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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 46: Rumbo a Japón.

A la mañana siguiente…

Casa de los Castillo.
Mission District.
San Francisco, California.
Estados Unidos.

¡BUUUUUUZ!

-¡Yo abriré! -anunció Francisco.
Abrió la puerta y encontró a Ken y a los demás. -¿Ya están listos para irnos? -preguntó Ken.
-Ya casi, Ken-sensei… Sólo ultimamos unos detalles y ya está. Mientras tanto, pasen, pasen -invitó-.El grupo entró a la casa y se sentaron a esperar a Ángel y los Castillo. -¡Estos dos, cómo se tardan! -se exasperó Francisco-. ¡¡¡ÁAAAAAAANGEEEEEEEEEEEL…!!! ¡¡¡PEPEEEEEEEEEEE…!!! ¡¡¡¡A VER A QUÉ HORAAAAAAAAAAAAAAAAS!!!! -gritó.
-¡¡¡YA VAMOOOOOS!!! -gritó José Luis, desde la planta alta.

Por fin, Ángel y José Luis bajaron a la planta baja y saludaron escuétamente al grupo. -¿Están seguros de que traen todo? -preguntó Francisco-. Porque si descubro que falta algo con todo lo que se tardaron, no se la acaban.
-¡Tranquilo, carnalito! -respondió José Luis-. Aquí traemos todo.
-Si yo misma revisé dos veces -aseguró Ángel.
-Más les vale -advirtió Francisco.
-Oye… ¿nos llevaremos las guitarras? -preguntó José Luis.
-¿Para qué? ¡Vamos a una misión, no a un recital! -citó Francisco a Guile.
-Pues… la vez pasada nos fueron muy útiles… además con lo largo del viaje, pues…
-Buen punto. Pues ayúdame a ponerlas en sus fundas y nos las llevamos.
Los Castillo guardaron las guitarras y el bajo acústicos en sus fundas y las subieron, junto con su equipaje, al Impala. Cerraron con llave su casa, subieron al Impala y se fueron siguiendo al Lexus LX de Ken, en donde venían los demás.

Base de la Fuerza Aérea Estadounidense “Travis”.
Fairfield, California.
Estados Unidos.

El Léxus y el Impala llegaron a la base aérea, donde los esperaba un… avión bastante especial. -Damas y caballeros -dijo Guile-, les presento al “Thunderhawk”.
El “Thunderhawk” era un “convertiplano”, es decir, una aeronave dotada de alas fijas convencionales y propulsada por hélices cuyo eje de rotación es orientable, lo que la convierte en un híbrido entre el avión y helicóptero. En este caso, era un Bell-Boeing V-22 Osprey, pintado con camuflaje en tonos verdes y sepias. Cuenta con una capacidad para 24 soldados (en asientos), o 32 (de pié) o un vehículo ligero. Nash soltó un silbido al verlo. -Nunca había visto una aeronave como ésta -comentó.
-Es lo más reciente que tenemos en la Fuerza Aérea, Charlie -contestó Guile-. Logré que el general Taylor me lo prestara para este viaje.
-¡Vaya! ¡Hasta que ese general Taylor hace algo útil! -exclamó Francisco.

El grupo abordó al Thunderhawk y colocó sus cosas en la parte de atrás de la aeronave. El interior había sido adaptado para llevar 20 asientos y el mismo tipo de mesa que llevaron a la misión en Ciudad Juárez. Guile se sentó en el asiento del piloto. -¡Charlie! ¡El asiento del copiloto es tuyo!
-Errr… gracias, Guile… pero no creo poder ayudarte a pilotear esta aeronave. Ya se vé muy avanzada para mí.
-¿Ya tan pronto te das por vencido? Mira el pánel de instrumentos. No es algo que no hayas visto antes.
Nash miró el pánel. -Pues… viéndolo así… no se vé tan complicado -opinó. Se sentó en el lugar del copiloto y notó otros dos asientos justo atrás de ellos -¿Y esos asientos?
-Son para los ingenieros de vuelo, pero no vamos a necesitar. Bien, vamos a encender esta cosa.

Las aspas giraron y la aeronave se elevó de forma vertical. -¡AY GÜEY! -exclamó Francisco-. ¡Creí que esta cosa iba a tomar pista y a tomar vuelo como los aviones de siempre
-Ésta es una de las características del “Thunderhawk”, Detective -indicó Guile-. Puede despegar y aterrizar de forma vertical, como los helicópteros.
-También los jets “Harrier” son de tipo VTOL, o de despegue tanto horizontal como vertical -agregó Nash-. ¿Nunca has visto uno, Púnisher?
-Pues nada más en fotos, porque en vivo, nunca.

Al llegar a una altura determinada, el par de hélices (cuyas aspas son más grandes que las de un avión tradicional, pero más pequeñas que las de un helicóptero) fueron inclinándose hacia el frente, con lo que el “Thunderhawk” fue moviéndose poco a poco en dirección horizontal. Cuando las hélices quedaron perfectamente orientadas al frente, la aeronave inició su viaje a gran velocidad. En este punto, Guile puso el piloto automático y, junto con Nash, se dirigió a la cabina donde estaban los demás en sus asientos.
-¿Como cuánto durará el viaje? -preguntó José Luis.
-Aproximádamente… unas diez horas -contestó Guile.
-Pufff… ¿Alguien trae una baraja, para matar el tiempo?
-Jeh… si estos viajecitos contaran en mi tarjeta de millas frecuentes, ya me hubiera hecho millonario… Es más, ya hasta te hubiera comprado la casa, Ken-sensei… y me quedo con cambio.
-A propósito, señor -intervino José Luis-, ¿qué hacen ustedes los militares norteamericanos en vuelos tan largos?
-Por lo general venimos concentrados en la misión, soldado -contestó Guile.
-Aunque no son viajes tan extensos, Rócker -aclaró Nash.
-¿No? ¡Jeh! ¡Nunca te han mandado a Irak! ¿O sí?
-Ya no me acordaba de esas experiencias.
-¿A usted nunca lo habían mandado a este tipo de misiones tan largas, soldado?
-Jamás en mi vida, señor. Lo más tardado que hemos ido en misión son dos horas.
-Además -habló Francisco-, mi país no hace incursiones militares en otros países, simple y sencillamente por que (hizo especial énfasis en las siguientes palabras) NO NOS METEMOS EN LO QUE NO NOS IMPORTA. ¡Bastantes problemas tenemos entre nosotros como para, siquiera, intentar arreglar los problemas ajenos!
Guile y Nash se sonrojaron -Bueno… nosotros solo obedecemos órdenes…
-No es contra ustedes, sino contra su gobierno. Para nada atacaría a los habitantes de un país que nos ha dado de comer, la verdad sea dicha.

Tras unas tres horas de vuelo, (y luego de que los Castillo agotaron todo su repertorio de chistes), el grupo empezó a aburrirse. Francisco volvió a intentar hacer la plática. -No sé ustedes, pero tiempo después de que me uní a esta misión, ya los veo como si fueran… mi familia.
-Tienes razón -admitió Cammy-. Yo también así lo he sentido, aunque a muchos ya los conozco de tiempo atrás.
-Y algo me dice, que vamos a conocer más gente -opinó Nash.
-¡Tengo una idea! ¿Qué tal si armamos otra dinámica de grupo, como la de nuestros miedos? -sugirió Chun-Li.
-Buena idea, ¿de qué sería ahora? -preguntó Ken.
-Cierto, no se vale repetir -apuntó José Luis.
-Pues entonces… ¡Ya está! -sonrió Chun-Li-. Vamos a decirnos qué nos gusta y qué no.
-¿Pueden ser sugerencias para regalos de cumpleaños? -preguntó José Luis, con una sonrisa.
-¡Aaaaayyyy…! ¡Ya salió el interesado! -dijo Francisco, con un dejo de fastidio-. Propongo una restricción: no se vale decir personas con las que tengan una relación amorosa, por la simple y sencilla razón de que… ya lo sabemos.

-Bien, entonces yo empiezo -pidió Guile-. Me gusta el café americano, los coches americanos, las películas de John Wayne, mi cabello y mi familia.
-¿Su… cabello, general? -preguntó Francisco, con cara de asombro?
-¿Y por qué no? Todos tenemos derecho a ser vanidosos de vez en cuando.
-De acuerdo, de acuerdo. ¿Y lo que no le gusta?
-No me gustan ni los osos, ni desperdiciar dinero en comida ni el nattou.
-¿Nattou?
-El Nattou es una bebida alcoholica hecha con frijol de soya fermentado -informo Ryu.
-Y que tú me hiciste probar, Hoshi -reclamó Guile.
-¿Frijol de soya…? ¡GUÁCATELAS! -expresó José Luis.

Nash fue el siguiente en hablar. -Recuerdo que me gustaban la justicia y el whisky escocés. Ahora parece que no me gusta nada. Y detesto la injusticia… no la soporto.
-¿Cómo está eso de que no te gusta nada? -preguntó Francisco.
-Puede ser una consecuencia de todo lo que me pasó, Púnisher -contestó Nash. No sé cuál sea tu opinión como psicólogo.
-Pues, no creo que andes mal… nada mal

Cammy tomó la palabra. -Todos saben que me encantan los gatos.
-Me consta -intervino Nash-. Tiene colección de figuritas de gatos por toda su casa.
-¿Y también en…? -quiso preguntar José Luis, pero se calló cuando Francisco puso le puso un puño en su quijada.
-¿Y lo que no te gusta? -preguntó Nash.
-Hubo una época en la que odiaba TODO cuando estaba de mal humor.
-¿En serio? -preguntó Nash.
-En serio. Y lo que menos soportaba, era a los tipos cómicos.
Francisco y José Luis tragaron saliva. -¿Y… ya superaste esa etapa? -preguntó Francisco, con voz trémula.
-Ya tiene mucho que superé eso.
-¡¡¡HUUUUUUY!!! Entonces qué bueno que te conocimos en esta época -dijo José Luis.
-Si nos hubiera conocido en sus malas épocas, capaz de que nos arranca las cabezas y las exhibe en su casa con el letrero de: “Asesinados por pasarse de graciosos” -agregó Francisco-. ¿Y aparte de eso, algo más?
-Claro: detesto el crimen… y las sopas.
-¿Las sopas? Entonces eres como Mafalda.
Cammy rió con ese comentario. Nash pareció confundido -¿Quién es Mafalda? -preguntó.
-Mafalda es una tira cómica creada por Quino, un caricaturista argentino. Habla de una niña con un muy particular modo de ver el mundo… y que detesta la sopa -contestó Francisco.
-Y, por si fuera poco, Quino decidió “matarla” de una forma muy particular: atropellada por un camión de sopa -agregó José Luis.

Ahora, habló Ken. -Yo adoro a mi familia, la pasta, andaba en patineta mucho (ahora ya casi no), me encanta ir a la playa, me gustan los autos deportivos y, sobretodo… entrenar.
-¿Entrenar? Estamos igual, Ken-sensei -dijo Francisco.
-Espérate, que todavía no es tu turno -le informó José Luis.
-Perdón, me dejé llevar. Continúa, Ken-sensei.
-Detesto el “Satsui No Hado”, perder peleas, las telenovelas y el Umeboshi.
-¿Umeboshi…? ¿Y eso qué es?
-Ciruelas conservadas en vinagre.
-Ciruelas conservadas en… -dijo Francisco. De repente, él y su hermano se vieron a la cara. -¡¡¡¿CIRUELAS EN ESCABECHE?!!! -exclamaron los dos en coro-. ¡¡¡¡¡QUÉ AAAAAAAAAAASCOOOOOOOOOOOOOOOOOO…!!!!!

-Oye, Ryu… creo que te toca -le dijo Ken.
-¿A mí…? -preguntó Ryu.
-Sí… a tí… vamos… intégrate más.
Ryu refunfuñó, pero aceptó- Bien. Me gustan las artes marciales en general, un dulce llamado mizuyokan, las uvas, la carne, la comida en general, el pastel de carne, la naturaleza, viajar y ayudar a la gente con problemas. Detesto el Satsui No Hado, el poder psíquico, el materialismo, las arañas… y usar zapatos. Desafortunadamente, tengo que usarlos cuando estoy en la ciudad.
-Tranquilo. Ahora puedes quitártelos. Estamos en confianza -lo tranquilizó Francisco.
Ryu se quitó los zapatos y los puso a un lado de su asiento. -¡AAAAAAAAHHH…! ¡QUÉ ALIVIO! -suspiró.
-Pues ni tanto -comentó José Luis. Sacó una lata de desodorante ambiental en aerosol y dió una descarga.

¡¡¡CUAS!!!

Ryu le dió un puñetazo en la cabeza a José Luis. -¡¡¡YO ME BAÑO A DIARIO!!! -le gritó, ofendido.
-Pero si era una broooomaaaaaa… -lloró José Luis, con su ya tradicional hilo de voz.
-Ay hermano -lamentó Francisco-. Un día de estos te van a romper el hocico por andar de chistoso, vas a ver…

Ángel tomó la palabra. -Yo adoro la ropa serie P-D y tipo Vintage B-3, ir a conciertos, manejar motocicleta, el futbol sóccer (y juego de portera, ¿eh?), el tequila y la comida saludable, en especial, el nopal en rebanadas. Y lo que más odio, es apostar.
-¿Apostar? -preguntó José Luis-. ¿Y eso?
-Tú también odiarías apostar si tu padre hubiera perdido todo lo que tiene apostando a lo idiota -le contestó Ángel.
-En verdad, lo siento -lamentó José Luis-. Qué mal que tu padre haya arruinado a tu familia por andar de tahur.
-¿Tahur? -preguntó Guile.
-Tahur es una persona adicta a los juegos de apuesta -definió José Luis-. Es capáz de apostar su alma con tal de seguir jugando.

Ahora, Francisco se animó -Bueno, a mí me encanta comer, entrenar, tocar la guitarra y el bajo, leer (de hecho, no me puedo dormir si no he leído algo, aunque sea la formulación de una medicina… y adoro las obras de Arthur Conan Doyle, en especial “Shérlock Holmes”), adoro la lucha libre profesional (y bueno, deportes de contacto en general), como buen latinoamericano me gusta el fútbol soccer, una buena película… Lo que detesto es el desorden, que me ganen con trampas, la deshonestidad, mentir, la corrupción, la mediocridad, que me jalen las mejillas, que abusen de las mujeres, el crimen y la injusticia en general… y que hablen mal de la lucha libre profesional en mi cara.
-¿Y eso, Púnisher? -preguntó Nash.
-Me refiero a que digan que es una farsa y que no nos golpeamos de a deveras.
-Pero si ustedes tienen eso de “vender los movimientos”, detective -dijo Guile.
-Claro, pero eso lo hacemos para no lastimarnos DE MÁS. No quiere decir que apenas y nos toquemos, no. Sí nos pegamos, pero no con tanta fuerza, a diferencia del box o las MMA, donde los trancazos sí son en serio.

José Luis siguió en turno -A mi también me encanta comer, entrenar, tocar la guitarra, la lucha libre profesional, el fútbol soccer, me encanta el rock y el metal (pero si hay otro género que tenga una buena canción, no le pongo reparos), me encanta cocinar, reír y hacer reír a los demás, los tatuajes, todo lo que tenga que ver con cosas militares. Odio también que me ganten con trampas, la deshonestidad, mentir, la corrupción, la mediocridad, las agujas hipodérmicas… y también detesto que hablen mal de la lucha libre en mi cara.

Chun-Li cerró la dinámica. -Adoro las crepas, las frutas, los dulces y la confitería occidental. No puedo vivir sin dulces.
-A lo mejor eres hipoglucémica -sugirió Francisco.
-¿Eh…?
-La hipoglucemia es cuando tienes baja la glucosa. Es el punto contrario de la diabetes.
-¡Ah!
-¿Y lo que más odias?
-El crímen, la gente que no puede llegar al punto, los indecisos y los sospechosos de hacer algo malo.

-Bien -dijo Francisco-, creo que todos tenemos algo en común: nos gusta hacer el bien de una u otra forma (si no, no estaríamos aquí). Y también tenemos en comun que odiamos a un grandísimo HIJO DE TODA SU CHINGADA MADRE QUE SE LLAMA M. BISON, QUE NOS DESGRACIÓ LA VIDA A LA MAYORÍA DE LOS QUE ESTAMOS AQUÍ, Y QUE AHORA SE QUIERE JODER AL MUNDO CON SUS PINCHES MAMADAS QUE SE LLAMAN LUNAS NEGRAS, PERO QUE NO SE VA A PODER, PORQUE SE VA A TOPAR CON PARED Y LE VAMOS A DAR UNA CLASE DE PUTIZA QUE, CHIQUITA, NO SE LA ACABA… (jadeó) ¡Hasta que lo sáqué!
Sonó una señal. Guile se acercó al tablero de instrumentos. -¡Abrochen sus cinturones, porque estamos a punto de llegar! -anunció.
-¡Guau! ¡Cómo pasa el tiempo cuando la gente se divierte! -exclamó José Luis.

Residencia Kánzuki.
Pista privada de aterrizaje
Tokio, Japón.

El “Thunderhawk” colocó sus hélices en posición vertical y descendió como si fuera un helicóptero en la pista privada de la residencia Kánzuki. Karin y Shibasaki los esperaban abajo. -Bienvenidos a mi casa -saludó Karin cuando todos descendieron.
-Encantado de verte, otra vez, Karin -dijo Ken.
-Igualmente, Ken-san -agradeció. Luego dió una orden -Shibasaki.
-¿Sí, Kánzuki-sama?
-Ayuda a nuestros invitados con su equipaje, por favor.
-Sí, Kánzuki-sama.

Karin fue mostrándoles la residencia al grupo en general. -Disculpe, señorita Kánzuki -habló Francisco-, ¿Para salir a la ciudad de Tokio?
-Para eso, tome usted el tren en nuestra estación privada -informó Karin.
-¿Y no sería mejor poner una estación del metro? -sugirió José Luis.
-¡¡¡UOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JO JOOOO…!!! -rió Karin (cosa que a Francisco le puso los nervios de punta)-. Vaya ocurrencia que tiene, José-san… pero sí es una buena idea. Le pediré al ayuntamiento que la coloque.

Karin los llevó a sus habitaciones. -Chun-Li-san, Cammy-san y Ángel-san. Esta habitación es suya -indicó, mientras Shibasaki abría la puerta y metía su equipaje. -Guile-sama y Nash-san, ustedes se quedarán aquí. Ken-san y Ryu-sama, esta es su habitación. Francisco-san y José-san, disculpen, pero les tocó la habitación menos agradable de todas -lamentó Karin.
-No se preocupe, señorita Kánzuki -disculpó Francisco-. No pasa nada.

Karin abrió la habitación y los Castillo se fueron de espaldas. -Oiga, señorita -empezó José Luis-, si esta habitación es la peor, ¿cómo estará la mejor?
-La mejor hasta ha de tener un refrigerador y un jacuzzi… y hasta su bar. -bromeó Francisco.
-¡¡¡UOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JO JOOOO…!!! -rió Karin, mientras que Francisco hacía un gesto de dolor por la risa. -¡Ustedes dos son muy ingeniosos! -los felicitó-. Ahora, si me disculpan, tengo que arreglar otros asuntos.
-Pase usted, señorita…

Los Castillo se quedaron solos en su habitación. -Bien, pues así las cosas -expresó Francisco. Se sentó en una cama y puso cara de sorpresa -¡Ah, caray…! ¡¡AH, CARAY…!!
-¿Qué pasó, carnal?
-¡¡¡”ANALGUICÉ” EN BLANDITO!!! -exclamó.
-A ver a ver a ver… ¿Cómo estuvo eso? -preguntó José Luis.
-¡Prueba la cama! ¡Está suaveciiiita suaveciiiita!
José Luis se sentó en la otra cama. -¡NO MAMES…! ¡¡¡NO MAMES!!! ¡¡ESTÁN DE POCA MADRE ESTAS CAMAS!!
-Tu lo has dicho… lástima, porque me voy a acostumbrar muy pronto.
-Ay, esta vida de ricos, y nosotros, tragando pinole -lamentó José Luis.
-Ni modo, pero así es esto -externó Francisco-. A propósito, ¿sabes algo?
-¿Sí…?
-ME CASTRA LA RISA DE LA ANFITRIONA. (Justo en ese momento, se volvió a oír la risa de Karin: “¡¡¡UOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JO JO JO JO JOOOO…!!!”) ¡¡¡AAAAAYYYY…!!! ¡¿No te digo?! ¡Me cae que si vuelvo a oír otra risita como esa, me quito un calcetín y se lo meto en la boca para que se calle!

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