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Una sombra cae… el fanfic.

Capítulo 84: La calma después de la tormenta.

Dos días después…

Residencia Kánzuki
Tokio, Japón.

8:30 AM. José Luis se despertó, bostezó, se estiró y se sentó en la cama, mientras veía como Francisco, su hermano, dormía plácidamente. Tomó su reloj de pulso y vió la hora… así como la fecha… y casi se infarta. -¡¡PUTA MADRE!! ¡¡¡NO PUEDE SER!!! -exclamó. Se puso de pié y corrió a despertar a Francisco, sacudiéndolo. -¡¡¡PACOOOOOOOO…!!! ¡¡¡¡YA LEVÁNTATEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!!
Francisco se levantó, bastante incómodo por la interrupción. -Pepe, déjame dormir, no estés jodiendo, cabrón -reclamó, con voz amodorrada mientras se acomodaba de nuevo en la cama.
-¡¡QUÉ DÉJAME DORMIR NI QUÉ LA CHINGADA!! ¡¡¡TENEMOS DOS DÍAS DURMIENDO!!! -exclamó José Luis.
-Cinco minutitos más… -pidió Francisco, mientras terminaba de acomodarse. Segundos después, se enderezó, sobresaltado. -¡¡¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEE…?!!! ¡¡¡¡¿TENEMOS DOS DÍAS RONCANDO?!!!!
-¡Como lo oyes! ¡Dós días! -le contestó José Luis.
-¡¡¡NO MAMES!!! ¡¡Y LOS DEMÁS, NADA QUE NOS DESPIERTAN!! -exclamó, mientras salía de la cama-. ¡¡PERO AHORITA QUE LOS VEA, VAN A VER…!!
Los dos se bañaron, se cambiaron y fueron directo al comedor.

En el comedor ya estaban Karin, Birdie, Cammy, Decapre, Hanna, Chun-Li, Guile, Nash, Ryu, Ken, Wolfmann, McCoy, Kyo, Iori, el Escuadrón Ikari, Rashid, Chizuru, Narumi y la niña Li-Fen -desayunando. -Buenos días, Soldado, Detective. -los saludó Guile, con una sonrisa.
-Buenos días… buenos días… -contestó Francisco, de mala gana-. ¡No tienen nada de buenos si nos dejaron dormir dos días consecutivos!
-¿A poco ustedes también están despertando apenas? -preguntó Nash.
-Sí -contestó Francisco-. También nosotros… (frunció el ceño) ¡Un momento…! Eso quiere decir que… ¿también todos ustedes se la pasaron DOS DÍAS durmiendo…?
-Sí, aunque no lo creas -contestó Cammy-. Y debo decir que todavía me faltó algo de sueño.
-¿Pues qué nos habrán echado en el cuartel general de Shadaloo? -preguntó José Luis.
-Eso ya no importa. Ahora tenemos que recuperar el tiempo perdido y seguir con la misión -dijo Francisco.
-¿Cuál misión? -preguntó Chun-Li, extrañada.
-Pues la detener las lunas neg… -empezó a hablar Francisco, pero de repente se dió cuenta de su error-. ¡Ah! ¡De veras…! ¡Que ya terminamos esa misión! -exclamó, rascándose la cabeza.
-¡Ay, hermanito! ¡Te fuiste en banda! -observó José Luis-. ¡Mejor ya vamos a desayunar, que ya estás diciendo incoherencias!

Rumbo al comedor, se encontraron Laura y Álex -Hola, guapo -saludó Laura.
-Err… hola -contestó tímidamente Álex el saludo.
-¿Ya vas a desayunar?
-Esteee… sí.
-¿Puedo sentarme a tu lado? -le preguntó Laura, casi casi abrazando a Álex.
-Eeerrr… esteeee…

-¡¡LAURA!! -gritó Ibuki-. ¡Deja a Álex en paz!
-¡Ay, perdón! -se “disculpó” Laura-. ¡No sabía que ya lo tenías apartado!.
-¡¡¡NO NO NO NO NO!!! ¡¡¡NADA DE ESO!!! -se apresuró a aclarar Ibuki-. ¡No me gusta que estés molestando a la gente!
-¡YO NO LO ESTABA MOLESTANDO!
-¡CLARO QUE SÍ!
-¡CLARO QUE NO!
-¡QUÉ SÍ!
-¡QUÉ NO!
-¡¡¡QUE SÍIIIIIII!!!
Álex aprovechó la discusión para escabullirse y llegar solo al comedor.

Zangief y Mika también llegaron al desayunador -¡Dobroye utro, druz’ya! -saludó Zangief, en ruso.
-¡Buenos días, camarada Zangief! -correspondió José Luis.
-¡No digan no digan…! ¡También vienen despertando apenas! -exclamó Francisco, mientras desayunaba.
-¿Cómo lo supiste? -preguntó Mika, incrédula.
-Por que TODOS los que estamos aquí, nos venimos levantando -explicó.
-¡Yey-bogu, tovarishch! -exclamó Zangief-. Eso ni el ESPÍRITU DEL MÚSCULO pudo evitarlo.
-A propósito, camarada… ¿qué es eso de “el espíritu del músculo”, que tanto pregonas? ¡Ya estoy intrigado! -preguntó Francisco.
-El ESPÍRITU DEL MÚSCULO, tovarishch -empezó Zangief a explicar-, es la fusión entre el esfuerzo físico y la pasión que da el espíritu de cada quién. Es hacer las cosas con el propósito de mejorar día a día, segundo a segundo… ese es el ESPÍRITU DEL MÚSCULO.
-Y, en este caso, te refieres a mejorar tu técnica de lucha libre, ¿verdad?
-Así es, tovarishch.
-Bueno… pues cuando te retires, bien podrías dar cursos de motivación y superación personal -observó José Luis.
Zangief contestó con una risotada.

Cuando terminaron de desayunar, Guile tomó la palabra. -Bien, damas y caballeros. Nuestro trabajo aquí, ha concluído satisfactoriamente. Los felicito a todos por su gran esfuerzo y dedicación, pues, sin ustedes, nunca se hubiera podido completar esta misión satisfactoriamente. Ahora daré mi última orden: vamos todos a nuestras habitaciones a guardar nuestras cosas y prepararnos para el regreso a casa.
-Antes de eso -intervino Cammy-, quiero ir al hospital a visitar a mis hermanas.
-Cuentas con mi permiso, White -concedió Wolfmann.
-¿Y qué va a ser de tus hermanas? -preguntó Nash.
-Por el momento, quedarán bajo custodia de Delta Red… aunque eso no quiere decir que están bajo arresto -respondió Cammy.
-No hay riesgo de que terminen en prisión.
-Ninguno. Tienen a su favor que fueron obligadas y les lavaron el cerebro. Eso las exime de responsabilidad legal… tal y como pasó conmigo -aclaró-. A propósito, falta una… März, así se llama… ¿Alguien sabe qué pasó con ella?
Rashid se aclaró la garganta -Lamentablemente… esa Doll se sacrificó para detener a FANG -dijo, y explicó el cómo fue que cayó del puente junto con FANG.
Cammy se puso triste -La idea… era que pudiera rescatar a todas.
-Al menos… tuvo una muerte digna de una guerrera -observó Nash, mientras se levantaba y abrazaba a Cammy. -Esa es la muerte que todos quisiéramos.

Ya más tarde, todos estaban entretenidos haciendo maletas. Cammy fue a visitar a sus hermanas, quienes la saludaron con gusto. Estuvo platicando un buen rato con ellas… hasta que terminó la hora de visita. Regresó a la residencia Kánzuki y fue directo a la habitación a preparar el equipaje. Rashid y Azam estaban en esa labor cuando tocaron la puerta. -¿Quién? -preguntó Rashid.
-Soy yo, Chizuru.
-Pasa, por favor.

Chizuru entró a la habitación y saludó de beso a Rashid. -Bien, ¿qué te trae por aquí? -preguntó Rashid.
-Verás… inicié una investigación en las Empresas Kágura, para saber exactamente la razón por la cual fuiste despedido -explicó Chizuru.
-¡Yo no fui culpable! ¡Ya te lo dije una vez, y no me creíste! -reclamó Rashid.
-Ahora te creo -dijo Chizuru.
-¿Qué…?
-Tú eras uno de nuestros mejores ingenieros de Empresas Kágura, sin embargo, una persona te tenía envidia y te “sembró” un código malicioso que destruyó el servidor, ¿recuerdas?
-Sí… esa fue la razón por la que me echaron como perro de ahí.
-Ese tipo ya fue localizado y arrestado, por sabotaje en perjuicio a Empresas Kágura… y a tí.
-Bien, bien… qué bueno que me dices eso… ¿pero de qué me sirve, si perdí mi empleo?
-Esa es la segunda parte de la charla. Quiero pedirte, personalmente, que regreses a trabajar.
Rashid se quedó pensativo -No sé… Aún hay mucho rencor en mi corazón contra ese corporativo.
Chizuru sonrió. -En realidad, no te pido que regreses a trabajar a Empresas Kágura… sino que regreses a trabajar para mí.
-¿Eh…? -se sorprendió Rashid-. ¿Quieres… que trabaje… para tí?
-Sí. Serás mi supervisor personal de todo lo concerniente a los departamentos de computación de Empresas Kágura -afirmó Chizuru.
-Pues… si es así… ¡ACEPTO!

Mientras tanto, Iori estaba afuera de los dormitorios, fumando un cigarrillo. Leona lo vió y se acercó. -Así que… tu también posees el “Disturbio de Sangre” -le dijo Leona.
-Jeh… sí… lo tengo desde hace mucho tiempo -contestó Iori, mientras le daba una fumada a su cigarro. Sacó la cajetilla y le ofreció a Leona. -¿Quieres?
-No, gracias -declinó Leona-. No fumo.
-Si deseas hablar sobre eso -dijo Iori, refiriéndose al Disturbio de Sangre-, al fin y al cabo somos iguales.
-Parecidos… pero no iguales -contestó Leona.
-Claro que somos iguales -repuso Iori-. Yo también he sufrido por esta maldición que corre por mi sangre. Yo tambien soy de pocos amigos… o de ninguno; y, al igual que tú, mi infancia fue muy difícil.
-¡Pero tú no mataste a toda tu familia! -protestó Leona.
-No… pero al igual que tú… sé lo que es perder a un miembro de mi familia… mi madre -aclaró Iori. Leona alzó la vista, interesada en la historia. -Mi madre falleció cuando yo tenía entre cuatro y seis años -empezó Iori-. A partir de esa edad, me entrenaron en las técnicas de la Familia Yagami.
-Entonces, tú sí eres descendiente de una de las familias encargadas de mantener el sello de Orochi.
-Exacto-. Dentro de ese entrenamiento, me enseñaron a odiar a la familia Kusanagi y a todo lo que tuviera que ver con ellos… Por culpa de ese entrenamiento, me volví una persona cruel y desalmada, capaz de casi matar a mis oponentes. Ellos me enseñaron que la única forma de triunfar en esta vida, era haciendo el mal.
Leona abrió los ojos -¿En verdad? -preguntó. Iori asintió con la cabeza. -Pero… yo nunca he hecho el mal conscientemente. Esa es nuestra diferencia.
-Sí, pero por todo lo demás, estamos iguales. -contestó Iori. -Ahora, dime una cosa: ¿Nunca te has sentido sola e incomprendida?
Leona bajó la cabeza. -Sí… muchas veces.
-Yo también -admitió Iori-. El problema es que… siento que nadie entiende lo que yo estoy pasando… y creo que tú serías la única persona que me entendería… así como yo te entiendo (se acercó a Leona). Te conozco desde hace tiempo, y siempre he tenido esa curiosidad de saber cómo nos llevaríamos tú y yo.
Leona sonrió de forma pícara. -Así que… ¿esto es una cita?
-No exáctamente… Sólo quisiera saber si… podemos ser amigos -aclaró Iori.
Leona abrazó a Iori -¡CLARO QUE SÍ! -aceptó, de buena gana.
Iori correspondió el abrazo, de buena gana. -Me alegra que aceptaras…

Mientras tanto…

Dojo de Gouken
Montañas de Tokio.
Japón.

-Gracias por esperar, Ryu -dijo Ken.
Estos dos habían quedado de verse en el Dojo de Gouken. -Estaba aprovechando mi tiempo en enfocar mi mente -explicó Ryu.
Ken rió de buena gana. -No has cambiado de todo aún, amigo. Ahora, ¿por qué no me enseñas la respuesta que has estado buscando desde hace mucho? -le pidió Ken a Ryu. Después de eso, los dos se pusieron en guardia… y comenzaron a pelear. Los dos pelearon como nunca. Sacaron lo mejor de su repetorio, cada uno. Sin embargo, tras media hora de batalla, y con un “Shin Shoryuken”, Ryu derrotó a Ken, lo mandó al piso, y dió por terminado el combate.

Ken quedó dolido en el piso, mirando al cielo y con los brazos extendidos. Como consecuencia de la pelea, la cinta roja que llevaba Ryu en la cabeza, se desanudó y cayó impulsada por el viento. En el pasado, Ken se sujetaba su cabellera con esa misma cinta, y se la regaló a Ryu después de haberle ganado en un combate. La cinta fue a dar a los piés de Ken, quien se enderezó y se quedó sentado en el suelo. -¡Jeh…! Ahora lo entiendo -dijo Ken, poniéndose en cuclillas y tomando la cinta-. Parece que ya no la necesitarás más, ¿o sí? -le dijo a Ryu.
Ryu se acercó a Ken y tomó la cinta. -No hay final en el camino de la pelea -comentó-. Creo que… aún necesito esto.
-Ya veo -contestó Ken, mientras se ponía de pie.

Los dos se miraron a los ojos, y se saludaron con un “bro-fist”. -Bueno, hora de regresar a casa -dijo Ken-. Gracias por esta pelea.
-Gracias a tí, Ken… gracias a tí. Te acompaño. Hay gente de la que me quiero despedir personalmente.

Residencia Kánzuki.
Pista privada de aterrizaje.
Tokio, Japón.

Tanto el “Thunderhawk” como el helicóptero del Escuadrón Ikari, esperaban al grupo para iniciar el viaje de regreso a casa. Todos estaban subiendo sus cosas a las aeronaves. -¡Chun-Li! -la llamó Ryu-. ¿Podemos hablar?
-Claro -accedió Chun-Li.

Se alejaron un poco del lugar -¿De qué quieres hablar? -le preguntó Chun-Li a Ryu.
-Esteeee… bueno… ejem… primero… quiero decirte que… estoy muy feliz por haberte vuelto a ver… y tambien porque… bueno… yo… desde hace mucho que quiero… que quiero… que quiero pedirte perdón -pudo decir Ryu, trabándose a cada rato.
-¡¿POR QUÉ?! -preguntó una Chun-Li, sorprendida.
-Por no haberte hecho caso todo este tiempo -confesó Ryu-. Por no haber tenido la decencia de mandarte una carta… o por nunca haberte llamado por teléfono.
-No te preocupes, Ryu -lo tranquilizó Chun-Li-. Eso se arregla muy fácil: escríbeme más seguido (sonrió) Sabes la dirección de mi casa o la de mi oficina.
-Sí, claro… pero… no tengo tu número de teléfono.
Chun-Li sonrió y sacó una tarjeta de presentación. -Aquí tienes mis números telefónicos -le dijo a Ryu, mientras le daba la tarjeta. Intenta no hablarme en horas de trabajo. Me puedes meter en problemas.
-No lo haré… te lo prometo. -contestó Ryu.
Ryu se guardó la tarjeta y abrazó a Chun-Li… y se besaron.

-¡CHUN-LI! -se oyó la voz de Francisco-. ¡YA NOS VAAAAAMOSSSSS! (se dió la vuelta) Sigan con confianza -dijo-. Cuando terminen, me avisan.
Ryu y Chun-Li rieron por ese comentario. -Ya puedes voltear -le avisó Chun-Li a Francisco.
-Vaya. Bueno, ya nos vamos.
-Los acompaño a la pista -se ofreció Ryu.
-Gracias Ryu-sensei. A propósito, queda pendiente la revancha, ¿eh? ¡Ni creas que ya se me olvidó la tranquiza que me acomodaste en casa de Ken-sensei! -le dijo Francisco a Ryu.
-Cuando quieras, Watashi no yūjin -contestó Ryu.

Al “Thunderhawk” subieron Nash, Cammy, Chun-Li (llevando a Li-Fen de la mano), Ken, Laura, Eliza (con Mel en brazos), los Castillo, Hyacinth, Julia y Ami. (Wolfmann y McCoy regresaron a Inglaterra un día antes). Guile se despidió de Karin -Muchas gracias por su colaboración, señorita Kánzuki.
-No hay de qué, Guile-sama. Mi residencia siempre estará dispuesta para lo que quiera.
Al lugar llegaron Mika, Ibuki, Álex, Zangief y Gunlock. -Rúdolph -le dijo Guile a Gunlock-, ¿seguro que no quieres venir?
-No, Guile. Tengo cosas que hacer aquí.
-Yo también -intervino Álex-. En cuanto termine, ya regresaré a América.
-Bien, entonces nos vemos. -se despidió Guile de ellos. Después se dirigió a Zangief y a Mika. -Muchas gracias por su apoyo, chicos.
-No hay de qué, tovarishch -contestó Zangief-. El ESPÍRITU DEL MÚSCULO siempre estará para ayudar a quien lo necesite.
-¡ASÍ SE HABLA, ZANGIEF-SAMA! -excamó Mika.

Por otra parte, Iori se despedía de Leona y del resto del Escuadrón Ikari. Guile subió al “Thunderhawk” y tanto las aspas del convertiplano como las del helicóptero empezaron a girar. Mientras las aeronaves despegaba, llegaron a la pista Rashid y Chizuru, y se despidieron agitando las manos -¡ADIOS! ¡ADIÓS! -gritaban, junto con los demás.
-¡SE VAN POR LA SOMBRITA! -gritó José Luis, mientras los que estaban adentro del “Thunderhawk” movían las manos también.

Al llegar a cierta altura, tanto el convertiplano como el helicóptero se desplazaron hacia el frente y se perdieron en el horizonte.

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