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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 44: El recuento de los daños.

Una vez que Lésnar se recuperó (lo cual no le llevó mucho tiempo) y se reintegró a la gira de WWE, Guile, Nash y los Castillo contaron a los demás lo que había ocurrido. -Es la primera vez que veo a una persona que se recupera del poder psíquico, que no recuerda nada de lo que hizo en ese estado -mencionó Francisco.
-Además de que se comportaba exáctamente a como es su personaje en el ring -agregó José Luis.
-¿Y cómo es su personaje en el ring? -preguntó Ken.
-Rudo, malencarado, con un extraño e intenso deseo de patear traseros y lastimar gente, sádico, canalla… un auténtico villano -contestó José Luis.
-¿Y en la vida real?
-Todo lo contrario: amable con todos, siempre lo ves con una sonrisa, gentil, muy buen padre, bastante buen esposo…
-Aunque también tiene su lado oscuro, como todos -interrumpió Francisco-: Tuvo problemas con el alcohól y los analgésicos, debido precísamente a la actividad como luchadores que tenemos.
-Entonces, no entiendo por qué se quedó con el poder psíquico -expresó Cammy.
-Y éste es el primer caso que tenemos de que alguien haya recibido poder psíquico gracias a la luna negra -agregó Nash.
-¿Y… si ese hombre tuviera una parte negativa, o maligna… como yo? -se animó a preguntar Ryu.
-¿Te refieres a que tenga un equivalente del “Satsui No Hado”? -le preguntó Ken.
-Exáctamente.
-Pudiera ser… pero tendría que ser una parte maligna muy grande y/o muy fuerte -opinó Francisco-. Todos tenemos nuestro “Mr. Hyde” dispuesto a salir en cualquier momento y dar problemas, pero no por eso todos quedamos poseídos por el poder psíquico.

José Luis tomó la palabra. -Ahora que recuerdo… los soldados de Shadaloo también quedaron poseídos por poder psíquico, ¿recuerdan?
-Sí -contestaron Guile, Chun-Li y Francisco a una voz.
-¿Y qué fue lo que les dió ese poder? Para ese entonces no conocíamos nada sobre las lunas negras.
-Los cascos de esos soldados llevan un pequeño receptor de poder psíquico -explicó Guile-. Con sólo presionar un botón, reciben poder psíquico por un corto tiempo.
-Y también John Crawley traía un receptor, sólo que el lo llevaba en el puño de la camisa -recordó José Luis.
-Sí, muy bien, de acuerdo… pero no acabo de entender tu punto, hermano -dijo Francisco.
-Que todos ellos tienen una gran parte de maldad -contestó José Luis-. Por simple lógica, si el poder psíquico es una energía corrompida, entonces es más fuerte en quienes tienen el alma negra.
-Si así fuera, yo también estaría poseída -dijo Ángel.
-¿Pero por qué? Tú no eres mala persona -le rebatió José Luis.
-Pero hice cosas muy malas.
-Sí, pero no por diversión, sino por necesidad. Y ahora estás… ¿cómo decirlo? ¡Ah, ya sé! Estás redimiéndote ayudándonos.
-Pues, si a esas nos vamos yo también estaría poseído -rebatió Francisco.
-¿Tú…? ¡Eso no es posible, carnal!
-¿Ah, no…? ¿Ya se te olvidó cómo perdí el control cuando me topé con Gordoa en Ciudad Juárez? ¡Fácil lo hubiera matado!

¡DING DONG!

-¿Ahora, quién será? -preguntó Ken, con un tono de molestia-.
-Iré a abrir, amo Masters -apareció Geoffrey dirigiéndose a la puerta. Un rato después apareció con dos personas. -Amo Masters, la señorita Douglas y su acompañante lo buscan -informó.
-¿Señorita Douglas…? ¡Ah, claro! ¡Helena Douglas! ¡Gracias, Geoffrey! Hazla pasar, por favor.
Helena y Zack entraron a la salas. -¡Bonsoir! -saludó-. Monsieur Masters, tengo que hablar con usted.
-Err… claro, Helena -contestó Ken -. ¿Qué se te ofrece?
-Necesito una explicación.
-¿Explicación?
-Sí. Hace unos días, en París, hubo un eclipse solar totalmente anormal que afectó las telecomunicaciónes.
-¿También allá afectó la “luna negra”? -preguntó Francisco.
-Disculpe… ¿de qué me está hablando, monseur? -contestó Helena, extrañada. Ken le explicó a grandes rasgos de qué se trataban las “lunas negras”. Helena escuchaba completamente asombrada. -¡Mon Dieu! ¡Así que para eso querían el dinero MIST y Shadaloo!
-¿Y cómo se dieron cuenta de que fallaban las telecomunicaciones? -preguntó Ken.
-Quise comunicarme con Mademoiselle Kansuki, y no logré hacer contacto con ella -contestó Helena.

En eso, sonó el teléfono celular de Ken. Miró el aparato. -Disculpen… me llegó un “Whatsapp” -anuncio-. Es justo de quien estamos hablando, Karin Kansuki.
-Entonces ya se reestableció la señal -opinó Helena-. ¿Y qué te dice?
-Me está pidiendo reunir a todos y armar una “videoconferencia”, como la vez pasada.

Una vez conectada la computadora y con todos reunidos en la sala de trabajo, Karin apareció en la pantalla. -Kon’nichiwa, amigos -saludó Karin.
-Bonjour, Mademoiselle Kanzuki -respondió Helena-. Tiene días que intento comunicarme contigo, pero no había señal.
-¡Gommenasai, Helena-san! -se disculpó Karin-. ¡Algo destruyó el Red Spyder-Lily!
José Luis tomó la palabra. -Errr… perdón por la ignorancia, señorita… ¿pero qué es el “Red Spyder-Lily”?
-Es… o mejor dicho… era el satélite de la familia Kanzuki -informó Karin.
-¿Y cuándo fue que destruyeron ese satélite? -preguntó Guile.
-Hace unos dos días, a lo sumo.
-¡LA LUNA NEGRA! -exclamó Nash.
-La… ¿qué?

Le explicaron a Karin todo lo concerniente al ataque de la Luna Negra. -¡Así que Shadaloo está detrás de todo esto! -exclamó Karin-. Cometieron un gran error al meterse con MI FAMILIA y MIS PROPIEDADES.
-¿No vieron el eclipse solar que causó la Luna Negra? -preguntó José Luis.
-Imposible. A esa hora, aquí en Japón ya era de noche.
-Y… aparte de que destruyeron ese satélite… ¿no hubo otras consecuencias? -preguntó Chun-Li.
-¿Consecuencias de qué, Chun-Li-san?
-¿No llegó a ver gente actuando… de forma anormal…? -preguntó Cammy-. Digamos… ¿comportándose como criminales?
-No hasta donde yo sé, Cammy-san -contestó Karin-. Ya lo hubieran publicado en los periódicos. ¿Por qué esa pregunta?
-Porque aquí ya tuvimos un par de casos -contestó Francisco-. A consecuencia del ataque, una persona fue poseída por el poder psíquico y no logró salir de esa posesión por sus propios medios.
-Qué calamidad -expresó Karin-. Pero esa persona ya esta bien, ¿no?
-Afortunadamente.

-¿Han tenido contacto con Jin Kazama? -le preguntó Ken a Karin y a Helena.
-No, monseur -contestó Helena.
-A Kazama-sama, ni le he hablado, ni me ha hablado -contestó Karin-. Es muy raro, ya se hubiera puesto en contacto.
-¿Saben algo más sobre las Lunas Negras, aparte de lo que nos han dicho? -preguntó Helena.
-Sí… y no -contestó José Luis.
-¿Cómo…?
-Verá, señorita Douglas. En Nueva York, desmembramos un cuartel oculto de Shadaloo y les quitamos un disco duro de computadora. Ese disco duro, tiene el programa que sirve para controlar las Lunas Negras… pero para poder ejecutar ese programa, necesitamos una llave física, que es justo lo que no tenemos (resopló)…
-Eso quiere decir, que sí se pueden detener desde aquí -dijo Helena.
-Claro. Lo más fácil sería ponernos trajes de astronauta y destruir esas lunas negras.
-¿Saben algo más?
-No -contestó Francisco-. Por el momento, es todo lo que tenemos.
-Bien -tomó la palabra Ken-. Si hay algo más que decir…
-Nosotros también estaremos investigando -anunció Karin-. Cualquier cosa, se las informamos.
-También lo haremos nosotros -se unió Helena.
-De acuerdo, entonces podemos dar por concluída esta reunión. ¡Sayonara Karin!
-¡Sayonara, Ken-san y Helena-san! -se despidió Karin y apagó su cámara web.

-Entonces, lo mejor será que me retire -dijo Helena-. Las respuestas que quería, ya las encontré.
-¿Regresas a Francia? -preguntó Ken.
-No, por el momento. Iré a las oficinas de DOATEC en Nueva York. Posíblemente ahí pueda buscar más información.
Después de despedirse de todos, Helena y Zack salieron de la Mansión Masters.

Y, por primera vez desde que llegaron a San Francisco, todos los miembros del grupo cenaron juntos. En general, todos parecían contentos, menos Francisco, que lucía entre triste y preocupado. -Se ve mal, Detective -le dijo Guile-. ¿Qué le pasa? ¿Está enfermo?
No, general… no estoy enfermo -contestó Francisco-. Me siento frustrado.
-¿Y eso, Púnisher? -preguntó Nash.
-Por primera vez en mi carrera como agente, me encuentro con un caso que tiene varias interrogantes sin respuesta -contestó Francisco-. Una, ¿cómo pudo llenarse de poder psíquico alguien que no ha tenido contacto con Shadaloo? Dos: ¿Exactamente, quién es el tal Necalli? Y tres: ¿A qué maldita llave se refieren para poder controlar esas lunas negras? ¡Ah! Y cuatro: ¿De dónde salió ese tal Urien?
-Quieres abarcar muchas cosas al mismo tiempo -le contestó Chun-Li-. Eso no es bueno.
-Lo sé, Chun-Li… lo sé…
-Y pareciera que quieres resolver el caso tú solo -indicó Cammy.
-Sí, pero para eso me trajeron, ¿no?
-Ay, hermano… ¿Cuándo dejarás esa costumbre que tienes de cargar con todas las responsabilidades y de no pedir ayuda a los demás? -reclamó José Luis de forma amistosa.
-Pero si yo no estoy para que me ayuden, sino para ayudar -contestó Francisco.
-Esto es trabajo de equipo. Nos ayudamos entre todos, juntos nos caemos y juntos nos levantamos, ¿entendido, Detective? -aconséjó Guile.
-Eeeeeemmmm… sí, general -contestó Francisco.

-Veamos… tú me ayudaste una vez, así que es hora de devolverte el favor -dijo Nash-. Exáctamente, ¿qué es lo que sientes?
-Que tengo la cabeza… embotada… que no se me ocurre una solución lógica a todos esto-contestó Francisco.
-Hermano… ¿qué diría Sherlock Holmes en una situación como ésta? -le preguntó José Luis.
-Ni idea…
-A ver, déjame echarte una manita… “Cuando eliminas toda solución lógica a un problema…”
-“… lo ilógico, aunque imposible, es invariablemente lo cierto” -contestó Francisco-. He ahí el problema. Ni siquiera se me ocurre una solución ilógica.
-Ah… ya entiendo. Estás mentalmente cansado -señaló Nash.
-Tómese mañana el día libre -dijo Guile-. Eso le hará bien.
-Pero… ¿y las lunas negras…? ¿Y si hay otro ataque…? -preguntó Francisco, preocupado.
-Tranquilo, Detective… Lo que tenga que pasar, pasará. Ya veremos la forma de plantarle la cara.

Unos momentos después, Nash le habló a Guile. -Guile… ¿sabes si aún viven mis padres?
Guile se vió turbado. -Charlie… lamento decirte que tu padre murió hace unos años. Tu madre aún vive.
Nash sonrió con tristeza-En verdad, lo siento por “el viejo”… ya no pude despedirme de él… pero sí quisiera ver a mi madre. ¿Sabes dónde vive ahora?
-Se mudó a un apartamento en Oakland -contestó Guile-. A veces tu tío Kevin la va a visitar.
-¡Qué bueno! Al menos no está sola.
-Si quieres, mañana te llevo a verla -ofreció Guile.
-Me encantaría.
-Disculpen… ¿puedo acompañarlos? -preguntó Cammy.
-¡Claro! -contestó Nash-. Por mí, no hay problema.
-¡AJAJÁ…! Conque conociendo a la suegra, ¿eh? -exclamó José Luis, sacando las risas de los demás.
-Yo puedo llevarlos -se ofreció Francisco-. Aprovechando mi día libre…
-¿Tiene con qué, Detective?
-Claro. Veamos… (contó con los dedos) Con Cammy, el general, el compadre y su “servilleta”, somos cuatro… Sí… en el Impala está bien.
-¿Y yo, qué hago? -preguntó José Luis.
-Necesitamos que te quedes aquí con los demás -le pidió Francisco-. Intenta averiguar lo más que puedas. Si no le puedes sacar más información a ese disco duro, o alguna forma de darle la vuelta a ese requisito de la llave, no te preocupes. Y yá te tocará ir de paseo.
-Está bien… -aceptó José Luis, deprimido.
-Entonces, mañana paso por ustedes a las nueve de la mañana, como si nos fuéramos a reunir para trabajar, ¿está bien? -indicó Francisco.
-No hay problema, Detective -contestó Guile.

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