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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 45: Reencuentro madre-hijo.

Portwood Avenue.
Jingletown
Oakland, California.
Estados Unidos.

Tras quince minutos de camino, Cammy, Guile, Nash y Francisco llegaron a la casa donde vivía la madre de Nash. -Toma en cuenta que esto no podría ser agradable para tu mamá, Charlie -le advirtió Guile.
-Tienes razón, pero estoy dispuesto a correr el riesgo -contestó Nash.

Se bajaron del Impala azul de Francisco. -Espérenme aquí -indicó Guile.
Se acercó y tocó la puerta. Abrió una señora ya de unos setenta años, de cabello blanco y largo hasta los hombros, con un par de lentes enormes. Traía puesto un enorme vestido azul con blanco. -¡Guile! -saludó la señora.
-¿Cómo está, Señora Bárker? -saludó Guile.
-Bien, hijo. Gracias. Hace mucho tiempo que no vienes a verme.
-Discúlpeme, he tenido mucho trabajo.
-No hay problema, muchacho. ¡Pasa! ¡Pasa!
-Gracias, señora, pero antes, quiero mostrarle a alguien que estoy seguro le gustará verlo.

Guile llevó a la Señora Bárker a donde estaban Nash y compañía. -Hola, mamá -saludó Nash, mientras se despojaba de la capucha.
La Señora Bárker miró incrédula a Nash. Se quitó los lentes, los limpió y se los volvió a poner. -¿Charlie…? ¿Hijo…? ¿Hijo… en verdad eres tú?
-Sí, mamá… soy yo. He vuelto… y estoy vivo.
La Señora Bárker dibujó una amplia sonrisa y estalló en lágrimas de felicidad. -¡¡HIJO…!! ¡¡HIIIJOOOO!! -gritaba de emoción, mientras abrazaba a Nash. -¡¡YO SABÍA QUE ESTABAS VIVO!! ¡¡¡LO SABÍA, LO SABÍA!!!
-Mamá… perdóname por haberte hecho pasar por este sufrimiento -suplicó Nash-. Me hubiera encantado venir a verte desde un principio.
-No te preocupes, hijo, no te preocupes -lo confortó la Señora Bárker-. Lo importante es que estás aquí, vivo y bien.
-Pues a esto (mostró las partes parchadas de su rostro y su brazo) no le puedo llamar bien del todo… Para serte sincero, creí que te asustarías con ver esto.
-Ay, hijo… ¿Crees que no entiendo los riesgos de tu profesión? Siendo militar, tarde o temprano ibas a terminar lastimado, así que no me espanta.

Después de soltar a Nash, reparó en las presencias de Cammy y de Francisco. La Señora Bárker se acercó a Cammy. -¡OOOOOHHH…! ¿Pero quién es esta linda jovencita? -preguntó.
-Cammy White, mucho gusto -se presentó Cammy, mientras le extendía la mano.
La Señora Bárker tomó de la mano a Cammy. -Mmmmhhh… se ve que tienes un alma pura y eres buena persona -le dijo-. Hijo ¿ella es algo de tí?
-Emmmm… sí, mamá -contestó Nash, sonrojándose-. Ella es… mi novia.
La Señora Bárker juntó las manos e hizo un gesto de felicidad. -Oooohhh, muy bien, hijo. Has hecho una muy buena elección (Cammy se sonrojó con esto).
-Errrr… gracias, mamá -dijo Nash, sonrojándose. Ella es otra razón por la que quise venir a verte: se me hizo una canallada de mi parte tener novia y no tener la decencia de buscarte y hablar contigo… y claro, para presentártela.

Y por último, se dirigió a Francisco -¿Y este chico tan apuesto, quién es? -preguntó.
Francisco volteó de un lado a otro varias veces. -Disculpe… ¿me hablaba?
-¡Ay claro…! ¿Pues quién más?
-Es que como dijo que había buscado a un chico apuesto, pues lo estaba buscando.
La Señora Bárker soltó una carcajada. -¡¡¡JAAAAA JA JA JA JA JA JA…!!! ¡¡QUÉ CHICO TAN BROMISTA!! (le dió una palmada en el hombro a Francisco, que casi se lo disloca) Estaba hablando de tí… errr… ¿cómo te llamas?
-Francisco Castillo, señora. Amigo común de Cammy, el general Guile y de su hijo. Mucho gusto, señora…
-Sarah. Sarah Bárker -se presentó.

Sarah miró hacia la puerta de su casa. -¡¡KEVIIIIN!! -gritó-. ¡TENEMOS VISITAS!
De la casa salió un hombre de casi dos metros. Ya tenía unos cincuenta años encima. Tenía el pelo corto y canoso, barba y bigote también canosos. Traía puesta una camisa tipo polo de color azul y unos pantalones de mezclilla. Al verlo, a Francisco casi le da un infarto. -¡Imposible! -pensó.
-¡Mira quién está aquí, Kevin! -exclamó Sarah.
-Sí, ya ví -contestó Kevin-. ¡Hola, Guile! ¿Cómo estás?
-Errr… bien, Kevin, gracias -saludó Guile, confundido.
-¡No, aparte! -dijo Sarah y señaló a Nash.
Kevin miró a Nash y se quedó sin habla por unos instantes. -¡No… puede… ser…! -trastabilló-. ¿Eres tú… sobrino?
-Sí, tío Kevin -contestó Nash-. Soy yo… Charlie.
Kevin abrazó con mucha fuerza a Nash. -¡Qué gusto verte de nuevo! ¡Sabía que estabas bien!

Francisco seguía viendo con cara de sorpresa. Kevin soltó a Nash y miró a Francisco. -¡Púnisher! ¡Qué sorpresa! -lo saludó con familiaridad-. ¡No me digas que eres amigo de mi sobrino Charlie!
-Errrr… sí… sí lo soy, Kevin -le respondió. Y no pudo aguantar más la curiosidad. -Compadre -le dijo a Nash-, tu tío… es el mismísimo… ¡¡¿KEVIN NASH?!!
-Ya veo que lo conoces -contestó Nash-. Sí, él es mi tío.
-¿Y cómo no voy a conocer a un colega luchador? -dijo-. Francisco miró alternadamente a Charlie Nash y a Kevin Nash –Hasta ahora me doy cuenta del parecido -pensó-. ¿Por qué no lo noté antes…?

Sarah invitó a sus invitados a pasar a la sala de su casa. Una sala con muebles tapizados al estilo antiguo, con una mesita de centro cuadrada. -¿Quieren algo de tomar? -preguntó. Todos se negaron cordialmente.
Una vez que todos tomaron asiento, comenzó la plática de madre e hijo, después de AÑOS de no verse… por obvias razones. -Mamá, no entiendo -dijo Nash-. ¿Cómo es que tú sabías que yo seguía vivo?
-Las madres sabemos cuándo nuestros hijos están bien y cuándo no -fue la respuesta de Sarah-. Nunca acepté que estuvieras muerto. Algo me decía en mi interior que seguías vivo, y que tarde o temprano nos volveríamos a ver… ¡Y no me equivoqué!
-Pero… me imagino que tú fuiste a mi… funeral, ¿no es así?
-Sí, hijo, sí. Pero nunca creí eso de que fueras tú el que estaba adentro del ataud.
-¿Eh? ¿Acaso nunca abrieron el ataud en el funeral?
-No, que yo recuerde.
Kevin intervino. -Nos dijeron que tu cuerpo estaba tan destrozado que era imposible reconocerte. Supuestamente, sabían que eras tú por tu chapa de identificación.
-Entonces, pudieron enterrar cualquier cosa -dedujo Nash-. ¿En dónde está mi tumba?
-En el Cementerio Nacional de Árlington, D. C. -contestó Guile-. Como te podrás imaginar, ahora es imposible ir ahí para averiguar, pero te prometo que, cuando terminemos lo que tenemos que hacer, iniciaré una investigación para saber qué está en tu lugar en esa tumba.
-¿Y mi placa de identificación?
-Yo la conservo. Me la dió tu tío en tu “funeral” -contestó Guile-. Se sacó una cadenita con una placa del bolsillo y se la dió a Nash. -Aquí la tienes. La guardé para honrar a tu memoria, pero ya no es necesario.
-Gracias, Guile -dijo Nash, y se guardó su placa en un bolsillo del pantalón.

-Cambiando de tema -dijo Sarah, dirigiéndose a Cammy-, ¿Tú, a qué te dedicas, jovencita?
-Soy mayor de Delta Red, señora -contestó Cammy, amablemente-. Delta Red es parte del Servicio Secreto Británico.
-¡Ah… así que eres de Inglaterra! -exclamó Sarah, fascinada-. Y también eres militar, como mi hijo, ¿no es así?
-Sí, señora. Soy militar.
Sarah miró a Francisco -¿Y tú, muchacho, de dónde eres?
-Yo soy de la Ciudad de México, pero por razones de trabajo, vivo en San Francisco.
-¿Pues a qué te dedicas?
-Errr… yo soy luchador profesional, como Kevin, su cuñado -contestó.
Sarah se le quedó viendo. -Y aparte eres otra cosa, ¿verdad?
-No, señora, ¿cómo cree? -contestó Francisco, sudando frío.
-Muchacho… a estas canas, no las puedes engañar. Tengo más tiempo en este mundo que tú y sé cuando alguien oculta algo.
Francisco se rindió. -Está bien. Kevin, por favor, no vayas a decir nada de lo que me oigas decir.
-No entiendo por qué me lo pides, Púnisher, pero me quedaré callado -aceptó Kevin.
-Bien… Señora, soy agente de INTERPOL.
-¿Y eso? ¿Por qué nunca nos lo dijiste? -preguntó Kevin.
-Por seguridad. No quiero que a nadie le pase algo malo por mi culpa.
-Y en WWE… ¿lo saben?
-Sólo los jefes: Vincent, Stéphanie y Triple H.
-¿Y tu hermano, también es agente de INTERPOL?
-Sí… también lo es.
-¿Tienes un hermano, jovencito? -preguntó Sarah-. ¿Y por qué no está aquí?
-Le pedí que se encargara de algunas cosas, en lo que estábamos aquí.
-No fue por descortesía, señora -intervino Guile-. Lo que pasa es que… estamos en una misión conjunta INTERPOL, Delta Red y la Fuerza Aérea.
-¿Tiene que ver con el eclipse y el apagón que hubo hace unos días? -preguntó Kevin.
-Sí -contestó Guile.
-Y a propósito -retomó Francisco la palabra-, durante ese apagón, ¿no recuerdan haber visto algo raro? ¿Como un comportamiento extraño entre la gente?

-Ahora que lo mencionas, Púnisher… sí -contestó Kevin-. Mucha gente salió corriendo de sus casas, como si algo los hubiera espantado. Otros se quedaron como muertos, y… van a creer que estaba borracho, pero… ví cómo salía una especie de halo de sus cuerpos.
-No, Kevin… sabemos que no estabas borracho, porque nosotros también lo vimos -lo tranquilizó Guile-. ¿Recuerdas si ese halo misterioso tenía algún color?
-Sí, era de color violáceo con negro.
-Ajá… todo coincide.
-¿Acaso saben quién fue el responsable?
-Sí -contestó Nash-. El responsable es M. Bison.
-¿EL MISMO CANALLA QUE TE MANDÓ MATAR? -explotó Sarah-. ¡MALNACIDO! ¡PERO CUANDO LO ENCUENTRE, ME VA A CONOCER!
-Mamá… será mejor que no te lo encuentres.
-Me imagino que están buscando una solución -expresó Kevin.
-Sí, tío… pero hasta el momento, no hemos encontrado ninguna -contestó Nash.
-No te preocupes, hijo -lo consoló Sarah-. La solución llegará de la forma menos pensada. Siempre le pasaba a tu padre, que en paz descanse.
-¿Cuándo murió papá, mamá? -preguntó Nash.
-Tendrá unos seis meses que murió, Charlie -contestó Sarah-. Su corazón ya no aguantó tantos años y decidió que ya había tenido suficiente.

Nash miró una de las fotos que estaban en la mesita de centro y tomó una. Era la foto de un hombre idéntico a él, sólo que sin el fleco y con un bigote muy espeso, así como unos lentes más grandes y redondos. Vestía un uniforme naval de gala. En la parte de abajo, estaba la inscripción: “Gral. Charles K. Nash.” -¿Es tu papá? -preguntó Cammy.
-Sí. Me hubiera encantado verlo una última vez.
-Tu “tata” te está viendo desde allá arriba -lo consoló Francisco, mientras ponía una mano en su hombro-. Te aseguro que está orgulloso de tí, compadre.
Nash soltó un suspiro. -Ojalá… pero… hay algo que nunca me perdonó.
-¿Y eso? -preguntó Cammy.
-Verán… él quería que yo me enrolara en La Marina, pero yo me enrolé en la Fuerza Aérea. Nunca aceptó esa decisión.
-Pero, pues es casi lo mismo -objetó Francisco-. Los dos grupos pertenecen a las Fuerzas Armadas Americanas. La única diferencia es que unos vuelan y otros navegan… ¿o me equivoco?
-No estás tan equivocado, Púnisher… pero son ideas que luego tienen los padres… no sé si me entiendas.
-Te entiendo perféctamente. Mi papá quería que sus dos hijos fueran militares, ¡PERO NO! ¡Yo tenía que ser “la oveja negra de la familia” metiéndome a la AFI! Mi hermano sí le “cumplió” a mi papá y fue militar… Le costó mucho trabajo aceptar mi decisión.
-Ya se ve que estuvimos en la misma problemática.
-Y agrégale que a mi papá nunca le agradaron los policías. Los consideraba incompetentes para cumplir su trabajo (y, en parte, tenía razón).

Esa mañana, y parte de la tarde, la pasaron Nash y su madre conviviendo e intentando recuperar el tiempo perdido. Por supuesto, no podía faltar el momento incómodo (para Nash) en donde Sarah le mostró sus fotografías de bebé y de niño a Cammy y a Francisco (-No te preocupes, compadre -le dijo Francisco-. No va a salir nada de aquí. ¡Te lo juro!). Y, tras la cena, llegó el momento de partir.
-Mamá… en verdad no quisiera irme, pero hay una misión que tengo que cumplir -dijo Nash.
-No te preocupes, hijo  Ésta es tu casa, y aquí estaré esperándote -lo confortó Sarah. Dicho lo cual, se abrazaron muy fuerte. Después le habló a Cammy. -Hija, te lo encargo mucho… ¡Y no se olviden invitarme a la boda!
-¡¡¡¿BOOOODAAAA?!!! -exclamaron Cammy y Nash al mismo tiempo.
-¡Pero… pero… pero tenemos muy poco tiempo de novios! -reclamó Cammy.
-¡Como un mes y medio! -precisó Nash.
-¡Es muy pronto para pensar en boda…! ¿O no?
-Mi amor, te prometo que, cuando terminemos con esta misión, empezaremos a pensar en eso -dijo Nash.

-Me dió mucho gusto verte, sobrino -dijo Kevin.
-A mí también, tío -respondió Nash, y se dieron un abrazo.
-Y no se te olvide visitarme de vez en cuando, en Bloomfield Hills, Míchigan.
-Claro, tío.
-Y, por su puesto, no se te olvide invitarme a la boda…
Nash, por poco, se desmaya. -¡¿ET TÚ TÍO…?!

Sarah se acercó a Guile. -Gracias por traerme a mi hijo de vuelta.
-No me lo agradezca, Señora Bárker. Fue Charlie el que me pidió traerlo para verla -aclaró Guile.
-Como sea, lo trajiste y eso me ha hecho muy feliz.

Luego se dirigió a Francisco -Fue un placer conocerte -le dijo.
-El placer fue mío, señora -agradeció Francisco.
-Cuídate mucho -le dijo Kevin-. Lo mismo tú, Guile.
-Gracias, Kevin -agradeció Guile.
-Nos estamos viendo -dijo Francisco-. Y ya sabes, Nada de hablar sobre mi “otra profesión”
-No te preocupes, Púnisher. Tu secreto está bien guardado.
-Bueno, será mejor que nos vayamos -opinó Guile-. Ya deben estar esperándonos en San Francisco.
El grupo subió al Impala y tomó el camino de regreso a la Mansión Masters.

Mansión Masters
Pacific Heights
San Francisco, California.
Estados Unidos.

-¡YA LLEGAMOOOOOS! -anunció Francisco.
-Qué bien -dijo Ken-. Les tengo una noticia.
-¿De qué se trata, Masters? -preguntó Guile.
-Karin nos espera en su residencia, en Japón. Creo que ya tiene una solución al problema.
-Esa es una buena noticia. ¿Cuándo tenemos que estar en Japón?
-A más tardar, en dos días -contestó Ken.
-Me imagino que tú te quedas aquí, Ken-sensei -aventuró Francisco.
-¿Quedarme aquí…? ¿Y perderme toda la diversión…? ¡Ni loco que estuviera! ¡Voy con ustedes!
Aparecieron Eliza y Julia -Nosotras vamos con ustedes -pidió Julia.
Guile y Ken se opusieron rotundamente. -No es ni viaje de negocios ni de placer -observó Ken.
-Lo mejor es que se queden aquí con los niños -opinó Guile-. Julia, tú sabes mejor que nadie los peligros de mi profesión, y no quiero que te pase nada.
-De acuerdo, Billy -aceptó Julia.

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