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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 27: ¿Dónde estaba Dios?

Cuartel General de Delta Red
Vauxhall Cross.
Londres, Inglaterra.

Al día siguiente…

-He intentado comunicarme con Masters -comunicó Guile. La llamada la tomó Eliza y…
-Y… ¿qué pasó? -preguntó Chun-Li.
-Y… resulta que el “señor” Masters está en un viaje de negocios en Japón, regresa en dos semanas y que dió órdenes a su oficina.
-Mmmmmta… valiente cosa -opinó José Luis.

Y pasó lo que, tarde o temprano, tenía que pasar: explotó la bomba. -¡¡MALDICIÓOOOOON!! -gritó Guile, dándole un golpe a la mesa-. ¡¡MALDICIÓN, MALDICIÓN, MALDICIÓN!! ¡¡NADA NOS ESTÁ SALIENDO BIEN!!
-Guile, tranquilo -intentó calmarlo Cammy, mientras se acercaba.
-¡¿QUÉ ME CALME?! -gritó Guile, mientras tomaba a una asustada Cammy de las muñecas-, ¡¡¿QUIERES QUE ME CALME?!! ¡¡¡EL MUNDO ESTÁ EN PELIGRO!!! ¡¡¡ESTAMOS EN UNA SITUACIÓN DE MÁXIMA EMERGENCIA…!!! ¡¡¡¿Y ME PIDES QUE ME CALME?!!!
Guile quiso darle una bofetada en reversa a Cammy, pero Nash se teletransportó y le detuvo la mano. -¡¡NO LO HAGAS, GUILE!! ¡¡¡TE LO ADVIERTO!!!
-¡¡TÚ NO TE METAS, CHARLIE!! -encaró Guile, mientras se soltaba de la opresión de su amigo-. ¡¡TE LA PASAS DE MARAVILLA CON ELLA (señaló a Cammy con un dedo) MIENTRAS EL MUNDO SE VA AL DEMONIO!!
-¡¡LO QUE ELLA Y YO HAGAMOS, NO ES DE TU INCUMBENCIA!! -se defendió Nash y, de paso, defendió a Cammy- ¡¡Y A ELLA NO LA GOLPEAS, PORQUE SI LO HACES, SE ME VA A OLVIDAR QUE SOMOS AMIGOS!!
-¡¿AH SÍ?! -contestó Guile, con un tono entre intimidante, retador y amenazador-, ¡¡¡INTÉNTALO, SI ES QUE PUEDES!!!
-¡¡DEJEN DE PELEAR!! -intervino Chun-Li-. ¡¡PARECEN NIÑOS!!
-¡¡CLARO!! -gritó Guile-. ¡¡LO DICE LA QUE MENOS HA HECHO POR LA CAUSA!!
-¡¡¡SON UNOS INÚTILES, TÚ Y LA INTERPOL!!! -secundó Nash.
-¡¡UN MOMENTO!! -se levantó José Luis-. ¡¡ES MUY FÁCIL ECHARLE LA CULPA A LA CORPORACIÓN A LA QUE NO PERTENECEN!!
-¡¡Y HABLÓ EL GORILA TATUADO!! -insultó Cammy.
-¡¡¡OYE!!! ¡¡¡¿QUIÉN ES EL GORILA TATUADO?!!! -intervino Ángel-. ¡¡MEJOR VE E INSULTA A TU MADRE!!

Francisco sólo veía el intercambio de insultos… hasta que reventó. -Ya… ¡YA…! ¡TRANQUILOS…! ¡¡TRANQUILOS…!! (nadie le hizo caso) ¡¡¡CHINGADA MADRE!!! ¡¡¡¡CÁLMENSE YAAAAAAAA!!!! -gritó. Todos se le quedaron viendo, pues él era el más ecuánime del grupo. Francisco respiró profundamente y continuó. -¡A ver, señores! ¡No vamos a resolver ABSOLUTAMENTE NADA si nos estamos agarrando a madrazos entre nosotros! (suspiró). Miren, entiendo perfectamente lo que está pasando: que el mundo está en peligro, sí… que tenemos que hacer algo, sí… pero en este estado de estrés, lo único que vamos a conseguir, es que nos matemos entre nosotros antes de que Bison lo haga. ¿Quieren ahorrarle el trabajo? ¡NO! ¿verdad?
-Tiene razón, detective -admitió Guile-. He estado muy presionado por esta misión. El general Taylor, mi superior inmediato, ya quiere resultados, resultados que me ha sido imposible ofrecerle.
-Pues que se espere -contestó Francisco-. ¿O qué cree? ¿Que Bison y asociados van a llegar aquí y nos van a contar sus planes? “¡Hola! ¡Soy Bison! ¡Y me voy a desgraciar al mundo de esta manera! ¡Qué malo soy!”… ¡Por favor!
Guile sonrió -Admiro su capacidad de mantener el sentido del humor aún en las situaciones más difíciles -le dijo. Después se disculpó con Cammy y Nash. -Cammy… perdona por intentar golpearte. No volverá a suceder. Charlie… perdóname todo lo que te dije. Los dos, perdónenme por meterme con lo más sagrado que tienen.
-No te preocupes, Guile -respondió Nash-. Ya en alguna ocasión nos dijeron que hasta entre hermanos se pelean.
Guile y Nash se dieron la mano, y Cammy los abrazó al mismo tiempo.

-Esto ya es un avance -apuntó Francisco-. No se preocupen, es comprensible tooodo lo que ha pasado aquí.
-¿De qué hablas, carnal? -le preguntó José Luis.
-A ver… ¿qué hemos estado haciendo todos los días?
-Pues intentar agarrar a Bison.
Francisco entrecerró los ojos. -Eso ya lo sé. A lo que me refiero es a nuestra rutina diaria.
-Aaaaahhhh…
-Lo que hacemos es: despertar, venir aquí, desayunar, intentar descifrar qué carajos está haciendo Bison, comer, seguir intentando descifrar qué pinches madres está haciendo Bison, despedirnos y a dormir a donde lo hacemos. Al día siguiente, lo mismo: despertar, venir aquí, desayunar, intentar descifrar qué mamadas está haciendo Bison, comer, seguir intentando descifrar qué chingados está haciendo Bison, despedirnos y a dormir a donde lo hacemos. Y al día siguiente, lo repetimos… ¿Quieren que se los cuente otra vez?
-Creo que ya te estoy entendiendo.
-La cosa está así: ¿Cómo no queremos perder el control, si nos la pasamos haciendo lo mismo TODOS LOS DÍAS DESDE HACE NO SÉ CUANTO TIEMPO? -después le habló a Nash-, ¿O no? ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo?
-Lo mismo que todos y que acabas de mencionar -contestó Nash.
-¿Y no te gustaría… o mejor dicho, no les gustaría a todos hacer algo diferente?
-Claro -contestó José Luis-. A mí me gustaría hacer algo para distraerme y entretenerme… aunque… (sonrió) creo que Cammy y Nash se la pasan bastante entretenidos todas las noches…

¡PUM! ¡FWANG!

Cammy le dió un golpe de hacha a José Luis en la espalda, mientras Nash le daba un rodillazo en el abdomen al mismo tiempo. -¡¡VUELVES A DECIR ESO…!! -empezó Cammy.
-¡¡…Y TE MUERES!! -terminó Nash.
-¡No lo dije en ese sentidoooooo…! -contestó José Luis, con un hilo de voz.
Ángel se limitó a sonreír y a mover la cabeza -Eso te enseñará a no andar de imprudente -le dijo.

-Entonces, ¿qué sugieres? -preguntó Chun-Li.
-Fácil, que hagamos otra cosa juntos.
-¿Qué cosa?
-Lo que sea, ¡menos hablar del caso! ¡Prohibido por este día!
-Pero… ¿y los háckers? -preguntó Guile, con un tono de preocupación.
-No creo que Bison les haga daño -contestó José Luis-. Sería muy tonto si matara a quienes diseñaron el sistema. Si se llegara a descomponer, son los únicos capacitados en arreglarlo.
-Buena observación -admitió Nash-. Bison no es tan idiota como para hacer eso.
Propongo lo siguiente: vámonos para el hotel (o para su casa, según sea el caso), nos quitamos este uniforme, nos vestimos de “civil” y damos una vuelta por Londres -sugirió Francisco.
-¡Buena idea! -apoyó José Luis-. Así sirve que conocemos Londres.
-¿Qué no lo conocen? -preguntó Guile-. ¿Nunca han venido aquí de gira?
-Sí, general. Venimos aquí, por lo menos, una vez al año.
-¿Entonces?
-Que venimos a trabajar, no a pasear. El itinerario es: bajarse del avion, llegar al hotel, conferencia de prensa, entrenar un poco, agarrarnos a madrazos e irnos a dormir. Al día siguiente: desayunar, y subirse al avión que nos lleva a nuestro siguiente destino (Mánchester, por poner un ejemplo) y repetir. Por lo mismo, nunca hemos tenido la oportunidad de conocer Londres.
-Bien bien bien… pero… ¿y si pasa una emergencia…? ¿Y si hay un ataque…?
-Yo me hago cargo, general -se ofreció Wolfmann, quien acababa de entrar-. Ustedes vayan tranquilos a descansar, se lo merecen.
-Pero… si el general Taylor se entera…
-El general Taylor se puede ir por un tubo -declaró Francisco-. No tengo el “disgusto” de conocerlo, pero sólo se ha limitado a dar órdenes y a estar presionándolo, general, y no se vale. Por lo menos el coronel Wolfmann ha colaborado con nosotros, ¿Y el general Taylor, qué ha hecho? ¡NADA!
-Disculpen -interrumpió Ángel-, ¿Los puedo acompañar?
-Claro que sí, faltaba más -contestó José Luis, con una sonrisa de oreja a oreja-. Te sirve para conocer otros mundos, otras culturas…

Una vez que el grupo salió de la Sala de Planeación Estratégica, se pusieron de acuerdo para la salida. -Este es el plan -anunció Cammy-: Ustedes vayan a su hotel a cambiarse, mientras Charlie y yo vamos a casa. Cuando terminen, pasan por nosotros y ya nos vamos juntos.
-Me parece bien -aceptó Guile-. Entonces, nos vemos dentro de un rato.
Cammy y Nash se dirigieron al estacionamiento, mientras Guile, Chun-Li, Ángel y los Castillo se… acomodaron lo mejor que pudieron en el DeLorean rentado de Guile y partieron rumbo al hotel. Una vez que se cambiaron, se reunieron en la zona de elevadores y bajaron al lobby -Del haber sabido, hubiera rentado un coche más grande -lamentó Guile.
José Luis observó el local de renta de coches. -No se preocupen, tengo la solución.

Entró al local y, después de unos minutos, salió con el encargado. -Síganme, por favor -indicó a los demás.
En el exterior, apareció el encargado con una camioneta SUV Vauxhall Zafira Tourer de color negro. El encargado le dió las llaves a José Luis. -Aquí tiene, y buen viaje -se despidió.
-¿Qué les parece? -preguntó a los demás.
-¿Y esa camionetota? -preguntó Francisco.
-Ya le había echado el ojo desde que llegamos, pero no había tenido la oportunidad para rentarla, hasta ahora.
-¿La oportunidad o el pretexto?

Siguiendo las indicaciones de Guile, el grupo llegó al vecindario donde vivía Cammy. José Luis estacionó la SUV justo atrás del Vauxhall Viva SL de Cammy, y el grupo se bajó de la SUV. Francisco tocó el timbre y Cammy abrío. -¡Hola, chicos! -saludó Cammy-. ¡Pasen! ¡Charlie se está terminando de arreglar!
Cuando Guile y los demás entraron, Charlie estaba bajando las escaleras. Se había puesto la ropa que Guile le había llevado unos días atrás. -Te queda perfecto -comentó Guile.
-Gracias… aunque… a lo mejor no los puedo acompañar…
-¿Por…?
Nash señaló el parche de piel gris de su cara. -Todo lo demás lo puedo cubrir con la ropa y unos guantes, pero lo de la cara no -se lamentó.
José Luis observó la situación -Eso tiene arreglo -comentó-. Se quitó su sudadera rojo bermellón y se la dió a Nash. -A ver, póntela.
Nash se la puso. -Me queda bien, pero no soluciona el problema.
-Es que aún falta que te pongas la capucha -observó José Luis. Nash así lo hizo y la cara le quedó tapada… aunque, con el fleco, le daba una apariencia de perico anaranjado. José Luis lo miró detenidamente -Perfecto, ni mandado a hacer -aplaudió-. Oye, carnal -le habló a Francisco-, así vestido, ¿no te recuerda a alguien?
Francisco lo miró detenidamente y sonrió -¡Sí! ¡Ya sé a quíen! (se llevó las manos a la cabeza) ¡OH, DIOS MÍO! ¡MATARON A KENNY! -gritó.
-¡MÓNDRIGOS…! -completó José Luis, entre risas.

Después de esto, los siete se acomodaron en la SUV rentada. -Creo que seré yo quien haga el papel de “guía de turistas” -comentó Cammy.
-Creo que eso no está a discusión -aseveró Nash.
-En ese caso, ¡VAMONOS! -exclamó Francisco-. Londres… ¡Agárrate, que ahí te vamos! -declaró, arrancando las risas de los demás.

(En este punto, y mientras escuchan “The Wheel”, de PJ Harvey, cierren sus ojos, e imaginen a estos siete caminando por Londres: conociendo el Big Ben, el Palacio de Búckingham, el Puente de Londres [Sí, el mismo que todos los niños cantan que se va a caer], y también imaginen a los Castillo haciendo pendejada y media… como por ejemplo, Francisco queriendo entrar al Metro de Londres usando su tarjeta del Metro… sí… pero la del Metro, Tren Ligero y Metrobús de la CDMX… No vayan a hacerle… ¡¡¡DUUUUUUUUUUUUUUUHHH!!! También imaginen al grupo paseando por la rueda del Milenio y el nuevo Estadio de Wembley… con Ángel y los Castillo tomándose una foto en la placa conmemorativa de la medalla de oro que México le ganó a Brasil en los Juegos Olímpicos del 2012… y que difícilmente podrá repetir en Río 2016)

Después de comer, el grupo fue a la Abadía de Westminster, sede del Arzobispo de Canterbury, cabeza espiritual de la Iglesia Anglicana. Una vez que admiraron las estatuas de los reyes y la sillería del coro (con todo y sus lamparitas) Cammy se apartó un momento. -Quisiera estar a solas un rato para rezar -pidió.
Los demás no tuvieron reparos. Cammy se fue a uno de los reclinatorios, se arrodilló y oró en silencio unos momentos. Los demás la esperaron ligeramente atrás, y se unieron a ella cerrando los ojos…

Cuando terminó, salieron de la Abadía. -Por aquí debe estar la Catedral de Westminster ¿verdad? -preguntó Francisco.
-¿Qué no es ésta la Catedral? -preguntó Ángel.
-¡Je je je…! ¡No, m’ija! -contestó José Luís-. Ésta es la Abadía, no la Catedral.
-¿Y cuál es la diferencia?
-Que la Abadía pertenece al culto anglicano, mientras que la Catedral es del culto católico -explicó Francisco.
-La Catedral de Westminster está muy cerca de aquí -dijo Cammy-. Podemos ir a pié.

El grupo llegó a la Catedral, y ahí fueron Ángel y los Castillo quienes pidieron un momento para orar. A como lo hiciera Cammy en la Abadía, Ángel y los Castillo se fueron a uno de los reclinatorios, se arrodillaron y oraron en silencio unos momentos. Y al igual que en la Abadía, los demás los esperaron y se unieron a ella cerrando los ojos.

Cuando terminaron, salieron de la Catedral. En la entrada, Francisco chocó con el hombro sin querer con un sacerdote católico que iba entrando a la Catedral. -¡Ay, padre! ¡Discúlpeme! ¡No lo ví! -exclamó.
-No te preocupes, hijo -contestó el cura.
De repente, los dos se quedaron estáticos y con cara de sorpresa. -¡¿PRIMO?! -exclamaron los dos al mismo tiempo.
Francisco se volteó y reconoció al cura. Este cura era idéntico a Francisco, aunque un poco más bajo y ligéramente más viejo; y tenía el mismo corte de cabello, pero sin patillas. Iba vestido con un sencillo traje gris, un “clergyman” (camisa de vestir con el cuello modificado para llevar el alzacuellos sacerdotal) de color blanco, una cruz pectoral de madera y unos zapatos de piel negros algo gastados. En su mano derecha llevaba un anillo de plata (su anillo episcopal), y en su mano izquierda, un anillo de platino sintético con un zafiro y la inscripción “ISC” dentro del zafiro, así como el escudo del ITESM (su anillo de graduado). -¡¡JUAN PABLO!! -exclamó Francisco.
-¡¡PACO!! ¡¡QUÉ SORPRESA!! -exclamó Juan Pablo, al tiempo de que se abrazaban.
-¡¡PEPEEEE!! ¡¡MIRA QUIÉN ESTÁ AQUÍ!! ¡¡¡EL PRIMO CURA!!! -llamó Francisco a José Luis.
-¿QUÉ PASÓ, PRIMO, COLEGA? -saludó José Luis a Juan Pablo.
-¡Vaya vaya! ¡Aquí está mi primo favorito…! Sin demeritarte, Paco -respondió Juán Pablo el saludo.
-No te preocupes. Siempre has tenido preferencia por tu colega ingeniero -contestó Francisco. Después le habló a los demás. -Él es Monseñor Juan Pablo González Castillo, nuestro primo. Actual obispo auxiliar de la Arquidiócesis Primada de México.
-Y además, también es Ingeniero en Sistemas Computacionales, como yo… aunque… egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Estado de México -completó José Luis.
-¿Qué tal? -saludó Juan Pablo.

Francisco fue presentando a sus compañeros. -Él es el general William F. Guile, de las Fuerzas Armadas Estadounidenses.
-¡Mucho gusto! -le dió Juan Pablo la mano. Guile correspondió el saludo, con algo de dudas. -¿Pasa algo, general? -le preguntó Juan Pablo.
-Perdón, monseñor pero… es que… yo soy bautista -contestó Guile.
-¡AH, PERFECTO! ¡YO SOY JUAN! -bromeó Juan Pablo-. ¿Entendieron? ¡Juan Bautista…! No se preocupe por eso, general. Es más lo que nos une (señaló al cielo) que lo que nos divide.
-No tengo la menor duda -pensó Guile-. Este cura es pariente del Detective y del Soldado. Esa capacidad para hacer comentarios graciosos la traen de familia.

-Ella es la detective Chun-Li Xiang, nuestra superior en INTERPOL -continuó Francisco.
-Encantado de conocerla, detective -saludó Juan Pablo-. Si estos dos le dan dolores de cabeza, no dude en avisarme. Yo me encargo de ponerlos en su lugar.
-Je je je… tomaré eso en cuenta -rió Chun-Li-. ¿Y no hay problema si mi religión no es cristiana?
Juan Pablo sonrió de forma comprensiva. -En lo absoluto. Yo no le pido su fe de bautismo a nadie a cambio de mi amistad. Todos los hombres y mujeres de buena voluntad siempre serán bienvenidos.

Y siguieron las presentaciones. -Ella es la mayor Cammy White, de Delta Red.
-Mucho gusto -saludó Cammy y le dió la mano a Juan Pablo.
-El gusto es mío. -contestó Juan Pablo-. Debo imaginar que usted es anglicana, mayor.
-Sí, soy anglicana. No creo que haya problema con eso.
-Ningún problema. Es más, quedé de verme en un par de horas con mi buen amigo Justin Welby.
-¡¿El Arzobispo de Canterbury?!
-El mismo. Como se lo dije al general: es más lo que nos une, que lo que nos divide… aunque algunos católicos no puedan, o NO QUIERAN entender eso.

Francisco intervino una vez más -Ella es Ángel. Ángel Torres. Una amiga reciente
Juan Pablo y Ángel se saludaron con un apretón de manos.

Francisco volvió a hablar -Y por último, pero no por eso el menos importante, el señor Charlie Nash.
-Mucho gusto -extendió Juan Pablo la mano, pero Nash no contestó el saludo. -¿Hay algún problema, hijo?
-No, monseñor… con usted no… sino con el Dios que usted representa -contestó Nash.
-Mmmmhhh… no es la primera vez que me dicen eso. ¿Qué tal si me lo platicas con más calma? ¡Vamos adentro!
-Pero… intervino Francisco-, ¿no tienes una cita?
-La cita puede esperar -contestó Juan Pablo-. Un alma necesitada de consejo y de consuelo es mucho más importante que cualquier cita.

Una vez que Juan Pablo y los demás reingresaron a la Catedral de Westminster, Nash y Juan Pablo se sentaron en una de las bancas de hasta atrás. -Si quieren oír la conversacion, no hay problema -indicó Juan Pablo. Después le habló a Nash. -Ahora sí, hijo. ¿Cuál es el problema que tienes con Dios?
-Mire, padre… monseñor…
-Dime Juan Pablo, así sin “títulos nobiliarios”, por favor.
-Esta bien, Juan Pablo. Yo antes era episcopaliano.
-Mmmhhh, la versión norteamericana de la Iglesia Anglicana. ¿Y después, qué pasó?
Nash le contó todo lo que le pasó a Juan Pablo: el ataque a traición que sufrió, la caída desde lo alto de la cascada… -Y es por eso que digo que Dios me abandonó. Es más, hasta dudo que en verdad exista.
-Bien. -Juan Pablo se acarició el mentón-. Esto es de lo más normal que pueda pasar. Cuando una persona sufre una tragedia inmensa, impresionante, lo primero que hace es dudar de la existencia de Dios, y cuestionarle en dónde estaba.
-Es verdad -asintió Nash. -Quisiera saber en dónde estaba Dios cuando me pasó ésto -dicho lo cual, se descubrió la cabeza, dejando ver el parche gris de la cara. También se quitó el guante de su mano derecha y se descubrió el brazo de ese mismo lado.
-¡Santo cielo! -exclamó Juan Pablo en voz baja-. Ahora entiendo mejor tu problema.
Nash no aguantó más y comenzó a reclamar. -Así es, Juan Pablo… ¿Dónde estaba Dios cuando me pasó esto? ¿Por qué lo permitió…? ¡¿POR QUÉ?!
-Ajá. Lo que tienes no es duda sobre la existencia de Dios. En realidad, estás muy enojado con Dios.
-Sí, Juan Pablo… Sí estoy muy enojado con Dios, aunque me mande al infierno, pero ya no puedo soportarlo más.
-No te preocupes, hijo. Antes se pensaba que uno tenía que aguantarse el coraje y aceptar a ciegas las desgracias que Dios mandara. Ahora se ha visto que eso es hasta contraproducente, y se ha llegado a la conclusión de que es válido cuestionar a Dios.
-¿Sí… se puede… cuestionarlo?
-Claro que sí, hijo. Primero, tienes que ser honesto con Dios y contigo mismo. Si sufres, dile cláramente a Dios lo que sientes. Expresa tus sentimientos con libertad, incluyendo tu impaciencia, ira y desconcierto. Nuestro Señor es comprensivo y nos conoce a todos con amor. Los sentimientos negativos reprimidos, a la larga, producen reacciones psicológicas y sociales peligrosas; y no vale la pena ocultárselos a Dios. Es imposible: él ya nos leyó la mente y sabe perféctamente lo que estamos pensando. Puedes decirle, con toda confianza: “Señor, te hablo en mi angustia, me quejo contigo, pues estoy lleno de amargura”. Y, por último, tienes a tus amigos, me imagino.
-Sí, Juan Pablo.
-Pues pídeles consejo y ayuda. Dios tiene muchos caminos para ayudarte.
-Pero aún no has contestado mi pregunta… ¡¿POR QUÉ DIOS PERMITIÓ QUE ME PASARA TODO ESTO?! ¿Acaso me castigó?
-En primer lugar, vamos desterrando para siempre la idea de que Dios manda las desgracias para castigar gente. ¡Por favor! ¡Eso es del siglo antepasado! En segundo lugar, cuando Dios permite una desgracia, es porque le va a sacar un gran provecho. Como dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”. Si bien Dios te quitó algunas cosas, te otorgó otras que no tenías y que puedes usar en beneficio de todos.
Nash reflexionó unos segundos. -¡Qué curioso! Un amigo mío me dijo algo parecido hace algunos días: Que viera qué obtuve y cómo lo puedo aprovechar para ayudar a los demás.
-¡Ahí está! -aplaudió Juan Pablo-. Sin querer coincidimos en eso.
-Bueno, sí, pero… -Nash se mostró dudoso-. Perdona que te lo diga, pero tengo la impresión de que todo lo que has dicho, lo has dicho sin haber sufrido nada.
Juan Pablo cerró los ojos -Que no he sufrido… nada -respiró profundamente y continuó-. Me imagino que mis primos ya te contaron lo que le pasó a mi tío José Francisco, ¿verdad?
-Sí.
-Y Francisco ya te habrá contado cómo mataron a mi cuñada y a mi sobrinito nonato.
-También.
-Y lo sé porque yo oficié sus misas de réquiem. Pero bueno. Tambien a mí me ha tocado mi dosis de dolor. Verás, yo tengo en México un centro casa-hogar donde ayudamos a jóvenes con problemas de drogadicción. Uno de los muchachos que rehabilitamos se peleó con un distribuidor de drogas, y éste le clavó una navaja en el estómago y lo mató. Créeme, eso me dolió como si hubieran matado a mi hijo.
-De verdad, lo siento mucho -contestó Nash-. He vuelto a pecar de bocafloja.
-Tranquilo, hijo. No pasa nada. Mejor vamos a arrodillarnos -pidió. Juan Pablo ayudó a Nash a arrodillarse, y colocó la mano derecha sobre su cabeza. -Señor, te pedimos por tu hijo Charlie Nash, aquí presente. Ilumina su camino, dale el consuelo que necesita, no permitas que el mal caiga sobre él. También te pido por todos sus amigos aquí presentes, para que puedan ayudarlo a encontrar la paz que necesita, y para que también ilumines su camino. El Señor los bendiga y los guarde. Les muestre su rostro y tenga piedad de ustedes. Les dirija su mirada y les dé la paz. El Señor los bendiga. Amén.
-Amén -contestaron los demás.

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