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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 32: Una comida de bienvenida.

Base de la Fuerza Aérea Estadounidense “Travis”.
Fairfield, California.
Estados Unidos.

Después de otro vuelo de más de diez horas, “El Águila Plateada” aterrizó en la base, procedente de Londres. Ahí ya los esperaba Ken, con una SUV Lexus LX color azul metálico. En cuanto el grupo bajó del avión, se reunió con Ken. -Mucho gusto, Guile -saludó Ken.
-Me encantaría decir lo mismo, Masters… pero no puedo -se sinceró Guile.
Ken se limitó a sonreír y se dirigió a Cammy y a Chun-Li, saludándolas de beso. -Por lo que veo, traen más gente nueva -observó Ken.
-Así es -afirmó Chun-Li-. Él es uno de nuestros nuevos agentes de INTERPOL, Francisco Castillo.
-Tiempo sin vernos, Blue Púnisher -saludó Ken a Francisco, con mucha familiaridad.
-Lo mismo digo, Ken… o debería decir… Ken-sensei -contestó Francisco. Juntó el puño derecho con la palma izquierda e hizo una reverencia hacia Ken, quien contestó de la misma manera.
-¿Ken… sensei? -preguntó Chun-Li.
-Sí, Ken-sensei -contestó Francisco-. Él me enseño a manejar mi qi y pulió mis habilidades de karate. Aún recuerdo esos entrenamientos… ¡No sé cómo salí vivo de eso!
-¡JAAAA JA JA JA JA JA…! Espera a que te hubiera enseñado Gouken-sensei -opinó Ken.
-Cambiando de tema, no sé si ya conocías a mi hermano, José Luis, también agente de INTERPOL.
-¡Por supuesto! ¡Ni más ni menos que “El Rockero”!
-¡El mismo que viste y calza! -contestó José Luis-. El único y original, ¡No acepten imitaciones!

Después de otro intervalo de risas, Ken se fijó en la presencia de Ángel -¿Y ella?
-¡Ah! -contestó José Luis-. Ella es Ángel Torres. Es testigo protegido y está colaborando en el caso.
-Mucho gusto -saludó Ángel, dándole la mano a Ken.
-El gusto es mío, señorita. ¿Ya están todos? -preguntó Ken.
-No, nos falta uno -señaló Guile-. Ahí viene.

Nash se aproximó al grupo -Tiempo sin vernos, Ken -saludó, con un tono plano en su voz y una expresión seria.
Cuando Ken lo reconoció, casi le da un infarto. -¡¿QUÉ…?! ¡¡¿NASH?!! ¡¿EN VERDAD… ERES TÚ?!
Tragó saliva y se acercó para tocarlo, con mucho miedo y como si fuera a tocar lava ardiente. -No te preocupes, en realidad soy yo -lo calmó Nash.
-Es que… ¡¡NO PUEDE SER!! ¡¡¡TODOS CREÍMOS QUE ESTABAS MUERTO!!! ¡¿PERO CÓMO…?! Y además… ¡¡¿QUÉ TE PASÓ?!!
-Es una larga historia -intervino Guile-. Después te contamos con calma, porque es increíble.

Una vez que acomodaron su equipaje en el Lexus LX de Ken (y con el equipaje de los Castillo, fue un milagro que cupiera todo), el grupo se acomodó lo mejor que pudo e iniciaron el viaje rumbo a la mansión de Ken. -¿Y cómo estuvo el viaje? -preguntó Ken, para romper la tensión.
-Hubiera estado muy aburrido, de no ser por los chistes de estos dos -contestó Cammy, señalando con el pulgar a los Castillo.
-Debo admitir que, de no ser por estos dos -agregó Guile-, ya nos hubiéramos matado entre nosotros por la tensión.
-¡Gracias, gracias! -dijo Francisco-. ¡Es un placer! ¡Damos clases todos los jueves! ¡NO COBRAMOS MUCHO!

Residencia Masters.
Pacific Heights.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

Una vez que la Lexus LX llegó hasta la entrada de la mansión, Ken y compañía bajaron el equipaje y lo metieron a la sala. Ahí ya los esperaban Eliza, Mel, Amy y Julia. -Bueno -habló Ken-, ¡Bienvenidos a mi casa!
Francisco y José Luis se quedaron embobados mirando de un lado a otro -¡Mira nada más! -le dijo Francisco a José Luis en voz baja-. ¿Como cuántas luchas tendríamos que hacer para comprar una mansión como ésta?
-¡Eso no es de hacer luchas! -contestó José Luis-. ¡Es de que nos casemos con una sobrina de Vince!
-¡O con una hija de Triple H! -agregó Francisco-. ¡¡NO…!! ¡¡¡MEJOR NO!!! ¡Ahí sí nos mandan al albergue con todo y chivas…!

Mientras estos dos discutían sus bobadas, Amy y Julia corrían hacia Guile. -¡Cariño! -exclamó Julia.
-¡Mi amor! -contestó Guile
-¡PAPÁ! -gritó Amy
-¡Hola, hija! -exclamó Guile, mientras abrazaba a Julia y cargaba a Amy. -¡Las extrañé mucho!
-¿Ya te vas a quedar con nosotras? -preguntó Amy.
-No lo sé, hija. Eso depende de mi misión, pero procuraré estar contigo más tiempo.

Luego procedió el “rito” de saludos (cabe decir que Julia ignoró a Cammy por completo) y de presentaciones (con Ángel y los Castillo). En cuanto vieron a Nash, tanto Eliza como Julia no pudieron reconocerlo por completo. -Oye, Julia -empezó Eliza-, ¿acaso él no es…?
-Se parece, pero no lo creo -contestó Julia-. Él está muerto.
Nash respiró hondo y se acercó a ellas. -Hola, Eliza. Julia, has cambiado mucho.
En cuanto le reconocieron la voz, casi se desmayan. -No… puede… ser… -susurró Eliza.
-Guile… -llamó Julia.
-Es una larga historia -contestó Guile-, pero sí: es Charlie.

En eso, Ryu bajó las escaleras, y se quedó viendo a toda la gente. -¡Ya llegó el que faltaba! -anunció Ken-. Vamos, Ryu. Únete al club.
-Hola a todos -saludó Ryu, tímidamente. De inmediato se fijó en alguien en especial -¡Chun-Li! -exclamó.
-Hola, Ryu -dijo Chun-Li, con una sonrisa tímida y sonrojándose. -¿Cómo has estado?
-Bien… gracias -respondió Ryu, también sonrojándose-. Saludos, Guile.
-Tiempo sin vernos, Hoshi -contestó Guile.
-Cammy, ¿cómo has estado?
-Bien, Ryu. Gracias.
Ryu se fijó en Nash. -Hola, Nash -lo saludó con familiaridad, ante la sorpresa de todos.
-Hola, Ryu -contestó Nash.
-¿Ya lograste controlar tu nuevo poder?
-No… pero en eso estamos.
-Un momento -interrumpió Guile-. Charlie, ¿ya te habías encontrado con Hoshi?
-Así es, Guile -contestó Nash-. Me lo encontré en China, buscando respuestas. Si bien nuestro encuentro no me dejó la respuesta que esperaba, sí logré sacar algo de ello.

Francisco interrumpió esa reunión. -Vaya, vaya, vaya -dijo, con una sonrisa-. Aquí tenemos al mismísimo Ryu Hoshi. Eres una leyenda en el mundo de las artes marciales, ¿sabías?
-Errr… disculpa… ¿Tú, quién eres? -preguntó Ryu.
-¡Ah! ¡Perdón por la descortesía! ¡No me he presentado! Francisco Castillo, mejor conocido como “Blue Púnisher” -le extendió la mano a Ryu-. Agente de INTERPOL, luchador profesional y cinta azul de Karate.
-¿Qué estilo?
-Shito-ryu.
-¿Y por qué no llegaste a cinta negra?
-Porque… la lucha libre se cruzó en mi camino… y me gustó más.
-Errr… ejem-ejem… -interrumpió José Luis.
-¡Perdón! ¡Vaya descortesía la mía! Él es mi hermano, José Luis.
-Mucho gusto -le extendió la mano a Ryu-. También agente de INTERPOL y luchador profesional.
-¿Y también practicas karate? -preguntó Ryu.
-No. Sambo militar.

Ken volvió a hablar. -Está bien, está bien. Ya nos conocimos todos. Les pido que pasen al jardín trasero para comer.
-Excelente. Me muero de hambre -comentó Francisco. Después volvió a hablarle a Ryu -Quisiera que en un futuro tengamos un pequeño combate. Quiero conocer mis capacidades y mis límites.
-Cuando quieras, amigo -contestó Ryu.

En el patio, había una gran mesa como para quince comensales, así como una parrilla con jugosos cortes de carne, pollo, salchichas, pan blanco, pan de centeno, así como una barra de ensaladas increíble con vegetales variados… en fin, lo suficiente como para alimentar a un regimiento. A la hora de la hora, todo mundo ignoró la mesa y prefirió comer de una forma más informal: sentados en el pasto. Ken y Geoffrey fueron los encargados de servir la comida.

Nash le llevó un buen trozo de carne a Cammy -Aquí tienes, mi amor -le dijo-. Pedí esta porción especialmente para tí.
-¡Gracias! ¡Qué lindo! -contestó Cammy.
Julia los observó asombrada. -¿Qué…? ¿Ustedes dos…?
-Sí -contestó Nash -somos novios.
-Entonces… eso quiere decir… que… bueno… Cammy… tú… ya no…
-Desde hace mucho que no siento nada por Guile -dijo Cammy-. ¡No seguirás pensando que te lo quiero quitar!
-Err… esteeee… ¡No! ¡Claro que no!
Pero desde ese momento, Julia dejó de ser fría con Cammy.

-Masters, debo reconocerte una cosa: sabes agasajar a tus invitados -comentó Guile.
-Gracias, Guile.
Apareció el pequeño Mel. -¡Mira, hijo! ¡Saluda a tu tío Guile!
-¡Hola! -saludó Mel, e hizo el saludo militar.
-Saludos, pequeño cabo -contestó Guile, con una sonrisa-. Espero que no salgas igual que el mocoso arrogante de tu padre.
Ken frunció el ceño. -Ya te habías tardado con los insultos, cabeza de escoba.
-¿A quién… le dijiste… “cabeza de escoba”… mocoso insolente? -reclamó Guile.
-¿A quién te imaginas, cabeza de escoba?
-¡MOCOSO INSOLENTE!
-¡¡CABEZA DE ESCOBA!!
-¡¡¡MOCOSO INSOLENTE!!!
-¡¡¡¡CABEZA DE ESCOBA!!!!
Julia y Eliza tomaron del brazo a su respectivo marido, mientras Francisco se interponía entre ellos y los separaba. -¡YA! ¡NO PELEEN!
-¡KEN! ¡POR FAVOR! -reclamó Eliza-. ¡Parecen chiquillos malcriados!
-Lo mismo te digo, Bill -le dijo Julia a Guile.
-Más vale que lleven la fiesta en paz y se den la mano -pidió Francisco.
Guile y Ken estrecharon la diestra, no sin susurrarse amenazas -Me las vas a pagar -susurró Guile.
-Cuando quieras… “Bill” -susurró de vuelta Ken.

José Luis le llevó un plato con carne y ensalada a Ángel, pero ella sólo comió los vegetales, dejando la carne intacta. -¿Pasa algo? le preguntó José Luis-. ¿Está mal la carne?
No, no es eso -contestó Ángel-. Es que no como carne.
-¡Ah, caray! ¡Era eso…! Pe-pe-pero también hay pollo. ¿Quieres que te traiga un trozo?
-¡Claro! ¡El pollo sí te lo acepto!
José Luis se levantó y le trajo un trozo de pechuga bastante grande a Ángel. -Aquí tienes.
-Gracias.
Francisco los veía de reojo -¡Ay, hermanito! ¡Te estás tardando, te estás tardando…!

Cuando todos terminaron de comer, regresaron a la casa. Eliza tomó la palabra -Bien. Es el momento de asignarles un dormitorio.
-¿Y la misión? -preguntó Guile.
-Tranquilo -respondió Ken-. Vienen cansados del viaje. Lo mejor es que descansen y que mañana empecemos a trabajar.
-Por nosotros no se preocupe, señora Masters -intervino Francisco-. Tenemos casa aquí en San Francisco
-¿En qué parte? -preguntó Eliza.
-En Mission District, en la calle Guerrero, para ser más exactos -contestó José Luis-. Ahí vivimos junto con la comunidad latina.
-A propósito -intervino Francisco-, Ángel, tu vienes con nosotros.
-¿Y eso?
-Recuerda que eres testigo protegido y que nosotros te estamos cuidando.
-Y qué mejor que teniéndote en nuestra casa -completó José Luis.
-¡No te preocupes! Nuestra casa es bastante acogedora.
-¿Quieren que les llame un taxi? -preguntó Ken.
-No te preocupes, Ken-sensei. Pido un Úber y asunto arreglado -contestó Francisco.

-Bien, entonces recuperamos el tema de asignar habitaciones -comentó Eliza. -Guile, lo mejor es que te quedes con Julia. Chun-Li y Cammy van a compartir dormitorio, y Nash… bueno… creo que una habitación estará bien para él solo -decidió. Llamó a Geoffrey.
-¿Llamó usted, ama Elisa?
-Sí, Geoffrey. Por favor, sube el equipaje de nuestros huéspedes.
-Nosotros le ayudamos -se ofreció Guile.
Francisco llamó a su hermano y a Ángel. -Agarren su equipaje de una buena vez. No se vayan a equivocar y se suben lo que no es para acá.

Unos minutos después, llegó un Honda Civic del servicio Uber. José Luis metió en la cajuela el equipaje tanto de él, como el de su hermano y el de Ángel; mientras Francisco ultimaba unos detalles con Guile -Entonces nos reunimos aquí a primera hora, general.
-Así es, Detective. A las 9:00AM en punto y sin demora.
-No se preocupe, general. Aquí estaremos.
Ángel y los Castillo abordaron el Honda Civic que los llevó directo a su casa.

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