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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 41: ¿Cuáles son tus miedos?

Y, después de la “proeza”, Cammy y Nash encontraron otro bonito problema: regresar a sus habitaciones sin que nadie los viera. Por si fuera poco, oyeron que alguien se acercaba a la cocina. -¡Escondámonos aquí! -sugirió Nash, señalando una mesa.
-Bien -aceptó Cammy.
Los dos se metieron abajo de la mesa. -¿Quién habrá dejado la luz encendida? -se oyó la voz de Eliza preguntar.
Ambos vieron como los pies de Eliza se acercaban peligrósamente a la mesa donde estaban escondidos. Tras unos angustiantes segundos, oyeron cómo Eliza también se servía agua en un vaso y se la tomaba, dejaba el vaso en la mesa (otro bonito susto), y salía de la cocina, no sin antes apagar la luz -¡FIÚ! -suspiraron los dos, aliviados.

De puntitas, y cerciorándose de que “no hubiera moros en la costa”, los dos (por fin) salieron de la cocina y agarraron rumbo a las escaleras. -Tengo una idea -susurró Nash.
Tomó a Cammy entre sus brazos y se teletransportó justo enfrente de la habitación que compartía con Chun-Li. -Gracias, Charlie. No sabía que también podías teletransportar a alguien más contigo -susurró Cammy.
-No es teletransportación -aclaró Nash, susurrando-. En realidad, lo que hago es moverme a velocidad super sónica.
-Con razón sentí algo de vértigo.
-Cuesta trabajo acostumbrarse, lo entiendo… Creo que… lo mejor será que nos vayamos a dormir. Nos vemos en la mañana -se despidió Nash.
-Nos vemos -correspondió Cammy, mientras se daban un último beso.

Y una vez que amaneció…

Casa de los Hermanos Castillo
Mission District.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

¡TOC TOC TOC!
-¡Adelante! -exclamó Francisco.
Ángel y José Luis entraron a la habitación de Francisco. A diferencia de la “zona de desastre” que era la habitación de José Luis, la de Francisco parecía ordenada por un alemán: absolutamente todo estaba en orden y limpiecito… con excepción de la cama, claro está. En una de las paredes, Francisco tenía un librero con libros de psicología, criminología, mitología de todos los países y… la colección completa de “Las Aventuras de Sherlock Holmes”, de Arthur Conan Doyle. A un lado del librero, había un escritorio con una PC de escritorio (de las tradicionales), y arriba de la PC había una pintura de la sombra de Sherlock Holmes, con su pipa y su gorra “cazadora de venados” (Sherlock Holmes fue quien inspiró a Francisco para volverse criminólogo, como él mismo después admitiría).

-¿Qué haces tan temprano? -preguntó José Luis.
-Estoy buscando información sobre el tal Necalli -contestó Francisco. Señaló los libros sobre mitología azteca que estaban abiertos sobre su cama -Casi no hay nada de información.
-¿Y por qué tanta preocupación? -le preguntó Ángel.
-Por si nos lo volvemos a encontrar -contestó Francisco-. Algo me dice que no será la última vez que lo veamos.

Francisco siguió revisando el Internet. -Tengo una hora aquí y no he encontrado nada -lamentó.
-Tal vez si buscas en el conocimiento que ya tienes, puedas encontrar las respuestas que buscas -le dijo Dhalsim, quien se había aparecido justo a su lado y estaba flotando en posición de flor de loto, como ya era su costumbre.
Francisco dió un salto -¡¡¡WAAAAAAAAAAHHH…!!! -gritó y se cayó de la silla por la impresión.
-Disculpa. No era mi intención asustarte.
-Disculpa aceptada, pero la próxima vez, toque el timbre y entre por la puerta como la gente decente, si es tan amable -reclamó Francisco, mientras se levantaba jadeando y llevándose una mano al pecho.

Una vez que se recuperó, Ángel, los Castillo y Dhalsim se fueron a la sala. -Bien, ¿qué sabemos del tal Necalli hasta ahora? -preguntó Francisco.
-Que es un ser del inframundo -contestó José Luis.
-Y que su dieta consiste en… almas -agregó Ángel.
-Y las almas las consume, ya sea para sostenerse, o para aplacar a sus dioses, ¿cierto?
Dhalsim asintió con la cabeza.

-Ahora, ¿a dónde manda las almas este tipo? -volvió a preguntar Francisco.
-Al Mictlán -contestaron José Luis y Ángel.
Correcto. Por lo tanto podemos deducir que ese mono viene del Mictlan, ¿o no?
Dhalsim volvió a asentir con la cabeza.

-Juntando lo que tenemos: Necalli es un ser del inframundo que devora almas para mandarlas a su casa, o sea, el Mictlán -resumió José Luis.
-¿Y quién manda en el Mictlán? -preguntó Ángel.
-Pues Necalli, ¿quién más? -contestó Francisco.
-No -rebatió Dhalsim-. Recuerden que Necalli es un emisario de los dioses, no un dios en sí.
-Buen punto, anciano -dijo José Luis.
-Y Necalli se alimenta de almas para aplacar a sus dioses -recordó Ángel-. Lo que hay que hacer, es buscar qué dios, o qué dioses gobernaban el Mictlán.
Francisco tomó uno de los libros de mitología azteca que había llevado consigo a la sala. -A ver a ver a ver a ver… ¡Aquí hay algo! -anunció-. “Al Mictlán iban todos los que morían de muerte natural, sin distinción de personas y sin tomarse en cuenta su comportamiento en la tierra. En el pensamiento de los mexicas, el destino final estaba determinado no por la conducta moral desarrollada en la vida, sino por el tipo de muerte con la que se abandona este mundo” -leyó-. Siempre creí que al Mictlán solo iban las almas de los justos.
-Después aclaramos eso. Sigue leyendo, por favor -pidió José Luis.
-“Los aztecas tenían la creencia de que el Mictlán era una región sombría y terrible gobernada por Mictlantecuhtli…” ¡Perfecto! ¡Ya vamos avanzando. Déjenme ver si por aquí hay algo relacionado con Mictlantecuhtli -pidió-. Buscó un poco más en el libro -¡Aquí está! “En la mitología azteca, zapoteca y mixteca es el dios del inframundo y de los muertos, también era llamado Popocatzin, por lo tanto era el dios de las sombras. Junto con su esposa Mictecacíhuatl, regía el mundo subterráneo o reino de Mictlán.”
-Y encontramos a otro dios. En este caso, una diosa -señaló Ángel.
-Me imagino que a Mictlantecuhtli le ofrecían sacrificios humanos -observó José Luis.
-Cierto -afirmó Francisco-. A él se le ofrecían las pieles de personas desolladas… ouch.
-Ese dato no nos sirve -objetó Ángel-. Por lo menos ya sabemos a quienes sirve Necalli: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.

-Aquí hay algo que no entiendo. Se supone que Necalli debería servir a Huitzilopochtli y no a “la familia Mictlán” -opinó José Luis.
-¿Y por qué a Huitzilopochtli? -le preguntó Ángel.
-¿Que no Huitzilopochtli es el “señor de la guerra”? Y en las guerras se necesitan guerreros, ¿no? Y Necalli quiere almas de guerreros poderosos…
-Bueno, ahí cuando lo veamos, le preguntamos -le contestó Francisco. Después le habló a Dhalsim -Gracias por su ayuda, señor.
-No hay de qué -contestó Dhalsim-. Namasté -se despidió juntando las manos, haciendo una pequeña reverencia con la cabeza y desapareció.
-Namasté… repitió Francisco-. Namasté voy a madrear si vuelves a aparecerte sin avisar, cabrón…

-Bueno, los demás nos esperan para entrenar -dijo José Luis-. ¿A qué horas son?
Francisco miró el reloj de pared con forma del escudo del América. -Son veinte para las nueve… ¡¡PUTA MADRE!! ¡¡¡YA ES TARDÍSIMO!!! ¡¡¡VÁMONOS EN LAS MOTOS Y EN CHINGA!!!
-¡¡ESPEREN!! -exclamó Ángel-. ¡Olvidé mi chamarra!
-¡Voy por ella! -se ofreció José Luis. Subió corriendo las escaleras… y se volvió a tropezar con el alambre. -¡¡¡AAAAAAAAAARRRRGH…!!! (¡CATAPLUM!) ¡¡¡PACOOOO…!!! ¡¡¡¡YA QUITA TU PINCHE ALAMBREEEE!!!! -gritó.

Mansión Masters.
Pacific Heights.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

A la hora del almuerzo, Cammy pidió la palabra. -Chicos… Charlie y yo tenemos una idea que proponer.
-Los escuchamos -concedió Guile.
-Verán -Nash tomó la palabra-, ayer en la noche, Cammy y yo estábamos platicando…
-¿Platicando, nada más? -interrumpió José Luis, con un tono malicioso.

¡BLUT!

Francisco lo tomó por la nuca y le estampó la cabeza contra el plato de comida. -Perdón por la interrupción. Continúen.
-Como decía -Nash retomó la palabra-, Cammy y yo estábamos platicando sobre el ataque de la luna negra de ayer.
-Recordamos que las lunas negras se encargaban de extraer el poder psíquico de las personas, haciendo que salieran sus temores, angustias y todos sus sentimientos negativos -continuó Cammy.
-Y yo recordé las palabras que me dijo Rócker en la enfermería de Delta Red -siguió Nash.
-¿Ah, sí? -preguntó José Luis, aún con la cara metida en su comida.
-Sí: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento; y el sufrimiento… a la oscuridad”… o en este caso… al poder psíquico -contestó Nash-. Y no debemos dejar que nuestros miedos alimenten a nuestro peor enemigo en común.
-Y pensamos que sería un buen ejercicio grupal el que cada quien dijera su miedo más profundo, y ayudarlo a que lo enfrente -terminó Cammy.
-¿Qué les parece? -preguntó Nash.
-Decir nuestro miedo más profundo… -repitió Guile-. La idea es buena, pero necesitaríamos de un psicólogo que nos oriente.
-Presente, general -dijo Francisco.
-Claro, el Detective también es psicólogo. Bien, si nadie tiene inconveniente…
Entre todos se miraron y prácticamente, aprobaron la idea.

El grupo se reunió en la misma sala en la que venían trabajando, se sentaron a la “mesa redonda” y empezó la dinámica de grupo. ¿Y bien? ¿Quién es el “valiente” que pasa primero a contar lo más oscuro de su alma? -preguntó Francisco-. ¡ÑACA-ÑACA!
-Yo -contestó Guile.
-¡Perfecto! ¡El líder poniendo el ejemplo! -felicitó Francisco. Guile se dispuso a pasar al frente, pero Francisco lo evitó. -Desde ahí nos puede contar su miedo, general. Vamos a evitarnos la payasada de pasar al frente. Esto es una dinámica de grupo, no una reunión de alcohólicos anónimos -dijo Francisco.

Guile regresó a su lugar y empezó a hablar. -Mi más grande temor… es fallarle a mi familia -confesó-. Estuve a punto de perderla por querer vengar la supuesta muerte de Charlie. Estuve a punto de perder a mi esposa y a mi hija. Afortunadamente, eso no pasó, pero tengo miedo de que vuelva a pasar.
-Bien, general. Usted tiene miedo de perder a su familia -resumió Francisco. -Ahora, y no me lo tome como un reproche, ¿cuánto tiempo le ha dedicado usted a su familia?
-Lamentablemente, no mucho -confesó Guile-. Con esta misión, me ha resultado prácticamente imposible convivir con ellas. Recuerde el tiempo que estuve fuera de casa, en Inglaterra. Ahora las veo más a menudo, pues están conmigo en esta casa, pero siento que es muy poco el tiempo que les doy.
-Eso es fácil de arreglar -tomó la palabra Nash-. Dedícale más tiempo a tu familia. Pasen juntos los fines de semana, por ejemplo
-Quisiera hacerlo… ¡pero no puedo! ¡La humanidad depende del éxito de esta misión! ¡No puedo ser egoísta!
-Dedicarle tiempo a tu esposa y a tu hija no es egoismo -lo calmó Nash-. Es justicia.
-General, deje de preocuparse por esta misión como si usted fuera el único involucrado -aconsejó Francisco-. También tiene a otros ocho amigos que le ayudan con esta carga.
-Pero… el General Taylor… -quiso Guile justificarse.
-¡OTRA VEZ EL GENERAL TAYLOR! -exclamó Francisco, fastidiado-. De verdad, tengo unas ganas de decirle un par de verdades a ese tal general. Se lo dije una vez y se lo vuelvo a decir: ¡Mándelo por un tubo! ¡Ese “general” no ha hecho ABSOLUTAMENTE NADA por la causa, mas que dar órdenes! Así que, general Guile, olvide al general Taylor y dedíquele más tiempo a su familia… si es posible, a partir de ahora.

Guile volvió a tomar asiento. -Bien, ya pasó un hombre. Lo justo sería que pasara una mujer -anunció Francisco. -¿Quién se anima?
Chun-Li se puso de pie. -Pido la palabra.
-Y los líderes siguen poniendo el ejemplo -señaló Francisco-. ¿Qué nos tienes que decir?
-Mi más grande temor… es al fracaso -confesó Chun-Li-. Tengo miedo de fracasar y de no poder honrar la memoria de mi padre como se debe.
-Todos cometemos errores -comentó Ángel-, a veces pequeños, a veces grandes.
-Lo importante no es nunca fracasar, sino las veces que nos levantamos de los fracasos -dijo José Luis-. Me lo dijo alguna vez mi profesor Blue Demon.
-Cada fracaso lleva una lección -habló Ryu-. Hay que aprender la lección y volver a intentarlo… y sobre tu padre (sonrió)… creeme que debe estar muy orgulloso de tí, se encuentre donde se encuentre.
-Gracias, Ryu -dijo Chun-Li-. Eres muy amable.

Después de que Chun-Li se sentara, Nash se levantó y tomó la palabra. -Bueno… para nadie es un secreto que Cammy y yo nos amamos.
-Sí, eso ya lo sabemos -contestó Francisco, medio de mala gana-. Pero se trata de que nos digas tu miedo, no de que nos platiques de tus relaciones amorosas.
-Ese es el punto al que voy -aclaró Nash-. Con Cammy, descubrí el amor, sí… pero también descubrí mi miedo más grande: el de perderla (se aclaró la garganta) Verán… todos saben que, para el mundo en general, yo estoy muerto. Con esta situación perdí a mis amigos… mi padres, aún no sé si vivan o no… en resumidas cuentas, perdí mi mundo tal y como lo conocía. Ahora que he… renacido, por decirle de algún modo, no quiero perder a Cammy (la tomó de la mano)… Ya he perdido muchas cosas, y puedo seguir perdiendo otras… pero a ella no quiero perderla.
-Ajá. El origen de tu miedo, no es otro más que el gran amor que le tienes, compadre -filosofó Francisco-. ¡Eso es de lo más normal del mundo! ¡Nadie quiere perder a un ser amado! (Y lo digo, por triste experiencia). Lo único que puedo aconsejarte es que sí, la cuides… ¡Pero no la sobreprotejas!

Y fue precísamente Cammy quien tomó el siguiente turno. -Ajá. Me imagino que tu gran temor es perder a Nash, ¿verdad? -inquirió Francisco.
-Aparte. Tengo otro gran temor… Tengo miedo de volver a lastimar a un inocente… como lo hice en el pasado.
-Pero eso no fue tu culpa -la consoló Nash.
-Charlie tiene razón -concordó Chun-Li-. Tú no eres culpable de nada. El culpable es Bison, no tú.
-Lo sé, lo sé… pero… ¿y si vuelve a pasar? -preguntó Cammy-. ¿Y si vuelvo a caer?
-Cuando pasamos por un evento traumático -habló Francisco-, es normal que tengamos miedo de que nos vuelva a pasar. Pero esas heridas sólo el tiempo se encarga de curarlas. ¿Algo más?
-Sí… tengo miedo de encontrarme a una de mis víctimas, o algún familiar… tengo miedo de su reacción, ¿saben?
-Bueno, yo… -quiso hablar Chun-Li.
-Sé que me has perdonado -la interrumpió Cammy-, pero eso no quiere decir que todos me vayan a perdonar.
-Si no te perdonan, por más que les expliques tus motivos, pues ese ya es su problema -dijo Nash-. Estaríamos hablando de gente rencorosa que le dá más peso al acto, que a los motivos por el cual ocurrió.

-Pasando lista: ya hablaron el general Guile, Chun-Li, Cammy y el compadre Nash -recontó Francisco-. Faltan por pasar al cadalso Ángel, Ryu, Ken, mi hermano y yo… así que… ¿quién sigue?
-Yo -se ofreció Ángel-. Mi más grande temor… es el de ser una vergüenza para mi familia y para mi país.
-¿A qué te refieres con eso? -preguntó José Luis.
-Verán: he hecho muchas cosas malas, y de ninguna me siento orgullosa -habló Ángel.
-Pero no lo hiciste por mala gente, sino porque tenías hambre -le dijo José Luis.
-Que tú hiciste cosas malas, es verdad -habló Francisco-, pero ahora estás haciendo cosas muy buenas, y con esas cosas buenas, estás borrando… mejor dicho, estás compensando las cosas malas que hayas hecho en el pasado.
-El pasado es pasado, y el futuro aún no pasa. “Olvida el pasado y vive el presente” -le aconsejó Cammy.
-Gracias. Bien me dijeron que contigo sería con quien mejor me llevaría -observó Ángel.

Ryu tomó la palabra. -Uno de mis mayores temores… son las arañas.
-¡¡¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEE?!!! -gritaron los demás.
-¡¡¡¡MI MAMÁ NO ME LO VA A CREER!!!! -exclamó Francisco-. ¡¡¡¿El exponente más grande de las artes marciales… LE TIENE MIEDO A LAS ARAÑAS?!!!
-También le tendrían miedo a las arañas si un día despiertan con una en la boca -respondío Ryu-. Una araña que ALGUIEN (miró de reojo a Ken) les puso en la boca mientras dormían.
-Pues eso se arregla muy fácil -dijo Francisco-. Agarra un zapato y con ese.
-Bueno, sí… pero ese no es mi único temor.
-¡Ah, ya sé! ¡Le tiene miedo a las abejas! -chanceó José Luis.
-¡Mira, mejor cállate! -lo regañó Francisco-. ¿A qué más le tienes miedo?
-Tengo miedo de perder el control… y desatar al demonio que llevo adentro.
-Hablas del “Satsui no hado”, ¿verdad? -le preguntó Ken.
-Sí.
-Creo que ahí te puedo ayudar -hablo Nash-. Hace tiempo, un buen amigo me dijo que buscara mi característica especial y que la utilizara en beneficio de los demás.
-¿Me estás diciendo que… el “Satsui no Hado” puede ser usado en beneficio de los demás?
-Así es. A partir de mi “muerte”, puedo detectar poder psíquico… Así fue como los encontré en Nueva York, antes de que pregunten.
-Pero… ¿cómo puedo usar el “Satsui no Hado” para bien? El origen es completamente maligno.
-Vamos a ponerlo así -habló José Luis-: supongamos que tienes un vaso de agua con suciedad. Así no te puedes tomar ese vaso, sino que primero, tienes que filtrar esa agua para quitarle las impurezas. Es lo mismo: busca la forma de “filtrar” esa energía negativa y volverla positiva.

Ken fue el siguiente en hablar. -Mi temor más grande… es ser un mal padre.
-Pero… estás haciendo un buen trabajo con Mel -rebatió Ryu.
-Se nota que tú no eres padre Ryu -reclamó Ken, con cierta tristeza-. Tú sabes que yo empecé siendo un mal hijo, y fue por eso que papá me mandó a entrenar con Gouken-sensei. Me imagino que recuerdas las carencias que tuvimos… y no me quejo. Al final sirvieron para forjar mi carácter. Muchas veces me he planteado la posibilidad de mandar a Mel a tener un entrenamiento similar al que yo tuve… pero no quiero que pase por lo mismo que yo.
-¿Cuántos años tiene tu hijo, Ken-sensei?
-Tiene tres años, Púnisher.
-¡Tres años! ¡Todavía falta mucho tiempo para que tomes una decisión! Espera a ver cómo se va comportando, por lo menos, hasta que tenga unos diez años y ya con eso puedes decidir. Pudiera ser que se vuelva como tú a esa edad… o que acabe siendo lo contrario; pero eso el tiempo sólo lo decidirá.

Por azares del destino, al final quedaron los Hermanos Castillo -Bien, carnal -dijo Francisco-, ¿vas tú, o voy yo?
-Si me han de matar mañana, que sea de una buena vez -contestó José Luis-. Mi mayor temor… es el de quedar en ridículo siempre.
-Pero si tú mismo te la pasas haciendo chistes de todo -respondió Francisco-. Bueno, yo también, ¿para qué hablo?
-Sí, lo sé… pero no hablo de ese “ridículo gracioso”, sino de quedar en un ridículo tal que acabe siendo rechazado por todos. (Se aclaró la garganta) Verán, si no me le declaré a Ángel desde antes, era porque tenía mucho miedo de que me rechazara, porque yo me sentía muy poca cosa para ella. Lo mismo pasa en mi vida profesional: creo que no soy tan buen luchador como mi hermano, ni tan buen agente ni tan exitoso como él.
-¡Ah, ya sé! -exclamó Francisco-. Tú te sientes inferior a mí, siendo que tenemos la misma habilidad, siempre te lo he dicho… Aquí, la culpa es de nuestros padres: se equivocaron al ponerme siempre a mí como el ejemplo a seguir, al ser el hermano mayor -sacó la conclusión. Francisco se acercó a su hermano. -Tú eres mi hermano, y siempre contarás con mi apoyo, pase lo que pase, y deja de pensar que yo soy el “perfectito” y tú, el desastre total. Eso sólo es un grillete enorme que te ataron al tobillo. Deshaste de eso. Qué papá y mamá decían otra cosa, ¡OLVÍDALO! ¡NO ES TU CULPA!… y te pido perdón, si en algo te ofendí.
-Gracias, carnal. -agradeció José Luis.

-Y bueno, soy yo el que cierra la dinámica por razones evidentes -dijo Francisco -Le he tenido miedo a muchas cosas, pero a lo que más le temo… es a ser una mala persona. Después de que mataron a mi esposa, siempre me he sentido como un mal marido que la dejó morir… Le tengo miedo a ser un mal amigo y un mal hermano. Le tengo miedo a ser un mal agente, y que una misión salga mal por mi culpa. Tengo miedo a volverme un déspota y un patán. Tengo miedo de lastimar irremediablemente a alguien… le tengo miedo a equivocarme.
-Equivocarse es humano, detective -habló Guile-. En mi vida como militar, he cometido muchos errores, y los he pagado. Pero de todos ellos he aprendido una lección importante para no volver a hacerlos.
-Eso lo sé… pero a veces siento que cada error que cometo… me quita cariño de mis seres queridos.
-Creo saber qué está pasando -habló Nash-. No soy psicólogo como tú, Púnisher, pero he leído mucho sobre el tema. Tú eres el hermano mayor, ¿cierto?
-Cierto.
-Y eras a quien siempre ponían de ejemplo a seguir.
-Así es.
-Y, por lógica, eras al que tus padres exigían más.
Francisco chasqueó los dedos. -¡Es cierto! ¡Sobretodo, mi madre! ¡¡Ella era la que más exigente se ponía conmigo!!
-Disculpa, ¿cómo era tu mamá de carácter? -preguntó Nash.
-Bueno… no digo que nunca haya sido amorosa con nosotros pero…
-…era demasiado exigente -completó José Luis-. Era perfeccionista a más no poder. En una ocasión le dijeron que parecía “soldado alemán”, porque todo lo quería pesado y medido con exactitud.
-Y que me perdone mi mamá, porque ya está con Dios y no es justo criticar a alguien que ya no se puede defender, pero la cantidad de cariño que me tenía, dependía directamente de las calificaciones que sacaba -comentó Francisco.
-No lo pondría tan drástico, pero algo hay de ello -admitió José Luis.
-Todos los padres siempre buscarán lo mejor para sus hijos -habló Guile-. Y lo digo por experiencia.
-En eso estoy de acuerdo con el “cabeza de escoba” -declaró Ken-. Que nos equivoquemos, no lo dudo, pero nadie ha tenido padres perfectos.
-Por lo menos, ustedes tuvieron padres -reclamó Cammy.
-Y tú también los tuviste -la consoló Nash-. Otra cosa es que te hayan negado la oportunidad de pertenecer a una familia.
-Bien bien, después discutimos eso -retomó Guile el tema-. Todos somos muy duros juzgando a nuestros padres, pero eso no nos toca hacerlo.
-Muchas cosas sólo las entendemos, hasta que nos toca a nosotros ser padres -opinó Ken.
-Pues me quedaré con las ganas de saber qué es eso de ser padre, porque después de lo que le pasó a Laura y a mi hijo, no quiero volver a casarme… es más, no quiero volver a enamorarme. No quiero que una mujer vuelva a morir por mi culpa -anunció Francisco.
-Un pasado traumático no tiene por qué repetirse -dijo Chun-Li-. Anímate a rehacer tu vida.
-Lo intentaré… pero no prometo nada.

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