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SFV: Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 50: Derrota aplastante.

A la hora programada, salieron rumbo al portaaviones Guile, Nash, Cammy, Chun-Li, Ken, los Castillo, Ángel, Kasumi, Ayane, Hayate y Hayabusa con sus trajes de batalla (Ken se puso su dogui rojo sin mangas, aunque sólo la parte del pantalón, y una playera negra). Zangief, Mika, Ibuki y Karin quisieron ir, pero Guile lo impidió. -Mejor quédense aquí, por si necesitamos refuerzos -opinó.

El portaaviones “Black Noah” era una réplica casi exacta del “Graf Zeppelin”, único portaaviones usado por la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial… aunque, el “Black Noah” estaba pintado todo de negro en su exterior (de ahí el nombre), y no tenía un solo avión en su pista de aterrizaje.

El grupo viajó en un helicóptero de carga propiedad de la Kánzuki Zaibatsu, y era piloteado por Shibasaki. Ese helicóptero aterrizó en un lugar cercano al portaaviones, pero lo suficientemente lejano para no ser visto desde el portaaviones. En cuanto descendió el grupo, Guile le pidió a Shibazaki que regresara a la Residencia Kánzuki, y que esperara un aviso en caso de necesitar refuerzos. El grupo corrió hacia el portaaviones y se ocultó en una pared a la entrada al muelle. -Dos soldados de Shadaloo de clase baja resguardando el portaaviones, Guile -informó Chun-Li.
-¡Déjenmelos a mí! -pidió Ángel-. ¡¡CHAAAANNN…!!!
A un soldado lo pateó en la cabeza y a otro lo golpeó en el estómago, dejándolo sin aire. Después hizo una señal a los demás indicando que tenían el camino libre. Antes de otra cosa, Guile y Nash les quitaron el casco a los soldados, buscaron el receptor de poder psíquico y los pisaron, destruyéndolos.
-Bien. Ahora, ¿cómo abordamos? -preguntó Blue Púnisher.
-Eso déjennoslo a nosotros -dijo Hayabusa. Los cuatro ninjas sacaron un garfio con cuerda, lo hicieron girar y lo arrojaron a la popa del portaaviones, enganchándose en el espacio que dejaba la pista y el puesto de mando. -Listo -anunció Hayabusa.

Los cuatro ninjas treparon por las cuerdas hasta llegar a la popa, siguiéndoles el resto del grupo. -Suerte que me puse guantes -pensó Blue Púnisher.
Una vez arriba, se sorprendieron por la ausencia de guardias en esa parte. -¿Y dónde está “el comité de bienvenida”? -preguntó José Luis.
-Tal vez nos esperen adentro -contestó Ken.
-De cualquier forma, hay que estar preparados -advirtió Nash-. No me gusta cuando las cosas nos las ponen demasiado fáciles.

Chun-Li se dirigió a la puerta de la escotilla. Quiso abrirla, pero estaba cerrada con llave. Estuvo a punto de derribarla de una patada, pero Kasumi se interpuso -¡No! No hay que hacer ruido -exclamó. Se quitó un pasador del cabello, lo desdobló y lo introdujo en la cerradura, moviéndolo hasta que se oyó que el seguro ya no estaba puesto. Abrió esa puerta, y el grupo se metió lentamente.
-Bien, señores -susurró Guile-, hay que revisar todos y cada uno de los camarotes de este portaaviones hasta encontrar el centro de cómputo.
-Sí -susurraron los demás.
Y de inmediato comenzaron a revisar camarotes, pero no encontraron nada significativo, salvo una serie de escaleras. Subieron esas escaleras y encontraron… más camarotes. -Fabuloso, más trabajo -indicó Guile-. Sigamos buscando lo que queremos encontrar.
Volvieron a la labor de revisar camarotes hasta que… -¡Chicos! -exclamó Cammy, quien había abierto un par de puertas rojas con un marco dorado-. ¡Encontré la cabina del piloto!
Todos los demás corrieron hasta donde estaba Cammy y entraron. En la cabina había una mesa cuadrada de buen tamaño con un holograma del mundo sobre ella. Atrás de esa mesa, había unos ventanales con vista a la pista y arriba de ellos, había tres monitores colgados del techo. A los lados de esa mesa, había unas columnas. Cada columna tenía un retrato de Rúgal y dos rostros demoniacos. En las paredes de la cabina estaban los dispositivos de radar y sonar, así como la computadora central.

-¡Perfecto! -exclamó Guile-. Hemos encontrado lo que buscábamos. Buen trabajo, White -felicitó Guile.
Cammy agradeció con una sonrisa. -Ahora, hay que entrar a los archivos y copiar los que necesitemos -indicó El Rockero. Sacó un dispositivo especial para “violar” contraseñas y lo conectó en un puerto USB. Una vez obtenida la contraseña, la escribió en la computadora y entró al sistema. Quitó el dispositivo y conectó una memoria USB y copió ahí todos los archivos que encontró. Nash salió a cerciorarse de que no se aproximara nadie. Cuando El Rockero terminó, quitó la memoria USB y salió del sistema. -Listo, vámonos.

Sin embargo, en vez de salirse del portaaviones, decidieron bajar las escaleras hasta el “sótano” del portaaviones. Ahí había dos puertas. Los ninjas sacaron una especie de linternas y las encendieron. Abrieron una y lo que encontraron, los sobrecogió -¡PERO QUÉ DEMONIOS…! -exclamó Nash, sorprendido.
Habían encontrado las estatuas de los peleadores que Rúgal había derrotado, y que en realidad eran los peleadores convertidos en estatuas. -De modo que la leyenda era cierta -murmuró Blue Púnisher.
-¿Cómo los habrá convertido en estatuas? -preguntó Chun-Li.
-Prefiero no averiguarlo -contestó Nash-. ¡Vámonos! Este lugar me causa escalofríos.

Dejaron esa habitación y entraron a la de enfrente. Era la bodega donde Rúgal guardaba todos los “productos” que traficaba. Ahí había dos grandes cargamentos cubiertos con una lona. Se acercaron al de su izquierda y alzaron la lona. Descubrieron una serie de pequeños paquetes cuadrados envueltos en cinta canela. -Creo saber de qué se trata -dijo Blue Púnisher. Sacó del bolsillo una navaja, hizo un corte en un paquete y salió un polvo blanco. Tomó una muestra con la misma navaja y la probó con la lengua, escupiéndola casi de inmediata. -¡Lo sabía! -exclamó-. ¡Esto es cocaína de alta pureza!
-Rúgal sigue con su negocio de siempre -comentó Ángel-: tráfico de drogas.
Chun-Li sacó su celular y tomó una foto del cargamento -Esto servirá de prueba.

Se acercaron al otro cargamento y levantaron la lona. Encontraron rifles, obuses, lanzallamas, lanzamisiles, lanzagranadas, municiones varias, rifles AK-47 y AR-15. -¡Vaya vaya! ¡Qué bonitos juguetitos encontramos aquí! -observó El Rockero.
-Listas para ser entregadas a grupos terroristas -agregó Nash.
-O grupos del crimen organizado -agregó Blue Púnisher.
Chun-Li tomó otra foto y guardó su celular. -Encontramos más de lo pensado -declaró-. Vámonos de aquí…

En eso, se encendieron las luces de la bodega. -¿Y porqué se van, si son mis invitados especiales? -dijo una voz.
El grupo volteó. -¡RÚGAL BERNSTEIN! -exclamó Ángel.
-Bienvenidos a mi portaaviones, que ahora será su tumba -dijo Rúgal, quien chasqueó los dedos y aparecieron de las sombras soldados de Shadaloo, pero éstos no eran los soldados que ya conocían. Eran más grandes, más corpulentos y más mal encarados y con los ojos completamente en blanco. Llevaban una boina roja con el logo de shadaloo, una camisa de manga larga color verde olivo, un cinturón negro con el escudo de Shadaloo como hebilla, pantalones de cargo color verde oscuro y botas militares negras, así como las hombreras de metal de rigor. -A propósito -continuó Rugal-, la información que tomaron de la computadora central es falsa, así que ni se molesten en revisarla… si es que salen vivos de aquí.

Los soldados rodearon al grupo, quien se hizo para atrás en círculo. -¡Era una trampa! -exclamó El Rockero.
-¿Ah…? ¿En serio…? ¡NO ME DIGAS! -le respondió Blue Púnisher, sarcástico.
-¿Pero cómo… lograron engañarnos? -preguntó Hayabusa.
-Para engañar a un ninja, se necesita a otro ninja -contestó una voz con un fuerte acento español. Se aproximó un hombre delgado, pero con los músculos bien trabajados, alto y de cabello largo y rubio, peinado con una trenza. Traía puesta una camisa con volantes abotonada hasta la mitad, mostrando un tatuaje en forma de serpiente púrpura en el pecho. También traía unas mallas parecidas a las que usan los toreros de color morado con flancos dorados, un par de calcetas blancas, unos mocasines negros de torero y una faja roja. Traía puesta una careta blanca sin facciones con una marca en forma de T cursiva abajo del ojo izquierdo, y una garra metálica de tres cuchillas en la muñeca izquierda. -Bien bien bien… Pero si nos acompaña el general Guile y su comitiva… incluyendo a tan distinguidas damiselas…
-¡VEGA! -exclamó Kasumi.
-¿Lo conocen? -preguntó Chun-Li.
-Entre ninjas, nos conocemos -contestó Ayane-. Y este es el peor de nosotros: Olvidó las reglas del bushido y se volvió un asesino a sueldo.
-Es buscado por haber asesinado a Geki-sensei -agregó Hayabusa-. Una espada lista para decapitarlo lo espera.
-¡BASTA! -gritó Vega-. No vine aquí para escuchar sus lloriqueos, sino a cortar sus cabezas y llevárselas a Bison.
-¿Unas palabras antes de morir? -preguntó Rúgal, mientras los soldados cercaban al grupo.
-¿Que tal… HORA DE UNA PUTIZA? -exclamó Blue Púnisher y pateó a uno de los soldados, dando inicio a la pelea.

(Lean la siguiente parte escuchando “Superhero”, de Faith No More)

Ken golpeó a un soldado y lo remató con su “Shoryuken”. Guile y Nash se hacían cargo de dos soldados y los terminaron con su “Flash Kick” y su “Sonic Scythe”, respectivamente -¡DEMONIOS! -pensó Rugal-. ¡SE ROBÓ MI MOVIMIENTO!
Cammy, Chun-Li y Ángel se entretenían con otra tercia de soldados, aunque no les costó terminar con ellos, gracias a su “Cannon Spike”, su “Spinning Bird Kick” y su “Senseless Chatter” (dos patadas frontales seguidas).
Los ninjas también acabaron con su paquete de soldados, gracias a sus movimientos de ninjutsu.
Y Los Castillo se dieron vuelo castigando soldados, y al último lo tomaron del cuello y lo azotaron sin piedad contra el suelo, con un “chokeslam doble”.

Seis soldados, los más corpulentos, se aproximaron a ellos con ganas de hacerlos pedazos. -¡Nada más estamos perdiendo el tiempo! -exclamó Nash.
-Acabemos con ellos de una vez -decidió Guile-. ¡PONGAN ATENCIÓN! ¡CHARLIE! ¡CHUN-LI! ¡MASTERS! ¡DETECTIVE! ¡SOLDADO! ¡FORMEN UNA LINEA A MIS LADOS! ¡LOS DEMÁS, QUÉDENSE ATRÁS!.
Nash, Chun-Li, Ken y los Castillo formaron una línea, dejando a Guile en el tercer lugar, mientras que Cammy, Ángel, Kasumi, Ayane, Hayate y Hayabusa se quedaban en la retaguardia. -Y ahora, ¿qué hacemos? -preguntó Ken.
-A mi señal, lancemos nuestros ataques contra esos idiotas.
-¡SI! -contestaron los demás.
Los soldados se fueron acercando, mientras Guile y su línea frontal preparaban sus ataques. -Acérquense más… un poco máaas… ¡AHORA! ¡¡SÓNIC BOOM!!
-¡¡HADOKEN!!
-¡¡KIKOKEN!!
-¡¡PUÑO DE HIERRO!!
-¡¡SÓNIC!!
-¡¡CRUZ ROCKERA!!

Los proyectiles dejaron sin sentido a los soldados. -¡¡AAAAAAAAAAAARRRRRRGGHH!! -gritó Vega-. ¡YA DEJEN DE ESTAR PERDIENDO EL TIEMPO Y TERMINEN CON ESTA BASURA!
Los soldados se levantaron y presionaron su hebilla de Shadaloo, siendo rodeados con un aura violeta y negra. -¡Ooooooh, síiii! -exclamó Blue Púnisher, en un fingido tono irónico-. ¡Aquí viene el poder psíquico!.
Vega y Rugal aprovecharon para salirse de la bodega. -¡ESCAPAN! -gritó Ken.
-¡DEMONIOS! -gritó Guile-. Voy a terminar con esto de una vez. ¡TODOS, ATRÁS DE MÍ! -ordenó. -¡¡SOLID PUNCHER!! -gritó, formándose pequeñas ondas de energía amarilla en sus puños. -¡¡A MOVERLO!! ¡¡¡SONIIIIIIC… TEMPEST!!!
Un ataque parecido al “Sónic Húrricane”, pero de mayor amplitud rodeó a los soldados y los mandó por los aires, dejándolos derrotados. -Bien hecho, Guile -felicitó Nash-.
-¡Vamos por ese par de puñales antes de que escapen! -exclamó El Rockero.

El grupo salió de la bodega, subió las escaleras y salió hacia la pista de aterrizaje del portaaviones, donde Vega y Rúgal ya abordaban un BAE Harrier II, piloteado por un soldado de Shadaloo. -¡NO IRÁN A NINGÚN LADO! -exclamó Chun-Li.
Vega sacó una especie de radio, apretó un botón y dió una orden: -¡CYBORGS! ¡ACABEN CON ELLOS!
-¿Cyborgs? -se preguntaron todos.

Se oyeron una serie de pisadas metálicas. El grupo volteó (cosa que Vega y Rúgal aprovecharon para huir) y miró  cómo se aproximaban tres androides, hechos de puro metal. Eran, por así decirlo, versiones robóticas de Bison. Eran de color plata, con excepción de los brazos, manos, piernas, piés y el tronco, que eran negros. -¡Lo que nos faltaba! -exclamó Blue Púnisher-. ¡Robots!
-¡A mí ningún robot me asusta! -declaró Ken, mientras corría hacia ellos. -¡¡TATSUMAKI SEMPUU KYAKU!!
Pero el cyborg bloqueó con un brazo el ataque. -¡SHORYUKEN! -exclamó con una voz de robot (claro está) y atacó a Ken con su propia técnica, mandándolo a volar.
-¡¿PERO QUÉ…?! -exclamó Ken, al caer. -¡¿CÓMO DEMONIOS FUE QUE SABÍA ESA TÉCNICA?!
Kasumi, Hayate y Ayane quisieron atacar a los cyborgs, pero fueron golpeados y derrotados. Cammy, Chun-Li y Ángel se lanzaron al ataque. -¡¡SPIRAL ARROW!!
-¡¡SPINNING BIRD KICK!!
-¡¡CHAAAAANNN…!!
Pero los ataques fueron infructuosos. A Chun-Li, el cyborg la tomó por la cintura y la azotó con una especie de powerbomb. A Ángel, la detuvo el otro cyborg con un derechazo, seguido del “Blue Monday Parade”; y a Cammy, el último Cyborg le paró el ataque, la agarró de las piernas y la azotó contra el piso, para rematarla con el “Cannon Strike”.
-¡¡¿CÓMO SE ATREVEN?!! -gritaron Nash y El Rockero al mismo tiempo, y junto con Guile se lanzaron al ataque. -¡¡SONIC SCYTE!!
-¡¡FLASH KICK!!
-¡¡PRUEBA LA SPEAR!!
Nada sirvió. Dos cyborgs aplicaron las mismas técnicas con las que Nash y Guile los atacaron, derrotándolos, mientras que José Luis “chocaba con pared” al aumentar el último cyborg su masa corporal. José Luis se quedó temblando, y el cyborg lo derrotó con el “Bass, Guitar and Drums”
Blue Púnisher y Hayabusa también lo intentaron. Hayabusa desenvainó su katana y quiso cortar al cyborg, pero éste tomó la katana por el metal, lo partió y pateó a Hayabusa. Blue Púnisher tomó a otro cyborg por el cuello y quiso aplicar su “largo brazo de la justicia”, pero… aparte de que no logró levantar al cyborg, éste contrarrestó el ataque aplicándole una palanca estilo Fujiwara, luxándole el brazo a Blue Púnisher. -¡¡¡AAAAAAAAAYAYAYAYAYAYAYAAAYY…!!!

-¿Cómo… saben… nuestros movimientos? -preguntó Nash, arrastrando las palabras.
-Al parecer, estos cyborgs están conectados a un servidor que contiene información nuestra -dedujo El Rockero-. Por eso saben nuestros movimientos.
Ken levantó a Francisco y lo cargó para llevarlo con los demás. -Guile, tenemos una baja -informó.
-¿Qué le pasó a mi hermano? -preguntó El Rockero, preocupado.
-Le lastimaron el hombro. Ya no puede pelear.
-¿Ya no puedo…? ¡MIS IGNACIAS! -exclamó Blue Púnisher-. Aún con un solo brazo, puedo dar pelea.
-No, Detective, no debe arriesgarse de más -pidió Guile.

En eso, se oyó el helicóptero de la Kánzuki Zaibatsu. -¡Llegaron los refuerzos! -dijo Shibazaki, al llegar al portaaviones-. Como vi que se tardaban, regresé a la Residencia y traje más gente.
Del helicóptero saltaron Zangief y dos miembros de Delta Red. -¡CORONEL WOLFMANN! ¡MATTHEW McCOY! -exclamó Cammy.
-¡Perfecto! ¡Llegó la caballería! -se alegró El Rockero.
-¡NO SE PREOCUPEN, TOVARISHCHI! -gritó Zangief-. ¡ES HORA DE ENSEÑARES A ESTAS HOJAS DE LATA LO QUE ES EL ESPÍRITU DEL MÚSCULO!
-Y dale… con eso… del espíritu del músculo -lamentó Blue Púnisher.
-Nos encargaremos de esos androides o lo que sean -aseguró Wolfmann
-Les enseñaremos de lo que estamos hechos -dijo McCoy.

Wolfmann sacó un par de tonfas y atacó al cyborg, logrando reducirlo, pero no derrotarlo. Zangief se entretenía con otro cyborg, agarrándolo de “sparring”, pero ni siquiera su “martinete giratorio” pudo hacerle gran cosa. Matthew transformó su brazo robótico en un cañon laser y le disparó a los cyborgs, pero éstos absorbieron el láser y se lo regresaron. Afortunadamente, Matthew logró esquivar eso. -Bien, ahora sí estamos en problemas -admitió Wolfmann.
-¡Esperen! ¡Tengo una idea! -exclamó Blue Púnisher-. Pepe, tú que eres ingeniero, ¿qué pasa si a un circuito eléctrico le echamos agua?
-Pues… que causas un corto cir… ¡AH, ENTIENDO! -exclamó El Rockero, con una sonrisa.
-¡Pero no podemos empujarlos hacia la orilla y arrojarlos al mar! -replicó Chun-Li.
-¡No hace falta! -respondió Blue Púnisher, y señaló con la mirada una manguera enrollada. -¡Ahí está la manguera contra incendios!
-¡VOY POR ELLA! -exclamó El Rockero.

Corrió hacia la manguera, rompió el cristal de un puñetazo, desenrolló la manguera, abrió la gran llave del grifo y corrió hacia donde estaban los cyborgs. -¡HORA DE BAÑARSE, CYBORGS MUGROSOS!
Abrió la llave de la manguera y un chorro de agua a presión salió, mojando a los cyborgs y causándoles un corto circuito, haciendo que explotaran y que cayeran desmadejados. El Rockero respiró aliviado.
-Ahora, vámonos- dijo Wolfmann.
Ayudaron a Blue Púnisher a subir al helicóptero, pero antes de que los demás subieran… aparecieron otra vez los soldados de Shadaloo. -¡Ustedes sigan subiendo! ¡Yo me hago cargo! -exclamó El Rockero. Apuntó la manguera hacia los soldados -¡¡AUNQUE NO SEA SÁBADO, LES TOCA BAÑO, APESTOSOS!!
Abrió otra vez la llave de la manguera y el chorro de agua tiró a los soldados, que no podían levantarse. Eso le dió tiempo suficiente a los demás para subir al helicóptero. -¡YA ESTAMOS TODOS ARRIBA! ¡SOLO FALTA USTED, SOLDADO! -gritó Guile.
El Rockero soltó la manguera y corrió hacia el helicóptero, saltó y se agarró del borde de la puerta, siendo ayudado por Guile y Nash a subir.

Una vez arriba, todos se dejaron caer en el piso, cansados, tristes, derrotados y sin ilusiones. -Levante la mano el que siga vivo -pidió El Rockero.
Todos siguieron la broma y levantaron la mano. -¡AAAAUGH! -se quejó Blue Púnisher.
-¿Qué pasó?
-Me lastimaron… el hombro… creo que lo tengo luxado.
Nash se acercó. -Déjame ver… sí. Es una luxación. Puedo curarlo, pero primero tengo que acomodarte el hueso.
Tomó a Blue Púnisher del brazo y del hombro, jaló y acomodó el hombro -¡¡¡YIAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGH!!! -gritó Blue Púnisher-. ¡Ya he sufrido luxaciones con anterioridad, y no logro acostumbrarme a este dolor!
-Tranquilo, Púnisher. Ahora viene la segunda parte -informó Nash. La gema de su frente empezó a brillar, así como un aura azul turquesa recorrió su mano derecha. Nash puso esa mano en el hombro de Blue Púnisher y cerró los ojos. Unos segundos después, Blue Púnisher ya no sentía dolor. -Listo. ¿Cómo te sientes?
-Mejor que nunca, compadre -contestó Blue Púnisher, moviendo el brazo otrora lastimado. -No sabía que eras taumaturgo.
-¿Taumaturgo?
-Persona que cura imponiendo las manos.

Residencia Kánzuki
Pista de aterrizaje
Tokio, Japón.

-¿Cómo les fue? -preguntó Karin, preocupada.
-De la patada -contestó El Rockero.
-Sí logramos sacar información, pero es falsa -informó Guile.
-Y, por si fuera poco, nos dieron una paliza -agregó Blue Púnisher-. Malditos cyborgs plagia-técnicas.

En eso, oyeron que un pequeño avión se acercaba a la pista. Unos minutos después, un pequeño avión privado aterrizaba en la pista de la Residencia Kánzuki. En cuanto se detuvo, bajó de la cabina un hombre alto, negro y calvo, vestido con una camiseta tipo “A” color azul fuerte y pantalones tipo cargo camuflajeados, aunque cortados a la altura de las rodillas, una gorra de cadete azul y botas militares negras y cortas. Guile reconoció al hombre -¡OH NO…! ¡LO QUE NOS FALTABA! -exclamó.
-¿Quién es ese individuo, señor? -preguntó El Rockero.
-El general Byron Taylor… mi superior inmediato.

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