Fanfics

Una sombra cae… el fanfic.

Epílogo: La boda

(Lean lo siguiente escuchando “Faded”, de Álan Waker [róck cóver de Roby Ardiyansah]).

Conforme fue pasando el tiempo, Cammy y Nash fueron fortaleciendo su relación. Todo mundo fue testigo de sus encuentros, de su cariño mútuo, de la forma tan caballerosa en la que Nash trataba a Cammy… hasta de sus peleas (porque las hubo. Bueno, ¿qué esperábamos? Las parejas perfectas no existen). Afortunadamente, siempre encontraban la forma de reconciliarse y de perdonarse mutuamente sus fallas y todo volvía a ser tan genial como antes. Algunas veces requirieron de “ayuda externa” (Entiéndase Guile, Chun-Li, Juni, Juli… hasta los Castillo salieron embarrados en esos asuntos).

Y la cosa llegó al punto de no retorno. Al año exacto de haber iniciado la misión…

Parque de Saint James.
Londres, Inglaterra

Éste era el parque donde se veían Cammy y Nash cada fin de semana. Un parque que fue fundado por los monarcas que ocuparon el Palacio de Saint James, y que fuera remodelado por un señor de nombre John Nash (quien resultó ser antescesor directo de Charlie Nash), bajo las órdenes del rey Jorge IV. Estaban los dos alimentando a los pelícanos cuando…

-¿Sabes, Cammy? -empezó Nash-. Tengo un regalo que darte.
Sacó una pequeña cajita, envuelta en un papel rosa con un moño rojo de su abrigo. -¿De verdad? -preguntó Cammy, emocionada.
-Sí. Aquí está tu regalo -contestó Nash, mientras le daba la cajita-. Pero quiero aclararte que este es el último regalo que te hago, porque, a partir de ahora, ya no quiero que seas mi novia -dijo, cortante.
-¿Qué…? -musitó Cammy, casi empezando a llorar.
-Sí, Cammy. YA NO QUIERO que seas mi novia -afirmó Nash, con el mismo tono cortante. Le dió la espalda a Cammy. -Ahora, abre ese paquete y terminemos con esto de una buena vez.

Cammy se secó una lágrima. Le quitó el moño y desenvolvió la cajita. Era una cajita para anillos. Cammy abrió la cajita y se encontró… un anillo de oro con un diamante en el centro y un recado. -¿Y esto…? se preguntó Cammy, mientras tomaba el recado y lo leía-. “Ahora quiero que seas MI ESPOSA. ¿QUIERES CASARTE CONMIGO?” -leyó en voz alta.
Cammy alzó la cara, sorprendida. Nash se había vuelto otra vez y le daba de nuevo la cara. Ya no estaba serio, sino que tenía una sonrisa de oreja a oreja. -¿Entonces…? ¿Sí aceptas? -le preguntó.
Cammy lo miró con una sonrisa y saltó para abrazarlo. -¡¡POR SUPUESTO QUE ACEPTO!! -exclamó, mientras los dos se fundían en un gran abrazo. Se separaron. -Pero… no era necesaria tanta crueldad.
Nash sonrió maliciosamente con ese comentario. -Je je je… ¿Te la creíste?
-Eres un sádico, ¿sabías? -le reclamó Cammy, mientras le daba una fuerte palmada en el hombro con una sonrisa.
Y a partir de ese día, cada fin de semana arreglaban los detalles para su boda.

Unas semanas después…

Residencia de los Castillo… y Ángel y Narumi.
Mission District.
San Francisco, California
Estados Unidos

En lo que encontraban una casa propia, tanto Ángel como Narumi se fueron a vivir con los Castillo en San Francisco. Por supuesto que tuvo que haber cambios. Francisco aceptó quedarse a dormir en la sala mientras Narumi se quedaba en su habitación.
-¡Llegó el correo! -anunció Francisco, mientras entraba a la casa con un fajo de sobres.
-¿Qué nos habrá llegado? -preguntó José Luis.

Francisco fue pasando los sobres y poniéndolos (sin cuidado alguno) sobre la mesa. -Cuentas… cuentas… cuentas… -iba diciendo mientras pasaba los sobres-, cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… cuentas… (se detuvo cuando vió cuatro sobres un poco más grandes que los demás, envueltos en papel celofán) ¡EH TCHCHCHCHCH…! ¡A ver a ver a ver…! ¿Qué es esto…? -preguntó.
Ángel se acercó y vió los sobres. -Parecen… invitaciones -observó.
-Pero… ¿para qué? -se preguntó Narumi.
-Si es para “tiempos compartidos”, ni lo piensen -declaró José Luis.
-Pues aquí hay una invitación para cada uno de nosotros -dijo Francisco.
-A ver, abre la tuya -pidió José Luis.

Francisco le quitó el papel celofán a su invitación y la leyó: -Eh ejem… “La señorita Cammy White Ackerson, Mayor de Delta Blue; y el Señor Charles J. Nash Bárker, Mayor de la Fuerza Aérea de Estados Unidos; tienen el placer de invitar al señor Francisco Castillo Álvarez -ese soy yo-, a su (fue esbozando una sonrisa mientras leía lo siguiente) enlace matrimonial que se llevará a cabo en la Catedral Episcopal de San Juan el Divino, en la Ciudad de Nueva York, el día 5 de agosto del presente año. La recepción será en el Hotel Hilton Midtown NYC” -terminó de leer-. ¿Qué les parece…? ¡¡FINALMENTE, CAMMY Y NASH SE NOS CASAN!! -exclamó, lleno de felicidad.

En eso, Francisco observó un cuadro especial en la invitación. -Esperen. Aquí hay un código QR.
-¿Para qué pondrían ese código? -preguntó José Luis.
-Solo hay una forma de averiguarlo -contestó Francisco. Sacó su celular y abrió la aplicación lectora de códigos QR. Pasó la cámara del celular por el código y se abrió una página de Internet. Es… un boleto de avión. -informó-. Es de Américan Airlines… y además viene una clave de confirmación para la reservación en el Hotel Hilton Midtown.
-O sea que es viaje todo pagado -observó Ángel.
-¿Y quién nos habría pagado todos los gastos? -se preguntó Narumi-. Entiendo que ganan buen dinero, pero no tanto como para estos gastos.
-Esto debe ser obra de Ken-sensei -dijo Francisco-. Acaba de asociarse con los Hilton y es el único que puede darse estos lujos.
-Entonces… él es el padrino de la fiesta -sacó por lógica Narumi.
-Es lo más seguro.
-Pero… ¿por qué en Nueva York? -preguntó Ángel.
-Porque ahí Cammy vió a Nash por primera vez -contestó José Luis, y les contó a Ángel y a Narumi el “incidente del disco duro y el dardo tranquilizante”.
-¡Vaya! ¡Qué historia! -exclamó Narumi.
-A propósito, ¿qué hiciste con ese disco duro, carnal? -preguntó Francisco.
-Le dí formato y lo volví un disco de respaldo -contestó José Luis-. Tengo mucha información que respaldar, entre canciones, fotos, programas, investigaciones… ya sabes.
-Sí… ya me imagino qué tipo de fotos guardas ahí -dijo Francisco, con un tono suspicaz.
-Eeerrr… ¡NO! ¡Esas fotos las borré desde que empecé a salir formalmente con Ángel! -exclamó Jose Luis.
-Creo que mejor no hubieras dicho nada…

Residencia del general William F. Guile y familia.
Calle G, Southwest Waterfront
Wáshington, D. C.
Estados Unidos.

-¡Familia! ¡Ya llegué! -anunció Guile, al llegar a su casa después de un día de trabajo.
-¡Hola, papá! -lo saludó Amy.
-¡Hola, mi princesa! -correspondió Guile el saludo. -¿Y tu mamá?
-En la cocina, terminando de hacer la cena.

Guile fue a la cocina y saludó a Julia -Hola, mi amor.
-Hola, cariño -correspondió Julia.
-¿Alguna novedad?
-Sí… nos llegó esto -dijo Julia, mientras le daba a Guile la invitación a la boda.
-¿Y esto…? -se preguntó Guile. Abrió el sobre y leyó la invitación. -¡Increíble! ¡Se tardaron muy poco en decidirse a casarse! -exclamó-. Bueno, como alguna vez dijo el Detective, son una pareja… atípica.
-Pues yo no le veo nada de raro -replicó Julia.
-¿No le ves raro que una pareja se case AL AÑO de conocerse?

Dojo de Gouken
Montañas de Japon.

-Acabo de traer lo necesario para una semana -le dijo Ryu a Gouken.
-Bien hecho, muchacho -felicitó Gouken-. A propósito, esto te lo manda Ken.
-¿Y esto? -preguntó Ryu mientras abría la invitación-. ¡Ja! ¡Así que nos invita a una boda!
-¿NOS? ¡Eso es mucha gente, muchacho! -replicó Gouken.
-¡No me diga que no quiere ir, Gouken-sensei!
-La verdad… no. Es muy incómodo ir a una fiesta en donde no conoces a nadie. Pero si tu quieres, puedes ir.
-Gracias, Gouken-sensei… aunque… no entiendo por qué me habrán invitado. Apenas tengo comunicación con ellos…
-Ay, Ryu… muchacho. -suspiró Gouken-. Me gusta que le pongas empeño al entrenamiento… ¡Pero también debes salir de vez en cuando! No quiero que te quedes solo en el mundo… como yo me quedé….

Unas cuantas semanas después…

Aeropuerto Internacional “John F. Kénnedy”.
Queens, Nueva York.
Estados Unidos

Ángel, Narumi, y los Castillo llegaron al aeropuerto, a la zona para recoger el equipaje. -¿Vino todo? -preguntó Francisco-. Si falta algo, me dicen para hacerle un “tocayo” a la aerolínea.
-Calmado, carnal -anunció José Luis-. Llegó todo el equipaje.
-Es imposible que algo se pierda con todo lo que traemos -admitió Ángel, con una sonrisa.
-Suerte que todo lo tenemos controlado -comentó Narumi.
-Y más ustedes, que trajeron hasta al perico -dijo Francisco-. Bueno, pongan el equipaje en este carrito y larguémonos de aquí.

Colocaron su equipaje en un carrito y salieron rumbo al recibidor. -¡Miren quien está ahí! -exclamó José Luis.
-¡General Guile! -gritó Francisco-. ¡Aquí estamos!
Se acercó Guile, junto con Amy, Julia y Gúnlock -¡Detective! ¡Soldado! ¡Agente Alexeïeva! ¡Señorita Torres! ¡Gusto en volver a verlos! -exclamó.
-Tiempo sin vernos, Stin… ¡Púnisher! -saludó Gúnlock.
-Lo mismo opino. ¿Alguien más vino contigo?
-Sí. Ahí vienen Mika, Zangief y Álex.

En eso, se acercaron Mika, trayendo del brazo a Zangief y a Álex. -Tiempo de no verlos -comentó Álex.
-Tú, que no te dejas ver -reclamó José Luis-. ¿Cómo va todo?
-De maravilla, tovarishch -contestó Zangief-. El ESPÍRITU DEL MÚSCULO está creciendo alrededor del mundo.
-Ya hasta estamos pensando en abrir nuestra escuela de lucha -anunció Mika, mientras volteaba a ver a Zangief-. ¿Verdad, cariño?
-Ya lo creo, moya lyubov’ -contestó Zangief, con una sonrisa.
Todos, con excepción de Álex, se les quedaron viendo. -Nunca creí que vería esto -admitió José Luis.

-¿Alguien sabe si ya llegó Laura? -preguntó Álex.
Francisco frunció el ceño. -Errr… Laura no está… eso lo sé -cantó. De inmediato, recuperó la compostura. -Ya, hablando en serio, no sé.
-¿Me hablaban? -preguntó Laura, quien apareció atrás de Álex.
-¡Mi vida! -la saludó Álex mientras le daba un gran abrazo y un beso.
-Bueno… sabía que el amor está en el aire, ¡PERO ESTO YA ES EXAGERAR! -exclamó José Luis.
Atrás de ella venía Sean, cargando dos maletas. -¡Laura! ¿Podrías tener la gentileza de ayudarme con TU equipaje? -protestó.
-¡Oh, vamos, hermanito! -contestó Laura-. Te sirve para hacer músculos y ser más atractivo para las chicas.

-¡Chicos! -gritó Chun-Li, quien venía con Li-Fen en la mano.
-¡Hola, Chun-Li! -la saludó Guile-. ¡Qué bueno que viniste!
-¡No iba a dejar sola a una de mis mejores amigas en este momento tan importante de su vida! -contestó Chun-Li. Después le hablo a Li-Fen. -Saluda a todos, Li-Fen.
-Sí, mamá -respondió Li-Fen-. ¡Ni hao! -saludó, con una inclinación de cabeza.
-De modo que sí la adoptaste -observó Guile-. Esa es una de las labores más nobles que alguien puede hacer.

Ángel reparó en un grupo de seis personas. -Oigan… ¿no son esos el Escuadrón Ikari?
-Sí, señorita Torres -confirmó Guile-. ¿Qué andarán haciendo aquí?
Heidern y compañía voltearon hacia el grupo y los saludaron. -Saludos, general Guile. Me imagino que viene a la boda de los mayores Cammy y Nash, ¿no es así?
-¿A ustedes también los invitaron? -preguntó Narumi, sorprendida.
-Por supuesto -contestó Whip-. No somos quienes para meternos sin invitación.
-Bueno… es que… creí que no iban a eventos sociales -contestó Narumi-. En eso, reparó en la ausencia de una persona. -¿Y Leona?
-Ah, mira, ahí viene con su novio -contestó Ralf, medio de mala gana.

Efectívamente, se acercaron Leona, trayendo a su novio de la mano. -Vamos, Iori… no seas penoso.
-Leona… no creo estar listo para esto -repuso Iori.
-Claro que lo estás. Algún día se habrían de enterar -contestó. Volteó y saludó a los demás -¡Ah! ¡Hola! Me imagino que ya conocen a mi novio: Iori Yagami.
-Si… ya nos conocemos -dijo Iori, apenado.
-¿Iori y tu…? ¡¡¡¿SON NOVIOS?!!! -exclamaron todos en coro.
-Sí, y nos amamos -contestó Leona.
Francisco soltó un soplido de frustración. Sacó su celular e hizo como que marcaba un número telefónico. -¿Bueno…? ¿Central de “Cupidos”…? ¡Oiga! ¡UNO DE SUS ELEMENTOS ANDA DESATADO DISPARANDO FLECHAS A DIESTRA Y SINIESTRA! ¡A VER SI YA LO APLACAN, POR FAVOR!
Después de reírse, el grupo tomó su equipaje, subieron a varios táxis y se dirigieron al hotel.

Hotel Hilton Midtown.
Manhattan, Nueva York.
Estados Unidos.

En el lobby del hotel estaban Ken y Nash esperándolos. -Pasen, pasen… bienvenidos -los saludó Ken.
-Un gusto que hayan venido a la boda de Cammy y mía -agregó Nash.
-Felicidades compadre… ¡hasta que se te hizo! -felicitó Francisco.
-Gracias, Púnisher. Bueno, los dejo. Tengo que ver en qué van los arreglos al uniforme de gala que voy a usar en la ceremonia.
-Nosotros todavía tenemos que hacer el check-in -dijo Guile-. Después te alcanzo para ayudarte con eso.
-Te lo agradezco mucho, Guile.
-Es mi obligación como “padrino de bodas”, ¿sabes?

Una vez que les asignaron habitación y dejaron su equipaje, los Castillo bajaron al restaurante a comer algo (ay estos dos… siempre con hambre). -¡Muchachos! -oyeron que alguien los habló.
Voltearon y encontraron a Cammy -¡Hola! -la saludó Francisco.
-Felicidades, encontraste buen partido -le dijo José Luis.
-Gracias, chicos… ¡Y qué bueno que vinieron! ¡Necesito de su ayuda!
-¿Y… como para qué? -preguntó Francisco.
-Acompáñenme al salón de fiestas. Ahí les explicaré.
-Nada más terminamos este sandwichito y vamos -aclaró José Luis.

Cuando terminaron de comer, los Castillo fueron al salón donde se efectuaría la recepción. -Bien, ya estamos aquí -dijo José Luis. ¿Para qué somos buenos?
-Vengan conmigo, chicos -pidió Cammy. Mientras caminaban les explicó: -Quiero darle una sorpresa a Charlie.
-¿Una… sorpresa? -preguntó Francisco.
-Si se trata de que salgamos de un pastel, ¡YO PASO! -exclamó José Luis.
-¡¡JAAAA JA JA JA JA JA JA…!! ¡No…! ¡No se trata de eso! -aclaró Cammy-. Quiero que me oiga tocar en el piano una canción que a él le encanta.
-¿La podemos oír?
-Claro.

Acto seguido, Cammy se sentó al piano y tocó una melodía que de inmediato los Castillo identificaron. -¡Esa es la canción que tocamos junto con Nash en la primera reunión que tuvimos para rehabilitarlo! -exclamó Francisco.
-Así es -afirmó Cammy-. Sé que ésta es su canción favorita y quiero tocarla para él… y quiero que ustedes me acompañen.
-Pero… no trajimos instrumentos -repuso José Luis.
-No importa. Ahí hay unos -dijo Cammy, mientras señalaba una guitarra y un bajo eléctricos.

Francisco tomó el bajo y José Luis la guitarra. Ensayaron unos acordes -Bueno… creo que estuvo muy bien para ser la primera vez -admitió Francisco.
-Lo único que no me gusta, es que la primera parte la toco muy lenta -se quejó Cammy.
-No no no no no… así está perfecto -la alentó José Luis-. Eso le da una sensación de misterio
-El Compadre quedará encantado con esta versión -Aseguró Francisco..

Después se quedaron a admirar cómo iba quedando el arreglo del salón. -Se ve que tienen buen gusto quienes hacen estos adornos -señaló José Luis.
-Alguien que conocemos quiso ayudarme -dijo Cammy.
-¿Quién será? -preguntó Francisco.
En eso, oyó una risa muy particular… -¡¡¡UOOOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JOOO…!!!
-Ah… ya sé quien es -dijo Francisco, poniendo cara de lamento.
Karin y Enero entraron al salón y saludaron a todos. -¿Te gusta cómo va quedando el salón? -preguntó Karin.
-Mucho, gracias -contestó Cammy-. Y gracias también por cuidar a Enero.
-¡No es nada!
-Es casi como si fueramos hermanas -comentó Enero-. ¡¡¡UOOOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JOOO…!!!
-¡¡¡UOOOOOOOOOOOOOOH JO JO JO JO JO JOOO…!!! -también rió Karin-. Bueno, Cammy, tenemos que ver cómo va tu vestido. Y también tienes que ver lo que debes llevar a tu boda.
-Recuerda: es algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado -precisó Enero.
-¡Un momento! ¡No me digas que crees en esas cosas! -exclamó Francisco.
-No, pero es una tradición de mi país -aclaró Cammy.

Y el día de la boda…

Catedral Episcopal de San Juan “El Divino”.
Manhattan, Nueva York.
Estados Unidos.

Al fondo de una Catedral atestada de gente, cerca del altar, estaba Nash hecho un manojo de nervios. Kevin Nash intentaba tranquilizarlo -Vamos, sobrino… llegará.
-Pero… no puedo evitar estar nervioso -contestó Nash.
-Cammy es de las personas más comprometidas -observó Guile, vestido con su uniforme de gala, como Nash-. No creo que se eche para atrás.

Justo en ese momento… -¡¡YA LLEGÓ LA NOVIA!! -gritó alguien desde el fondo de la Catedral.
Y sí. Cammy había llegado a la Catedral, Llevaba puesto el vestido de novia más hermoso que se hubiera visto, con una cola bastante larga que era cargada por Mel y por Li-Fen. La orquesta militar interpretó la “Marcha Nupcial” de Félix Méndehlsson,

A los lados del pasillo, habían dos hileras de soldados. Los de la hilera izquierda pertenecían a Delta Red, mientras que los de la hilera derecha pertenecían a la Fuerza Aérea Americana. Al frente de ellos estaba el coronel Wolfmann, vestido de Gala -¡PEEEELOTÓN! -ordenó Wolfmann-. ¡PRESENTAAAAR… ARMAS!
Ambas hileras de soldados desenvainaron sus espadas y las colocaron en frente de sus narices. Mientras Cammy iba pasando, un soldado iba juntando la punta de su espada con la punta de la espada del soldado que tenía enfrente, formando un arco entre ambas hileras. -¿A poco tenían que hacer esta jalada? -le preguntó Francisco a José Luis, susurrando.
José Luis le tiró un codazo a Francisco. -¡¡CÁLLATEEE…!! ¡¡QUE ASÍ SE ESTILA!! -lo regaño.
-Ah… ‘ta güenoooo…

Cammy llegó al altar y fue ayudada por Nash a ocupar su lugar. El Reverendo Andrew M. L. Dietsche, obispo episcopal de Nueva York, fue quien presidió la ceremonia. -Hermanos y hermanas. Estamos aquí reunidos para celebrar la unión en sagrado matrimonio entre estos dos hijos de Dios.

Enseguida, inició el rito propiamente hablando. -Mayor Charles J. Nash. ¿Aceptas a la mayor Cammy White como tu legítima esposa, y prometes serle siempre fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarla y respetarla todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe? -preguntó Dietsche.
-Sí. Acepto -contestó Nash.
-Y tú, Mayor Cammy White. ¿Aceptas al mayor Charles J. Nash como tu legítimo esposo, y prometes serle siempre fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida, hasta que la muerte los separe? -preguntó Dietsche.
-Sí. Acepto -contestó Cammy.
-Con la autoridad que Dios me ha conferido, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia -terminó Dietsche.

Y, por supuesto, vino el beso. En ese momento, Helena Douglas interpretó el “Ave María”, de Schubert, mientras se daban la mano (y de paso, reafirmaban su relación) Guile y Julia, Ken y Eliza, Ryu y Chun-Li, Álex y Laura, Francisco y Narumi, Iori y Leona, y José Luis y Ángel.

Terminó la ceremonia, y mientras todo mundo le echaba el arroz de ley a los novios, subieron a un Cádillac ’57 negro que los llevó de regreso al hotel, para la fiesta.

Hotel Hilton Midtown.
Manhattan, Nueva York.
Estados Unidos.

Ya en el salón de fiestas estaban los invitados que no fueron al enlace religioso. Entre ellos estaban Dhalsim, su esposa y su hijo. Su esposa llevaba un sari, mientras Dhalsim y su hijo llevaban un traje estilo Nehru. Guile los vió y los saludó. -Namasté, Guile -contestó Dhalsim-. Te presento a mi esposa, Sally.
-Mucho gusto -saludó Sally, con una reverencia.
-Y este es mi hijo, Datta.
-Mucho gusto -saludó Datta.
Amy se le quedó viendo. -¡¿TÚ ERES DATTA?! -preguntó.
-Errr… sí… ¿tú quién eres?
-¡Soy Amy!
-¿Amy…? ¡Claro! ¡Mucho gusto!
-Eeeemmm… ¿desde cuándo se conocen? -preguntó Guile.
-¡Desde hace mucho! ¡Hemos sido amigos por correspondencia por años! -contestó Amy.
-¿Correo electrónico?
-¡Noooo, papáaaa…! ¡Por correo tradicional! ¡Papel y pluma! -aclaró Amy. Enseguida tomó a Datta de la mano. -¡Ven! ¡Tenemos muchas cosas de qué hablar! -le dijo a Datta y se lo llevó.
Francisco se le acercó a Guile- Qué conste que yo ya reporté al Cupido atrabancado a la central… pero creo que no me hicieron caso.

Antes de la fiesta, tuvo lugar el enlace por la vía civil. El propio Guile fue el ministro que los casó (En Estados Unidos, los miembros de las Fuerzas Armadas de alto rango, pueden fungir como jueces en las bodas. Esto es muy frecuente en los cruceros, donde los capitanes son quienes casan a las parejas por el civil). -Por el poder que me otorga el Estado de Nueva York, yo los declaro marido y mujer. -terminó Guile la ceremonia-. Ahora, Charlie… ¡Ve a casa y sé un hombre de familia!

Inició la fiesta, con el baile inaugural de los nuevos esposos en el centro de la pista. Después bailarían Wolfmann (con Cammy) y la Señora Barker (con Nash); y terminarían con Cammy bailando con Kevin Nash (¡maldito perro con suerte!) y Nash con Hanna, la mamá de Cammy. Terminando el rito del baile, habló el maestro de ceremonias. -Su atención por favor. Me dicen que la mayor White quiere hacerle un regalo muy especial a su esposo, el mayor Nash. Si nos hace el favor de acercarse al piano y darle esa sorpresa a su esposo…
Cammy se levantó de la mesa principal y se dirigió al piano. Se sentó, y empezó a tocar “Fear of the Dark”, de Iron Maiden. En cuanto Nash reconoció la canción, se llevó las manos a la cabeza, sorprendido e incrédulo. También se levantó y se acercó al piano.

Cuando Cammy empezó a cantar, Francisco le hizo una seña a José Luis, y en silencio, los dos se dirigieron a la zona de la orquesta, donde había dos guitarras eléctricas y un bajo eléctrico en unos atriles. José Luis tomó una guitarra y se la colgó. Francisco hizo lo propio con el bajo y tomó entre sus manos la otra guitarra. Se acercó a Nash, quien no lo vió llegar por estar escuchando a Cammy. Francisco le puso una mano en el hombro a Nash, y cuando éste volteó, le ofreció la guitarra. -Es su momento: el de tu esposa y tuyo -le dijo-. Disfrútenlo.
Nash quiso irse, pero Francisco se lo impidió. Entonces Nash se colgó esa guitarra, y junto con la orquesta, interpretaron la canción completa. Fue inevitable que algún invitado “moviera la mata” por el ímpetu que tuvieron. Cammy terminó la canción en solitario en el piano, y cuando todo acabó, recibieron una ovación de pié de parte de los invitados.

Nash se acercó a Cammy. -Este ha sido el mejor regalo de bodas que me han dado. ¡Muchas gracias!
-Gracias a tí, por compartirlo -le contestó Cammy.

El resto de la cena fue pura felicidad… o casi. Ginzu estaba en un lugar apartado, triste, solo, “cansado y sin ilusiones”. Cammy lo vió y se acercó a él. -¿Qué tienes, Ginzu? -le preguntó-. ¿Por qué tan triste?
-Es que… bueno… no es nada -contestó Ginzu, dándose la vuelta.
José Luis también lo notó y se acercó. -¿Qué pasó, chamaco?
-¡Déjenme en paz! -exclamó Ginzu, enojado.
-A ver a ver a ver… No es momento para berrinches. Te queremos ayudar -aclaró José Luis.
-Bueno… es que… yo… desde hace mucho tiempo… me enamoré de Cammy.
-Los dos abrieron los ojos como platos -Ah, ya… y estás triste porque se casó, ¿no es verdad? -intuyó José Luis.
-Sí -contestó Ginzu y se echó a llorar.
-Ay, Ginzu -lamentó Cammy mientras lo abrazaba-. Pero si yo soy muy mayor para ti…
-¡Lo sé! ¡Pero aún así no puedo evitar sentir el corazón roto! -respondió Ginzu. -¡Siento que, si no eres tú, no será nadie!
José Luis soltó una risotada. -A ver, míjo, ¿Cuántos años tienes?
-Tengo… quince años.
-¡JA! ¡Pero si estás en la flor de tu vida, m’ijo! Mira. La vida es esto: ensayo y error, ensayo y error. Aún te falta un laaaaaaaaaaaargo trecho por recorrer, mi hermano. No te rindas y encontrarás a la chica ideal para tí. ¡Te lo garantizo!.
-¿Tú… crees?
-¡Seguro! Esto es una ley de la vida. A todos nos pasa.

En eso, se acercó Decapre a felicitar a Cammy. Ginzu la notó y enseguida se fué detrás de ella. Cammy y José Luis no lo podían creer. -Bueno, si no se quedó con la original… pues que sea con la copia -observó José Luis.
Nash se acercó a los dos. -¿Qué pasó? -preguntó. Cammy le contó lo que había pasado con Ginzu. -¡Ah, caray! ¡Qué muchacho! ¡Aún le falta mucho por aprender! Lo que sí le reconozco una cosa.
-¿Cuál? -preguntó Cammy.
-Que tiene muy buen gusto -contestó Nash, haciendo que Cammy se ruborizara.

(Lean lo siguiente escuchando “To Believe in Something”, de The Eden Solution.)

Y llegó el momento de las fotos de los esposos, juntos, con sus familias, con los amigos, con las damas de honor (las Dolls) y al final, una foto con todos juntos, los que participamos en esa misión y sus familias, hace un año exactamente.

La fotografía me llegó a mi casa hace un día, y en este momento la estoy colgando en una pared de la sala…

Como ya mencioné, ha pasado un año de esa aventura inolvidable. En lo personal puedo decir que fue maravillosa. Claro, no exenta de peligros, como cuando casi nos matan en el “Black Noah”. A mí me sirvió para conocer más gente, que ahora son mis amigos. También ahí conocí a mi actual novia y (espero) futura esposa y reafirmé los lazos con mi hermano.

No puedo decir que, con la desaparición de Bison, se hayan terminado los chicos malos. Desafortunadamente, para que eso suceda, tendríamos que eliminar a todos los humanos de la faz de la Tierra, cosa que no es deseable. La carrera de criminología me ha enseñado que el hombre tiende a hacer el mal, así como también tiende a hacer el bien. Al final del día, es cosa de cada uno de nosotros decidir qué camino tomamos, si el bueno, o el malo.

También algo me dice que no será la última vez que nos enfrentemos a una amenaza como la que nos enfrentamos hace un año. Creo que se viene algo más grande y más aterrador pero… ¿Saben una cosa? Después de esto, me siento listo para lo que sea. Y al siguiente chico malo que aparezca, no dudo que le patearemos el trasero hasta el cansancio.

(¡¡¡CARNAAAAAAL!!! ¡¡¡YA VÁMONOOOOOS!!! ¡¡¡HOY ABRO MI RESTAURANTEEEEE!!!)

¡¡YA VOOOY!!

Je… ese era mi hermano, José Luis. Hoy inaugura su restaurante y nos volveremos a ver todos, así que, con permiso… ¡AY, PERDÓN! ¡PERO QUÉ DESCORTESÍA LA MÍA! ¡NO ME HE PRESENTADO! Mi nombre es Francisco Castillo Álvarez, también conocido como “Blue Púnisher”. Agente de INTERPOL y al momento de escribir estas líneas, campeón mundial de peso completo de la WWE. Doy fe de que todo lo que han leído es cierto, pues soy testigo presencial de los hechos, y de los que no lo fui, recibí la información por parte de sus protagonistas.

Tal vez se pregunten por qué escribí la mayor parte de este texto en tercera persona para referirme a mí mismo, y no en primera persona, como se acostumbra. Lo hice para no quitarle protagonismo a las personas que jugaron un papel mucho más importante que yo en esta historia.

Bueno, no me queda mas que despedirme, con la sensación y la esperanza de que nos volveremos a ver. ¡Hasta siempre!

FIN.

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