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Una sombra cae… el fánfic.

Capítulo 67: Los Estados Unidos de América

El Escuadrón Ikari cruzaba el territorio norteamericano, buscando la figura y el interruptor de la luna negra, a bordo del Hárrier. -¿Alguna señal? -preguntó Heidern.
-No, señor -contestó Ralf.
-Ya tenemos casi la mitad del país recorrida, y aún no aparece esa figura -reclamó Leona.
-Paciencia, Leona… paciencia… ya aparecerá -la tranquilizó Whip.

En eso, la figura dió señales de vida (por ponerlo de algún modo) en el radar. -¡Esperen! ¡Aquí hay algo! -exclamó Ralf.
-Bien… Necesito la ubicación de esa figura en este momento.
Clark revisó la ubicación. -¡No es posible! -exclamó.
-¿Qué pasa, teniente? -preguntó Heidern.
-La figura se encuentra a bordo de un barco… localizado en un muelle de Long Island.
-¿Puede alguien determinar que tipo de barco es ese?
Leona revisó nuevamente los datos del mapa e hizo comparaciones. -Parece ser… un portaaviones -dijo.
-¿Un portaaviones? Entonces creo saber quién está detrás de esto.
-¿Está hablando de…?
-Sí, Leona… Rúgal Bernstein.

Campo de aviación del Ejército de los Estados Unidos “Wheeler-Sack”.
Fuerte Drum, condado de Jéfferson.
Nueva York.
Estados Unidos.

Una vez que el Escuadrón Ikari descendió en esa base de la Fuerza Aerea americana (-¡Suerte que el general Guile nos dió un salvoconducto! -opinó Clark), tomaron un jeep y fueron directo a Long Island. A unos metros del muelle, decidieron dejar el jeep escondido y avanzaron a pié hasta llegar a ese poortaviones.
-¡Lo sabía! -exclamó Heidern-. ¡El “Black Noah”!
-¡Vaya! ¡Nunca pensé que regresaría a ese lugar! -dijo Whip, contrariada.
-Bien, señoras y señores, ¡Prepárense para abordar! -ordenó Heidern.
-¡Sí, señor! -contestaron Leona, Whip, Ralf y Clark al mismo tiempo, y se aproximaron silenciosamente al “Black Noah”

Portaaaviones “Black Noah”
Muelle ilegal.
Long Island, Nueva York.
Estados Unidos.

El Escuadrón Ikari logró abordar al “Black Noah” con unas cuerdas. Una vez arriba, exploraron el área de la popa. -¡Qué raro! ¡No está el “comité de bienvenida”! -observó Clark.
-Y eso me preocupa -reconoció Heidern-. Rúgal nunca deja descuidado su portaaviones, así que… prepárense para lo peor.

No tuvieron problemas en abrir la escotilla (ya Kasumi les había hecho el favor de dejarles “sentida” la chapa gracias a su pasador) y lograron pasar al interior del portaaviones. -Bien, señores -habló Heidern-. Es hora de revisar palmo a palmo este portaaviones. No dejen un solo rincón sin revisar, ¿entendido?
-¡Entendido!

El Escuadrón Ikari revisó todos y cada uno de los camarotes del portaaviones, y no encontraron NADA. Inclusive, revisaron la cabina de mando, sin éxito. -¿Dónde estará esa maldita figurilla? -preguntó Whip al aire.
-Sólo nos queda un lugar sin revisar -dijo Leona-: la bodega.
-¡Vamos! -ordenó Heidern.

Bajaron las escaleras y entraron a la bodega, que estaba casi a oscuras. Sólo al fondo había un sitio iluminado… y en ese sitio, estaba el interruptor con la figurita. -¡PERFECTO! -exclamó Heidern-. Tomemos esa figura, busquemos al hácker y larguémonos de aquí.
-¡No tan rápido, mi querido enemigo! -lo detuvo una voz.
-¿Quién está ahí? -preguntó Ralf.
Se encendieron las luces, y el Escuadrón Ikari ya estaba rodeado por soldados AS-R. En un balcón, estaba Rúgal… pero diferente. Ahora lucía el cabello casi blanco y la piel se le había oscurecido. Sólo conservaba sus pantalones, y usaba ahora una camisa sin mangas de color negro. A su lado, había un soldado de Shadaloo, pero era diferente a todos los demás. Usaba una armadura con casco que le daba el aspecto de “Darth Váder”, con la diferencia de que era roja con negra, no negra totalmente. Ese soldado tenía agarrado del cuello y amenazado con un cuchillo al hácker secuestrado: un hombre afroamericano con cabello corto que también llevaba bata. -¿Creían que los iba a dejar así como así…? -preguntó Rúgal, socarrónamente.
-Grrrr… ¡MALDITO! -exclamó Heidern-. ¡Más vale que sueltes a ese hácker por las buenas, o si no…!
¿O si no, qué… Heidern? -replicó Rúgal-. Heidern se quedó callado. Rúgal rió. -Como te puedes dar cuenta, no estás en posición para exigir nada -observó-. Lo mejor que pueden hacer es largarse de aquí, o el hácker pagará las consecuencias.
-¡NO TE ATREVERÁS! -gritó Ralf.
-¡¡SILENCIO!! -ordenó Héidern-. ¡Blade! -le habló al soldado tipo Darth Vader -, ¡Muéstrale a nuestros invitados lo que le espera al hácker si no obedecen!
-¡Sí, señor! -contestó.

Blade jaló una palanca, y en el suelo se abrió una compuerta, de donde subió una especie de cisterna llena de metal fundido. -Por lo general -empezó de nuevo a hablar Rúgal-, éste es el “tratamiento” que le doy a todas las personas que he derrotado… pero haré una excepción con este hácker… Así que, mejor dénse la vuelta… ¡Y LÁRGUENSE POR DONDE VINIERON, BASURAS!
-¿Y si mejor… rescatamos al hácker y te pateamos el trasero? -sugirió Whip, al tiempo que blandía su látigo y golpeaba a cinco soldados AS-R, dando inicio así a la pelea.

(Lean lo siguiente escuchando “Bodies”, de Drowning Pool)

Ralf se encargaba de unos soldados a base de sus “golpes de metralleta” (daba puñetazos de forma repetida y a gran velocidad). Clark hacía lo mismo aplicando técnicas de llaveo. Leona esquivaba los ataques con su agilidad y cortaba (literalmente) a sus adversarios con sus propias manos. Heidern revivía viejas épocas y se daba gusto atacando soldados. Y Whip… bueno, hacía el trabajo con su látigo. -¡MALDICIÓN! -gritó Rúgal-. ¡BLADE! ¡YA SABE LO QUE TIENE QUE HACER!
-Sí, señor -contestó Blade… con un extraño tono irónico en su voz.

Blade hizo a un lado al hácker, golpeó a Rúgal con toda su fuerza, volvió a tomar al hácker y saltó del balcón. -¡TRAICIÓN! -gritó Rúgal.
-¡No te puede traicionar quien nunca te ha sido leal, Rúgal Bernstein! -le gritó Blade. Sacó unos cuchillos y los lanzó hacia los soldados AS-R, lastimándolos. -¡OIGAN! -le gritó al Escuadrón Ikari-. ¡HÁGANSE CARGO DE ÉL!
Dicho lo anterior, arrojó al pobre hacker para que Clark lo atrapara. -¿Estás bien? -le preguntó.
-Sí, gracias -contestó el hácker.
-¿Se puedes saber por qué nos estás ayudando? -le preguntó Ralf a Blade, mientras pateaba a un soldado.
-Porque mi hermano me lo pidió -contestó Blade, mientras atacaba a otro soldado.
-¿Tu hermano…?
-Sí.

En eso, se quitó el casco y mostró su verdadera identidad: -Rúdolph “Gúnlock” Guile, para servirles -los saludó.
-¿Eres hermano del general Guile? -preguntó Clark, en medio de la escaramuza.
-Exáctamente -contestó Gúnlock, mientras aplicaba un “powerslam” a otro soldado-. Pero dejemos la charla para otro momento. Hay trabajo que hacer.

Rúgal bajó de un salto y se unió a la pelea. En “estado Orochi”, era tan poderoso que dejó fuera de combate a Gúnlock y al Escuadrón Ikari de un solo golpe, aunque no lo suficientemente fuerte para matarlos. -¡SON PATÉTICOS! -exclamó.
-¡No lo creo! -le contestó Heidern, poniendose de pié y lanzándose al ataque.

A pesar de lo poderoso que era Heidern, no era rival para Rúgal. Todos los golpes y patadas de Heidern eran bloqueados por Rúgal, quien de un derechazo lo impactó contra una pared. Rúgal extendió un puño, y lanzó una ráfaga de energía qi a Heidern, que logró esquivar por poco. Saltó y se lanzó contra Rúgal, lo tomó del cuello, giró y lo arrojó cerca del pozo de metal fundido. -¿Decías? -le preguntó Heidern, sarcásticamente.

-¡Esto no se ha terminado! -exclamó Rúgal, al tiempo que lanzaba otra onda qi a Heidern, sólo que este ataque iba a ras de piso. Heidern lo esquivó saltando, y le lanzó su “Cross Cútter” (ataque prácticamente idéntico a la “Cruz Rockera”, pero de menor tamaño). Heidern lo evitó y los dos se trabaron en ataque de golpes y patadas, casi todas bloqueadas exitosamente, aunque Rúgal se llevó la ventaja y de un derechazo tiró a Heidern. Rúgal agarró a Heidern de la camisa, a rastras lo llevó al pozo de metal fundido y lo levantó sobre su cabeza. -¡Je je je je je…! ¡Fin del camino, Heidern! -se burló Rúgal-. ¡Es hora de que te reunas con tu querida esposa y tu hijita!
-Ma… maldito… cerdo… -susurró Heidern.

Y justo cuando Rúgal iba a lanzar a Heidern al metal…
-¡No… te atrevas… a matar… a mi padre…! -exclamó Leona.
-¿Y tú lo vas a evitar, niñita…? ¡RAYOS! -gritó Rúgal, asustado.

Leona se había incorporado, pero ahora lucía… diferente. La espalda se le había ensanchado, las pupilas se le habían delatado y su cabello pasó a un color rojizo. -¡¡AAAAAAAAAARRRRRGGGHHH…!! ¡¡NO DEJARÉ QUE TOQUES A MI PADRE!! -gritó de rabia, y atacó a Rúgal como poseída… Leona también había logrado el “estado Orochi”.

Ahora Rúgal era el que no veía la puerta ante los fúricos ataques de Leona, quien gritaba ante cada golpe que le asestaba a Rúgal. -¡¡WUOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH…!! -gritó Leona, mientras aparecía una esfera de energía qi en su pecho, que cada vez se iba haciendo más grande y se la arrojó a Rúgal, causándole un gran daño. -¡¡V-SLASHER!! -gritó Leona, al tiempo que saltaba y descendía, para volver a saltar, describiendo una “V” en el aire y lastimando a Rúgal en el proceso.

Rúgal fue a caer junto al pozo de metal fundido. Leona corrió hacia él y lo pateó en la cara, para después golpearlo sin piedad y arrojarlo contra una pared, perdiendo Rúgal su transformación Orochi. Lo tomó del cuello y lo levantó. -No… volverás… a hacer daño… miserable -le dijo a Rúgal, mientras alzaba su mano y estaba a punto de darle un golpe de karate cortante.
-P-p-p-por favor… -suplicó Heidern.
-Así que ahora suplicas, infeliz -le dijo Leona-. Lo siento, pero no tendré piedad de quienes no tienen piedad.

Rugal cerró los ojos, esperando el golpe, pero…
-¡NOOOOO…! -gritó Ralf, mientras corría hacia Leona y la abrazaba.
-Suéltame -pidió Leona-. ¡Suéltame para que acabe con este bastardo de una buena y maldita vez!
-¡NO, LEONA! -contestó Ralf, sin dejar de abrazarla-. Nosotros no somos asesinos. No matamos a nadie a menos que nos obliguen… Por favor… reacciona… deja a un lado todo ese odio que sientes y regresa con nosotros… Hazlo por tu padre… hazlo por Whippy… hazlo por Clark… HAZLO POR MÍ.

El cabello de Leona regresó a su antiguo color, y tanto sus pupilas como su espalda regresaron a sus dimensiones normales… y se echó a llorar. -Todo está bien -la consoló Ralf, mientras acariciaba su cabello.
Rúgal sacó de sus pantalones un control remoto y presionó dos botones. Con uno generó un portal interdimensional, y con el otro activó la secuencia de autodestrucción del “Black Noah” -¡NOS VEREMOS EN EL INFIERNO! -gritó, mientras huía por el portal, con rumbo al Cuartel General de Shadaloo.
-¡¡MALDICIÓN!! -gritó Clark.
-¡¡HAY QUE TOMAR LA FIGURILLA Y SALIR DE AQUÍ LO MÁS PRONTO POSIBLE!! -ordenó Heidern.
El hácker metió su clave de desbloqueo de la computadora, desactivó el interruptor y retiró la figurilla, que era la que tenía forma de caballo. -¡¡¡VÁMONOS!!! -gritó Whip.

Gúnlock, el Escuadrón Ikari y el hácker subieron corriendo las escaleras, y se dirigieron a toda velocidad hacia la popa, mientras el “Black Noah” se hacía pedazos. En eso, Heidern se tropezó y se lastimó un tobillo. -¡¡¡GENERAL!!! -gritó Whip.
-¡Váyanse sin mí! -ordenó Heidern.
-¡DE NINGUNA MANERA! contestó Clark, mientras cargaba a Heidern y lo ponía en sus hombros como si fuera a hacerle un “fireman’s carry”.
Así lograron salir del “Black Noah” y, cuando ya estaban bien lejos, el portaaviones hizo explosión y se hundió. -¡VAYA! -exclamó Gunlock-. ¡La vimos cerca!

Cuartel General de Shadaloo.
Ubicación desconocida.

Rúgal logró llegal al cuartel de Shadaloo… pero no tuvo tiempo para sentirse aliviado, pues M. Bison se le plantó enfrente. -¡Ya veo! ¡OTRO INTERRUPTOR DESTRUÍDO! ¿No es así?
-¡Tú… no eres nadie… para reclamarme nada… Bison! -contestó Rúgal, mientras se ponía de pié-. ¡Somos socios en esto!
-Bison no tiene socios… solo tienes sirvientes leales… y tú eres el más patético de todos ellos.
Rúgal apretó los dientes. En eso, vió cómo Bison se daba media vuelta y se iba de ahí. -¡Este es el momento! -pensó, mientras se transformaba otra vez en “modo Orochi” y atacó a Bison, pero…
Bison se volteó y agarró a Rúgal por el cuello. -¡Vaya, vaya, vaya! -exclamó, irónico-. Conque el gran Rúgal Bernstein pensaba en atacarme por la espalda, ¿eh? -comentó, con un tono irónico, minetras apretaba el cuello de Rúgal, aún con más fuerza. -Si hay algo que detesto (avanzó en dirección al portal interdimensional, que aún no se había cerrado), son a los cobardes traidores. Ellos merecen la peor de las suertes.
Dicho esto, arrojó a Rúgal por el portal, regresando al “Black Noah” antes de que éste explotara y cayendo justo en el pozo de metal fundido, compartiendo así el destino de los rivales que había derrotado.

Campo de aviación del Ejército de los Estados Unidos “Wheeler-Sack”.
Fuerte Drum, condado de Jéfferson.
Nueva York.
Estados Unidos.

Ya de regreso en el helicóptero, el Escuadrón Ikari, junto con Gúnlock y el hácker rescatado, así como con la estatuilla del caballo ya segura, tomaron rumbo a Japón para regresar a la Residencia Kánzuki. -Gúnlock -habló Whip-, ¿cómo fue que supiste que Rúgal tenía esta estatuilla.
-Verán -inició Gúnlock la explicación-: hace unos días, me encontré a mi hermano William en una función de la CWA en el “Korakuen Hall” de Tokio. Sin que el resto de su equipo lo supiera, se vió conmigo en ese lugar, y me pidió que investigara lo más posible a Rúgal Bernstein. Me platicó de un operativo que hizo en su portaaviones y que resultó ser un completo desastre. Así que me puse a rastrearlo y lo encontré cuando ya estaba en Long Island. Llegué al portaaviones y lo primero que hice, fue quitarle su uniforme a uno de los soldados de élite de Shadaloo y me disfracé como él. Y así estuve, recabando algo de información… y estaba a punto de mandársela a mi hermano, cuando ustedes llegaron.
-Bueno, eso es a lo que yo le llamo suerte, ¿no creen? -comentó Ralf, irónico.
-Ya lo creo, hermano… ya lo creo -contestó Clark.
-Bien, damas y caballeros… ¡Misión cumplida! -anunció Heidern-. Regresemos a la base para rendir nuestro informe y poner en un lugar seguro a ese caballito.

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