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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 34: Los principales sospechosos.

Una media hora después, Francisco regresó a casa con dos bolsas con víveres. A como pudo, logró entrar y se encontró a Ángel y José Luis, sentados en el sofá, frente a la pantalla. Ángel estaba feliz, mientras José Luis estaba cabizbajo. -¿Y ahora? -preguntó Francisco, mientras dejaba los víveres sobre la mesa. José Luis se limitó a señalar la pantalla. Francisco la miró y en la pantalla estaba el siguiente marcador:

América: 0
Guadalajara: 4

-¡¡¡¿QUÉ?!!! -exclamó Francisco-. ¡¡¡¿CÓMO ES POSIBLE?!!! ¡¡TÚ SABES QUE NO SE PUEDE PERDER ANTE LAS CHIVAS, AUNQUE SEA EN VIDEOJUEGOS!!!
-Y con ésta, ya van tres que le gano con el mismo marcador -informó Ángel.
-¡¡¡¿PERDÍSTE TRES VECES CUATRO A CERO…?!!! ¡¡¡¿Y CONTRA LAS CHIVAS…?!!! -gritó-. ¡¡¡¿QUÉ HACES…?!!! (se llevó las manos a la cabeza y siguió su gritadera) ¡¡AH NO BUENO…!! ¡¡¡AH NO BUEEENOOOO…!!! ¡¡¡¡¿DE QUÉ TE VAS A DISFRAZAAAAAR?!!!! ¡¡MIRA NADA MÁS…!! ¡¡¡MIRA NADA MÁS…!!! ¡¡¡MI MAMÁ NO ME LO VA A CREER!!! ¡¡¡DEJASTE QUE TE ARRASTRARAN TRES VECES, CARNAL…!!! ¡¡¡¡TREEEES!!!! ¡¡AAAAAAYYYYY PELLEGRIIIINIIIII…!! (puso cara de lamento) ¡¡¡¿PARA QUÉ TE TRAAAAAJEEEEEE?!!! -se lamentó. Después se calmó y completó: -Con todo respeto… ERES UN VERDADERO ANIMAL.
Ángel no podía parar de reír -¡Vamos! ¡Sólo es un juego! -opinó. Después le habló a José Luis. -Cuando quieras, te doy la revancha.
-¿Para qué? ¿Para que me vuelvas a masacrar…? ¡No, gracias! -contestó José Luis, deprimido.
-Mira, mejor deja de andar de chilletas y ayúdame a guardar las cosas en el refrigerador -le dijo Francisco, mientras agarraba de nuevo los víveres y los llevaba a la cocina.

Ya en la cocina, siguió la plática entre Francisco y José Luis (Ángel prefirió subirse a la habitación de huéspedes) -¡De veras! -reclamó Francisco-. ¡¡YA NI LA JODES!!
-Espérate, espérate. Déjame te explico -lo calmó José Luis-. Lo que pasó fue que me dejé ganar.
-¿En serio…?
-Sipirilí.
-A ver a ver a ver… ¿Me estás diciendo que… TE DEJASTE GANAR PARA QUEDAR BIEN CON ELLA?
-Exacto.
Francisco abrió los ojos como platos. -¡Órale! Nunca pensé que llegaría a decir esto, pero… en verdad estás enamorado de ella.
-¿Tú crees?
-Claro que sí. Para que hayas antepuesto lo que sientes por ella a tu americanismo recalcitrante, no encuentro otra explicación… y a propósito, hasta que haces algo para atraerla, porque ya te estás tardando.
-Es que… no me animo… me da pena.
-Pues no se apene, mi estimado; que con otras bien que andabas coquetéandoles.
-Sí, lo sé… pero con ella es diferente… ¿Y si me rechaza?
-Pues… es mejor morir intentándolo, que morir de nada.

En eso, Ángel entró a la cocina. -Disculpen, pero ¿ya va a estar la cena?
-Claro -contestó José Luis-, nada más terminamos de guardar estas cosas y me pongo a cocinar.
-¿Puedo ayudar?
-Por supuesto.
Y, tras una cena ligera, todos se fueron a dormir.

Al día siguiente…

Mansión Masters.
Pacific Heights.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

A la hora acordada, el grupo se reunió en uno de los salones que había en la mansión de Ken. Originalmente era un salón de baile que había sido acondicionado como sala de trabajo. Se colocó ahí una pequeña mesa con un proyector, otra mesa redonda y bastantes sillas. -Bien, Masters -comenzó Guile-, por favor, platícanos qué fue lo que hablaron tú y tus amigos ricos en Tokio.
-Al parecer, tanto a DOATEC como a Mishima Zaibatsu, les han estado robando dinero de forma electrónica, sin que ellos se dieran cuenta.
-¿Y cómo fue que no se dieron cuenta hasta ahora?
-Porque cometieron el error de no revisar sus cuentas bancarias vía banca electrónica, y se fiaron de los recibos impresos.
-¡¡¿QUÉ?!! -exclamó Francisco-. ¡Por el amor de Dios! ¡Ese es un error de primaria…! ¡O de escuela elemental, como aquí le llaman!
-No sabía que fueras empresario -comentó Ken.
-Yo no, Ken-sensei; pero mi abuelo sí. Claro, en sus épocas no había Internet, y lo que se hacía era estar hablando diario a los bancos y pedir el saldo y los movimientos del día. Ahora, si uno encuentra una discrepancia, ya sea en el estado de cuenta impreso como en el estado de banca electrónica, se habla al banco o se va personalmente, se pide ahí el saldo y se hace la aclaración respectiva (alzó los ojos al cielo). Con razón se los desgraciaron bonito… no entiendo cómo así dirigen empresas tan grandes…
-¿Y quién o quienes fueron los responsables? -preguntó Nash.
-Fue una empresa fantasma, creada a la sombra de DOATEC; y otra empresa, digamos, legal, pero que, supuestamente, ahora no tiene cabeza. La empresa fantasma se llama MIST, y la empresa “legal” se llama “Industrias Mishima”.
-Lo de las “Industrias Mishima”, ya lo sabíamos -anotó Chun-Li-. Fue de lo primero que Ángel nos dijo.
-Y también nos dijo que esas empresas tenían como cliente principal a Shadaloo -agregó José Luis.
-Pero todavía falta saber quién o quienes están detrás de esas empresas -completó Cammy.

Ken prendió el proyector y lo conectó a su laptop. -Para ese motivo, he invitado a una “video-conferencia”, tanto a Helena Douglas como a Jin Kazama -anunció.
En la pantalla, dividida por una línea vertical, aparecieron tanto Helena como Jin. -Buenos días, desde aquí -saludó Ken.
-Bon jour -saludó Helena.
-Ohayogozaimasu -saludó Jin, con una reverencia.

Ken hizo una breve presentación de los miembros reunidos en la sala. Cuando llegó con Francisco (que fué el último en ser presentado), Jin sonrió -Saludos, agente Púnisher -dijo, con familiaridad.
-Tiempo sin vernos, Jin -correspondió Francisco.
-¿Ya tienen algo más de información? -les preguntó Ken.
-Yo ya sé quién está detrás de MIST -anunció Helena-. La persona que fundó MIST es Víctor Dónovan, ex-presidente de DOATEC.
-¿Y tiene alguna idea de cómo la creó, señorita Douglas? -preguntó Francisco.
-No estoy muy segura, monsieur -contestó Helena-, pero tengo la sospecha de que coexistió con DOATEC desde hace años. Mi principal teoría, es que MIST haya sido una subsección de DOATEC qué Dónovan creó para la fabricación de armas. Así fue por mucho tiempo, hasta que yo misma dí por cancelado ese proyecto de creación de armas. Y para asegurarme de que así fuera, mandé destruir el edificio sede de esa subsección. Pero parece ser que Dónovan huyó y volvió a la creación y fabricación de armas… ahora con MIST.
-¿Recuerda usted qué tipo de armas fabricaba ese señor Dónovan? -preguntó Chun-Li.
-Sí. Eran armas biológicas -contestó Helena
-¿Armas biológicas de que tipo? ¿Virus? ¿Bacterias?
-No. Creación de “súper soldados” con ayuda de “bio-ingeniería”.
-¿Clones?
-Exactamente.
-Igual que el proyecto BLECE de S. I. N… -murmuró Guile.
-Aquí ya encontramos una discrepancia -opinó Francisco-. En este momento, a Bison no le interesan las armas biológicas, sino la creación de satélites de guerra. ¿Sabe si MIST se dedica también a la creación de armamento tradicional? -le preguntó a Helena.
-No, pero es muy probable -contestó Helena-. Víctor Dónovan es una persona muy ambiciosa y hambrienta de poder… y no dudo que recurra al armamento tradicional como una fuente “extra” de dinero. Verán, DOATEC fue creada por Fame Douglas, mi padre. Después de que mataron a mi padre, yo heredé esta compañia… pero fue Dónovan quien se hizo cargo de ella, porque yo era muy joven. Con Dónovan a cargo, DOATEC empezó su etapa de creación de armas biológicas… hasta que le puse un alto y lo eché.
-Y eso nos lleva a un buen motivo para que quiera colaborar con Shadaloo: dinero -observó Nash.
-Contante y sonante -agregó Guile.

Francisco anotó el nombre “Víctor Dónovan” en una libreta. -Tenemos a nuestro primer sospechoso -anunció.
-¿Y tú, Jin? ¿Qué nos tienes? -preguntó Ken.
-También logré averiguar quién es quien maneja Industrias Mishima desde las sombras -anunció-. Resultó ser ni más ni menos que mi abuelo: Heihachi Mishima.
-Perdón que se lo diga, señor Kazama, pero ya sabíamos que su abuelo es un miserable -declaró Ángel.
Francisco y José Luis hicieron una seña de que mejor se callara. Sin embargo, Jin le restó importancia a ese comentario. -No se preocupe, Ángel-san. Yo detesto a mi abuelo.
-Emmm… luego nos cuenta de sus lazos familiares, señor Mishima -interrumpió Guile-. ¿Nos puede decir a qué se dedica Industrias Mishima.
-Industrias Mishima, Guile-san, es la empresa responsable de todos los negocios industriales de Mishima Zaibatsu.
-Y uno de esos negocios es… -empezó Guile.
-…la creación de armamento, ¿no es así? -completó Nash.
-Exacto -afirmó Jin-. Esa ha sido la parte más activa de Industrias Mishima bajo el mando oculto de mi abuelo.
-Bien, ya tenemos otro nombre en nuestra lista de sospechosos -dijo Francisco, mientras anotaba “Heihachi Mishima” en su libreta. -Creo que con esto ya podemos empezar a trabajar con estos datos.

A José Luis se le iluminó la cara. -Esperen un momento -dijo. Se dirigió tanto a Helena como a Jin. -¿De pura casualidad, han oído el nombre de “Urien”?
-No, monsieur -contestó Helena.
-Es la primera vez que oigo ese nombre -admitió Jin-. ¿Por qué la pregunta?
-Porque ese tipo nos atacó en Londres, y tiene todo el parecido a un hombre de negocios -aclaró José Luis-. Es por eso que pregunté.
-Bien, creo que es todo por el día de hoy -anunció Ken, dando por finalizada la videoconferencia-. Cualquier cosa estamos en contacto, ¿de acuerdo?
-De acuerdo -contestaron Helena y Jin al mismo tiempo.
Tanto Jin como Helena apagaron sus “webcams” y la pantalla se volvió negra.

-Heihachi Mishima -habló Ryu, que se había quedado callado toda la conferencia.
-¿Lo conoces, amigo? -preguntó Ken.
-Sí. Es uno de los exponentes del estilo Mishima de karate. Es muy parecido al Ansatsuken.
-Pfff… no conozco ni un estilo ni el otro -lamentó Francisco.
-Después se preocupará por eso, Detective. Ahora tenemos trabajo qué hacer -declaró Guile.
-Y tenemos bastante por dónde empezar -dijo Chun-Li: Una empresa fantasma, otra empresa aparéntemente acéfala y dos delincuentes dirigiéndolas.
-Pues entonces, ¡a trabajar!

Cammy estaba con la vista perdida. Francisco se dió cuenta -¿Qué te pasó? ¡Parece que te arrolló un camión!
-No pude dormir en toda la noche -contestó Cammy.
-¿No pudiste…? ¿O no te dejaron…? -preguntó José Luis, mirando de reojo a Nash.

¡TÓMALA!

Nash le dio un backfist a José Luis en el estómago -¡¡NO ES EL MOMENTO PARA TUS CHISTES!! -le gritó Nash.
-¡No lo volveré a haceeeeeer…! -dijo José Luis, con un hilo de voz (como ya era su costumbre en estos casos).

A continuación, Cammy le contó a Francisco lo de sus pesadillas, y cómo se dió cuenta que ella mató al padre de Chun-Li. -Ajá -comentó Francisco, moviendo afirmativamente la cabeza-. Al igual que pasó con Nash, tu subconsciente absorbió y almacenó toda la información de todo lo que hiciste mientras estabas bajo el control de Bison; y en sueños te dió a conocer esa información. Ahora, con lo del padre de Chun-Li… pues no queda de otra que aceptarlo, y ser conscientes de que no tuviste culpa alguna de eso.
-Sí, lo sé -dijo Cammy-, pero no era tanto ese el problema.
-¿Entonces? -preguntaron Chun-Li, Nash y Francisco al mismo tiempo.
-El problema era que me daba miedo el qué pasaría en cuanto me encontrara a algún pariente cercano de mis “víctimas”… ¿Cómo reaccionaría esa persona?
-Pero si yo ya te liberé de culpa -declaró Chun-Li.
-Tú sí… pero… ¿otra persona?
-En realidad es una buena pregunta -observó Francisco-, y por estar pensando en eso no pegaste un ojo en toda la noche, ¿cierto?
-Cierto.
Guile tomó la palabra. -En ese caso, lo mejor sería que te fueras a dormir, White.
-No, Guile. Hay mucho trabajo que hacer.
-En ese caso -intervino Francisco-, trabaja hasta donde puedas. Si ves que te vence el sueño, detente y toma una siesta.
-Esta misión es importante, pero también es importante la salud -terminó Nash.

En un momento, todo el grupo estaba trabajando, ya fuera revisando papeles o buscando información en las laptops de Ken, Ángel y José Luis. Como era de esperarse, a Cammy la venció el sueño. -Suficiente -le dijo Nash-. Es mejor que te vayas a dormir.
Cammy se levantó e intentó caminar, pero Nash prefirió cargarla y llevarla así a la habitación que compartía con Chun-Li. José Luis se levantó con la intensión de seguirlos, pero Francisco lo agarró del cinturón y lo sentó. -¿A dónde con tanta prisa? -le preguntó.
-Es que… voy a ver… si llegan bien… -justificó José Luis.
-¡Ay, por favor! Ni eres su papá, ni nadie te dijo que los fueras a cuidar -le contestó Francisco-, así que mejor ponte a trabajar y deja de andar de chismoso.

Después de unos cinco minutos, Nash regresó con el grupo y retomó su trabajo.

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