto con Nash se dirigió a la mesa de trabajo junto con los demás. Chun-Li desplegó un mapa sobre la mesa. -En este mapa -indicó-, esta la ubicación de la guarida de ese cártel. Es un rancho al que le dicen “Los Sauces” -señaló un punto en el mapa-. Se puede usar como punto de referencia este río que pasa por aquí -señaló un río en el mapa.
Francisco observó con detenimiento el mapa. -¡Este mapa está mal! -denunció-. Se supone que el río pasa por la izquierda del rancho, no por la derecha… A menos que… hayan desviado el cauce…
-¿Esta seguro de lo que dice, Detective? -preguntó Guile-. A lo mejor está viendo el mapa al revés.
-No, general. No soy tan tonto como para equivocarme en algo tan fácil.
-Mi hermano y yo ya hemos estado en esa zona -intervino José Luis-, y la recordamos perfectamente. Ya seríamos dos idiotas en equivocarse al mismo tiempo.

Después de arreglar lo del mapa, empezaron la planeación de la estrategia. -¿Tendremos soporte allá? -preguntó Nash.
-Espero que sí, Charlie -contestó Guile-. Hablamos con las autoridades y quedamos que nós iban a ayudar miembros de la Gendarmería Nacional de México.
-¿El nuevo grupo creado por el “presidente”? -preguntó Francisco, trastabillando-. ¡PFFF…! No confío nada en ellos. Siento que le pedimos ayuda a un alacrán para sacar a una araña viuda negra. En ese caso, mejor vamos solos -declaró Francisco.
-Vamos solos, Detective -le anunció Guile-. Ellos solo irán como refuerzos. Nosotros seis seremos los que nos introduzcamos en la boca del lobo.
Después, habló a todos. -Atacaremos al atardecer. Tenemos siete horas de diferencia con respecto a Londres, así que nos da tiempo suficiente para prepararnos y dar el golpe.

Aeropuerto internacional de Ciudad Juárez.
Ciudad Juárez, Chihuahua.
México.

Una vez que el “Águila Plateada” aterrizó en el hangar de la PFM, Chun-Li, Cammy y Guile, representando a sus respectivas corporaciones, se presentaron ante el General Mauricio González, jefe de la lucha anti-drogas, quien fue en representación del Procurador General de la República. -Esperemos que con su colaboración logremos desmembrar ese cártel de una vez por todas -le dijo González a Guile-, y que usted y su grupo encuentren esa información que necesitan.
-Gracias, general. Estamos dispuestos a colaborar en lo que sea -agradeció Guile.

Mientras tanto, Nash y los Castillo se dedicaban a bajar todo el equipaje del avión, y lo colocaron en una camioneta pick-up Nissán Titán de la Gendarmería Nacional. -Bueno, creo que eso es todo -dijo Francisco.
-Subiré al avión a dar una última revisada -decidió José Luis.
Mientras revisaba, Francisco hablaba con Nash, quien miraba de reojo a Guile, Cammy y Chun-Li. -¿Te da un poco de envidia no estar ahí? -le preguntó Francisco.
-No es eso, Púnisher. Es que no me acostumbro a esta nueva situación.
-¿Y eso, compadre?
-Verás… antes, Guile era mi subordinado… y ahora soy yo el que sigue sus órdenes…

Cuando todo estuvo listo, el grupo subió a dos Jeep Patriot y, junto con la pick-up, salieron del aeropuerto.

Guarnición Militar de Ciudad Juárez.
Ciudad Juárez, Chihuahua.
México.

-¡Un momento! ¡No nos dijeron que también iba a colaborar el Ejército Mexicano! -exclamó José Luis, al reconocer el lugar.
-Por el momento, estamos compartiendo sede con el Ejercito, mientras construimos nuestro cuartel -aclaró González.
-Bien, damas y caballeros -anunció Guile-. Tenemos una hora para prepararnos y salir rumbo a “Los Sáuces”. Aprovechen para descansar y para estudiar lo que tenemos de hacer, ¿entendido?
-¡Entendido! -contestaron los demás en coro.

Y una hora después, un convoy formado por las dos Jeep, la pick-up (con elementos de la Gendarmería) y agregándole un “Centro de Mando Móvil”, partió rumbo al bosque que rodea la Sierra de Juárez, siguiendo el camino real hacia el norte y llegaron a un río. -¿Están seguros de que no quieren que los acompañemos? -preguntó González-. ¡Estos rumbos son muy peligrosos!
-No se preocupe, general -contestó Guile-. Hemos estado en situaciones peores y hemos salido avante.
-Bien, en ese caso, permítanme nada más ofrecerles esto.
Dicho lo cual, abrió uno de los compartimientos del Centro de Mando Móvil y les mostró seis pistolas tipo escuadra. -No me gusta mucho usar armas -admitió Guile-, pero más vale estar preparados.
Guile, Nash, Cammy, Chun-Li y los Castillo tomaron las armas. José Luis también llevaba una mochila con el mapa, una brújula, un botiquín de primeros auxilios y bengalas en su espalda. Esas bengalas también se las dió el general González. -Si están en peligro -indicaba González-, no duden en lanzar una bengala, e iremos hasta allá para ayudarlos.
Una vez con las armas y el equipo necesario, el grupo se internó en el bosque.

-Según el mapa -decía Cammy-, ese rancho está ubicado al norte de aquí.
-Ahora que recuerdo -comenzó Francisco-, mi hermano y yo hicimos marcas en los árboles la primera vez que estuvimos aquí, como una referencia… espero que no las haya borrado el tiempo o la intemperie.
Francisco se dirigió a un árbol y lo examinó. Encontró una flecha marcada con navaja en el tronco. -¡Aquí está la marca! ¡Es por aquí! -exclamó, mientras señalaba hacia la misma dirección a la que apuntaba la flecha.

Conforme avanzaban, encontraron flechas, hasta que se toparon con una luz al frente. -¡Esperen! -ordenó Guile-. ¡Todos pecho a tierra!
Se tumbaron en el pasto. José Luis sacó unos binoculares y le dió unos a Cammy. Observaron y encontraron a tres hombres armados alrededor de una fogata hablando, riéndose y tomando cerveza. También ahí había un reproductor portátil de música. -¿Qué observan? -preguntó Guile.
-Hay tres hombres armados a las doce en punto -contestó José Luis-. Este debe ser el primer anillo de seguridad.
-Estos son los soldados de Shadaloo con el uniforme más raro que haya visto -comentó Cammy.
-¿Soldados…? -preguntó Francisco-. A ver, préstame los binoculares.

Cammy le prestó los binoculares y Francisco observó con detenimiento -¡Ajá! -exclamó-. Camisa de manga larga a cuadros, botas altas de piel, pantalones de mezclilla, sombreros de tipo texano y unos collares de oro de tamaño familiar.
-Y no se te olvide lo más importante, hermano -completó José Luis-: rifles de asalto AK-47, mejor conocidos como “cuernos de chivo”.
-Esos no son soldados de Shadaloo -explicó Francisco-, son sicarios: matones a sueldo de los narcotraficantes. Eso significa que el jefe de la banda no sólo es miembro de Shadaloo, sino que también tiene su propio grupo delictivo: “Los Eses”.

Uno de los sicarios prendió el reproductor y empezó a tocar algo que solo Dios sabe si se puede considerar música. El sonido llegaba hasta donde estaban Guile y compañía.
-Olvidaba un pequeño detalle -señaló José Luís-: ¡¡EL PÉSIMO GUSTO MUSICAL QUE TIENEN!! -y se tapó los oídos, junto con los demás.
-¡¡AAAAARGH!! ¡¡TIENES RAZÓN!! -gritó Cammy.
-¡¡¿A ESO SE LE LLAMA MÚSICA?!! -protestó Chun-Li.
-¡¡¡NO SOBREVIVÍ… PARA OIR ESTA BASURA!!! -reclamó Nash.
-¡¡¡ESTO ES ASQUEROSO, INMUNDO, DEPLORABLE!!! -afirmó Guile.
-¡¡¡SE ME OLVIDÓ QUE A ESTOS IDIOTAS LES ENCANTA OÍR COSAS COMO EL KOMANDER!!! -lamentó Francisco-. ¡DE VERDAD, UNA DISCULPA! ¡NO TODA LA MÚSICA DE MI PAÍS ES ASÍ DE HORRIBLE!
-¡¡PERO ESTO… DEFINITIVAMENTE… ES DE LO PEOR QUE TENEMOS!! -admitió José Luis-. Es casi como… ¡LA MÚSICA COUNTRY!

¡KWANG!

Guile le dió un golpe en la cabeza a José Luís -¡ESE COMENTARIO NO ME GUSTÓ, SOLDADO!
-¡Perdóoooon…! ¡No recordaba que le gustaba la musica countryyyyyy…! -se disculpó José Luís, con un hilo de voz.
Y para colmo, los tres narcos se pusieron a cantar, de una forma tan desentonada que harían aullar a un perro. -¡YA ME CANSÉ DE ESTA PORQUERÍA! -exclamó Nash-. ¡VOY A HACERME CARGO DE ESTO!
-¡Espera! -exclamó Guile-, ¿A dónde vas?
Y antes de recibir respuesta, Nash se “teletransportó” hasta donde estaban los tres narcos, golpeó a uno, pateó a otro y le dió un rodillazo al último, dejándolos inconscientes. Después tuvo la gentileza de destruir el reproductor de un pisotón.
Los demás respiraron aliviados. -Bien -dijo Francisco-, a eso le llamo “matar dos pájaros de un tiro”: nos libró de esta tortura y despejó el camino.
-Sigamos avanzando -ordenó Guile. Los cinco se reunieron con Nash y juntos reanudaron el camino hacia “Los Sáuces”.

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