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Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 51: ¡No se metan con mis amigos!

-¡Buenas noches, general Guile! -saludó Taylor, de mala gana.
-Buenas noches, general Taylor -respondió Guile, haciendo el saludo militar.
-¿Hay algún lugar en esta… mansión en donde podamos platicar usted, su grupo y yo?
Guile se dirigió a Karin -¿En dónde podríamos hablar? -le preguntó.
-Vengan conmigo. Los llevaré a otro salón de juntas.

Karin guió al grupo hacia ese salón de juntas, donde sólo había una mesa y una silla. Taylor tomó asiento en esa silla detrás de la mesa. En la sala, aparte de Guile y Taylor entraron Cammy, Chun-Li, Ángel, Nash, Ken, el coronel Wolfmann y los Castillo. -Bien, general Guile -habló Taylor-. Quiero hablar con usted y su… “grupo de expertos”, sobre este gran fiasco que ha resultado esta misión.
-Bueno… yo… -quiso hablar Guile.
-¡SILENCIO! -lo calló Taylor-. No le he concedido el uso de la palabra -espetó-. Guile bajó la cabeza. Taylor se levantó de la mesa y caminó de un lado a otro, como si estuviera “pasando revista” al grupo. -Francamente, estoy muy decepcionado con su desempeño, general. Esta es su primera misión como general brigadier, ¿y qué me ha dado? ¡NADA! ¡PURAS EXCUSAS! ¡Nunca pensé que fuera tan inútil, general! ¡Lo creí más capaz, pero es usted una vergüenza! ¡¡UNA DECEPCIÓN ABSOLUTA!!
-Pero… -quiso defenderse Guile.
-¡¡¡PERO NADA!!! -gritó Taylor-. ¡BISON SIGUE LIBRE, HACIENDO SUS PLANES MAQUIAVÉLICOS Y USTEDES SON INCAPACES DE DETENERLO!
-¡Eso no es verdad! -protestó Cammy-. Nosotros…
-¡SILENCIO! ¡NO LE HE DICHO QUE HABLE! -exclamó Taylor, callando a Cammy. La miró de arriba a abajo. -Creí que el coronel Wolfmann sabía elegir a su personal, pero ya me dí cuenta que no, a elegir a una mujerzuela fracasada como usted.
Cammy abrió los ojos, sorprendida por el insulto que le profirió Taylor. -¡OIGA! ¡¡LE EXIJO QUE SE RETRACTE EN ESTE MOMENTO!! -gritó Nash.
-¡¿Y QUIÉN ES USTED PARA EXIGIRME, TEN…?! (se detuvo en seco, y logró reconocer a Nash) Teniente Charlie Nash… Vaya, después de todo, no estaba muerto -comentó.
-Usted lo ha dicho, no estoy muerto -respondió Nash.
-¡Ah, ya entiendo! ¡Se hizo pasar por muerto para no responder ante el Consejo de Guerra por desacato!, ¿verdad? ¡PERO NI CREA QUE SE VA A SALVAR, TENIENTE! -amenazó Tylor.
-¡Espere espere espere! -habló Francisco-. ¡Usted no es nadie para poner en duda la historia del Teniente Nash, aquí presente!
-¿Y quién me lo va a impedir? ¿Un payaso que se viste como superhéroe para entretener a un montón de idiotas enajenados por ese deporte tan falso que se llama lucha libre profesional? ¿Y que aparte, es un agentucho de INTERPOL? -preguntó Taylor, arrogante-. ¡JAH! ¡Eso quiero verlo!
-¡Con mi hermano, no se meta! -intervino José Luis.
-¡Ah, vaya! ¡Otro payaso! -siguió Taylor con ese tono arrogante. ¡Y, por lo que sé, usted fue el que se dió de baja del Ejército de su país! ¿Cierto? ¡Claro! ¡Ya me imagino! ¡No aguantó el tenor de la vida militar y mejor fue a refugiarse en los tiernos brazos de la INTERPOL!
-¡General Taylor! -exclamó Chun-Li-. ¡USTED NO ES NADIE PARA INSULTAR A INTERPOL!
-¡”USTED NO ES NADIE PARA INSULTAR A INTERPOL”! -arremedó Taylor a Chun-Li-. ¡Eso que me lo diga Ballestrazzi! ¡Ella sí tendría derecho! ¡No una simple agente como usted, que ya debería estar pensando en el retiro!
-¿Acaso a usted no le han enseñado a respetar a las mujeres, general Taylor? -intervino Wolfmann-. ¡Primero, insulta a una de mis elementos más destacados, y después insulta a Chun-Li!
-¡¡YO INSULTO A QUIEN SE ME DA LA GANA, CORONEL!! -cortó Taylor-. Y le recuerdo que usted sería mi subordinado, y que debe respetarme… ¿o qué? ¿No les enseñan respeto a sus superiores en esa vergüenza llamada Delta Red?
-¿Qué le pasa, señor? -habló Ángel-. ¡PARECIERA QUE USTED ESTÁ LOCO!
-¿Loco, yo…? ¡LOCO ESTARÍA SI PUSIERA A UNA TERRORISTA COMO USTED EN MI EJÉRCITO! -exclamó Taylor.
-¡Usted se está extralimitando, general! -intervino Ken.
-¡Y usted no es nadie para decirme lo que tengo que hacer! -exclamó Taylor-. ¡Usted solo es un niño rico que toma esto como una aventura exótica y que no ha aportado nada a la causa…! ¡¡MOCOSO ARROGANTE!! -gritó.
-General… por favor… basta -suplicó Guile.
-¡Ah! ¿Me pide piedad? ¡¡¡NO LA HABRÁ, GENERAL!!! -gritó Taylor.

Después de una incómoda pausa, Taylor volvió a pasearse de un lado a otro por la habitación. -¡Todos ustedes son una vergüenza! ¡¡ME DAN PENA!! -gritó-. ¡No son más inútiles porque ya no se puede! ¡Me dan asco nada más de verlos! ¡Son un fiasco, una catástrofe! -exclamó. Después se dirigió a Guile -General -dijo-, ya supe de su último fracaso: la “invasión” al portaaviones de Rúgal Bernstein. Así que le notifico que he tomado la decisión de iniciar el trámite para su degradación, ¿entendido?
Guile agachó la cabeza. -Sí, general -contestó, con tristeza.

Y justo cuando Taylor iba a abandonar la sala…
-Ehm, general Taylor -habló Francisco.
-¿Sí? -contestó Taylor.
-¿Por qué no mejor va Y DEGRADA A SU PUTA MADRE? -gritó Francisco, enojado.

-¡¡ESO ES INSUBORDINACIÓN!! -vociferó Taylor.
-¡¡¡YO NO ESTOY EN SU EJÉRCITO!!! -explotó Francisco. Agarró de un brazo a Taylor, lo llevó hacia la silla y lo sentó a fuerzas. -Ahora, ¡SIÉNTESE, POR QUE YO VOY A HABLAR!
-¡¡NO TENGO PORQUÉ ESCUCHARLO!! -gritó Taylor, mientras se levantaba.
-¡¡¡QUE SE SIENTE, LE DIGO!!!- gritó Francisco aún más fuerte, agarrando por los hombros a Taylor y aventándolo a la silla otra vez. -¡YA USTED HABLÓ SUFICIENTE! ¡Ahora, a mí me toca hablar!

Unos segundos después, Francisco inició su “arenga”. -Bien. Explíqueme una cosa: ¿Cómo es posible que quiera degradar al general Guile? El general siempre ha sido un hombre leal, honrado y valiente, que no dudaría en sacrificar todo lo que tiene por su país; y es uno de los mejores líderes que he tenido en mi vida… ¿y usted lo quiere degradar sólo por una operación fallida? ¡Como si a usted todas le hubieran salido excelentes! ¿Qué le pasa…? ¿Piensa arruinar una carrera militar EJEMPLAR sólo por un BERRINCHE? ¿EH…?
-Bueno, yo… -intentó hablar Taylor.
-¡Cállese, que todavía no termino! A Cammy, ¿por qué carajos la insultó? ¿Le debe algo o qué…?
-Errr… no.
-¿Entonces…? ¿O la ofendió nada más porque usted es “muy hombre”? ¡Porque con eso, solo demuestra ser un MARICÓN!
-¡ÓIGAME! -se levantó Taylor de la silla.
-¡¡CÁLLESE Y SIÉNTESE!! -gritó Francisco y lo volvió a aventar sobre la silla-. De verdad, si supiera el INFIERNO por el que Cammy ha tenido que pasar, no estaría usted de bocafloja insultándola; demostrando además que usted es un PATÁN.
-¿Ya terminó? -preguntó Taylor, con sorna.
-¿Terminar? ¡Pero si apenas estoy empezando! ¡Y SI NO LE GUSTA, SE CHINGA! -exclamó-. Ahora, que el teniente Nash fingió su muerte para escapar de un “consejo de guerra”… Para empezar, el teniente NO ES NINGÚN COBARDE y siempre afrontaría esa responsabilidad. Además, ¿ya vió como está? ¿Cree que así quedó por “fingir su muerte”…? ¡CLARO QUE NO! ¡El teniente fué víctima de una traición! ¡Los soldados a su mando le dispararon desde un helicóptero y el propio Bison lo arrojó desde lo alto de una cascada! ¡POR ESO TERMINÓ ASÍ, NO POR ESTAR HUYENDO! ¡Y por si fuera poco, en vez de alegrarse por encontrarlo vivo, y preguntarle si estaba bien y si no le hacía falta algo, se dedica a insultarlo y a criticarlo! ¡La próxima vez, conecte la lengua a la cabeza, no al higado, general!

Taylor bajó la cabeza. -Bueno… no lo sabía -admitió.
-¡Ah…! ¡No lo sabía! ¡Pero bien que abrió el hocico para insultar! ¡Y para insultar sí estamos muy buenos! ¿verdad…? (tomó aire) ¿Cómo se atreve a insultar a mi superior, la detective Chun-Li? ¡Encima de todo, la atacó por un lado sensible! ¡LA EDAD! ¡¡COMO SI USTED FUERA UN JOVENCITO!! Cada vez me convenzo que aquí, el cobarde no es el teniente Nash, sino USTED.
-¡YO NO SOY NINGÚN COBARDE! -gritó Taylor.
-¡PUES ASÍ LO PARECE! -contestó Francisco-. ¡Y también insinuó que mi hermano es un cobarde, por haberse dado de baja del Ejército Mexicano! Mi hermano no se dió de baja porque quiso, sino porque fue obligado por toda la MUGRE, toda la COCHINADA, toda la PORQUERÍA que inundó al Ejército de mi país. ¡Se largó de ahí, para no contaminarse con toda esa PODREDUMBRE que hay! ¡Y no crea que no le dolió…! A la fecha, sigue siendo el hombre que más respeto ha demostrado a todos los Ejércitos del mundo. Y usted, sería mejor que diera gracias a Dios de que el Ejército del que usted es general, no tiene tantos casos de corrupción como el de otros lados.

Taylor se había quedado mudo. Francisco volvió a la carga. -Es cierto que Ángel cometío muchos delitos, pero está dispuesta a colaborar con nuestra causa y a redimir las cosas malas que haya hecho. ¿Acaso no es suficiente…? ¿O qué? ¿De todas maneras la quiere arrestar? Porque de una vez, le aviso que es “testigo protegido” de esa “organización débil” que se llama INTERPOL, y que todas las órdenes de arresto existentes están nulificadas hasta que se diga lo contrario.
-No… no le voy a hacer nada.
-Eso espero -observó Francisco-. Ahora, ¿de verdad, le molesta tanto la presencia de Ken Masters aquí? Cierto, es el mandamás de un importante conglomerado hotelero y un “niño rico”, como usted le dijo, pero no se unió a esta misión porque lo viera como una “aventura exótica”, sino porque está preparado para ayudarnos. Según sé, en el pasado le ayudó mucho a Guile, a Cammy y a Chun-Li, y siempre ha sido un miembro muy valioso para el equipo. Insisto, antes de hablar, ¡INFÓRMESE!

Taylor no tenía escapatoria. -Y aún me falta más, general -continuó Francisco-. Tal vez el coronel Wolfmann sería su subordinado, pero él ha hecho algo que usted no: Fue a ARRIESGAR EL TRASERO con nosotros al “Black Noah” y nos ofreció esa “vergüenza” que se llama Delta Red para ayudarnos en nuestra misión: nos prestó sus instalaciones para hacer nuestras investigaciones, para planear, ¡hasta para entrenar! y siempre ha estado atento a lo que necesitábamos (miró a Taylor de forma inquisidora). Y usted (se puso las manos en la cintura), ¿qué ha hecho por la causa…? ¡NADA! ¡¡ABSOLUTAMENTE NADA!! (mas que prestarle al general Guile el avión-helicóptero-lo que sea, pero hasta ahí). ¡LO ÚNICO QUE HA HECHO, ES ESTAR PLÁCIDAMENTE SENTADOTE ATRÁS DE SU ESCRITORIO, ESPERANDO QUE LAS COSAS SE NOS DEN POR PURA PINCHE MAGIA, Y QUE LE TRAIGAMOS LA CABEZA DEL PENDEJO DE BISON EN UNA BANDEJA DE PLATA!, ¡¡Y USTED NO HA MOVIDO UN PUTO DEDO PARA AYUDARNOS!! ¡¡PERO ESO SÍ: PARA DAR ÓRDENES Y COMPORTARSE COMO UN IMBÉCIL, ESTAMOS BIEN BUENOS!! (volvió a tomar aire e hizo una pausa) Con todo esto, usted me ha dicho que es una persona débil y acomplejada: nada más le dieron poder y se dedicó a humillar a sus subalternos. Y si aquí hay un militar indigno, no es ni el general Guile, ni el coronel Wolfmann, ni la mayor Cammy ni el teniente Nash… El único militar indigno que hay en esta habitación… ES USTED, general Taylor.
-¡¡¿CÓMO SE ATREVE…?!! -gritó Taylor.
-¡¡AAAAAAAAAHH…!! ¡Ya no le gustó! ¿verdad? ¡Pues se aguanta! (respiró). Mire, mi padre también fue general del Éjército: un hombre leal, honesto, bondadoso y valiente a carta cabal. Mi padre tenía mucha gente a su cargo, desde coroneles hasta reclutas, y a NINGUNO le faltó el respeto. Siempre estaba al pendiente de lo que necesitaban y cada vez que podía los ayudaba. Nunca lo ví que se quedara bien comodito a dar órdenes desde el escritorio. Él iba al campo de batalla y se la rifaba junto con sus hombres…. y, por eso, murió en el cumplimiento de su deber… (volteó a ver a Taylor) Si mi padre viera su comportamiento, no lo degradaba… LO MANDABA FUSILAR EN EL ACTO.

Taylor se levantó de la silla, y Francisco ya no se lo impidió. -En verdad, lo siento. Me doy cuenta de que hablé por hablar y sin conocer todos los hechos. Ofrezco una disculpa a todos.
Después de eso, se dirigió a la salida. -Una cosa más, general -lo interrumpió Francisco-. Si usted quiere degradar al general Guile, no soy quién para impedirlo… pero sí le pido que lo piense detenidamente antes de tomar una decisión como esa.
-Acabo de tomar una decisión -anunció Taylor. Se dirigió a Guile -General, he decidido no dar curso a ese trámite de degradación. Puede usted estar tranquilo.
Guile respiró aliviado por dentro -gracias, General -.
Los dos generales hicieron el saludo militar. -Bien, ahora me retiro. Buenas noches -se despidió Taylor.
-Buenas noches -contestaron los demás.

En cuanto Taylor salió de la sala, y se fue volando en su avión privado, comenzó la celebración. -¡HERMANO! -exclamó José Luis, abrazandolo -¡Te la rifaste como los grandes!
-¡Bien hecho, Púnisher! -felicitó, dando una palmada en el hombro a Francisco-. Pusiste a Taylor en su lugar.
-Sinceramente, le dijo todo lo que yo quería decirle al general Taylor, Detective -observó Guile.
Los demás se acercaron y agradecieron a Francisco con un abrazo y hasta con un beso. -No fue nada, chicos -contestó Francisco-. Solo hice lo que tenía que hacer. No me gusta la gente injusta y miserable… y menos los patanes como Taylor.
-Pero… ahora que me doy cuenta… ¡No dijiste nada para defenderte a tí mismo! -exclamó Cammy.
-¡Es cierto! -secundó Nash-. ¡Dejaste que Taylor te insultara y tú, como si nada!
-¡BAH! -minimizó Francisco el hecho-. ¡A mí que me digan lo que quieran! ¡Total! ¡Me entra por un oído y me sale por el otro…! ¡Pero que no se metan con mis amigos… porque si lo hacen, me van a conocer! -concluyó con voz amenazante y salió de la sala.

Media hora después, el grupo se volvió a reunir, pero ahora en el gimnasio de la Residencia Kánzuki. Guile estaba recargado en una pared, dando golpecitos con la base de su puño. Cammy y Nash estaban abrazados en una esquina, consolándose mutuamente su tristeza. Chun-Li caminaba de un lado a otro. Ken lanzaba una moneda al aire, y la atrapaba. Ángel y José Luis estaban recostados y recargados en otra pared, abrazándose y consolándose. Y Francisco se entretenía rebotando una pequeña pelota contra la pared. -¡¡MALDICIÓN!! -gritó, lanzando la pelota con demasiada fuerza, casi pegándole a Nash y a Cammy en el rebote.
-¡Hey! ¡Cuidado, Púnisher! -reclamó-. ¡Puedes lastimar a alguien! ¿Sabes?
-Perdón compadre… o debería decir, teniente. Nunca fue mi intención lastimarte.
-No hay problema… y no me digas teniente, que ya no lo soy, por favor -pidió Nash.
-Se ve frustrado, Detective -observó Guile.
-No estoy frustrado… ¡sino lo que le sigue! -exclamó Francisco-. ¡Casi nos matan hace unas horas, y llega este general Taylor, sintiéndose “la gran enchilada y el máximo tamal” a exigir resultados, resultados por los que no ha hecho nada para obtenerlos…! ¡¡CÓMO ODIO A ESE TIPO!!
-No lo vas a incluir en tu lista de regalos de Navidad -observó Ken.
-Claro que no, Ken-sensei, pero sí lo voy a incluir en mi lista de personas CUYA EXISTENCIA ME MOLESTA -contestó Francisco.
-Por si fuera poco, la información que sacamos es falsa -agregó José Luis-. ¡NOS ENGAÑARON!
-De cualquier forma, revise esa información, Soldado -sugirió Guile-. Tengo la esperanza de que aparezca una aguja en ese pajar.

Entraron al gimnasio Eliza y Julia, y de inmediato fueron a abrazar a Ken y a Guile, respectívamente. -¿Están bien? -preguntó Eliza.
-¿No les pasó nada? -preguntó Julia.
-No, afortunadamente -contestó Guile.
-Aunque sí la vimos cerca -admitió Ken-. ¿Y los niños?
-Ya están dormidos -respondió Eliza.
-No querían irse a dormir hasta no ver a sus padres -agregó Julia.
-Será mejor que vayamos a verlos. Han de estar muy angustiados -sugirió Guile.
-Estoy de acuerdo contigo, Guile -asintió Ken.
-Vamos…

Eliza, Julia, Ken y Guile ya iban a salir, cuando se aparecieron Zangief y Mika. -¡Chicos! -exclamó Mika-. ¿Qué les pasó?
-¿No te contó el camarada Zangief lo que pasó? -contestó José Luis-. Casi no la libramos.
-Ustedes cuéntenles como estuvo la cosa, nosotros nos tenemos que retirar -pidió Ken-. Buenas noches.
-¡Buenas noches! -se despidieron los demás, y se quedaron a contarle a Mika la “odisea” del “Black Noah”.

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