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Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 56: Refuerzos.

Al día siguiente, el grupo se reunió para desayunar como de costumbre. -¡Detective! -exclamó Guile -¡Se nota que pasó una mala noche!
-Muy mala noche, general -contestó Francisco, quien traía unas ojeras impresionantes y una cara de “muerto fresco” que no podía con ella-. Prácticamente, no pude pegar un ojo en buena parte de la noche.
-Sí, me dí cuenta -observó José Luis-. Pareces tecolote desmañanado.
-Parece… ¿qué? -preguntó Guile, frunciendo el ceño.
-Quise decir que parecía buho al que despertaron a la mitad del sueño -aclaró José Luis.
-Déjame adivinar -intervino Chun-Li-. Ayer luchó contra una canadiense el motivo de tu desvelo (sonrió), ¿no es así?
Francisco agachó la cabeza -¿Qué comes, que adivinas?
Ken se acercó y le dió una palmada en la espalda. -No tiene nada de malo que te hayas vuelto a enamorar, Púnisher.
-Lo sé, lo sé -contestó Francisco-, pero no puedo evitar sentirme… un traidor… Y para acabarla de arruinar, ¡ES IDÉNTICA A MI DIFUNTA ESPOSA! (se dejó caer sobre la mesa) ¡¿QUÉ VOY A HACER…?! -se lamentó.
-“Olvida el pasado y vive el presente”. Era lo que siempre me decía el coronel Wolfmann -apuntó Cammy-. Creo que tú también deberías intentarlo.
-Conmigo funcionó -acotó Nash.
-Sí, sí… pero esto tiene más que ver con los principios -reclamó Francisco-. Si hago esto, siquiera perdirle una cita a Narumi, sería como una traición terrible hacia mi esposa…
-Ay hermano, hermano, hermano -comentó José Luis, moviendo la cabeza de un lado a otro-. Está bien que tengas un sentido alto de la ética y el honor. De verdad, eso te lo admiro… ¡¡PERO NO TE PASES DE VERG…!!
-Ahí vienen Karin, Zangief, Mika y Narumi -anunció Nash.

Y, en efecto, al “comedor” entraron Karin, Mika, Zangief y Narumi -¡BUENOS DÍAS A TODOS! ¿COMO AMANECIERON? -saludó Mika, con su habitual alegría.
-Bien, gracias -contestó Guile. Los demás saludaron con un movimiento de cabeza.
Karin tomo su lugar en la cabecera, donde le tocaba. Aún quedaban disponibles dos asientos juntos. Mika y Zangief tomaron asiento, dejando a Narumi de pié. -Gracias, monsieur Zangief -reclamó Narumi-. ¡QUÉ CABALLEROSO ERES!
-¡Perdón, podruga! -se disculpó Zangief-. ¡No me dí cuenta!
-¡Narumi! -la llamó José Luis-. ¡Mejor siéntate aquí! (señaló un lugar justo al lado de donde estaba Francisco)
-¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO…?! -le reclamó Francisco entre susurros.
-Devolviéndote el favor que me hiciste con Ángel, ¿recuerdas? -respondió José Luis, también susurrando-, porque yo sí… y mi trasero, ¡TAMBIEN!
-¡Ay! ¡Sabía que tarde o temprano te ibas a desquitar, pero nunca creí que fueras tan cruel!

Narumi tomó asiento justo a lado de Francisco -¡Hola! -lo saludó.
-Errr… hola -correspondió tímidamente el saludo.
-¡Pero qué cara tienes! ¿Tuviste insomnio?
-S… ¡NO! Es que… es que… errr… esteeee… ¡Un mosquito! ¡Sí! ¡Un mosquito me estuvo fastidiando toda la noche! ¡Eso! -se excusó Francisco.
-¡Qué raro, Francisco-san! -comentó Karin-. No hace mucho que fumigamos la residencia.
-Pues creo que ese mosquito se les coló y se volvió resistente -contestó Francisco.

En eso, sonó un celular. -¡Es el mío! ¡Disculpen! -dijo Guile y tomó la llamada-. Guile… ¡General Taylor! ¿Qué pasa?
-¡OTRA VEZ EL GENERAL TAYLOR A MOLESTAR! -susurró Francisco, fastidiado.
-¿Quién es ese general Taylor? -preguntó Narumi.
-Después te contaré.
-¿Qué…? ¡Eso es muy bueno! ¿Cuándo vendrán…? ¿Hoy, en la tarde…? ¿A las cinco de la tarde…? ¿En la base aérea de Yokota…? ¡Perfecto! ¡Ahí los recogeremos! ¡A la orden, general! -fue diciendo y colgó el aparato.
-Y ahora, ¿qué quiere el general Taylor? -preguntó Nash.
-Si piensa venir otra vez a fastidiar -amenazó Francisco-, ahora sí lo corro a…
-¡Nada de eso, Nash, Detective! -aclaró Guile-. El general Taylor habló para decirme que consiguió refuerzos.
-¡¿QUE EL GENERAL TAYLOR CONSIGUIÓ QUÉ?! -preguntó Francisco, asombrado.
-Refuerzos, lo acabo de decir.
-¿Y a quiénes va a mandar? -preguntó Nash.
-Al mejor grupo que pudiéramos imaginar, un grupo de élite: El Escuadrón Ikari.
José Luis escupió el jugo de naranja que estaba tomando -¡¿EL… ESCUADRÓN… IKARI?! -exclamó-. ¡Creí que eran una leyenda!
-Oh, no… no es una leyenda -dijo Ángel-. Son tan reales como la vida misma.
-¿Los conoces?
-Ángel afirmó con la cabeza -ellos estuvieron detrás de NESTS un buen tiempo… Así como de Rúgal Bernstein.
-Damas y caballeros. Al parecer el general Taylor tuvo a bien las palabras que le dijo el Detective y ha decidido ayudarnos de forma más activa -anunció Guile-. El Escuadrón Ikari llegará a la base aérea de Yokota a las cinco de la tarde. Iremos una comitiva a recibirlos.
-¿Y quiénes irán? -preguntó Chun-Li.
-De entrada, tú estás dentro -contestó Guile-. También irán White, Charlie, la señorita Torres, el Detective, el Soldado y la agente Alexeïeva.
-¿Y los demás, cabeza de escoba? -preguntó Ken, algo ofendido.
-Perdón, Masters… pero esto es algo que se arregla entre Fuerzas Armadas.
-¿Y entonces, por qué yo voy, general? -preguntó Ángel-. ¡No pertenezco a ningún grupo armado!
-Pero los conoce, eso nos será de utilidad a todos -le respondió Guile, con una sonrisa.
-Bueno, tiene lógica que vaya gente del Ejército americano, de INTERPOL y de Delta Red -afirmó Francisco. En eso puso cara de espantado. -Chicos…
-¿Pasa algo, Detective? -preguntó Guile.
-Acabo de darme cuenta de una cosa…
-¿Sí…?
-Que el general Taylor nos esté ayudando, es, sin lugar a dudas, una real, definitiva, auténtica y verdadera (se llevó las manos a la cabeza)… ¡¡¡SEÑAL DEL APOCALIIIIIIIIIIIIPSIIIIIIIIIIIIIIIIIIS!!! ¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRGGGGGH…!!!!! -gritó mientras corría como loco por el lugar, arrancando las carcajadas de los demás.

Base aérea de Yokota
Tokio, Japón

(Lean lo siguiente escuchando Hero, de Skillet.)

Shibasaki llevó a la comitiva desde la pista privada de aterrizaje de la Residencia Kanzuki en el helicóptero particular de la Familia a eso de las cuatro y media de la tarde.
-Bien, en cualquier momento llegarán -anunció Guile.

Y justo a las cinco de la tarde, apareció un Eurocopter EC155 de color verde olivo y aterrizó en la base aérea. Del helicóptero bajaron cinco personas: dos mujeres y tres hombres. Una mujer era bastante alta, de tez clara y cabello azul marino, peinado con una cola de caballo y un fleco en la frente. Iba vestida con un tank top de color verde claro, pantalones tipo cargo color gris oscuro, botas de comando negras, guantes del mismo color del pantalón y, en el brazo izquierdo, un pequeño bolsillo negro.

La otra mujer era un poco más baja que la anterior, de tez un poco más oscura y de cabello mediano color castaño oscuro casi granate. Traía puesto un traje militar completo con gabardina corta, pantalones de “gala” un par de botas negras que le llegaban hasta arriba de la rodilla, un par de guantes negros que llegaban hasta el codo y traía cargando… un látigo.

El primero de los hombres llegaba casi al metro con noventa centímetros, era rubio, de tez clara y con un par de lentes oscuros. Traía puesta una gorra militar color azul marino, una playera con dos tonos de azul, tanto en el cuerpo como en las mangas, y el mismo tipo de botas y pantalón que la mujer de cabello azul marino. Además, traía dos coderas negras, un brazalete negro en su muñeca derecha y un guante negro en su mano izquierda.

El segundo era moreno, de la misma estatura del anterior, de cabello negro y largo a la altura del cuello. Traía puesta una camiseta tipo “A” de color blanco, el mismo tipo de botas y pantalon que el rubio, un par de guantes negros, un par de cananas en ambos hombros y una pañoleta roja en la cabeza.

El último miembro era un poco más alto que los demás, de tez clara, delgado, de cabello negro y recortado perfectamente. Traía puesto un uniforme militar muy parecido al de la chica del látigo, sólo que de color verde olivo. Traía también una gorra tipo plato del mismo color de su traje, y un parche negro en el ojo derecho. Este hombre se dirigió a donde estaba Guile y lo saludó como militar. -Gusto en volver a verlo, general Guile.
-El gusto es nuestro, general Héidern -devolvió Guile el saludo.
Procedió a presentar a Chun-Li, a Cammy y a Nash. Héidern se le quedó viendo. -¿Nash…? ¿Teniente Charlie Nash…? -preguntó-. ¡Se supone que ya había muerto en acción!
-Es una larga historia, general Heidern -contestó Nash.
Chun-Li presentó a los agentes de INTERPOL: a los Castillo y a Narumi. José Luis, fiel a su costumbre, saludó como militar a Héidern (¡SEÑOR! ¡SÍ, SEÑOR!), cosa que lo sorprendió. Con Ángel, no hubo necesidad de presentación. -¡Vaya vaya! ¡Aquí tenemos a Ángel Torres! -exclamó, admirado-. Así que ahora estás con los chicos buenos.
-Sí, así es -contestó Ángel, apenada-, pero si aún así usted quiere arrestarme…
-Tranquila, no haremos tal cosa -la calmó Héidern-. Hemos recibido su membresía al programa de protección a testigos de INTERPOL, por lo que no la arrestaremos.

Ahora, fue Héidern quien hizo las presentaciones. -Les presento a Leona Héidern, mi “hija adoptiva”.
-Hola -saludó la chica de cabello azul marino. Se fijó en Cammy. -¡Vaya! ¡Mucho tiempo sin vernos, Cammy! -exclamó mientras le daba la mano.
-Sí que ha pasado el tiempo, Leona -contestó Cammy.
-Tú y yo tenemos muchas cosas que hablar. Todavía me debes un té, ¿recuerdas?
-Claro. Espero ahora tener el tiempo para pagarte.
-Sí, sí, sí… después se arreglan señoritas -interrumpió Heidern-. Ahora les presento a una de, mis personas de confianza: Seirah Muchiko.
-Pueden llamarme “Whip” si así lo desean -dijo la mujer del látigo.
Héidern caminó hacia el hombre rubio de los lentes oscuros. -Este caballero que tienen aquí (le puso una mano en el hombro), es el teniente Clark Still, uno de mis mejores hombres.
-Saludos -habló Clark.
-Y por último, pero no por eso el menos importante, el caballero que ven aquí, es el coronel Ralf Jones.
-Mucho gusto -contestó el hombre de la pañoleta roja.
-El general Taylor se puso en contacto con nosotros para prestarles nuestra ayuda -dijo Héidern-, y aquí estamos.
-El Escuadrón Ikari siempre ayuda a quien lo necesita -afirmó Ralf.
-De eso, no me queda la menor duda -comentó Guile.
-¿Dónde está su base de operaciones? -preguntó Clark-. Por lo que se ve, no trabajan en esta base aérea.
-No, no trabajamos aquí -contestó Guile-, sino en la Residencia de la Familia Kanzuki.
-¿Y qué demonios hace una civil ofreciendo sus instalaciones como cuartel? -preguntó Leona, extrañada.
-Porque nos está ayudando en el caso. Ya les platicaremos en la Residencia con calma.

Residencia Kanzuki.
Tokio, Japón.

Tanto el grupo de Guile como los Guerreros Ikari se reunieron en el salón que usaban para trabajar, tan pronto llegaron a la residencia. -Bien, ya estamos aquí -dijo Heidern-. Ahora sí pueden explicarnos de qué se trata.
Guile explicó todo el proyecto de Bison, desde la captura de los háckers hasta las “lunas negras” y la prueba que se hizo con una de esas lunas negras, con las consecuencias que atrajo, así como la misión fallida al “Black Noah” -¡El Black Noah! -exclamó Ralf.
-Así que el miserable de Rúgal Bernstein está involucrado en este plan -comentó Clark.
-Y no sólo él -intervino Nash-. También colaboran con esos dos tanto Víctor Dónovan como NESTS.
-¡NESTS! -exclamó Whip-. ¡Creí que eran parte del pasado!
-Yo también lo pensé, pero han regresado -dijo Ángel.
-¿Y sabes quién está detrás de NESTS ahora?
-No, lamentablemente.
Héidern caminó de un lugar a otro. -Ese miserable de Rúgal… en cuanto lo tenga entre mis manos…
-Disculpe la intromisión, general Héidern… ¿Hay algo más entre Rúgal y usted? -preguntó Nash.
-No hay algo… HAY TODO, teniente Nash -contestó Héidern y comenzó su relato:

-Hace unos diez años, fui elevado al rango de general, como un premio por mis habilidades como artemarcialista y estratega. La ceremonia se llevó a cabo en una base militar secreta en Brasil, estando presentes mi esposa y mi hija. Rúgal se enteró de esto y aprovechó para arrasar esa base, mató a cincuenta de mis oficiales y secuestró a mi esposa y a mi hija.
-¿Y por qué hizo eso? -preguntó Cammy.
-Porque me consideraba la pieza que le faltaba a su “colección de guerreros” -contestó Héidern-. Rúgal tiene como pasatiempo retar a peleadores fuertes, derrotarlos… y bañarlos en metal fundido para “inmortalizarlos” como así él le llama.
-¡AGH…! Conque así elabora sus “estátuas” -dijo Francisco-. Sí, ya tuvimos la “oportunidad” de ver sus… obras.

Héidern continuó con su relato. -Una vez que secuestró a mi familia, me retó a que intentara rescatarla. No tuve otra opción mas que ir con mis hombres. Una vez ahí, Rúgal mató a sangre fría a todo mi escuadrón, y sólo a mí me dejó con vida. Peleamos… y me derrotó. Y justo cuando estaba a punto de darme el golpe final, mi esposa y mi hija intervinieron y se sacrificaron por mí, siendo asesinadas por ese infeliz… (se detuvo un momento. Tomó aire y prosiguió). En ese ataque, fue donde perdí mi ojo derecho. Destruido, solo y lleno de tristeza, dolor y odio por la pérdida de muchos de sus colegas y en especial de mi esposa e hija, decidí comenzar un durísimo entrenamiento y también desarrollé su propio estilo de pelea y su propia unidad mercenaria: El Escuadrón Ikari. Desde entonces, me he dedicado a perseguir a Rugal para vengar la muerte de mi familia.

-General Héidern -habló Francisco-, sincéramente, me uno a su dolor… entiendo perfectamente lo que es perder a una esposa y a un hijo, pues también pasé por esa experiencia.
-Se lo agradezco, agente Púnisher -dijo Héidern.
Narumi abrió los ojos. -¿Qué? ¿Tú también perdiste a tu familia?
-Sí, Narumi… ya te lo contaré después -le dijo Francisco.

Guile cortó con el ambiente. -General Héidern. Usted es el que mejor conoce a Rúgal Bernstein. ¿Qué cree usted que lo haya motivado a apoyar a Bison en este plan?
-Bien, general Guile -contestó Héidern-, Usted me comentó que la oscuridad provocada por las lunas negras, causaba que las personas sacaran su parte más negativa, y todo eso era transformado en poder psíquico para fortalecer a Bison, ¿cierto?
-Sí, así es -confirmó Guile.
-Con Rúgal ocurre algo parecido.
-¿También Rúgal puede manejar el poder psíquico? -preguntó Nash.
-No, teniente… pero lo que él tiene, es igual o hasta peor… la sangre de Orochi.

Karin puso una cara de terror impresionante. -¿La sangre… de Orochi? -preguntó, asustada.
-Señorita Kanzuki, ¿usted sabe sobre la sangre de Orochi? -preguntó Héidern.
-No exáctamente -contestó Karin-, pero sí del mito que la originó -indicó, e inició el relato del monstruo mitológico Orochi:

“Cientos de años atrás, en Japón se creía que los dioses, las bestias y los humanos solían vivir juntos compartiendo la tierra. Los humanos rendían sacrificios a los dioses como gratitud por los poderes sobrenaturales que usaban para ayudarlos, los monstruos y las bestias rara vez molestaban a los humanos. Pero el balance entre humanos, dioses y bestias se perturbo cuando Izanagi, el primer rey de los dioses (su equivalente en la mitología griega seria Urano) fue a la guerra en contra de su esposa Izanami (Gaia, la madre tierra para los antiguos griegos). La guerra trajo como consecuencia el nacimiento de seres malvados, los Oni (Ogros) usados como soldados y los dragones quienes surgían de las plantas que se alimentaban de la sangre derramada de los dioses.

“Por supuesto no todos estos nuevos seres eran malvados, pero el mal surgió en los corazones de muchos dioses durante la guerra ya que estaban expuestos a las llamas de los infiernos. Así fue como los dragones nacidos de esa sangre fueron malvados también. ‘Yamata no Orochi’ o el ‘Dragón de las Ocho Cabezas’ fue una de las malvadas criaturas nacidas de la sangre de las divinidades en conflicto.

“La tierra de Izumo (lo que es ahora la prefectura de Shimane) fue bendecida con la presencia de una hermosa princesa conocida como Kushinada. Orochi invadió Izumo con su presencia poco después de que Kushinada cumplió 16 años y demando el sacrificio de ocho doncellas cada luna llena para apaciguar su apetito. Si el sacrificio no se rendía, los habitantes verían sus tierras destruidas. Los años pasaron y mas y mas doncellas eran sacrificadas, hasta que al final solo quedo la princesa Kushinada.

“El dios Susano-o visitaba esas tierras por aquel entonces y quedo perdidamente enamorado de la princesa al espiarla por una ventana. Prometio al rey de Izumo que él destruiría a Orochi con la condición de tomar a la princesa como esposa.

“Se le presentaron ocho copas de vino a Orochi en la noche del sacrificio de la princesa Kushinada. El sirviente que le llevo el vino insistió en que debían entretenerse con el alcohol antes de disfrutar la tan esperada comida. Orochi acepto y bebió con sus ocho cabezas de las respectivas copas. No esperaron mucho antes de oír los fuertes ronquidos causados por la borrachera de Orochi.

“Fue entonces que el sirviente se quitó su disfraz y revelo su verdadera identidad, el dios del trueno, Susano-o. Le corto las cabezas a Orochi, de su ombligo saco el sagrado medallón de la vida, la Magatama y las lagrimas de la ultima cabeza en morir fueron transformadas en un espejo.

“A cambio de la mano de la princesa Kushinada, Susano-o dejó su espada, la cual mas tarde se conocería como Asesina de Dragones o ‘Espada de Kusanagi’, el medallón Magatama y el espejo, el cual mas tarde fue entregado a Yata, la hermana menor de Kushinada”.

-¡UF! ¡Un relato impresionante! -comentó Francisco-, pero creo que no tiene nada que ver con el asunto que estamos tratando.
-En realidad esa es una variante de ese relato -dijo Leona-. Nosotros conocemos otra, que es más apegada a la realidad…

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