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Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 57: La sangre de Orochi.

-Entonces… ¿hay otra variante de esa leyenda? -preguntó Nash, algo contrariado.
-Así es, teniente Nash -contestó Leona, y procedió a contar esa variante:

“Hace dos mil años, cuando la civilización empezaba a florecer sobre Japón, había pequeños países construidos sobre las islas. Se formaron las religiones y entre ellas estaba el culto a Orochi. En un principio el culto a Orochi usaba el ‘qi’ sobrante en el mundo para realizar milagros. Imperios empezaron a surgir y el culto a Orochi, ahora convertido en un clan, empezó a tomar poder sobre los líderes y, con el tiempo, desearon tomar el control de Japón y del mundo.

“Para lograrlo, el culto a Orochi decidió resucitar a Orochi, el dragón que ellos pensaban era la encarnación del ‘qi’. Para hacerlo, ellos necesitaban sacrificar la vida de ocho mujeres, ellas eran conocidas como ‘Kushinada’, al ser elegidas fueron llevadas al altar de Orochi para ser sacrificadas.

“Los clanes Kusanagi, Hasshaku y Yata, los cuales también eran clanes religiosos que florecieron durante ese tiempo, sintieron maldad en las acciones del culto a Orochi y se unieron para dar fin al clan. Se selecciono a los mejores guerreros para utilizar las armas mas poderosas de los clanes: la espada Kusanagi, la magatama Hasshaku y el espejo Yata.

“El clan de Orochi tenia sus propios guerreros elegidos, eran conocidos como ‘Orochi Hakketsu Shuu’ (La gran unión de los ocho de Orochi), la guerra entre los clanes se torno sangrienta. Pero el malvado ‘qi’ de Orochi no era rival para el poder de los clanes restantes, los Kusanagi asesinaron a Orochi, los Hasshaku neutralizaron sus poderes y los Yata sellaron el malvado ‘qi’ de Orochi en su cuerpo.

“Y así fue que la batalla sagrada pareció llegar a su fin, pero el ‘qi’ de Orochi fue mas grande que la capacidad de los Yata y así es como Orochi es capaz de resucitar cada 100 años, solo para ser sellado por los tres clanes sagrados de nuevo.

“El balance entre los clanes fue perturbado hace 660 años, cuando se inicio una agria rivalidad entre los Kusanagi y los Hasshaku. Los Hasshaku, quienes estaban sedientos de poder, rompieron el sello con el cual se contenía a Orochi e hicieron un pacto con él para obtener inigualable poder. Desde entonces los Hasshaku cambiaron su nombre a Yagami y se dice que ellos han controlado a muchos líderes desde la oscuridad”.

-¡Fuuuuff…! -resopló Francisco-. Esto se pone cada vez más tenebroso…
-Aún no entiendo qué tiene que ver “La sangre de Orochi” con Rúgal Bernstein ni con las lunas negras -reconoció Guile.
-Rúgal se volvió portador de la sangre de Orochi -contestó Héidern-. Verán: Rúgal tenía como posible rival a un tal Leopold Goenitz. Goenitz era descendiente de los Yami, uno de los clanes guardianes de Orochi. Goenitz era el sumo sacerdote del culto a Orochi, y tenía cantidades exageradas de sangre Orochi. Rúgal se enteró del gran poder que tenía el dios Orochi. Después de mucho buscar, encontró el lugar en donde estaba sellado ese poder, y antes de que pudiera romper ese sello, apareció Goenitz. Pelearon y Goenitz dejó tuerto a Rúgal. Sin embargo, en un acto de benevolencia, le dió un poco del poder de Orochi, haciéndolo mucho más fuerte y resistente… aunque nunca pudo dominar al 100% ese poder.

-Vaya… estamos ante un panorama aún más complicado de lo que calculamos -admitió Chun-Li.
-Bueno, no hay por qué alarmarse -los tranquilizó José Luis-. Mientras no se rompa ese famoso sello, podemos respirar aliviados.
-Ya se rompió -informó Leona.
José Luis se puso pálido. -¡¡¡¿EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEH…?!!!
-¿Cuándo se rompió ese sello? -preguntó Cammy.
-Justo el día en el que ocurrió el eclipse solar que mencionan -contestó Leona.
-¿Y cómo sabes que fue ese día? -ahora preguntó Guile-. ¿Tienes alguna evidencia?
-Lamentablemente, sí -contestó Leona-. Lo sé porque… yo tengo sangre de Orochi…
-¡¿CÓMOOOOO?! -gritaron Guile y compañía.

Leona comenzó a hablar:
“Cuando yo era una niña, vivía en una aldea sin nombre, junto con mi familia. Mi padre se llamaba Gaidel, que también era heraldo de Orochi, como Goenitz. Un día, Goenitz llegó a la aldea para encontrarse con mi padre en mi casa. Goenitz tenía la intención de obligarlo a que lo ayudara a liberar a Orochi.
-¡Estás loco, Goenitz! -le dijo mi padre-. ¡NO TE VOY A AYUDAR A ROMPER EL SELLO DE OROCHI! ¿Qué no ves que estoy viviendo en paz, con mi esposa y mis hijos?
-Conque… no quieres colaborar con la causa, ¿verdad? -le preguntó Goenitz
-¡Por supuesto que no! -le gritó mi padre-. ¡NO QUIERO SABER NADA DE OROCHI! ¿ENTENDISTE?
Ese comentario enfureció a Goenitz. -Bien… no lo hagas -le contestó a mi padre-. Pero te recuerdo que a Orochi… NO PERDONA A LOS TRAIDORES.

“Una vez que dijo eso, se dió la media vuelta y se dispuso a largarse de mi casa… pero antes, se me quedó mirando, e hizo una mueca extraña. Al caer la noche,sufría un fuerte dolor de cabeza y al poco rato comencé a toser sangre. Mi padre se alarmó, ya que esta era una muestra del llamado Disturbio de la Sangre, un proceso provocado por la sangre de linaje Orochi. Trataron de calmarme… sin éxito. Dominada por este estado, asesiné a la gente de la aldea, incluyendo a mi propia familia…”

-¡AUCH! -exclamaron los Castillo a coro.
-Eso fue terrible -opinó Nash.
-Como pueden ver, es algo que las dos tenemos en común -dijo Cammy-: a las dos nos obligaron a matar gente.
-Pero en tu caso, no fue a tu propia familia -respondió Leona, y retomó su relato.

“Cuando terminé la masacre, Goenitz regresó a mi aldea. Puso una de sus asquerosas manos en mi cabeza y me ordenó dormir. Goenitz me dijo que me despertaría cuando fuese el momento correcto. Después de eso comencé a caminar sin rumbo en la selva…”
-Y fue en la selva donde la encontré yo -intervino Heidern-. Fui contratado para investigar el extraño suceso relacionado con la aldea de Leona, y no conociendo la auténtica naturaleza del mismo, decidi acoger a Leona como mi ahijada, ya que para la vida de ambos sería beneficioso.

“En una ocasión, cuando volvía de una misión, ví cómo Leona subía a un árbol muy alto solo con las manos. Sorprendido con esta exhibición de energía, pense que sería mejor que la chica permaneciera conmigo y entrenarla como soldado. Inmediatamente, Leona comenzó su entrenamiento bajo mis órdenes. Aprendió todas mis técnicas, debido a una capacidad increíble de cortar con sus manos.

-¿Cortar… con las manos…? -preguntó Ken-. Eso es nuevo.
-Disculpa, Leona -interrumpió Francisco-. Entonces, te diste cuenta porque sentiste otra vez lo que tú llamas “Disturbio de la Sangre”, ¿no es así?
-Exacto, agente -contestó Leona. Y el Disturbio de Sangre no es nada agradable: El disturbio de la sangre es un trastorno que afecta a individuos con descendencia parcial de la sangre de Orochi. Esta condición sucede cuando influencias indirectas fuertes o directamente ligadas a Orochi rodean el ambiente de estos individuos, lo que provoca que la sangre de Orochi domine sobre su sangre normal, esto provoca que la persona afectada comience a toser sangre, incremente su temperatura y finalmente entre en un estado de locura y violencia extrema prácticamente hacia todo ser vivo. Las personas con descendencia de sangre completa no se ven afectados por esta situación incontrolable. Orochi y sus seguidores pueden desencadenar esta condición directamente en sí mismos y en los demás. Todas las personas que poseen esta condición se someten a pequeños cambios físicos (sobre todo en el color del pelo y el tono de la piel), cambian de postura y de ataques y movimientos, y se hacen más resistentes al dolor.

Guile tomó la palabra. -Y una de esas influencias indirectas o directas ligadas a Orochi, es…
-…El eclipse causado por la luna negra -terminó Nash.
-¡Perfecto! -exclamó José Luis-. Tenemos poder psíquico, sangre de Orochi y gen diabólico…
-¡Un momento! -interrumpió Ralf-. ¿Dijiste… gen diabólico?
-Sí, señor… eso dije.
-¡Es la anomalía genética de los Mishima! -exclamó Clark.
-Eso ya lo sabemos, teniente -observó Guile.
-Sí, de acuerdo… entonces Jin Kazama está en peligro -dijo Whip-. ¿En dónde estará?
-Fue con Ryu Hoshi a buscar la forma de usar ese gen diabólico para beneficio de todos -informó Chun-Li-. Esos dos fueron a las montañas a entrenar con el maestro de Ryu, Gouken…Eso fue lo que nos dijo.
-Así que, tranquila, Whippy -habló Ralf-. Todo está bajo control con Jin.
-¡NO… ME DIGAS… WHIPPY! -le gritó Whip.
-Está bien, está bien… Whippy.
-¡¡GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!!
-¡Ya, tranquilos ustedes dos! -intervino Héidern-. No es momento de comportarse como niños.
-Como decía antes -retomó José Luis-: Agarre usted un poco de poder psíquico, un poco de gen diabólico y póngalos en una licuadora. Añada también un poco de sangre de Orochi (sin coagular, por favor). Licúe a punto de turrón y tendrá usted un sabroso coctel de “Ya nos cargó el Undertaker”…
-Sírvase en una copa de cogñac, en las rocas, adornado con una aceituna y una sombrillita -agregó Francisco, ante las risas de todos.
-Parecerá chiste, pero no lo es -aclaró José Luis, con un tono de seriedad inusual en él. -A este paso, ya solo nos falta una invasión alienígena.
-¡¡¡SSSSSSSSSHHH!!! ¡¡¡CÁAAAALLATEEEEE!!! -exclamó Francisco-. ¡¡¡NO LOS INVOQUEEEEES!!!

Dojo de Gouken.
Montañas de Japón.

Mientras tanto, Ryu y Jin seguían entrenando con Gouken. Si bien, Ryu ya había logrado controlar “El Poder de la Nada”, Jin aún no lograba adaptarlo para controlar su gen diabólico. -¡DIABLOS! -exclamó Jin, mientras estaba tirado en el piso por un golpe de Ryu-. ¡A ESTE PASO, NO VOY A LOGRAR NADA!
-Tranquilo, Jin -dijo Gouken-. Recuerda que la respuesta está en el corazón de la batalla.
-Sí, claro… es fácil decirlo -protestó Jin. Se sentó en el piso y lanzó un suspiro. -Tal vez debería rendirme y dejar las cosas como están.
-Perder está permitido -comentó Ryu-, pero darse por vencido, ¡JAMÁS!
-Debe haber una forma de suprimir la infuencia del gen diabólico -observó Gouken-. Si me permiten, veré si tengo algo al respecto en mi biblioteca.

Y cuando Gouken se retiraba a su biblioteca…
-¡¡RYU!! -¡QUÉ BUENO QUE TE ENCUENTRO! -se oyó la voz de un hombre.
Ryu, Jin y Gouken voltearon y encontraron a un jóven de tipo oriental, de un metro con 81 centímetros, de cabello negro y peinado todo para abajo. Traía puesta una camisa negra, una chamarra de piel blanca, un par de guantes negros abiertos en los dedos, un par de pantalones de mezclilla de color azul oscuro y una cadenita en el bolsillo derecho, un cinturón y un par de zapatos de piel color café. -¡Kyo…! ¡Kyo Kusanagi! -exclamó Ryu, al verlo-. ¿Qué sucede? ¿Por qué viniste hasta aquí a buscarme?
-Ryu… es terrible… -contestó Kyo-. El sello que contenía a la sangre de Orochi se ha roto.
-¿Qué…? ¿Entonces… eso significa que…?
-Sí, Ryu… Iori enloqueció de nuevo…

-La sangre de Orochi… -repitió Jin-. Aumentan los problemas, por lo que parece.
-Ah, hola, Jin -saludó Kyo-. No te había visto.
-No hay problema, Kyo. Disculpa aceptada -dijo Jin-. Así que Iori Yagami volvió a dar problemas… ¿Y a partir de cuándo empezó eso?
-Desde hace unos días, cuando hubo un eclipse solar en toda América y Europa -contestó Kyo.
Ryu abrió los ojos como platos. -¡La luna negra de Bison! -exclamó.
-¿Bison…? ¿Bison está metido en todo esto? -preguntó Kyo.
-No sólo está metido… ES EL RESPONSABLE -contestó Jin.

Acto seguido, Jin le contó todo lo ocurrido al respecto, desde la pérdida de fondos tanto de Mishima Zaibatsu como de DOATEC, hasta el ataque de la luna negra. -Entonces, tanto el poder psíquico como el gen diabólico están involucrados -comentó Kyo-. Mal… muy mal.
-¿En dónde fue la última vez que viste a Iori, Kyo? -preguntó Ryu.
-En Shinjuku, Ryu -contestó Kyo.
-Bien, en Shinjuku. Entonces no debe estar lejos de ahí -teorizó Ryu. Después le habló a Gouken. -Gouken-sensei… es preciso interrumpir el tratamiento y ayudar a nuestro amigo.
-No hay ningún problema con eso, Ryu -contestó Gouken, acicalándose la barba-. Tú ya estás listo para la pelea.
-Pero yo no -reclamó Jin-. En cuanto terminemos este asunto, regresaré a seguir entrenando con usted, Gouken-sensei.
-No es necesario -le dijo Gouken-. Tú también ya estás listo. Solo es cuestión de que encuentres la forma de controlar tu gen diabólico.
-¿Pero cómo?
-Recuerda: la respuesta, está en el corazón de la batalla.

Ryu y Jin fueron al dojo por sus cosas y cuando estaban a punto de tomar camino junto con Kyo, apareció alguien conocido, flotando en posición de flor de loto. -¡DHÁLSIM-SENSEI! -exclamó Ryu-. ¡Disculpe que no podamos atenderlo, pero…!
-Lo sé, Ryu -informó Dhálsim-. Deben regresar a Japón para ayudar a Iori Yagami.
-¿Pero cómo sabe eso? -preguntó Kyo-. ¡Es como si pudiera leer mi mente!
-Puedo leer la mente, joven Kusanagi -le dijo Dhálsim-. El yoga me ha dado esa habilidad.
-Sí, sí, luego discuten -interrumpió Jin-. Tenemos trabajo que hacer.
-Yo los puedo llevar -ofreció Dhálsim.
-Pero… Dhálsim-sensei… ¿puede teletransportar a más personas aparte de usted?
-No estoy tan seguro, Ryu… pero sólo hay una forma de averiguarlo.

Dicho esto, colocó los piés sobre la tierra. -Necesito que me toquen al mismo tiempo -pidió. Ryu, Kyo y Jin lo tomaron por brazos y hombros. -Ahora, sujétense… ¡YOGA! -exclamó, al tiempo de que los cuatro desaparecían.
-Buena suerte,  mis guerreros -deseó Gouken.

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