Fanfics

SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 33: Cuando el pasado te alcanza.

Residencia de los Castillo.
Mission District.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

El Honda Civic dejó a Ángel y a los Castillo justo enfrente de la casa de los últimos. Era una casa de dos pisos, pintada de color crema. Para entrar se tenía que atravesar una reja de color negro. En su patio frontal, en el lado izquierdo tenían un Chevrolet Impala azul metálico y una SUV Chevrolet Tahoe negra; y el lado derecho, recargadas en una pared, había dos motocicletas Yamaha SZ-RR, una roja y otra verde.

Franciscó abrió la reja y los tres entraron. De inmediato, Ángel se fijó en las motos. -¡QUÉ BONITAS MOTOS! -exclamó-. ¿De cuántos centímetros cúbicos son?
-De casi 150cc de cilindrada -contestó José Luis.
-¡ESO ES BASTANTE! ¿Puedo manejar una?
-¡Claro! ¡Cuando…! ¡¡MMMMFFHHFFHH!!
Francisco corrió a taparle la boca a su hermano. Aún recordaba el viajecito que tuvo con Ángel en moto cuando se la encontró por primera vez. -Disculpa, pero ya tiene tiempo que no las usamos… ¡A lo mejor les falta gasolina! ¡JE JEEE…! -se excusó.
-¡Qué lástima! -lamentó Ángel.
-Pero en cuanto las revisemos, te avisamos -agregó Francisco, mientras abría la puerta de su casa-. Pásale, estás en tu casa -invitó.
Ángel agradeció con una sonrisa. Francisco se disponía a entrar, pero José Luis se lo impidió -¡Oye! ¿Por qué no quisiste prestarle una moto? -le reclamó.
-¡Ay, carnal! ¡Porque conduce a una velocidad de locos! ¡Ya te platicaré con calma! -contestó Francisco. Y, ahora sí, los dos entraron.

En la planta baja de la casa, justo enfrente de la entrada, estaba la sala-comedor. La parte de la sala ocupaba la parte derecha del cuarto, y consistía de un sofá, un par de sillones y una mesa de centro rectangular de vidrio. En la pared derecha, estaba una pantalla plana de 32 pulgadas. Abajo de la pantalla había una repisa, con una consola de videojuegos un receptor de TV por cable y los controles remotos. A la derecha de esa repisa, había un pequeño mueble con dos puertas. Sobre ese mueble había un minicomponente con reproductor de CD’s, radio AM-FM, reproductor de dos memorias USB y conectividad Bluetooth. Dentro del mueble tenían su colección de CD’s, DVD’s, Blu-ray’s y videojuegos. A la izquierda de la repisa, tenían una guitarra eléctrica tipo Stratocaster y un bajo eléctrico del mismo tipo, acomodadas en dos pedestales. También tenían un pedestal triple que, en ese momento, no tenía ningún instrumento, pues es en donde guardan las guitarras acústicas y el bajo acústico. Francisco y José Luis aprovecharon para acomodar esos instrumentos en su lugar. También había ahí un teclado Yamaha.

La parte izquierda correspondía al comedor. En esa parte, tenían una mesa cuadrada y cuatro sillas. En la pared izquierda, estaba la vitrina con los premios ganados por ellos: réplicas de cinturones de campeonato, máscaras, cabelleras, fotos de cuando empezaban, trofeos, placas conmemorativas… Arriba de esa vitrina tenían un reloj con la forma del escudo del Club América de México. En cuanto Ángel lo vió, hizo una cara de desagrado. -¿A poco le van al América? -preguntó, con un tono de reclamo.
-Por supuesto -contestó José Luis -Mi hermano y yo le vamos al América desde chiquitos.
-¡Ódiannos más…! -agregó Francisco, con una sonrisa.
-¡PFFF! ¡Pensé que sabían de fútbol! -reclamó Ángel.
-¿Pues a qué equipo le vas? -preguntó Francisco.
-¡No me digas que le vas a las Chivas! -deseó José Luis.
-Le voy a las Chivas -afirmó Ángel.
-¡TE DIJE QUE NO ME LO DIJERAS! -exclamó José Luis, casi al borde del llanto.

En una de las esquinas, había una mesita con tres fotos, un crucifijo recargado en la pared y una veladora apagada. La foto del centro era de la Virgen de Guadalupe. La foto de la izquierda mostraba a una pareja en el día de su boda; ella, con un hermoso vestido de novia; él, con el uniforme de gala del Ejército Mexicano. Y la foto de la izquierda mostraba a una mujer joven morena de cabello oscuro y largo, vestida con el uniforme de la AFI. Ángel se acercó y señaló la foto de la pareja. -¿Ellos, quiénes son?
-Ellos son nuestros papás, cuando se casaron -contestó José Luis.
-Ah, mira… ¿Y dónde viven?
-Están muertos -contestó Francisco-. A papá lo mandó matar Bison, y mamá murió de la tristeza.
-¡Ay! lo siento mucho -lamentó Ángel. Después señaló la foto de la joven. -¿Ella, quién es?
-Ella es Laura -contestó Francisco-. Fue mi esposa.
-¿Eres divorciado?
-Viudo -respondió. Acto seguido, le contó todo lo que había pasado con Laura y el hijo de los dos.
-¡NO LO PUEDO CREER! -gritó Ángel-. ¡ESE TIPO ES UN MISERABLE! ¡ESPERO QUE ESTÉ MUERTO, PORQUE SI NO…!
-Ya está muerto.
-¿Tú lo mataste?
-No. Fue otro el que lo mató, pero yo estuve cerca de hacerlo, si no es porque mi hermano me tranquiliza.
Ángel se mostró triste -Si hay algo que pueda hacer…
-Gracias, pero ya nadie puede hacer nada.

En la parte del comedor, al fondo, estaba la puerta hacia la cocina. En la parte de la sala, estaba la puerta hacia un baño; y entre las dos puertas, estaba la salida al patio trasero, donde tenían un ring para entrenar a sus anchas. Las escaleras estaban en la pared de la entrada principal, del lado del comedor. En el segundo piso había cuatro puertas. Una, era la habitación de Francisco, la segunda, era otro baño. La tercera era la habitación de José Luis, y la cuarta era la habitación de huéspedes. José Luis llevó las cosas a la habitación de huéspedes. Ahí había una cama individual, un buró, un tocador, un closet, unas repisas y una puerta que daba al baño propio de esa habitación. -En un momento, te arreglamos la habitación -prometió Francisco.

Los Castillo se pusieron a cambiar sábanas y cobijas y darle una buena limpiada a los muebles y aspirada al piso. Mientras eso pasaba, en la Mansión Masters, los invitados eran acomodados en sus habitaciones, ubicadas en el segundo piso (cabe decir que el tercer piso era ocupado por la recámara principal y el despacho particular de Ken y Eliza). Cada habitación contaba con una pantalla plana de 20 pulgadas y servicio de cable, una cama individual (con la excepción de la que compartían Cammy y Chun-Li, que tenía dos camas individuales; así como la que tenían Guile y Julia, que tenía una cama matrimonial), un buró con lámpara de lectura, varias repisas, un tocador y un pequeño baño con regadera y todo. Cuando todos quedaron acomodados, Nash salió al pasillo central a caminar un poco y se encontró con Cammy. De inmediato, los dos se pusieron a platicar. -¿Sabes? voy a extrañar mucho tu compañía por las noches -comentó Nash.
-Yo también voy a extrañar tu compañía, Charlie -respondió Cammy-, pero no pasa nada. Será como los primeros días en que te quedaste en mi casa.
-Cierto, pero… bueno… uno se acostumbra y… (se sonrojó).
Cammy le puso un dedo a Nash en la boca -Mejor ya no digamos más cosas y deséemonos buenas noches.

Acto seguido, los dos se abrazaron y se besaron. Justo en ese momento, Ryu iba saliendo de su habitación y se quedó viendo sorprendido. Chun-Li también salió de la suya y Ryu la vió. -¿Estás viendo lo mismo que yo? -le preguntó Ryu.
-Claro que sí, aunque a mí ya no me sorprende -contestó Chun-Li.
-¡Es increíble! ¡Nunca imaginé que ellos dos llegaran a…!
-¿…amarse? ¡No eres el único! ¡A todos nos tomó por sorpresa!
-Pues… y lo digo como hombre: Nash supo elegir muy bien.
-¿Ah, sí? -preguntó Chun-Li, con cierta molestia.
-No me lo tomes a mal, por favor. Digo, apenas y conozco a Cammy, pero sí lo suficiente como para saber que es una buena persona. Y lo mismo digo por Nash.

Cammy y Nash se separaron después de minutos que parecieron horas. Voltearon y encontraron a Chun-Li y a Ryu, que los miraban. -Vaya vaya -comentó Nash-. Creo que no vamos a tener mucha… privacidad estos días.
Cammy asintió con una sonrisa. Después se dirigió a Chun-Li y a Ryu. -Disculpen. Sólo nos estábamos deseando buenas noches.
-Pues qué forma tan particular de desearlas -observó Chun-Li-. Bueno, creo que lo mejor es que ya nos vayamos a dormir, si queremos estar bien para mañana en la mañana.
-Bien, como diría Púnisher: “Aquí se rompió una taza y, cada quién, para su casa” -dijo Nash.
-O, en este caso, para su cuarto -corrigió amistósamente Cammy.
Ryu se sorprendió. -¡UN MOMENTO! ¿Desde cuándo haces comentarios graciosos, Nash?
Chun-Li contestó por Nash. -¿Recuerdas a quien te retó en la comida? ¿Uno de los agentes de INTERPOL?
-¿El que se hace llamar “Blue Púnisher”?
-¡Exacto! Él fue quien lo ayudó a curar su mente.
-¡Vaya! ¡Se ve que hizo un buen trabajo!
-Y también su hermano colaboró -agregó Chun-Li. Después de eso, bostezó. -¡YAAAAAWN! Lo mejor es que nos vayamos a dormir. ¡Buenas noches!
-Buenas Noches -contestaron Cammy, Nash y Ryu, al mismo tiempo.

Y después de desearse buenas noches, cada quién se fue a su habitación. Chun-Li estaba acomodando un libro en su mesita de dormir, cuando se cayó un papel del interior. Cammy se adelantó, lo recogió y se lo dió a Chun-Li -Ten. Se te cayó.
-Gracias, Cammy -contestó Chun-Li-. Revisó el papel. -Es una foto de mi papá.
-¿Puedo verla? -pidió Cammy.
-¡Claro! -accedió Chun-Li, mientras le daba la foto.

Cammy tomó la foto y, nada más con verla, dibujó una expresión de asombro y terror en su rostro. -No… no puede ser… ¡NO PUEDE SER! -exclamó. Cayó de rodillas y se puso a llorar.
-¿Qué tienes? -preguntó Chun-Li.
Nash entró corriendo a la habitación. -¡CAMMY! -exclamó, preocupado. Cammy no podía dejar de llorar. Nash se aproximó y la abrazó por la espalda -¿Qué tienes? -le preguntó. Al no poder Cammy articular respuesta alguna, le preguntó a Chun-Li: -¿Qué pasó? ¿Por qué está así?
-No sé -contestó Chun-Li-. Nada más le enseñe una foto de mi papá y se derrumbó.
En ese momento, Guile entró a la habitación -¡WHITE! -exclamó-. ¿Me puede alguien explicar qué pasó aquí?
Chun-Li le contó lo que pasó. Guile se quedó perplejo -¿Sólo por una foto?
-Chicos… -por fin pudo hablar Cammy-, ¿Recuerdan… que les comenté… que había tenido… una pesadilla recurrente… sobre que mataba a un hombre…?
-Sí -contestó Nash-. ¿Por…?
-Porque… el hombre de la foto… es el mismo que yo maté…
-¡¿QUÉEEE?! -exclamaron Guile, Nash y Chun-Li al mismo tiempo.
Cammy volteó a ver a Chun-Li. -Sí… Chun-Li… yo maté a tu padre… ¡YO MATÉ A TU PADRE! -gritó y se echó a llorar de nuevo-. Si quieres golpearme… o arrestarme… estás en todo tu derecho… no merezco otra cosa…
Chun-Li se acercó a Cammy, la levantó y la abrazó. -No te preocupes -la tranquilizó-. Entiendo las razones por las que lo hiciste. Claro que me duele esta revelación, pero no voy a culparte ni a golpearte, ni mucho menos, a arrestarte. No lo hiciste por tu propia voluntad.
Chun-Li se separó de Cammy y la tomó por los hombros. Cammy estaba confundida por la muestra de bondad de su amiga. -Pero… pero…
-Ya deja de preocuparte -la tranquilizó Chun-Li-. Mi problema no es contigo, sino con Bison. Con él sí tengo esta cuenta que saldar -le aclaró. Chun-Li le entregó a Nash a Cammy. -Por favor… -le pidió.
Nash la abrazó y no dejaba de acariciarle la cabeza. -Ya, mi amor. Todo está bien. No te preocupes… No tengo nada que reprocharte.
-Pero… pero… nunca creí que… mi pasado… regresara de esta forma -lamentó Cammy.
-“Olvida el pasado y vive el presente”… eso tú me lo enseñaste, ¿o ya se te olvidó?
-Charlie tiene razón, White -intervino Guile-. Es duro enterarnos de esto, y lo es más para tí recordarlo, pero TÚ NO TUVISTE CULPA ALGUNA. Por mi parte, yo no voy a mandar arrestarte, pues no hay delito que perseguir.
-Gracias…
Nash la abrazó muy fuerte y le dió un beso en la frente. -Quiero que sepas que yo estaré contigo en las buenas… y en las malas.

Julia y Eliza entraron a la habitación al mismo tiempo -¿Qué pasó? -preguntó Julia.
-Disculpen, alguien puede ir a la cocina a preparar un té con estas hierbas? -preguntó Chun-Li.
-Yo voy -se ofreció Eliza-, pero, ¿qué son estas hierbas?
-Son para un té tranquilizante. Provienen de China, mi país -contestó Chun-Li, mientras le daba a Eliza dos bolsitas de té que había sacado de su equipaje.

Mientras tanto, en la residencia de los Castillo, los hermanos Castillo terminaban de arreglar la habitación de huéspedes. -¡Listo! ¡Ya quedó! -anunció José Luis, con un tono triunfal.
-Nos costó trabajo, pero completamos la misión -agregó José Luis.
-¡Gracias! ¡Les quedó muy bien! -felicitó Ángel.
-Esperemos que, por lo menos, haya quedado “habitable”.
-Voy a revisar el refrigerador, para ver qué nos hace falta. Después iré a la tienda -anunció Francisco-. ¿Se te ofrece algo, Ángel?
-No, gracias -contestó Ángel.
-Voy contigo -se ofreció José Luis.
-Mejor quédate a cuidar a Ángel -sugirió Francisco-. Recuerda que eres su “guardia personal”
-¡Ah! ¡Claro!
-Pueden cantar, tocar la guitarra, jugar videojuegos…
-¡Cierto! -chasqueó los dedos José Luis-. ¡Ven, Ángel! ¡Tengo el FIFA!
-¿El FIFA? ¡Ese sí lo juego! -contestó Ángel, con un tono infantil en su voz.
-¡Vamos! ¡Y verás como mi América acaba con tus chivitas!
-¡Eso si me dejo!
Y cuando tomaban rumbo a las escaleras, los interrumpió Francisco. -¡UN MOMENTO!
-¿Ahora qué, carnal? -preguntó José Luis, fastidiado.
-Antes de que se me siga olvidando… Ángel, si te preguntan quién eres, dices que eres nuestra prima Ángela, ¿entendido?
-¿Su prima Ángela? -repitió Ángel-. ¿Y eso? ¿Como por qué o qué?
-Me imagino que es para proteger su identidad -observó José Luis.
-No solo para eso, sino para evitar cualquier tipo de rumores en el vecindario -aclaró Francisco-. Ya sabes cómo son de chismosos por aquí…

Y una vez que Francisco revisó el refrigerador y tomó nota de lo que hacía falta, se fue caminando a una tienda cercana a su casa, mientras Ángel y José Luis se ponían a jugar el FIFA.

Anuncios

Un comentario sobre “SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s