Fanfics

Una sombra cae… el fánfic.

Capítulo 64: El último día de tranquilidad.

Barrio de Shibuya
Tokio, Japón

En la tarde, como se tenía planeado, Guile y todos los demás fueron, por sugerencia de Karin, al Barrio de Shibuya. Principalmente un distrito comercial y de entretenimiento, Shibuya ha conseguido una gran popularidad entre los jóvenes en los últimos 30 años. En Shibuya se encuentran varios centros comerciales de moda; el más famoso de ellos es el llamado “Shibuya 109” (ichimarukyu). Este centro comercial es muy popular entre los jóvenes, especialmente los adolescentes, y es famoso por ser el origen de la subcultura kogal. El panorama de la moda se extiende al norte hacia Harajuku y Shibuya cada vez más marca los patrones de la moda para toda Asia.

Shibuya también es famoso por el cruce que hay delante de la estación, el llamado Scramble Kousaten, del que se dice que es el más abarrotado del mundo y utiliza un stop en las cuatro direcciones para permitir a los peatones inundar todo el cruce. En los edificios que se encuentran en frente del cruce están situadas tres grandes pantallas de televisión. La plaza que hay en frente de la estación se conoce como Plaza Hachiko, en honor a un perro fiel que esperó en esta plaza a su amo durante años tras la muerte de éste y que es conmemorado con una estatua en la plaza; dicha estatua es el punto de espera más popular de Tokio cuando varias personas tienen una cita.

Al norte de la estación de Shibuya se encuentra el Dogenzaka, que ofrece entretenimiento a un público más maduro, con muchos clubes nocturnos y love hotels.

Las estaciones principales de tren son la propia Estación de Shibuya (Shibuya eki), la Estación Yoyogi, la Estación de Harajuku y la Estación Ebisu.

Al Shibuya 109, fueron Guile y Ken… pero no por propia voluntad, sino por petición (y casi casi imposición) de Julia, Amy y Eliza.
-Oye… mi amor… -habló Ken-, se supone que estas tiendas son para mujeres menores de treinta años.
-¿Y qué? -le respondió Eliza-. A mí me gusta esa ropa y no pienso cambiarla.
-Lo mismo digo -se apuntó Julia.
-Bueno… a Amy si le quedaría bien… pero… a ustedes… pues… -reclamó Guile.
-¿A nosotras… qué? -le preguntó Julia, de bastante mal humor.
-¡¿Acaso nos consideran viejas?! -inquirió Eliza, ya perdiendo los estribos.
-Errr… ¡NO… NO… PARA NADA! -exclamaron Ken y Guile al mismo tiempo.
-Ah, bueno. Entonces iremos a ese centro comercial LES GUSTE O NO -sentenció Julia.
Acto seguido, los seis (contando al pequeño Mel) entraron al centro comercial. -Será mejor que nos rindamos, cabeza de escoba -sugirió Ken-. Cuando Eliza se pone firme en un propósito, no hay nada ni nadie que la detenga.
-¡Ay, Masters! ¡Eso es de familia! -contestó Guile.

Amy, Julia y Eliza gastaron TRES HORAS en probarse cuanta ropa y zapatos encontraban. -¿Cómo me veo? -preguntaban cada que salían del probador.
En honor a la verdad, las tres se veían increíbles. Ni Ken, ni Guile, daban crédito a lo que veían. -Pues… se ven increíbles -contestaban por turnos los dos.
Mientras las tres se probaban ropa, Guile no pudo ocultar más una cosa. -Masters… es verdad que nuestras esposas se ven muy lindas… pero… ¿regresaremos para verlas?
-¡Claro que sí, cabeza de escoba! -contestó Ken-. ¡No te preocupes! ¡Será más fácil de lo que pensamos!
-¿Estás seguro?
-¡Claro que…! (agachó la cabeza) No… no estoy seguro. La verdad sea dicha… por primera vez en mi vida, tengo miedo de enfrentar a Shadaloo… y no por mí, sino por mi hijo -aclaró-. No quiero morir sin antes verlo crecer (respiró profundamente)…
-Parece que ya estás madurando, Masters -observó Guile.
-Gracias, Guile. El tiempo y las circunstancias me han enseñado -contestó Ken-. Antes era más fácil, porque nada más era yo y ya. Ahora ya tengo una familia qué proteger.
-Estamos en las mismas, Masters -admitió Guile-. Propongo una cosa. Si uno de los dos no regresa de la misión, el que sí lo haga se hará cargo de la esposa e hijos del que no lo logró.
-Me parece muy bien -aceptó Ken.

Al final del día, los seis regresaron a la Residencia Kánzuki con aproximadamente 10 paquetes de ropa… por cada mujer.
-Esto me va a doler en la tarjeta de crédito -le susurró Guile a Ken.
-Ni me lo digas a mí -le respondió Ken a Guile.
-¿Tú de qué te quejas, Masters? ¡Eres millonario!
-Sí… pero me gusta manejar mis gastos.

Y mientras Eliza y Julia tiraban el dinero… ¡EJEM…! compraban ropa, Cammy y Nash iban a comer a un pequeño pero bastante acogedor restaurante. Mientras comían, aprovecharon para platicar sobre el futuro. -Cammy, disculpa… ¿no te sientes nerviosa por la misión de mañana? -le preguntó Nash.
-A decir verdad… sí -contestó Cammy-. Por primera vez en mi vida, admito que tengo miedo…
-No hay nada de malo en eso -la tranquilizó Nash-. Tener miedo, es lo más natural del mundo.
-Pero tú alguna vez me dijiste que no le tenías miedo a nada…
-Menos a perderte… sí… lo recuerdo. Así fue como me dejaste entrar a tu vida.
-Cierto.
-Y no dejaré que nadie te haga daño, ¿entendido?
-Entendido -aceptó Cammy-. Luego de esto, sonrió -¿Sabes una cosa? Desde que te ví por primera vez, tuve la sensación de que estábamos destinados el uno para el otro.
-¿Ah, si? -contestó Nash, sorprendido-. ¿Eso, cuándo fue?
-Fue en Nueva York, en esa misión al cuartel escondido de Shadaloo.
-Te soy sincero… no lo recuerdo.
-Fue cuando ya te habían dormido. ¿Ahora lo recuerdas?
-¡Ah, ya… ya recuerdo…! Pero… ¡Estoy seguro de que no te ví ahí!
-No me viste porque estaba adentro del edificio, junto con el coronel Wolfmann y los miembros del Ejército americano. Ahí cuando encontramos el disco duro con información.
-Ah, ya entiendo. Por eso no te ví. Cuando me lanzaron el dardo, fue cuando tú saliste de ese edificio.
-Así es. Después ya me viste en la enfermería de Delta Red…
-Y te quise golpear… sí -contestó Nash, apenado al extremo-. De verdad, no sabes cuánto me arrepiento por eso.
-No te preocupes, Charlie. Eso ya pasó… era otra tu forma de pensar -lo disculpó Cammy.
-Y entre Guile, Chun-Li, Rócker, Púnisher y tú me ayudaron a cambiar -recordó Nash-. De no ser por ustedes, todavía estaría yo pensando en matar a Bison y en matar a quien se me interpusiera. No saben cómo se los agradezco… y no sabes cómo te lo agradezco en especial a tí.

Dicho esto, Nash acarició con la mano derecha el cabello y la mejilla de Cammy, quien sonrió y cerró los ojos. -Nunca pensé que tuvieras sensibilidad en tu nueva… piel -reconoció Cammy.
-Como todos, puedo sentir frío, calor, humedad y suavidad con esas partes -confirmó Nash-. Debo admitir que quienes recontruyeron estos pedazos de piel hicieron un buen trabajo en ese aspecto.
-¿Y puedes… sentir… otro tipo de cosas…?
-Eso ya te lo he demostrado… ¿o no?
Dicho lo cual, ambos se besaron… y disfrutaron ese beso como si fuera el último que se dieran en mucho tiempo.

No lejos de ahí, Ángel y José Luis encontraron un buen restaurante de comida vegetariana, que a Ángel le gustó mucho… no así al pobre José Luis, carnívoro por excelencia. -Nunca entenderé a los vegetarianos -comentó José Luis, mientras hacía esfuerzos por comerse su ensalada.
-Una dieta vegetariana tiene muchas ventajas, como por ejemplo, verte libre de las toxinas de la carne -contestó Ángel.
-Bueno, esa es una respuesta razonable -admitió José Luis. En eso, puso cara de extrañeza -Y ahora que me acuerdo… Tú también comes pollo.
-Sí, ¿y luego?
-Que no eres vegetariana 100%.
-No, ni Dios lo quiera. Sólo tengo problemas con la carne de res. El pollo sí puedo consumirlo. Digo, soy vegetariana, no vegana.
-¿Vegana…?
-Los veganos son los vegetarianos estrictos… ¡Sólo comen frutas y legumbres! ¡No comen nada que sea de origen animal!
-¿Nada? ¿Ni leche?
-Ni leche.
-¡Rayos…! ¡Ellos sí que necesitan ayuda!

Una vez que terminaron de comer, pasaron en frente de un McDonald’s. -¡Perdóname, Ángel! -suplicó José Luis-. ¡Perdóname!… ¡¡PERO YO, CON PURAS LECHUGAS, NO ME LLENO!! así que… ¡¡CON PERMISO!!

Dicho lo cual, entró al restaurante, ante las risas de Ángel. Salió de ahí con dos Cuarto de Libra con Queso: una todavía en su caja, y la otra, siendo devorada con pasión y hasta con reverncia. Decidieron irse a un parque cercano para que José Luis se terminara sus preciadas hamburguesas. -Y dime -habló José Luis-, ¿Qué tienes pensado hacer terminando esta misión?
-Bueno… si es que sobrevivimos -dijo Ángel.
-¡Claro que vamos a sobrevivir! -la animó José Luis-. ¡En peores circunstancias hemos estado! ¿Ya no te acuerdas lo del “Black Noah”?
-¡Cierto! -exclamó-. Bueno… contestando tu pregunta… quisiera entrar a la lucha libre profesional…
-¿Y ya pensaste para qué empresa?
-No, aún no… pero igual y pido una oportunidad en donde tú trabajas.
José Luis escupió el bocado que todavía tenía masticando -¿En… WWE…?
-Exacto.
-Pues… sí es una buena idea… pero ahí nada más están buscando “modelos” no luchadoras de verdad… como tú comprenderás.
-¿Crees que me lastimarían ahí?
-No… creo que TÚ LASTIMARÍAS A LAS DIVAS DE AHÍ CON UN SOPLIDITO
Ángel se echó a reír. Después se recompuso -¿Y tú, qué tienes pensado hacer?
-Uno, regresar a WWE y reclamar esa oportunidad por el Campeonato de Parejas junto con mi hermano, que dejamos pendiente por venir aquí. Y dos, abrir mi restaurante.
-Tu sueño de toda la vida.
-Así es.
-Para todo, cuentas con mi apoyo.
-Y tú también cuentas con el mío…

Mientras tanto, y después de comer, en la Plaza Hachiko, Narumi y Francisco contemplaban la estatua del perro Hachiko, quien se quedó esperando a su dueño muerto en la estación de Shibuya. -Es increíble la fidelidad de algunos animales -comentó Narumi.
-Así es. Las mascotas, a veces, llegan a ser mucho más fieles que ciertos humanos que conozco -dijo Francisco.
Narumi rió con ese comentario -Se nota que conoces mucho de psicología -observó.
-Tengo qué conocer. Soy criminólogo y mi profesión así lo exige -respondió Francisco-. Regresando con el perro Hachiko, hay una cosa que tenemos este animalito y yo.
-¿Cuál?
-Fidelidad hasta la muerte. Por mucho tiempo le fuí fiel a mi difunta esposa, pero eso fue hasta que…
-Hasta que… ¿qué?
-Hasta que soñé que mi esposa… bueno… me liberaba de mi juramento y me pedía que fuera feliz con alguien más
-¿En serio? -preguntó Narumi, sorprendida. -¿Y… quién sería la afortunada, si se puede saber?
-Claro que se puede saber. La tengo justo a mi lado, contemplando la estatua del perro.
Narumi se sonrojó. -¿Yo?
-Sí… Tú… Desde que te ví por primera vez, quedé prendado de tí… y más que te pareces mucho a mi difunta esposa. Es como si… como si la vida me hubiera otorgado una segunda oportunidad para ser feliz… con alguien más.
-Es la primera vez que alguien me dice eso.
-De verdad… quiero que seas mi novia… ¿aceptas?
Narumi no lo dudó ni un segundo. -¡Acepto!
Dicho lo cual, los dos se abrazaron y se besaron. -Acompáñame, quiero que me acompañes a un lugar -le pidió Francisco a Narumi.
-¿A dónde?
-Ahora lo verás.

Los dos caminaron hasta llegar a la Iglesia Católica de Santo Domingo, en Shibuya. Entraron y se arrodillaron ante el altar. Francisco aprovecho para orar por sus compañeros y para pedir fuerzas y sabiduría para guiar a su equipo en la misión que les habían encomendado. Se persignaron y salieron de ahí, ya con rumbo a la Residencia Kánzuki.

Santuario sintoista de Asakusa.
Distrito de Taito.
Tokio, Japón.

Chun-Li y Ryu decidieron no ir a Shibuya como los demás, sino a un templo sintoista, donde oraron unos minutos y prendieron una especie de veladoras. Cuando salieron de ahí, decidieron ponerse a platicar sobre qué habían hecho y Ryu aprovechó para disculparse. -Perdóname, Chun-Li-.
-¿Por qué? -preguntó Ryu.
-Por no haber tenido siquiera la gentileza de escribirte una carta, o de comunicarme contigo de cualquier otra forma. Estaba tan ocupado en entrenar, entrenar y entrenar que…
-No hay problema -lo tranquilizó Chun-Li-, aunque sí llegué a pensar que me habías olvidado.
-De ninguna manera -respondió Ryu-. Jamás me olvidaría de tí… aunque pareciera lo contrario (se sonrojó). Cuando te volví a ver después de tanto tiempo, me sentí muy mal por haberte dejado “descuidada”, por así decirlo… sin embargo (y creo que esto tú lo entiendes)… hay prioridades que uno tiene que atender.
-Lo entiendo, pero sí podrías darte un tiempo de vez en cuando, ¿no crees?
-Sí… tienes razón. Pero lo tendremos cuando salgamos de este problema… Es una promesa -concluyó, mientras extendía el dedo meñique de su mano derecha.
-De acuerdo -asintió Chun-Li, también extendiendo su dedo meñique de la misma mano y cruzándola con el dedo de Ryu.

Después de eso, fueron a Shibuya a tomarse algo de sake y de ahí, regresaron a la Residencia Kánzuki

Residencia Kánzuki
Tokio, Japón

Al caer la noche, todos se reunieron para cenar, tal y como lo habían acordado. -Bien, damas y caballeros -habló Guile-. Aquí está la cena. Coman y disfruten, porque será la última vez que comamos juntos hasta que llegue a su fin esta misión.

Dicho lo cual, todos se sirvieron y empezaron a cenar. -Oye, carnal -le habló Francisco a José Luis-, está rica la comida, pero como que ya extrañamos algo.
-¿Algo…? ¡Ah, claro…! ¡ALGO!
-Bien… es hora de que saques… “el contrabando”.
-¿El contrabando? -preguntaron Guile, Nash y Cammy al mismo tiempo.

Todos se quedaron esperando a ver qué sacaba José Luis de su chamarra. En cuanto se dió cuenta, les dijo: -¿Qué…? ¡Si nada más es una lata de chiles! -aclaró, ante el alivio de los demás.
-¿Qué pensaban? ¿Que era algo ilegal? -preguntó Francisco, con una sonrisa.
-¿Y qué querían que pensaramos si le dijo que era “contrabando”, detective? -contestó Guile.
-Ah, ya… es que le puse “contrabando” por lo caros que están los chiles en Japón -aclaró Francisco-. ¡No manchen! ¡Méndigos aranceles manchados!
-Bueno, ya. Lo importante es que… ¡YA TENEMOS CHILES! -exclamó José Luis.
-Y de los habaneros, que pican sabroso -agregó Francisco.

Se sirvieron una rodaja de chile cada uno y se lo comieron. -¡Ah…! ¡Ya extrañaba esto! -admitió Francisco.
-¡Yo también quiero probar! -pidió Birdie.
-Eeerrr… Birdie… mejor no lo pruebes -le aconsejó Francisco.
-Esto es nada más para estómagos resistentes -anunció José Luis.
-No hay problema. Mi estómago es muy resistente -declaró Birdie.
Los Castillo se vieron el uno al otro. -¿Le damos uno? -preguntó José Luis.
-Bueno… si tanto insiste -contestó Francisco-. Eso sí, que no nos diga nada si no aguanta.

José Luis le ofreció la lata de chiles a Birdie. Éste agarró un chile completo y se lo comió de un bocado. Los Castillo miraban asombrados. Birdie regresaba a su lugar cuando… abrió los ojos de forma desmesurada, se puso rojo rojo rojo, le salió humo de las orejas y sacó fuego de la boca. -¡¡¡AAAAAAAAAAAAARRRRRRGGGGHHH!!! ¡¡¡ME ESTOY MURIENDOOOOOOOO!!! -gritó, mientras corría despavorido por todo el comedor, ante las risas de los demás.
-¡A nosotros, ni nos miren! -advirtió Francisco a los demás.
-Bien que se lo advertimos, ¡PERO NO! ¡Ahí fue de necio! -agregó José Luis.
-Soldado avisado, no muere en batalla -admitió Francisco.
Birdie terminó su sufrimiento vaciando una jarra de agua completa en su boca.

Base aérea de Yokota
Tokio, Japón

(Lean lo siguiente escuchando “Fear of the Dark”, de Iron Maiden)

Muy de mañana, el “Thunderhawk llevó a los equipos 1, 3, 5, 6 y 7 a la base aérea de Yokota (Los equipos 2 y 4 salieron directo de la Residencia Kánzuki; el equipo 2, en el helicóptero particular de la familia Kánzuki; y el equipo 4, en sus “Alas Delta”). En la base había dos aviones tipo Hárrier y tres helicópteros militares. Los equipos 3 y 7 abordaron los Hárrier y los equipos 1, 5 y 6 subieron a los helicópteros. Clark y Nash se encargaron de pilotear un Hárrier cada uno. Jin, Helen y Hyacint se encargaron de pilotear los helicópteros. Cuando las cinco aeronaves habían despegado, cada una se dirigió a su destino… esperando regresar con la misión cumplida.

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