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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 48: … Y otros se integran.

Una vez que Ryu y Jin tomaron rumbo al dojo de Gouken, el grupo fue al gran comedor improvisado a desayunar. Esta vez, juntaron las mesas para formar una sola gran mesa, y así todos pudieran convivir. En la misma mesa donde colocaron las viandas para la cena, ahora había viandas para desayunar: cereales, frutas, verduras, panqueques, waffles, huevos revueltos, pan tostado, jamón, salchichas, jugo de naranja, leche entera, leche light, leche deslactosada, chocolate… y, como en la cena, los Castillo se esperaron a que los demás se sirvieran para poderse atascar a placer. -¿Nos volvemos a mandar, carnal? -preguntó José Luis.
-No… ahora sí mídete… ¡VAN A CREER QUE NO CENAMOS! -susurró Francisco.

Karin y Birdie se unieron a la mesa con los demás, con Karin ocupando la cabecera. A Birdie le pusieron una montaña de panqueques bañados con litros de miel de maple y altas dosis de mantequilla. -Con razón estamos como estamos -pensó José Luis.
Mientras desayunaban, comentaban lo animada que estuvo la pelea de almohadas. -¡Nunca me había divertido tanto en mi vida! -admitió Chun-Li
-Fue una gran idea, señorita Kanzuki -anotó Ángel.
-No fue nada -contestó Karin-. Algo que se me ocurrió de improviso.
-Y nosotros, que sin deberla, ni temerla, acabamos involucrados -reconoció Ken.
-Pues sí, Ken-sensei, ¿pero quién nos manda andar de metiches? -dijo Francisco-. Todavía tengo el sabor de las plumas en la boca -declaró, mientras comía una porción de huevos con jamón… separados.
-¡Tú mejor ni digas nada! ¡De buenas a primeras, todos me agarraron a almohadazos…! -reclamó José Luis-. ¡TAN SIQUIERA UNO POR UNO! ¡NO SEAN MONTONEROS!
-¡¡¡UOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JO JOOOO…!!! -rió Karin-. La verdad, esa fue la parte que más disfruté.
-¿Ah, sí…? ¡Para la próxima, le hacemos montón a usted! -advirtió José Luis, con una sonrisa.
-Y hasta los más serios acabamos involucrados -señaló Nash-, ¿verdad, Guile?
-Cierto -admitió Guile-, pero esa es una de las cosas de las que no me arrepiento.
-¿En serio, señor? -preguntó José Luis-. Siempre pensé que no le gustaba hacer el ridículo.
-Y no me gusta, Soldado… pero siempre es bueno darse permiso de vez en cuando. Me sirve para no sentirme perfecto.
-Y antes de que se me siga olvidando… tenemos que recoger TODO EL TIRADERO DE PLUMAS que dejamos en esa habitación -dijo Francisco.
-No se preocupe, Francisco-san -comentó Karin-. La servidumbre se encargará de limpiar el cuarto en un santiamén.
-Sí, señorita Kánzuki, pero de donde vengo, nos enseñaron a recoger lo que tiramos.

Birdie no ponía atención a la charla, pues estaba más concentrado en acabarse su montaña de panqueques. -Se ve (¡CHOMP!) que estuvo (¡GLUP!) divertida (¡MUNCH!) esa pelea -habló Birdie, con la boca llena de panqueques-. ¡¡BUUUUUUUUUUUUUUUUURP!!
-¡ACK…! ¡QUÉ ASCO…! ¿QUIERES TENER UN POCO MÁS DE EDUCACIÓN? -reclamó Cammy, francamente asqueada.
-¡¿NO TE ENSEÑARON MODALES EN TU CASA?! -exclamó Ángel, molesta.
-¡OYE, SÍ! ¡¿QUÉ NO VES QUE HAY DAMAS AQUÍ PRESENTES?! -se unió José Luis a los reclamos-. ¡Ya ni yo en mis peores épocas!
-¡JA! ¡Me lo dicen una ex-agente de Shadaloo, una asesina de NESTS y un luchador fracasado -contestó Birdie.
Cammy, Ángel y José Luis se sorprendieron y enfurecieron con ese comentario. Nash entró al quite -¡Mucho cuidado con lo que dices, cerdo idiota! -lo amenazó!- ¡Estás pisando un hielo muuuuuy delgado…! Te lo advierto.
-¡Otra vez “el pollito” molestándome! ¡Vámos a arreglarlo de una buena vez!
-¡NO AQUÍ! ¡ESTAMOS EN UNA CASA DECENTE! -intervino Francisco. Después le habló a Karin. -No entiendo por qué le dió alojamiento a este puerco, señorita Kánzuki.
-¡¡¡UOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JO JOOOO…!!! ¡Es mi colaborador especial! -contestó Karin.
-¿Colaborador…? Hum… Con todo respeto, tiene una forma muy curiosa de elegir a sus colaboradores -observó Francisco.
-¿Y cómo fue que le dió ese trabajo, si no es mucha indiscreción? -preguntó José Luis

Karin empezó el relato. -Birdie llegó a esta residencia muy cansado y hambriento. Se veía que llevaba días corriendo y estaba huyendo de algo o de alguien.
-Ese algo era Shadaloo -continuó Birdie, quien ya se había acabado su montaña de panqueques-. Yo había decidido dejarlos por la forma tán terrible en la que manejaban el negocio.
-¿Ah, sí? -preguntó José Luis-. ¿Y qué hacían que no te parecía?
-Bueno…

Aquí viene el relato de Birdie.
-Uno de los generales de Shadaloo me estaba regañando por una violación a una norma estúpida -¿Y dónde dice que tengo que usar este sombrero? -le pregunté-. ¡Miserable! ¿Qué crees que esto le hará a mi estilo brillante de peinado? ¡Ningún sombrero toca este cabello!
-¡IDIOTA! -me gritó-. ¡Eres un miembro de Shadaloo! ¡Debes obedecer las políticas que he puesto en este lugar!
-A ver a ver a ver… -interrumpió Francisco-. Nos estás diciendo… que dejaste Shadaloo… ¡¿POR CULPA DE UN PINCHE SOMBRERO?!
-Sí… fue por eso… Nadie… ¡NADIE ARRUINA MI PEINADO! -gritó Birdie.
Francisco golpeó su frente con la mano derecha. -¡¡¡AY NO MAAA…!!! ¡¡¡¡¡SEGURIDAD!!!!! -exclamó-. ¡Creí que era por un motivo más significante!
-¡Mi cabello es significante para mí!

Terminaron de desayunar, y llegó la hora de planear la agenda del día. -Señorita Kanzuki -le habló Guile.
-¿Sí, Guile-san?
-Necesitamos dos espacios: uno, para trabajar en el caso; y otro, para entrenar.
-Si necesitan trabajar, pueden usar el salón anexo a donde desayunamos. Y si quieren entrenar, síganme. Los llevaré al gimnasio.
El grupo se fue detrás de Karin rumbo al gimnasio, pasando por la enorme piscina del lugar y el salón de juegos. -¿Y así piensan que vamos a trabajar a gusto? -preguntó Francisco.
-Ni de broma. Es como enseñarle matemáticas a un niño en una feria -analizó José Luis.
-Lo bueno, es que tienen gimnasio. Quién sabe si tengan un ring.
-Solo hay una forma de averiguarlo. Y si no lo tienen, no importa. Aquí lo más recomendable es mantenerse en forma
-Tienes razón. No vayamos a terminar redondos como Birdie.

¡WHACK!

Birdie (que estaba atrás de los Castillo) los agarró del craneo y los estrello uno contra el otro.
-¡Aaaaaauuuuuu…! ¡Esto me pasa por bocaflojaaaaaaaaaa…! -lamentó Francisco, con un hilo de voz.
-¡Para que veas lo que se sienteeeeeeeeeeeee…! -contestó José Luis, con su típico hilo de voz.

Finalmente, el grupo llegó al gimnasio. -Como pueden ver -habló Karin-, este gimnasio es el más equipado, con lo más moderno de aparatos de ejercicio -dijo, mientras señalaba aparatos como bancos de pesas, sillas romanas, costales de entrenamiento, muñecos “sparring” y… un ring para lucha libre.

A los Castillo les brillaron los ojos cuando vieron el ring, y más rápido que de inmediato, corrieron hacia él y le abrazaron dos de los postes -¡Gracias, y bendita seas, lucha libre! -exclamó Francisco, mientras besaba el esquinero.
-¡Nunca dejas desamparados a tus seguidores! -“agradeció” José Luis, quien se aferraba al poste con verdadero cariño.
Ángel los veía atónita. -Sabía que adoraban su profesión, pero nunca creí que llegaran a estos extremos -comentó.

Los Castillo se subieron al ring y lo probaron -¡Está en perfecto estado, señorita Kánzuki! -observó Francisco.
-Disculpe, ¿para qué tiene un ring aquí? -preguntó José Luis.
-Otros compañeros suyos vienen aquí de vez en cuando. Son luchadores a los que la Kánzuki Zaibatsu patrocina -informó Karin.
-¿Luchadores… patrocinados…?

En eso, Francisco se vió arrollado por una mujer rubia peinada con dos colas de caballo a los lados y bastante generosa de formas. Llevaba un leotardo azul cielo con olanes blancos a los lados, un antifaz del mismo color y un par de botas de luchador que le llegaban hasta las rodillas. -¡Stingray! ¡Rockero! ¡Qué gusto verlos! -exclamó la mujer.
-Errr… gracias. También nos da gusto verte, Mika -contestó Francisco.
José Luis ayudó a los dos a levantarse -Has crecido mucho, Mika -observó.
-Gracias, Rockero. Ustedes dos también están muy cambiados, sobre todo tú, Stingray -dijo Mika.
-¿Stingray…? -preguntó Ken.

Mika y los Castillo se bajaron del ring y se acercaron a los demás. -“El Stingray” fue un nombre que usé en Japón, ya hace varios años -informó Francisco. De inmediato, se dió cuenta de una falta cometida. -¡Pero qué bruto! ¡No te he presentado con mis amigos!
-¡No hace falta, Stingray! -aclaró Mika-. Ya los conozco a todos… menos… a tí (señaló a Ángel)
-¡Ah, mira! Ella es Ángel Torres, mi novia -la presentó José Luis.
-¿Tu… novia… Rockero? -preguntó Mika, con cierto tono de decepción.
-Sí, soy su novia. Mucho gusto -contestó Ángel, mientras le daba la mano.
-Hai, Ángel-san -saludó Mika.

-¡JAAAAA JA JA JA JA JAAAA…! -se oyó una risa profunda-. ¡Pero si aquí están mis tovarishchi! -exclamó.
El grupo volteó a la entrada y encontró a un hombre enorme, musculoso a más no poder, de cabello, barba, bigote y pelo en el pecho de color negro, peinado con un mohawk y con el cuerpo cubierto de cicatrices. Llevaba una trusa color rojo, con un cinturón amarillo, muñequeras rojas y amarillas y un par de botas rojas de luchador. -¡Mira nada más! -exclamó Francisco-. ¡Pero si es el camarada Zangief!
Zangief se acercó y chocó manos con los Castillo -¿Siguen en el negocio?
-Así es, camarada -contestó José Luis-. ¿Y tú, que has hecho?
-No mucho, aparte de enseñarle a todo el mundo… ¡EL ESPÍRITU DEL MÚSCULO! -exclamó Zangief, mientras flexionaba sus brazos y hacía pose de fisicoculturista.
-¿Espíritu del músculo? -preguntó Francisco-. ¡No te estarás metiendo cosas que no debes!
-Tovarishch… ¡YO JAMÁS HARÍA ESO! ¡ATENTARÍA CONTRA LAS LEYES SAGRADAS DEL ESPÍRITU DEL MÚSCULO! -exclamó Zangief.
-¡ASÍ SE HABLA! -felicitó Mika.

Zangief volteó hacia el grupo. -¡JE JE JE JE JEEE! ¡Veo que no vienen solos, sino que traen a viejos amigos!
El grupo se acercó a Zangief. -¿Cómo has estado, viejo amigo? -saludó Ken.
-Nunca me imaginé encontrarte aquí, Zangief -admitió Guile.
-Creí que estabas en Rusia -dijo Cammy.
-Estoy en una pequeña gira de trabajo con Mika -informó Zangief-. Cuando quieran ir a vernos…
-Gracias, Zangief… pero estamos aquí por motivos de trabajo -habló José Luis.
-¡Oh…! ¡Qué lástima! -lamentó-. En eso, Zangief reparó en Nash. -¿Pero qué…? -lo reconoció.
-Hola, Zangief -saludó Nash.
-¡Tovarishch Nash! ¿Pero cómo? ¡Me dijeron que estabas…!
-Muerto, sí, ya sé… Es una historia larga de contar.

Ibuki llegó al gimnasio. -Kánzuki-sama, han llegado -dijo.
-Hazlos pasar -ordenó Karin.
-Llegaron… ¿quienes? -preguntó Ken.
-Ahora lo verán -dijo Karin-, ahora lo verán.
Se presentaron cuatro ninjas vestidos de negro, dos hombres y dos mujeres. Una de las mujeres tenía el cabello largo y castaño, peinado con una larga trenza atada con un moño amarillo. La otra mujer era muy parecida a la anterior, pero con el cabello más corto y de color púrpura, sujeto con una banda de color púrpura más oscuro. El primer hombre era también muy parecido a la primera mujer, y tenía el cabello del mismo color, aunque más corto. Y el último hombre estaba enmascarado, y traía una especie de diadema plateada en la frente

-Damas y caballeros, les anuncio al grupo élite de ninjas. Nos será muy útil en esta misión -anunció Karin. -En primer lugar, les presento a Kasumi.
-Hai -saludó la chica de cabello castaño.
-Aquí tenemos a Ayane.
-Konni’ichiwa -saludo la chica de cabello púrpura.
-Éste es Hayate.
-Hai -saludó el hombre de rostro descubierto.
-Y por último, pero no por eso menos importante, está Ryu Hayabusa.
El hombre enmascarado se acercó e hizo una reverencia.

-Este grupo me fue recomendado por Helena-san -informó Karin.
-¿Y son buenos? -preguntó Guile.
-Somos los mejores, Guile-sama -contestó Hayate.
Guile se sorprendió -¡Un momento! ¿Cómo supieron mi nombre, si nunca se los he dicho?
-Estamos entrenados para recopilar información, por muy difícil que sea -contestó Hayabusa.
-Somos parte de un clan milenario de ninjas -informó Kasumi.
-Y podemos patearle el trasero a quien se nos ponga en frente -concluyó Ayane.
-Ayane… no seas presumida -la regañó Kasumi.
-¡Prima…! ¡POR FAVOR…!
-Suficiente charla -interrumpió Hayabusa-. Tenemos que saber para qué quieren nuestra ayuda.

Guile los puso al tanto sobre los hackers secuestrados y las lunas negras. -Así que Víctor Dónovan está detras de esto -observó Hayate-. Ya decía yo que esto tenía su sello.
-Pero no nada más es ese tal Dónovan -rebatió Chun-Li-. La mente maestra en este plan es Bison.
-Bison, la cabeza de Shadaloo… Sí, lo conocemos -dijo Kasumi-. Hemos estado monitoreando sus actividades desde el día del eclipse que hubo en América.
Zangief tomó la palabra -Pues si Bison se atreve a amenazar a la madre Rusia…
-Sí, sí, ya sabemos -interrumpió José Luis-. Le vas a partir toda la ídem.
-Necesitamos toda la información que puedan obtener al respecto -pidió Guile-. Lo que hagan, nos será de gran ayuda.
-¿Aparte de Víctor Dónovan, hay más involucrados? -preguntó Hayate.
-Sí. También está NESTS y Rúgal Bernstein -contestó Cammy.
-¿También ellos? La cosa es peor de lo que pensé -comentó Ayane.
-No importa, prima -la animó Kasumi-. Hicimos un juramento y lo cumpliremos.
-Bien. Ya tenemos nuestra misión. ¡A trabajar! -ordenó Hayabusa.
Los cuatro ninjas se alejaron de ahí corriendo y dando saltos. –¡Vaya! -pensó Francisco-. ¡Creí que solo pasaba eso en las películas!

El grupo salió del gimnasio con rumbo a la residencia principal, cuando llegó Sibasaki -Kánzuki-sama, tenemos visitas -informó.
-¿Ya los hiciste pasar? -preguntó Karin.
-Claro que sí, Kánzuki-sama. Están en el recibidor.
-¿Visitas…? -preguntó Ken.
-Sí, visitas. Es gente a la que yo invité a pasar una temporada y les va a gustar verlos, sobretodo a ustedes dos, Ken-san y Guile-san.
Guile y Ken se miraron -¿A nosotros?

El grupo fue al recibidor y ahí se encontraron a Amy y a Julia. -¿Pero qué…? -preguntó Guile.
-¿No esperabas vernos aquí, Billy? -le dijo Julia.
-Julia… Amy… no quiero ser grosero, pero les ordené que se quedaran en la mansión de Masters -reclamó Guile.
-¿Y dejar de verte por más tiempo? ¡No, papá! -contestó Amy.
-¡PERO AQUÍ CORREN PELIGRO!
-No se preocupe, Guile-sama -lo tranquilizó Karin-. Aquí tenemos guardias las 24 horas del día. Tanto Julia-san como Amy-chan están tan seguras como en el lugar más seguro sobre la tierra.
-¡Vamos, general! -animó Francisco-. ¡Disfrute a su familia, ahora que puede!
-Pero es que…
-Nada nada nada… Si su esposa y su hija están aquí, es porque lo necesitan. No las decepcione, por favor.

Ken se quedó pensando. -Si Amy y Julia están aquí, entonces eso quiere decir que…
-¡¡PAPÁAAAAAAAA!! -gritó Mel, mientras corría hacia su padre.
Ken se agachó y lo cargó. -¡Oye! ¿Qué pasa, Mel? ¿No se supone que estabas con tu mamá?
-Aquí estoy, cariño -contestó Eliza, quien acababa de entrar a la sala.
-Pero… pero… ¿Qué no estaban…?
-¿En casa…? ¿Y perderme la diversión?
-¡Eliza! ¡Esto no es un juego!
-¡Quiero ir contigo! ¡Quiero ir contigo! -lloró Mel.
Ken rió con la ocurrencia de su hijo. -Está bien (lo bajó). Te prometo que, cuando logres hacer un “hadoken” iremos juntos.
Mel se puso en posición. -¡¡HADOKEN!! -gritó… pero como era de esperarse, no salió nada.
-Je je je… ¡Increíble! -felicitó Ken-. Ahora, mientras papi está fuera, tú vas a proteger a mami, ¿de acuerdo?
-¡Sí, papá! ¡¡HADOKEN!! -volvió a intentar Mel, pero otra vez no salió nada.

Chun-Li, Cammy, Nash, Ángel y los Castillo observaban la escena, entre divertidos y nostálgicos. -Es lindo verlos jugar -observó Chun-Li.
-Creo que… Ken no debió venir con nosotros -dijo Cammy-. Él tiene una familia. Debió quedarse en casa y protegerla.
-Hay algunas batallas que él no puede evitar -contestó Chun-Li, mientras observaban a Ken enseñarle el “Shoryuken” a Mel-, especialmente cuando tiene a alguien a quién proteger (bajó la cabeza, con cierta tristeza) Mi padre era de la misma manera.
-De verdad, lo siento -se disculpó Cammy-. No te quería recordar cosas amargas… Sólo es que…
-¿Sólo es… qué cosa?
-Las familias… me confunden… Yo no tengo familia… -confesó Cammy.
Nash puso una mano en el hombro de Cammy. -Pero la tendrás -la consoló-, te lo aseguro.
-Me imagino que hablas de formar una familia tú y yo -dijo Cammy.
-Bueno… de eso se tratan los noviazgos, ¿o no? -contestó Nash.
Francisco no pudo evitar sentir sus ojos humedecidos. -En realidad, no sé qué sea peor, si no tener familia… o que te la arranquen de un solo tajo.
-No todo está perdido, Púnisher -le dijo Nash-. Todavía puedes formar una familia. Aún estás joven.
-Bueh… si se le puede considerar joven a un talegón de treinta y cinco años -declaró Francisco, con un mohín-. No, compadre. Ese tren ya se me fue.
-¡Vamos, hermano! ¡No te desanimes! -lo animó José Luis.
-Ten paciencia… ya llegará -le dijo Ángel.
-Tengo mucho tiempo escuchando eso -replicó Francisco. En este punto, una lágrima recorrió su mejilla y se apresuró a secarla. -Además, ¿para qué…? ¿Para que la maten como mataron a Laura? No, gracias… no quiero que nadie más muera por mi culpa.
-Por favor, ya deja de culparte por eso -reclamó José Luis-. ¡Tú no tuviste la culpa! ¡Fue algo fortuito!
-¿Y cómo hubieras evitado su muerte? -le preguntó Cammy-, ¿No encarcelando al hermano del asesino? ¡Era tu deber hacerlo!
-Si el tal Gordoa se vengó así de tí, fue porque era un COBARDE -aseguró Nash-. En vez de enfrentarte a tí directamente, prefirió matar a alguien cercano. Sonará extraño, pero si algo le reconozco a Bison, es que no es cobarde. Si tiene algo contra tí, la toma contra tí y no contra alguien cercano a tí. Y no te angusties… Tú no tienes culpa alguna.
-Gracias, chicos -agradeció Francisco-. Me hubiera encantado escuchar eso hace mucho tiempo.
-Y sobre tu posible pareja… ¿Nunca has oído la leyenda del hilo rojo invisible? -le preguntó Chun-Li.
-¿La leyenda del famoso hilo rojo que une a dos personas de forma indisoluble y que pase lo que pase, ese mentado hilo nunca se romperá? Sí, lo he escuchado -contestó Francisco-. Y, si existiera… el mío está atado a un poste de luz. Si me disculpan, tengo cosas que hacer.
Dicho esto, salió de ahí. -Pobre hombre -comentó Ángel-. Ese tema lo tiene muy afectado, aunque no lo quiera admitir.
-Es de los pocos temas en los que mi hermano es pesimista -admitió José Luis-, y no lo culpo. Le costó mucho trabajo conquistar a Laura… y todo, para que se la quitaran…

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