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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 37: Preparativos para una cena… romántica.

Al día siguiente, todo mundo acudió al dojo – gimnasio de Ken Masters para entrenar, tal y como estaba estipulado. También los Castillo asistieron, para usar los aparatos de ejercicio que ahí había disponibles. -Así nos ahorramos la hora de renta -comentó José Luis.

Tras dos horas de ejercicio, y en un descanso, Francisco recordó el reto que le había hecho a Ryu. -¿Recuerdas cuando dije que te quería enfrentar en un combate? -le preguntó a Ryu.
-Sí.
-Quiero esa pelea ahora.
-¿Estás seguro?
-Completamente. Sé que tuviste el mismo maestro que Ken-sensei así que tu estilo no me es desconocido.
Ken intervino -Púnisher… ¿de verdad quieres enfrentar a Ryu?
-Por supuesto. Siempre me ha gustado medirme a lo mejor de lo mejor -contestó.
-Pero… ¿y si resulta un bocado más grande de lo que puedes masticar? -preguntó José Luis, preocupado.
-Sólo hay una forma de averiguarlo: mordiendo ese bocado -contestó Francisco, dando por terminada la discusión.

Tanto Ryu como Francisco se dirigieron al tatami del dojo. -Que sea a una sola ronda y a ganar por K. O. -sugirió Francisco.
-Y, para evitar distracciones, que nadie apoye a nadie -agregó José Luis-. Contentémonos con ver la pelea y felicitar al ganador.
-A mí me da igual -respondió Ryu, mientras los dos se ponían en guardia-. ¡EMPECEMOS!

Y los dos se trenzaron en batalla, lanzando y bloqueando golpes y patadas. Esta vez, Francisco le dió prioridad a sus conocimientos de Karate sobre los de lucha, teniendo el encuentro bastante parejo. Tras una serie de golpes, los dos se separaron. Ryu flexionó una rodilla al frente y estiró la otra atrás, y llevó sus brazos hacia atrás, juntando las manos. -¡¡HADOKEN!! -gritó, al tiempo que estiraba ambos brazos al frente sin dejar de juntar las manos, y de ahí salió una especie de cometa de energía azul con blanca.
Francisco no se sorprendió por eso. -¡Ah, sí! ¡Es el famosísimo “Hadoken”! -dijo, con voz de aburrimiento-. Afortunadamente, vengo preparado. ¡¡PUÑO DE HIERRO!!
El “puño de hierro” de Francisco anuló el “hadoken” de Ryu. -¿Quién te enseño a manejar un ataque de qi como ese? -preguntó Ryu, legítimamente sorprendido.
-Ken-sensei -contestó Francisco-. Pero después hablaremos de detalles técnicos… ¡A PELEAR!
Y volvieron a batirse en duelo, tirándose y bloqueando golpes y patadas, hasta que Francisco tiró un derechazo a Ryu, pero éste lo desvió con una mano (“parry”) y contraatacó golpeando con el puño de arriba hacia abajo. Ryu brincó y conectó una patada voladora, seguido de una patada de barrida y un “hadoken”. A pesar de todo, Francisco se recuperó rápidamente. -Buenos golpes… -comentó, al tiempo que corría, agarraba a Ryu por la nuca y le impactaba la cara contra su rodilla, seguido de su combinación de derecha, izquierda, backfist y patada alta. -… pero yo también tengo los míos.
Ryu se incorporó. -¡¡TATSUMAKI SEMPUU KYAKUU!! -gritó, al tiempo que saltaba extendiendo su pierna hacia el frente y giraba sobre su eje vertical.
-¡Ah, sí! ¡Otra técnica conocida! -comentó Francisco, mientras bloqueaba el ataque-. Antes de que Ryu cayera al piso, Francisco lo tomó por la cintura y le aplicó un “german súplex”, siendo ésta la primera vez que usaba una técnica de lucha. Se acercó para terminar el combate, pero, para su sorpresa, Ryu se incorporó y se arrodilló, manteniendo su brazo derecho flexionado y con el puño derecho cerrado. -¡¡SHORYUKEN!! -gritó, mientras se levantaba de un salto, golpeando a Francisco en la quijada y mandándolo a volar hacia atrás.
Francisco cayó como fardo. Poco a poco, logró incorporarse. -¡ESTO TODAVÍA NO SE ACABA! -gritó, mientras corría hacia Ryu, con la intención de conectarle un lazo al cuello. Cuando estuvo a punto de ser impactado, Ryu se colocó en posición para lanzar otro “hadoken”, pero en esta ocasión, acumuló energía qi en las manos. Francisco no se dió cuenta de eso hasta que ya fue muy tarde. -¡¿PERO QUÉ…?!
-¡¡SINKUUU…!! ¡¡¡HADOOOOKEEEEEEEN!!! -gritó Ryu, mientras lanzaba un “hadoken” cinco veces más grande y poderoso que el normal.
-Oh, cielos… -pensó Francisco, al momento de recibir el “sinku hadoken” y mandarlo a volar varios metros hacia atrás. -¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRGGGGGH…!!!

Todavía hizo el intento de levantarse, pero le fallaron las fuerzas y cayó desfallecido. Ken se acercó a revisarlo. -No puede continuar. ¡Ryu es el ganador! -anunció.
Los demás aplaudieron, mientras Ken y José Luis intentaban levantar a Francisco. Para sorpesa de este último, Ryu se acercó y le dió la mano. -Muy buen combate -felicitó-. En verdad, lo disfruté mucho.
Francisco sonrió y tomó la mano de Ryu, quien lo ayudó a levantarse. -Gracias -dijo-. Al final de cuentas, resultaste ser un bocado más grande de lo que podía morder… -sonrió-. Afortunadamente, no me disloqué la mandíbula.
-Tienes mucho potencial. Esa mezcla de karate con lucha te ha hecho único. Si te viera, Zangief estaría orgulloso.
-¿También conoces al “camarrada” Zangief? -preguntó Francisco.
-Sí, lo conozco -contestó Ryu-. Un buen amigo y mejor contrincante… aunque no le gustan los ataques qi.
-Ja, eso sí es una noticia.
-Cambiando de tema, quiero volver a enfrentarte, amigo.
-Entrenaré muy fuerte, para cuando ese momento llegue, amigo Ryu.
Los dos juntaron el puño derecho con la palma izquierda, hicieron una reverencia con la cabeza y después, se dieron la mano.

Cuando terminó el entrenamiento, todos se dirigieron a sus cuartos para bañarse y cambiarse. Francisco y José Luis se quedaron apartados del grupo, y esperaron a que Ángel estuviera lo suficientemente lejos para que no los escuchara. -¿Y bien? -preguntó Francisco. -¿Ya pensaste qué más vas a hacer? Porque, con nada más dejándote ganar en el FIFA no la vas a hacer.
-Sí, ya tengo un pequeño plan -contestó José Luis-. Quiero llevarla a un restaurante a cenar.
-¿Y se puede saber cuál?
-El “Credo”… comida italiana.
-Sí, ya lo sé…
-Y no creo que le ponga mala cara a una buena pasta

-¿Que piensas llevar a cenar a quíen, Rocker? -se oyó la voz de Nash preguntar.
José Luis se dió la vuelta y encontró a Nash, junto con Cammy, Chun-Li, Ken y Guile. -¡AAAARGH…! ¡No creí que estaban atrás de nosotros! -exclamó, sobresaltado.
-Jeh… perdón por asustarte -se disculpó Nash.
-No hay problema. Y, contestando tu pregunta, quiero llevar a Ángel a cenar allí.
-¿Y eso, Soldado? -preguntó Guile.
Francisco salió al rescate. -Lo que pasa, general, es que… bueno… a mi hermano ya lo flechó Cupido y parece ser que ya sentó cabeza con Ángel.
-¿Con… la testigo protegido? -preguntó Chun-Li.
-¡No me digas que está prohibido! -respondió Francisco-. Leí una y mil veces el reglamento, y no dice nada al respecto.
-No, claro que no… sólo que… se me hace raro.
-En realidad, a mí, no -intervino Cammy-. Desde antes de que ofreciera hacerse cargo de ella como “custodio personal”, ya estaba cortejándola. Se notaba a leguas el interés que le tiene.
-Y fue por eso que se ofreció como guardia, ¿no? -interrogó Guile, frunciendo el ceño.
-No. En realidad eso fue por “culpa” mía -contestó Francisco, y les contó la “travesura del alfiler”.
-Y todavía me duele ese piquete -remató José Luis.

Guile arqueó los músculos donde van por lo general las cejas y suspiró. -Bueno, yo soy el menos indicado para oponerme, tomando encuenta lo de Cammy y Charlie, y que yo mismo soy casado -declaró-. Lo que sí puedo hacer, Soldado, es darle un consejo.
-¿Cuál?
-Siempre sea usted mismo. No pretenda ser otro, pues sólo logrará que se enamore de una imagen falsa, y se llevará una tremenda desilusión cuando descubra su verdadero yo.
-Si de verdad te quiere, te aceptará tal cual eres -habló Ken-. Eso incluye cualidades y defectos, aficiones, gustos…
-He ahí el primer problema -admitió José Luis-: Ella le va al Guadalajara, y yo le voy al América.
Entre todos (menos Francisco, por obvias razones) se vieron el uno al otro con cara de interrogación. -Errr… disculpe, Soldado, pero no le entendemos.
Francisco tomó la palabra -Es que esos dos equipos de mi país son los que tienen una rivalidad casi a muerte. La situación es como si, por ejemplo, Cammy le fuera al Líverpool y Nash le fuera al Mánchester United.
-¡Aaaaahh…! ¡Ya estoy entendiendo! -exclamó Cammy-. Aunque yo le voy al Chelsea.
-No importa, el Chelsea tampoco aguanta al Mánchester United.
-Yo sigo sin entender -admitió Guile.
-Yo también -se agregó Ken.
-Y yo -comentó Nash.
-Bueno, se los voy a poner en términos de fútbol americano: es como si tú, Nash, le fueras a los Green Bay Packers y Cammy le fuera a los Chicago Bears.
-¡¡AAAAAAAAAAAHHHH!! -exclamaron los tres.
-Sería la pareja que le va a equipos rivales -comentó Ken.
-Exacto -aplaudió Francisco.

-¿Y a dónde piensas llevarla? -preguntó Ken.
-Al “Credo” -contestó José Luis.
-¡UFFF! ¡Ese es muy buen restaurante…! Pero algo caro -advirtió Ken.
-Eso ya lo sé. Afortunadamente gano bastante bien tanto como luchador como agente de INTERPOL. Creo que puedo darle ese gusto.
-¿Y sí sabes que se necesita reservación?
-¡¿SE NECESITA RESERVACIÓN?! ¡¡ESO NO LO SABÍA!! -exclamó José Luis, alarmado.
-¿Pues cuándo pensabas llevarla? ¡No me digas que hoy! -pidió Francisco.
-Pues sí te lo digo -le contestó José Luis.
-¿Y ya tienes que ponerte? Porque ese lugar es “de etiqueta” -le volvió a advertir Ken.
-¿De etiqueta…? ¿Quieren que me disfrace de etiqueta? -preguntó José Luis.
Francisco se golpeó la frente con la mano. -¡No, animal! -le contestó-. A lo que Ken-sensei se refiere, es que hay que ir formales… ¡De traje y corbata, pues!
-Ah bueno. Eso lo soluciono con el uniforme de INTERPOL -declaró José Luis.
-¡¡NO MAAAAMEEES!! ¡¿QUIERES USAR EL UNIFORME DE “HOMBRE DE NEGRO”?! ¡SE SUPONE QUE VAS A UNA CENA, NO A UN FUNERAL! -exclamó Francisco-. ¿Qué no tienes otro? ¿El que usaste para la ceremonia de inducción al Salón de la Fama de la WWE?
-¡Pero ese tiene ya rato que no me lo pongo! ¡Igual y ya no me queda!
-Sólo hay una forma de averiguarlo (se dirigió a Guile). General, necesitamos que nos dé permiso para irnos a nuestra casa antes de tiempo. Hay cosas que arreglar con cierta urgencia.
-Permiso concedido, Detective, Soldado.

-Me imagino que así deben ser todas las citas románticas -comentó Cammy.
-Así deben de ser -afirmó Nash-. Discúlpame por nunca haberte llevado a una.
-No te preocupes, Charlie. Al final de cuentas, creo que nunca las necesitamos.
-En eso tienes razón -observó Francisco-. Digamos que ustedes son una pareja… “atípica”, por así llamarlo. Todo su proceso previo al noviazgo se dió de una forma totalmente diferente al común de todas las parejas.
-Oigan… creo que se les está olvidando algo -se quejó José Luis.
-Cierto… ya me distraje, brother -se disculpó Francisco-. Ahora necesitamos que alguien distraiga a Ángel y que evite a toda costa que vaya a nuestra casa. Esto debe ser sorpresa.
-Déjanoslo a Cammy y a mí -se ofreció Chun-Li.
-Le hará bien hablar con más mujeres -opinó Cammy.
-Buena idea -concedió Francisco-. A propósito, creo que a Ángel le hará muy bien tu amistad, Cammy. Hay varias cosas que tienen en común.
-Como nuestro pasado como criminales, me imagino -comentó Cammy, con cierta tristeza.
-Perdón, nunca quise ponerlo de ese modo -se disculpó Francisco.
-No hay problema -aceptó Cammy-. Será como una plática de ayuda mutua.

Ken y los Castillo se subieron al Mercedes-Benz SL color plata del primero, no sin antes José Luis pedirle a Cammy y a Chun-Li: -Si llegan a preguntar por nosotros, digan que fuimos al banco a arreglar un problema con una de mis tarjetas.

Casa de los Hermanos Castillo.
Mission District.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

Una vez que Ken y los Castillo llegaron a casa de los últimos, se dirigieron al cuarto de José Luis. Este cuarto estaba pintado de negro en las paredes y de color salmón en el techo, con una lámpara-ventilador de seis aspas. Lo más destacable, era que parecía que por ese cuarto había pasado un verdadero huracán: todo era un desorden impresionante. La cama no estaba hecha, los muebles (un semanario, un buró y un pequeño escritorio con las dos laptops) estaban llenos de polvo. El semanario mostraba la ropa a medio salir de los cajones… bueno, un auténtico desastre. -No he tenido tiempo de arreglar -se disculpó José Luis.
-No has tenido tiempo desde hace seis años -contestó Francisco.
-Después se pelean por eso -indicó Ken-. Lo primero que tenemos que hacer, es ver si tienes una camisa de vestir disponible. ¿Dónde tienes todas tus camisas.
-En este cajón -señaló José Luis con el dedo.
Francisco se adelantó, sacó el cajón del semanario y vació el contenido en la cama destendida. -¡Oye! ¿No tienes una camisa negra que te sobre? -preguntó, con sarcasmo. Tomo una y vió que tenía la foto de su hermano como “El Rockero”, junto con el logo de la WWE. -¿A poco compras tus propios productos?
-Esa me la regalaron -señaló José Luis.
Francisco la arrojó al otro lado de la cama -Vamos a ver qué mas tienes… (fue tomando playeras y arrojándolas al otro lado de la cama) Aquí hay una playera de Metállica, una de AC/DC, una de Rammstein, una de Caifanes, una de Soda Stereo, una de Héroes del Silencio, una de Guns & Roses, una de Slipknot, una de KISS, una de System of a Down, una de Linkin Park, una de Faith No More, una del Trí, una de Molotov, una de Marilyn Manson (en sus buenas épocas), una de Slayer, una de Pantera, una de Fobia, una de Rata Blanca, una de La Castañeda, una de La Cuca, una de Gorillaz, una de Iron Maiden, (tomó una playera blanca) una de… (abrió los ojos y miró esa playera sorprendido…) ¡¡¿UNA DE T. A. T. U.?!! (veía a la playera y a su hermano, alternadamente).
-¿Qué tiene? -preguntó José Luis, sin darle mucha importancia.
-¿PUES NO QUE ERAS INMUNE A “LOS GUSTOS CULPABLES” Y QUE QUIÉN SABE QUÉ? -reclamó Francisco.
-“Más rápido cae un bocón, que un cojo” -se limitó a contestar José Luis.
-De cualquier forma, ninguna de esas nos sirve -dijo Ken-. Ahora, si tuvieras otra playera blanca…
-¡SÏ TENGO UNA! -exclamó José Luis. Corrió al semanario y de otro cajón sacó una playera blanca con las siglas S. M. N. en negro al frente.

Se las enseño a los demás y Francisco se quería morir -¡NO CHINGUES! ¿Todavía conservas la playera de cuando hiciste el Servicio Militar? -preguntó. Después de eso, suspiró. -Espérate. Déjame ver si yo tengo una playera blanca.
Salió con dirección a su cuarto y regresó con una playera completamente blanca. -Esa sirve a la perfección -indicó Ken.
-Espera, Ken-sensei. Falta ver si le queda -declaró Francisco. Le aventó la playera a José Luis, quien la atrapó en el aire. -A ver, póntela.
José Luis se quitó la playera que traía puesta (una de Soundgarden) y se puso la playera de Francisco. -Me queda bastante bien -anunció.
-Bien. Ahora ponte el traje de la ceremonia -pidió Francisco.
José Luis abrió su closet, sacó un traje azul ultramar, se quitó los pantalones de mezclilla que traía y se puso el traje. -Afortunadamente, todavía me queda -anunció José Luis.
-Bueno, nada más no vayas a comer mucho, porque entonces sí ya valió madres esto -opinó Francisco.
-Ya por último, los zapatos -indicó Ken-. A esta combinación le queda mejor un par de zapatos negros.
-Creo que tengo un par -declaró José Luis.

Abrió uno de los cajones de su cama y sacó un par de zapatos negros… pero todos cubiertos de polvo. A estas alturas, Francisco no sabía si llorar, reír, o quitarle los zapatos a su hermano y embutírselos, uno, en la boca, y otro en… bueno… ya se imaginarán. -Pffff… ¿No tendrás unos zapatos más polvorientos? -preguntó sarcásticamente.
-Ese no es problema -contestó José Luis. Se los llevo al “bolero” del parque de aquí cerca.
-Después lo haces. Ahora tienes que hablar al restaurante para hacer la reservación.

De regreso en la planta baja, José Luis tomó el teléfono inalámbrico y marcó el número del restaurante Credo.
-Restaurante Credo, buenas tardes -contestó una voz femenina.
-Quisiera hacer una reservación para mañana, si es posible -pidió José Luis.
-Déjeme ver si tenemos disponibilidad -respondió la telefonista. Sono la típica musiquita de espera, en este caso, la “Marcha Triunfal” de la ópera “Aida”, de Verdi. -Sí, mire. Tenemos mesas disponibles para mañana. ¿Cuántas personas van a asistir?
-Dos.
-¿A nombre de quién?
-José Luis Castillo Álvarez, servidor.
-Muchas gracias. ¿A qué hora sería su reservación?
-A las ocho de la noche, si es posible.
-Muy bien, su reservación ya está lista. Sólo indique su nombre y se le asignará mesa.
-Muchas gracias. Hasta luego -se despidió y colgó el aparato. -Bueno, esto ya está. Ahora sólo falta ver cómo me va mañana.
-Tú puedes, carnal -animó Francisco-. Solo recuerda lo que te dijo el general Guile: siempre sé tú mismo.
-Ahora, regresemos. Ya deben estar preguntando por nosotros -indicó Ken.

Los tres se volvieron a subir al Mercedes-Benz y regresaron a la Mansión Masters.

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